A partir de Hardings pond, queda poca mancha verde (en el mapa, se entiende), aunque la orografía, por contra, aparece más atormentada. De momento, sigue el buen tiempo y estamos tranquilos respecto a nuestro progreso, no prevemos ningún problema.

Comenzamos con un suave ascenso, según dejamos atrás el incipiente valle del río Humber, donde hemos pasado la noche. El un poco atrevido hablar de valle a estas alturas (valga el doble sentido) pero resulta curioso observar la muesca que ha ido horadando el río en la meseta y la fila de lagos que se han formado. Hardings era el primero de la serie.

Terminado el ascenso, atravesamos otra de estas irreales llanuras-cima, con esa extraña sensación de estar en un sitio plano pero por encima de todo el terreno alrededor. Es muy curioso. Y muy bonito, debo añadir.

Llegados al borde de la meseta, debemos descender y aquí todo se hace un poco confuso. A la vista del mapa, uno pensaría que es fácil situarse, a base de identificar los lagos pero el problema es que ¡hay tantos…! que nos tenemos que pasar un rato haciendo el cada-oveja-con-su-pareja, comparando perfiles y aprovechando que estamos en alto y tenemos visibilidad. Es importante acertar con la ruta de descenso porque el relieve aquí es escarpado. 17 lagos llegué a contar a la vista desde este punto. Se dice pronto (pero se tarda en contarlos)

Lagos en las montañas Long Range. Mundo verde con perlas azules

Quedamos contentos con nuestra elección de ruta cuando por fin aparecen los dos laguitos alargados entre los que supuestamente teníamos que pasar. Ahora hay que subir otra vez, hacia otra meseta más. Hace calor y el día está bastante bochornoso y lo peor es que en esta zona sufrimos varios ataques de las mega-moscas anestesiantes… qué mala idea tienen…

Más lagos

El caso es que, entre la sudada y los picotazos, llegamos a nuestro campamento de hoy con más ganas que nunca de un chapuzón que nos haga sentirnos limpios y, desde luego, por agua no será… ¿en cuál de los trescientosmilmillones de lagos te quieres bañar? en el de al lado de “casa”, gracias.

Campamento junto a laguito sin nombre

Otra tarde-noche plácida, dedicada a contemplar y disfrutar de estos sitios tan bonitos y tan puros. Salvo por el detalle de las moscas gordas esas (más por la paranoia que nos crean que por los propios picotazos), todo es lo más plácido que hayamos encontrado nunca… si es que no hace ni frío… ni siquiera por la noche, y nos podemos apalancar tranquilamente a ver aparecer las estrellas antes de ir al saco.

This entry is part 3 of 5 in the series Long Range Traverse
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