A pesar del nombre, “The Viking Trail” es una carretera (ya explicado en su momento el porqué) y es el lugar donde emergeremos de las montañas para dar por finalizada la travesía Long Range. Sólo nos queda un largo descenso.

El mal tiempo ha llegado justo a tiempo, valga la rimbombancia, de caernos encima sin estropearnos el viaje. Sabemos que nos vamos a mojar pero hoy ya no tenemos tareas de orientación ni miedo a la falta de visibilidad: desde Ferry gulch, un bien trazado camino nos lleva y no hay que pensar nada. Además, qué más da mojarse: esta tarde estaremos bajo techo en algún lugar de Rocky Harbour.

Loren y Michael madrugan más que nosotros y se van bajando pero nos esperarán para llevarnos a Rocky Harbour. Ellos tienen un coche aparcado junto a la carretera. Así que al final vamos a caminar solos, aunque sólo sea un rato.

El día está desapacible, lluvioso y frío, pero como nada de esto importa mucho ya, nos dedicamos a caminar tranquilos y disfrutar del entorno, que es muy bonito y, además, distinto de la tónica de los últimos días, ahora tenemos a ambos lados paredes que nos cierran el horizonte.

Descendiendo hacia la civilización, lluvia, por fin. Mirando atrás en Ferry Gulch

El camino se nos acaba haciendo un poco largo, quizá porque lo esperábamos breve, quizá por la creciente incomodidad de estar cada vez más mojados. Al principio, además, el paisaje era interesante, muy mágico, pero una vez entramos en el bosque todo se convierte ya en una especie de rutina. Estamos deseando llegar. Pues sea:

Mojados pero contentos. Fin de la Long Range Traverse

Loren y Michael estaban esperando y nos alegramos de poder entrar en el entorno seco y cálido del coche. Mal rayo me parta por decir tal blasfemia pero cuando uno está mojado y frío, se perdona lo que sea.

Empezamos por pasarnos por la oficina de los rangers para des-registrarnos y devolver el localizador. Me pregunto si tendrán que subir a buscar a mucha gente…

L&M se vuelven a casa inmediatamente, aunque les llevará casi dos días llegar: tienen que conducir hasta Port aux Basques, coger el ferry y seguir conduciendo a través de Nueva Escocia y Nueva Brumswick para finalmente llegar a Maine. Antes, nos acercan a Rocky Harbour y allí nos despedimos. Ha sido curioso compartir ruta con ellos pero ha resultado agradable y nos alegramos de lo bien que ha ido todo. Es raro despedirse de alguien a quien seguramente no volverás a ver. Aunque, quién sabe…

Nosotros pasaremos la tarde en Rocky Harbour y mañana cogeremos el furgo-bus que nos llevará a Corner Brook. Como tenemos muchas cosas mojadas y recordamos que el albergue Juniper era bastante minúsculo, pensamos que igual era mejor idea ir a una casa de huéspedes donde, probablemente, tengamos más ocasión de poner a secar cosas tan grandes como la tienda. La primera en la que preguntamos está completa pero nos tratan tan bien que casi no importa: allí estábamos nosotros, mojados, sucios y cargados con el mochilón, llamando a la puerta de aquella casa tan bonita que casi nos daba reparo… y la señora que nos abre casi se disculpa por no tener sitio pero nos hace pasar y nos dice que va a hacer alguna llamada de teléfono, a ver si nos encuentra sitio… son geniales, estos terranovos…

El caso es que todos los sitios donde llama están llenos también. Le decimos que no se preocupe, que ya encontraremos algo. Siempre nos queda el albergue. El caso es que salimos a la calle y mientras caminamos pasamos por delante de una casa anunciada como albergue: ¡este no lo conocíamos! Majors hostel. Pues vamos para allá…

La señora que nos recibe esta vez no parece tan amable y nos trata un poco a lo bruto pero parece ser que es su carácter. Hay por allí una simpática pareja de Toronto, huéspedes también, que nos cuentan sobre la especial idiosincrasia de esta mujer. Nosotros la apodamos “la bruji”. Un poco bruji sí que es… pero nos habilita una habitación para poner todo a secar. Los de Toronto están igual, y allí nos repartimos las puertas, los pomos y cualquier otra cosa que sirva para colgar algo para hacer sitio para todo lo mojado.

El tiempo ha mejorado un poco, ya no llueve y podemos dedicar la tarde a descansar, pasear por el bucólico Rocky Harbour y disfrutar de esa cena que tanto nos hemos ganado. Pescado rico y fresco, como en casa.

Pos-ruta: tarde libre en Rocky Harbour

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