Otro de los grandes atractivos de Cribs son las rocas que hay en las proximidades, curiosamente situadas entre la playa y el agua. Son alcanzadas por las olas, que llenan los orificios y forman multitud de charcos llenos de agua. No tengo palabras para describir todo lo que hay allí. Todos esos animalillos que siempre hemos visto en los documentales de la 2, están ahí: estrellas de mar, cangrejos, caracoles, percebes, tomates de mar, anémonas, más cosas con tentáculos cuyo nombre desconozco, otros bichos que son como gambas… yo qué sé, cada charco tiene su espectáculo propio. Especialmente las estrellas de mar son alucinantes. Jamás había visto una en directo y aquí las tengo a cientos, por todos los sitios, del tamaño de varios platos soperos, ahí pegadas en las rocas. Estamos impresionados por el despliegue de vida. No tiene nada que ver con las esquilmadas costas a las que estamos acostumbrados que, en comparación con esto, parecen muertas. Aquí hay vida en cada rincón, a cual bicho más colorista y vistoso.

Estrella – anémona, ¿amor imposible?

Tomates de mar (seguro que tienen un nombre más técnico)

Hoy levantamos campamento más tarde que nunca pero es que nos hemos pasado una eternidad en las rocas viendo bichos. Incluso, ya con las mochilas puestas, tenemos que volver a pasar por allí en nuestro camino hacia la plataforma costera por la que vamos a transitar mientras sea posible y no podemos evitar volver a pararnos cada pocos metros a admirar una piscina más y todo lo que hay allí.

Da un poco de vértigo mirar el mapa y ver que, en los 4 días que llevamos (de los 7… 6 y medio, en realidad) de que disponemos, no hemos recorrido ¡ni la mitad, todavía! de la distancia total pero no nos hemos salido de lo planeado; simplemente, esta segunda mitad es mucho más fácil y tenemos programadas distancias mucho más largas para hoy y mañana que nos dejarán en Michigan, a ya una distancia ya corta del final, que nos permitirá llegar a Pachena bay sin prisas y con tiempo de coger el furgo-bus de vuelta a mediodía. Hoy partimos, por tanto, con nuevo planteamiento; a ver qué tal se da.

Desde Cribs, caminamos por la playa hasta el cabo Dare, donde la costa vuelve a orientarse al oeste. Podríamos seguir por la plataforma dado que la marea aún lo permite pero la abandonamos momentáneamente para eludir un canal de oleaje señalizado como peligroso, así que tomamos el sendero del bosque en el acceso indicado.

Es una pena dejar la plataforma porque caminar por ella es absolutamente espectacular, por las vistas del mar abierto, que no sólo se ve sino que también se oye, se huele y se siente en la cara, todo a la vez… pero, especialmente, por el espectáculo que suponen los charcos intermareales, con todos los bichos. Nuestra intención es retomar la plataforma cuanto antes y vamos atentos a avistar el canal de oleaje para, una vez pasado, utilizar el primer acceso posible a la costa.

La plataforma costera, hervidero de vida colorista

El camino por el bosque es aquí muy sencillo, nada que ver con el caos de los primeros días. El terreno es bastante llano y lo peor son las ciénagas y el barro pero, dado el periodo extenso de tiempo seco, queda poco. Es bonito, el bosque, pero preferimos la costa, sin duda.

La niebla ha desaparecido. Playa al norte de Dare point

Retomamos, por fin, la costa en otra zona de larga playa arenosa, aunque debemos abandonarla otra vez antes de la desembocadura del río Cheewhat que, según la bibliografía, parece ser que viene a significar “río de orina”, en alusión al agua salada de su estuario. Es un río grande pero, en este momento, sólo su cauce lo es; el río, como tal, está bastante desmejorado.

Puente sobre el Cheewhat

Es ya media tarde cuando por fin llegamos a Nitinat Narrows. Este es un sitio curioso: a medio camino entre lago y río, los Narrows son, en realidad, la desembocadura del lago Ninitat en el mar, un estrecho pasaje flanqueado por acantilados por donde fluye una enorme cantidad de agua, por lo que la corriente es muy fuerte, aunque no sea perceptible a simple vista ya que, además, es un pasaje profundo y el agua se mueve en bloque. Huelga decir que este lugar es impasable a pie. Habría que nadar, que no sé yo si eso es posible con una mochila a la espalda; desde luego, yo creo que con la mía no. Pero es que, además, la fuerte corriente hace que incluso cruzar a nado sea difícil y peligroso, por el riesgo de ser arrastrado hacia el mar. Rodear el lago no es opción; es muy grande y no hay sendero, llevaría días.

Pero no hay problema; otra de las excentricidades del WCT viene al rescate: una barca, que funciona de 9.00 a 17.00 h. en los meses de verano, a cargo de los nativos que viven aquí.

Estamos en una de las varias reservas indias que cruza el WCT. Muy cerca de aquí, incluso, hay varias casas, sólo accesibles por mar o por el lago Nitinat (o por el WCT; es decir, sólo por mar o por el lago Nitinat) donde vive un grupo de nativos. No sé muy bien cómo viven pero tengo claro que se dedican a la pesca porque es conocido que en el embarcadero de los Narrows suele haber cierta provisión de pescado fresco (recién cogido) que te preparan bajo demanda mientras esperas al siguiente viaje de la barca.

La barca no tiene un horario fijo. Hace un viaje de ida y vuelta de rato en rato, según va habiendo gente. Suele esperar en la orilla sur, donde está el embarcadero de-lux (al otro lado, es muy exiguo) y donde suelen tener el pescado; es, también el lado desde donde se accede a sus casas. Si llegas a la orilla norte (recorriendo el WCT de norte a sur), no te queda otra que sentarte y esperar. Desde el otro lado, en realidad, no es diferente, salvo que puedes amenizar la espera con gastronomía fina. Rústica, pero fina.

Nitinat Narrows es muy bonito. El agua es transparente y está llena de pececillos, atentos para ver si pillan algo (de comida, se entiende). El nativo que atiende la barca se entretiene asustándoles: basta con acercarse al borde del embarcadero y hacer algún gesto brusco; la manada de pececillos, en bloque, inicia maniobra de escape que dura sólo unos pocos metros hasta que, pasado el “peligro”, lentamente, vuelven a su posición. El señor este justifica su travesura, entre risillas, diciendo que es una de las pocas diversiones que hay allí.

El embarcadero en Nitinat Narrows

Se nos ha hecho bastante tarde y dudamos si comernos algo o no. Aún tenemos bastantes kms. que andar hasta Tsusiat falls, primer sitio con fuente fiable de agua potable en todo el día y donde pensamos pasar la noche. Mientras esperamos, el de la barca anuncia oferta mundial de mega-cangrejos (unos bichos de 20 kilos cada uno, patas de medio metro y con forma de cangrejo que tiene metidos en un cubo, vivos aún). Decidimos que no nos podemos marchar de ahí sin probar y pedimos uno para los dos.

El colega agarra a los mega-cangrejos de la mega-cabeza y los destripa de un solo movimiento; tira ciertos restos al agua (y la manada de pececillos se pone muy contenta) y echa los cachos a una gran olla que tiene allí al fuego. Minutos después, saca los trozos cocidos y nos los pone en un plato. Estamos en unas circunstancias en las que todo nos sabe rico así que probablemente no es el mejor momento para juzgar sobre la calidad de la comida pero estaba buenísimo. Tienen también un gran bidón con latas de cerveza y refresco. Cerveza para mí.

Mientras esperamos al siguiente viaje, aparece el grupo de Toronto, a quienes habíamos dejado atrás ayer. Es un placer volverles a saludar y charlar un rato, hasta que por fin el barquero decide mover el culo. Nos despedimos de nuevo. Ya no les volveremos a ver.

Cruzamos por fin y, una vez puesto el pie al otro lado, hay que darse prisa. En las montañas no nos alteraría lo más mínimo estar a estas horas con la distancia que aún nos queda por recorrer pero aquí, con la carrera que llevamos, no estamos acostumbrados. Prisa, entonces.

Toca subir a lo alto del acantilado, desde donde tenemos vistas muy extensas del océano y, al fondo, la península Olímpica, al otro lado del estrecho de Juan de Fuca, en territorio de EE.UU.

Caminamos por encima del acantilado. Más adelante, tenemos la opción de tomar la costa pero según la tabla de mareas (y la observación directa) estamos casi al límite y no es cuestión de andar pegados a un acantilado con las olas mojándote los pies, así que seguimos por el bosque; al menos, hasta el cabo Tsusiat, que es el punto más problemático, por lo prominente. Pasado éste, tomamos ya la playa, a la que se puede acceder desde el cabo y ya nunca más hasta la altura de Tsusiat creek, donde vamos a acampar. En todo este tramo, un alto y vertical acantilado cierra la playa y sólo poco antes del lugar donde pasaremos la noche, una pequeña hendidura ha permitido instalar una larga serie de escaleras para bajar; nosotros ya estamos en la playa, las usaremos mañana de subida para retomar el sendero, que discurre en todo momento por encima del acantilado, entre el bosque. Lo bueno de esta configuración es que esta zona de acampada es inaccesible para los osos que, parece ser, no pueden subir y bajar por las escaleras, o eso dice la literatura, así que no habrá que proteger la comida de bichos más allá de los ratones.

Tsusiat creek nos trae agua potable y da origen a las preciosas cascadas junto a las que vamos a acampar.

Acampamos en la playa, junto a la base del acantilado. Es relativamente tarde y ya hay bastante gente instalada pero la playa es amplia y esto no deja de ser la naturaleza; no hay multitudes. No se puede llegar aquí nada más que andando.

Campamento junto a Tsusiat falls

En el punto en el que Tsusiat creek cae por el acantilado vertical, se forman las cascadas del mismo nombre. Es una fina película de agua cayendo plácidamente por la cara plana y vertical del acantilado y abajo se ha formado una poza que viene genial para un baño de agua dulce a pocos metros del mar, perfecto para después de jugar con las olas.

Tsusiat falls, bastante escasas de agua

Un día más, esto es el senderismo autónomo de largo recorrido en su versión más plácida: tiempo perfecto, lugares bonitos, ritmo tranquilo pero con progreso apreciable, noches bucólicas. Ésta es, una vez más, escuchando las olas romper.

Atardecer en Tsusiat

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