Nuestro último día completo (mañana será sólo media jornada). Será un día sencillo salvo porque la distancia, una vez más, vuelve a los estándares montañeros pero el tiempo sigue estando soleado (no nos lo podemos creer pero no nos vamos a quejar) y hace un par de días ya que dejamos de hacer el primo con las polainas, que ahora son un peso más a la espalda. No tenemos embarradas ni las botas.

Continúa la tónica de terreno bastante llano, con lo que el sendero del bosque sigue siendo sencillo. Tomamos la costa siempre que sea posible y esperamos especialmente los trozos de plataforma costera, más que los de playa. La plataforma es todo un espectáculo en sí misma. Un fenómeno curioso se da cuando está cubierta por una ligera película de agua que la marea ha dejado al retirarse (tiene que ser muy plana para esto): el cielo se refleja ahí y cuando uno mira al horizonte se siente como caminando sobre la nada. Por lo demás, es impagable estar caminando mientras ves corretear cangrejos y pasando al lado de gigantescos restos de kelp.

Empezamos por retomar el sendero en lo alto del acantilado a base de subir las escaleras. Más allá de Tsusiat falls, la playa desaparece y los acantilados son impasables, incluso en marea baja. Tenemos que caminar por el bosque.

Nos encontramos con el río Klanawa. Este es un río de verdad, muy ancho y caudaloso, aunque tranquilo, típica situación para el terreno mayormente llano por el que discurre, cerca de la desembocadura en el océano, nada que ver con las gargantas profundas de los primeros días. Digo esto porque, para cruzarlo, han dispuesto un carricoche colgante que, esta vez sí, parece que vamos a necesitar de verdad. En las gargantas, resultarán imprescindibles cuando bajen toneladas de agua pero con el escaso caudal que tenían estos días atrás, los carricoches eran innecesarios, se podía cruzar andando y sin descalzarse. Esta vez, en cambio, estamos ante un cauce no tan dependiente de la precipitación y parece que o usas el invento colgante o nadas…

Deslizando sobre el Klanawa, el río esmeralda

De alguna forma, nos apetecía montar en el carricoche por algo, para sentir credibilidad en el acto, o algo así. El caso es que, después de cruzar (y este era largo… hubo que tirar del cable un buen rato), el sendero, ya al otro lado, se dirigía hacia el mar y allí vimos que, justo en la desembocadura, se formaba la ya conocida barra de forma que todo ese caudal parecía represado por ella y sólo escapaba por encima en una fina película que, de haber seguido por la playa, podríamos probablemente haber cruzado hasta con botas. Porca miseria…

Aunque esto fue sólo una observación parcial; parece difícil creer que tanto caudal quede reducido a tan poco y quizá hubiera, al final, un canal profundo a través de la barra que no llegamos a ver… si no, ¿por qué el carricoche? Quizá en marea alta la barra quede cubierta…

Tras Klanawa, tenemos 2.5 kms. de plataforma costera, excepcional, y que, por suerte, la marea aún nos permite tomar, aunque por poco. Algunas de las cosas interesantes que se encuentran por el camino tienen, sin embargo, origen humano:

Ancla del vapor Woodside, naufragado en marzo de 1888

Entre Trestle creek y Tsocowis creek, hay que ir por el bosque, no hay opción, aunque estamos muy cerca del límite de la selva esmeralda, vislumbramos el azul del mar aquí y allá. Pasado Tsocowis creek, nuevamente hay doble opción pero esta vez no nos atrevemos a tomar la plataforma; no vemos la situación pero, según la tabla de mareas, el primer km. de plataforma está justo al borde de estar libre. Lástima porque no vuelve a haber otro acceso hasta varios kms. más allá y nos vemos obligados a ir por el sendero del bosque. Pasado el río Darling, tomamos definitivamente la costa, convertida de nuevo en larga playa arenosa, hasta destino.

Llegamos a Michigan con tiempo para disfrutar larga y relajadamente de nuestra última noche en el sendero de la mejor forma posible: Michigan es otra extensa y larguísima playa de arena enmarcada por el bosque, nos recuerda a Cribs. Hay algo más de gente acampada ya pero esto es tan grande que se puede elegir entre más o menos vida social.

Michigan, otro campamento playero

Baño en el mar, fuego de campamento, última cena, puesta de sol; la vida puede ser bella.

Última puesta de sol sobre el mar

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