Día 1

A pesar de que madrugamos, acabamos convirtiendo el proceso de acceso al sendero en una pequeña larga odisea. Ahora que ya tenemos un coche donde dejar cosas atrás, pensamos que quizá podemos mejorar algo nuestro equipamiento, sobre todo teniendo en cuenta en qué tipo de entorno nos vamos a mover en estos tres días… el mini-complejo turístico tiene algunas tiendas y, entre otras cosas, encontramos los típicos ponchos de plástico barato. Genial, no necesitamos las pesadas chaquetas invernales que nos hemos traído pensando básicamente en las rocosas del norte, que vendrán después.

Aparcado el coche, le recordamos que tardaremos 3 días en volver, para que no se preocupe. Por fin, y ya con las mochilas puestas, el esperado momento de asomarnos al borde. Ahí está el cañón de marras. Muy bonito, pero se hace tarde y no podemos esperar a comenzar. Esto es más grande de lo esperado y hay que encontrar el comienzo del sendero. Siguiendo señales, caminamos un rato para, por fin, llegar al punto donde comienza a descender el sendero Bright Angel. Una sospechosa cinta rojiblanca de plástico está cruzada sobre la entrada y, en un cartel que hay al lado, encontramos las malas noticias: sendero cerrado por desprendimientos debidos a lluvias recientes. Y ahora, ¿qué?

Justo en ese momento, una pareja emerge del sendero. Nos dicen que les han dejado pasar de casualidad y sólo porque iban para arriba pero que podemos bajar por el sendero South Kaibab, que ese no está cerrado y lleva al mismo sitio. Pues qué bien… al final, tenemos que ir al supuestamente “terrible” South Kaibab.

Y lo peor, ahora mismo, es que dicho sendero está lejísimos de aquí. Inviable ir andando. Hay un autobús de línea que lleva a los turistas entre los puntos de interés del borde sur, esto es, los miradores desde los que hay una vista mejor, y una de cuyas paradas es a la puerta del South Kaibab Trail. Pues esperamos al autobús.

El bus llega, nos lleva y nos deja a pie de sendero pero, a todo esto, es casi mediodía. Menos mal que ahora todo es cuesta abajo.

A todo esto, estamos a mediodía de la primera mitad de agosto; ¿qué hay del calor? Pues yo diría que no es para tanto…esto es, hace calor, sí, pero nos parece bastante soportable. No tenemos termómetro pero yo diría que alrededor de 30 grados. Supuestamente, es en el fondo del cañón donde el calor es agobiante. Aquí arriba, a más de 2000 m., la altitud suaviza la temperatura. Ya veremos.

El servicio de parques, como parte de su receta catastrófica, recomienda partir con 4 litros de agua por persona, y ahí vamos, cargados con todo ello, sin creer del todo que vayamos a necesitar tanto pero tranquilos de llevarlos, especialmente ahora que el sendero de descenso es el South Kaibab, en el que no es de esperar encontrar agua por el camino.

Al fondo, a 15 km en línea recta, North Rim

Comenzamos a descender. Encontramos gente regularmente pero tampoco se trata de masas. La inmensa mayoría son turistas que se están dando un paseo o, como mucho, senderistas de día. El sendero está muy bien trazado y no ofrece lugar a dudas. No tiene grandes pendientes; de hecho, tanto este sendero como el Bright Angel están diseñados para animales de carga, con lo que resultan fáciles para las personas. Empezamos a ver claro el porqué de tanto ruido avisando de la dificultad, lo que ya sospechábamos: esto está lleno de turistas y parece ser que, de entre este colectivo, es muy común que haya personas que, animadas por la escasa dificultad orográfica del sendero (que no del terreno) y por que todo es cuesta abajo, empiecen a caminar con las manos en los bolsillos, sin llevar comida, agua ni nada, y bajen, bajen, bajen… hasta que, cuando deciden darse la vuelta, se encuentran con que tienen que remontar 800 m. de desnivel, con un calor aplastante y que están muertos de sed y tienen pocas fuerzas. Y se han dado problemas por esto. Bien, no es nuestro caso, evidentemente. Nosotros no tenemos que volver atrás (no hasta mañana) y llevamos de todo.

Un reclamo importante para que la gente decida seguir bajando, muchas veces más allá de lo que debieran, es que el río Colorado no se ve desde arriba. Digamos que el cañón tiene dos niveles: un cañón “superior”, que empieza en el borde y acaba en una especie de escalón intermedio; donde, por alguna razón, en algún momento de la historia, la erosión se ralentizó. De ahí para abajo, hay un, por así decirlo, segundo cañón o cañón inferior, angosto y profundo, al fondo del cual viaja el río Colorado. La imagen que vale más que las palabras:

El escalón. Esa hendidura profunda es el segundo cañón

Esta configuración es lo que provoca que el río sea invisible hasta que uno se asoma al borde del mencionado escalón intermedio, para lo cual hace falta descender unos 700 m. desde el borde superior. Llegar a observar el río Colorado es una meta apetecible y comprensible pero demasiado exigente para algunos de los que lo intentan. Al rato de descender, una pequeña plataforma donde se sitúa un water químico marca el lugar donde el servicio de parques ha decidido aleccionar a los turistas para que se den la vuelta; el lugar ofrece una vista muy bonita y parece que tiene sentido un “hasta aquí hemos llegado”. Un cartel de advertencia severo hace el resto: el mensaje es algo así como “si continuas, morirás…”, o casi. Un poco exagerados siempre, estos yankees, pero parece ser que aquí han tenido suficientes experiencias negativas como para ponerse así. En cierto modo, no me cuesta comprenderles; las masas siempre contienen individuos con mucho peligro.

Seguimos para abajo. Cada vez hay menos gente, eso está bien. Los paisajes, a todo esto, son espectaculares pero quizá por tanta expectativa creada, no me dejan tumbado. El Cañón del Colorado está tan trillado en medios visuales que, desde que he llegado aquí, tengo esa sensación de dejá vu que me evita sorpresas. Eso no quita que el panorama sea fantástico, sobre todo cuando uno se pone a pensar en las fuerzas que han originado todo esto. Eso sí que Sobrecoge.

Nubes de tormenta se empiezan a congregar. Si el calor era ya soportable, ahora ya ni siquiera hace calor significativo, lo cual es bienvenido. Caen algunas gotas pero, al menos en la zona que recorremos, no llega a llover como tal, lo que también es bienvenido.

Nubes de tormenta sobre el Gran Cañón. Cortina de lluvia

La bajada está resultando mucho más fácil y tranquila de lo que esperábamos. A pesar de lo tarde que hemos empezado, caminamos relajados y vemos que tendremos tiempo de sobra para llegar a destino con tiempo de montar campamento tranquilamente y pasar el resto de la tarde.

Pasado el mencionado escalón, ese amplio rellano a mitad de descenso, el río Colorado aparece ya de forma continua (antes, había sido posible vislumbrarlo desde algún punto concreto) como referencia de hasta dónde hay que bajar. El río es, efectivamente, colorado (más bien, marrón-turbio), a causa de todos los materiales que su fuerza erosiva arranca al terreno. El río sigue excavando su cañón. Quizá volvamos dentro de unos pocos miles de años, a ver qué tal le va.

Al fondo, al fin, el río Colorado

Vemos, ahí abajo, el puente que cruza el río. El Colorado es ancho y con mucho caudal de fuerte corriente. El puente es estrecho, cuelga de un par de cables tendidos de lado a lado. La bajada se anuncia vertiginosa pero el sendero se las arregla para seguir una traza sencilla y llevarnos hasta abajo.

Ya casi estamos allí. Llevamos viendo nuestro objetivo desde que pasamos el escalón, un valle lateral que destaca por ser lo único cubierto de un manto verde en este mundo de roca rojiza: es el cañón Bright Angel, por donde sube hacia el borde norte el North Kaibab Trail y en cuyo fondo está el Phantom Ranch y nuestro objetivo, Bright Angel Campground.

Por el camino, pasamos junto a restos de antiguas viviendas que los nativos (una de tantas aquellas tribus de lo que venimos a llamar “indios”) utilizaron hace muchos siglos. Vivían aquí, en el fondo del cañón y, según parece, cultivaban y cazaban. Los cañones que surcan las mesetas de Arizona pueden no ser el lugar de clima más amable del mundo pero, al menos, tenían el agua asegurada, gracias a los ríos provenientes de las Rocosas, de los que el Colorado es el mayor.

Ahora sí que hace calor y el ambiente resulta pesado y un poco agobiante pero sigue sin ser tan inaguantable como nos lo habían hecho imaginar. No sabemos si es siempre así o si hemos tenido suerte de estar aquí en un día de temperatura suave.

La zona de acampada responde al modelo de siempre, al que hemos encontrado a lo largo del John Muir Trail. La vegetación es de porte escaso y no da mucha sombra pero estamos muy encajonados y no habrá que soportar el sol durante muchas horas. Además, se vuelve a cubrir y hasta nos llueve un poco, uno no sabe ya si para bien o para mal… refresca, pero el ambiente posterior es aún más pegajoso.

Nuestra casa en el fondo del Cañón

Nos visita un ranger para chequear permisos y por fin podemos preguntar a alguien qué pasa con el sendero Bright Angel y si vamos a poder subir por él… ahora que ya sabemos que el South Kaibab es facilito, nos importa menos pero también somos conscientes de que iríamos sobrados para subir en un solo día (y tomándonoslo con calma) y tenemos un permiso para tres días (dos noches). Nos dice que el Bright Angel está cerrado para más tiempo del que nosotros vamos a pasar allí; tenemos que subir por South Kaibab pero nos ofrece la posibilidad de pasar nuestra segunda noche allí mismo, abajo (nuestro plan era pasarla en Indian Garden, la zona de acampada a mitad de camino en el Bright Angel Trail, sobre el escalón). Aprovecharíamos el día de mañana para hacer una excursión por la zona, sería interesante. También podemos quasi-mantener el plan y subir a Indian Garden vía South Kaibab y enlazando vía Tonto Trail (no saben el nombre que le han puesto al sendero, estos americanos…), que es un senderito que discurre sobre el escalón y a través del que es posible alcanzar el Bright Angel pasada la zona cerrada. Nuestra tercera opción es olvidarnos de esa segunda noche subir mañana por South Kaibab para volver al coche directamente. Quedamos con el ranger en que nos lo pensamos y luego se lo decimos. Somos conscientes de que no necesitamos dos días para subir; podemos hacerlo más que tranquilamente en uno, y yendo despacio, esto no era tan difícil como nos lo habían hecho imaginar. Haciendo cuentas de lo que nos puede suponer un día ganado para lo que nos queda por delante, decidimos que con esto tenemos suficiente Cañón y que mañana nos volvemos.

Por la noche, hechas ya las tareas de campamento, asistimos a la sesión de los rangers, mucho menos multitudinaria de lo que vivimos en Tuolumne Meadows, en la Sierra Nevada. Esta es casi familiar. Hoy tocaba una charla geológica sobre la formación del Cañón. Muy interesante.

Día 2

No nos molestamos en madrugar, sabemos que no hay prisa. Nos vamos con ciertas reservas sobre si es lo más correcto pero ya está decidido. Hubiera estado bien pasar una segunda noche en Bright Angel y pasar el día explorando la zona… o subir por, parcialmente, al menos, una ruta diferente… pero el viaje es largo y aún queda mucho. Realmente, sabemos que en el Cañón hemos hecho lo que veníamos a hacer y nos damos por satisfechos.

Amanecer desde el fondo

Nuevamente, el calor es soportable. Subimos poco a poco por el bien trazado sendero y nos resulta fácil. Ya hemos hecho el pardillo una vez y hoy no llevamos 8 litros de agua: ayer sobró más de la mitad y, si bien hoy es cuesta arriba, no pensamos necesitar beber tanto, ni de lejos.

Fauna en el Cañón. Precioso bicho

La subida tiene poca historia en el sentido de que es el mismo camino de ayer y no hay lugar a factor sorpresa. Es lo malo de las rutas de ida y vuelta. El tiempo vuelve a estar tormentoso, aunque no llega a llover. Nuestros ponchos nuevos no han llegado a salir de la mochila.

Emergiendo del cañón interior, sobre el escalón

Llegamos arriba a media tarde, prácticamente sin despeinarnos. Esperamos al bus, que nos devuelve al centro neurálgico. Buscamos sitio en el camping Mather y, efectivamente, no hay problema. Ignoramos si esto es lo normal o si hemos tenido suerte… es principio de semana pero, por otro lado, es pleno agosto. En cualquier caso, nos habíamos imaginado un escenario mucho más caótico que lo que, en general, nos hemos encontrado. Cuando salíamos, ayer por la mañana, de Ten-X, le dijimos al simpático señor que llevaba el dicho camping que probablemente volveríamos allí al final de la ruta, no por contarle nuestra vida sino por pulsar si habría problemas de espacio… nos dijo que no, que fuéramos y ya estaba. Todo esto, pensando que Mather pudiera estar lleno. Dado que no es así, preferimos quedarnos aquí mismo.

Mather es menos tranquilo, más grande, pero los campings en EE.UU. no tienen absolutamente nada que ver con lo que estamos acostumbrados a ver (y padecer, muchas veces) en España. Aquí, el modelo “urbanístico” de los campings refleja también la diferencia Europa-América, los campings (al menos, todos los que hemos ido viendo, en zonas distintas, lo cual nos hace pensar que es el modelo general) cuentan con un espacio enorme para cada unidad campista. Los servicios, luego, pueden ser muy básicos o hasta inexistentes, según el lugar, pero lo que no suele faltar es una mesa y un lugar para hacer fuego.

En Mather, tenemos unos vecinos muy simpáticos que se entusiasman cuando se enteran que somos españoles.Algo les pasó en España que guardan un buen recuerdo…

La tensión inicial del viaje desde L.A. y de encontrar cerrado el sendero que pensábamos recorrer ha terminado dando paso a una visita al Cañón muy relajada y donde, arreglado el problema del sendero, todo ha discurrido con mucha suavidad y tranquilidad. Pasamos la noche en esa tónica y nos quedamos con un buen sabor de boca de nuestra visita. Ha sido breve pero nos ha gustado. Mañana empieza una paliza de conducir a la que pensamos dedicar dos días enteros, aunque conducir por América también tiene su aquel.