A la vista de un mapa a gran escala, la sucesion longitudinal e ininterrumpida que forman los parques de Jasper y Banff parece hecha a medida. Por si fuera poco, el hecho de que ambos parques sean dos y no uno solo obedece a algo más que capricho o casualidad, realmente Banff y Jasper definen dos mundos sensiblemente diferentes. Al norte del paso Sunwapta, la frontera natural entre ambos parques, los ríos Sunwapta y Athabasca conducen todas las aguas hacia el norte y, a través del Mackenzie, finalmente, al océano ártico y los campos de hielo regulan e influyen en el clima hasta el punto de que la propia vegetación es diferente de aquella al sur de dicho punto, allí donde el río Bow recoge y conduce las aguas hacia el sur, nada menos que hacia el lejanísimo golfo de Méjico, a donde llegarán vía Missouri-Mississipi… el agua no entiende de extrañamente rectilíneas fronteras políticas.

El resultado final de nuestra planificación es una ruta longitudinal por Jasper y otra por Banff, uniendo las dos ciudades homónimas y con una neutralización que nos permitirá cubrir toda esa distancia prescindiendo tan sólo de la parte a priori menos interesante.

Planificación

Jasper y Banff, especialmente el primero, están lejos de los centros de población a causa de las prohibitivas condiciones invernales. Paradójicamente, hay un factor que los hace menos remotos de lo que sobre el papel pudiera parecer: la carretera que los recorre longitudinalmente. Aprovechando los largos valles de los ríos Bow, Sunwapta y Athabasca, la Bow Valley Parkway (luego, Icefields Parkway) recorre plácidamente el corazón de las Rocosas y facilita el acceso a las zonas aledañas.

Desde un principio, nos había seducido la idea de empezar a caminar en Jasper. Esta pequeña localidad en medio de las montañas evocaba, ya antes de conocerla, sensaciones que nos gustaban y nos parecía un buen sitio para despedirnos de la civilización por unos cuantos días.

Acampada

Tanto en Jasper como en Banff, la acampada está regulada: en las áreas más remotas de ambos parques se admite la pernocta libre y sin restricciones significativas mientras que en las partes más visitadas, sólo se puede acampar en las zonas autorizadas y con un cupo de personas por zona y noche. Las zonas de acampada están distribuidas a lo largo de los senderos a intervalos de medio o, como mucho, un día de camino y la realidad es que, incluso en la temporada alta, la mayoría de ellas quedan semi o totalmente vacías la mayor parte de los días. Sólo algunas muy concretas reciben una afluencia continua y requieren de una reserva previa para asegurarse una plaza… pero, ay, a alguna de esas también queremos ir nosotros.

Tekarra Camp, cerca del límite del bosque

Los osos y su problemática

Las zonas de acampada suelen estar divididas en dos áreas: una para colocar la tienda y otra para cocinar, comer y almacenar la comida durante la noche. Esta división está originada básicamente en la existencia de osos. Los osos se pasan la vida comiendo y la comida que transportamos es muy apetecible para ellos por ser muy energética. Durante el día, basta con llevar la comida encima, es casi impensable que un oso ataque para robar comida, pero la noche es diferente: los osos están activos durante la noche y, si bien la presencia de humanos dentro de una tienda que también contiene comida (por ejemplo), puede disuadir al oso de intentar robarla, está bastante aceptado que dormir junto a la comida es una mala estrategia que puede, en el menos malo de los casos, llevar al robo y, en el peor, a propiciar un conflicto entre personas y osos, lo cual es malo para las personas y, al final, y especialmente, para los osos.

Cualquier otro animal es susceptible de intentar robar la comida almacenada en una tienda o similar durante la noche (los ratones son particularmente atrevidos para esto) pero ninguno supone un peligro potencial real para las personas salvo los osos.

La estrategia de protección tradicional y más habitual consiste en colgar la comida a una altura suficiente que la haga inaccesible para los osos. Esto no es tan fácil como pueda parecer: un oso, puesto de pie, puede llegar a ser muy alto (aunque no puede saltar), con lo que la altura mínima del bulto está alrededor de 3 m., como una canasta de baloncesto; si se usa (lo habitual) una rama de árbol, debe ser una rama muy alta, de más de esos 3 m., para ser efectiva.

Además, algunos osos pueden trepar por los árboles, por lo que no vale colgar la comida cerca del tronco. La distancia mínima desde el tronco hasta el bulto debe ser de unos 2 m. Esto implica que hay que elegir una rama alta y que, además, sea muy fuerte, capaz de sostener el peso que queremos colgar cerca del extremo de la rama, donde esta es más débil, sin romperse. No siempre es fácil encontrar la rama ideal y, una vez encontrada, no siempre es fácil hacer llegar una cuerda hasta allí puesto que, a veces, habrá una maraña de ramas entre la nuestra y el suelo. Lograr un buen arreglo suele ser una tarea compleja, frustrante a veces y que requiere experiencia para hacerse bien y en un tiempo razonable.

Las zonas de acampada suelen contar con un elemento que facilita esta operación: dado que lo más complicado es encontrar esa rama perfecta, suele haber un larguero ya colocado, bien sostenido entre dos árboles o entre dos postes también colocados ex-profeso, con la altura y el grosor suficientes, de forma que la operación ya es sencilla.

En Jasper y Banff, concretamente, además de estos largueros, encontramos (en todas las zonas de acampada) cables metálicos ya colgados y provistos de un gancho donde colgar el bulto, de forma que ni siquiera había que usar una cuerda, sólo colgar e izar.

Colgando comida en Curator Camp

Zonas de acampada

Las zonas de acampada a lo largo de las rutas no cuentan con ningún servicio. A todos los efectos, se trata de acampar en el monte y su razón de ser está en contribuir al control de acceso a determinadas zonas, concentrar el impacto medioambiental y proveer ciertas facilidades para temas básicos como la protección de la comida frente a los osos, la gestión de los residuos humanos (los estrictamente humanos) o el encendido de fuego.

Como se menciona en el apartado de protección de la comida (que está íntimamente relacionado con éste), las zonas de acampada se diseñan en dos partes: una para colocar las tiendas, o lo que se quiera colocar y, en una palabra, pasar la noche y de la que mantener alejado todo lo que sea o huela a comida o, en general, todo lo que huela a algo que pueda provocar curiosidad osuna. La otra, para cocinar, comer y colgar la comida.

En la primera, no suele haber nada más que espacios más o menos despejados de maleza; en la segunda, algo más de modesta infraestructura: suelen encontrarse alguna mesa con banco (lujo oriental innecesario pero bienvenido), un lugar para hacer fuego (un cilindro metálico con parrilla encima) y la mencionada estructura para colgar la comida durante la noche.

Adicionalmente, hay siempre (y separado de todo esto) una letrina. Esta consta, básicamente, de una enorme fosa común que se va llenando con el uso. Encima del agujero, es habitual encontrar algo que haga de “tapa” e, incluso, de “taza” y que, en su versión más sofisticada, tiene incluso “pared” hasta media altura, de forma que hay un poco de privacidad (otro lujo innecesario pero ya que está…). El objetivo de esto es que las deposiciones se depositen, valga la rebuznancia, bajo tierra, donde se descompondrán sin afectar a los cursos de agua. Esto es algo que todos debemos hacer en cada deposición (cavando nuestro pequeño agujerito) pero en las zonas de acampada se facilita la tarea, evitando a la gente tener que cavar, promoviendo así que nadie cague fuera del tiesto y contribuyendo a concentrar todos los agujeros en uno sólo (algo deseable en un sitio donde puede estar acampando gente día tras día durante unos meses). Al final de la temporada, los empleados del parque taparán el agujero y, al principio de la siguiente, abrirán otro.

Permisos

La obtención de un permiso es requisito imprescindible para cualquier ruta multi-día. Éste se puede tramitar en las oficinas de los rangers tan tarde como minutos antes de iniciar el viaje, lo que no es descabellado para rutas que no incluyan puntos de alta demanda. Para estos, es importante realizar la reserva con tanta antelación como sea posible, especialmente si se va a viajar en fechas clave.

Es lo que, sin querer, nos sucedió a nosotros. El principio de nuestro viaje coincidía con una fiesta local (canadiense) en la que medio canadá aspiraba, al parecer, a caminar por el Skyline Trail y esto nos dio algún que otro quebradero de cabeza de cara a nuestros primeros días en el sendero.

El sistema de asignación de plazas es por orden de llegada (llamada, en este caso). La “veda” se abre exactamente 3 meses antes de la fecha de inicio del viaje y se pueden reservar, de una tacada, plazas para una ruta completa, entendiendo por “ruta” una travesía continua, sin descansos ni neutralizaciones, de la longitud que se quiera. El que estaba destinado a ser nuestro primer día hábil para caminar coincidía con el final de un fin de semana largo, a causa de la fiesta mencionada. Sin sospechar esto pero siendo muy precavido, habida cuenta de que nuestro viaje dependía de ello, hice mis cuentas de diferencia horaria para, el primer día y minuto hábiles, llamar y conseguir nuestra reserva. ¿Exagerado? Pues, por desgracia, no. Para mi sorpresa y desconcierto, la zona de acampada de la primera noche de nuestro plan estaba llena ya. ¿Cómo era posible? Pues porque el Skyline Trail es uno de los senderos más populares de Jasper y el grueso del tráfico va de sur a norte, aprovechando la pérdida neta en altitud; y nuestra primera noche estaba ocupada desde hace un par días por los que empezaban el sendero en el lago Maligne un par de días antes de que nosotros lo hiciéramos en el extremo opuesto.

¡Horror! y ahora, ¿qué?. El pobre ranger, al otro lado del teléfono, escuchaba mis quejas amargas y con voz de circunstancias me decía que lo sentía pero que había tenido la mala suerte de estar (o querer estar) en el sitio menos adecuado, en el momento menos adecuado. Me ofreció alguna alternativa, empezando desde otro punto para, al final, acabar acordando un compromiso: si empezábamos un día más tarde, las hordas ya habían pasado y teníamos sitio para todas las noches. Un día perdido, un mal menor. Sea, pues.

Era sólo esa primera noche la que nos causó problemas. Ninguno para las demás, ya en zonas menos populares y aprovechándonos de la reserva con antelación extra, gracias a la longitud elevada de nuestra ruta. Ningún problema, tampoco, para las noches de la siguiente etapa, en Banff (que, a la postre, resultó una ruta extremadamente solitaria).

Los permisos, como digo, se pueden tramitar por teléfono. Basta con llamar a la oficina de los rangers más cercana al sendero en cuestión. El permiso físico es un papelote que los rangers envían por correo. A la postre, vimos que el sistema se lleva con una cierta manga ancha. Nunca un ranger apareció para comprobar nuestro permiso y alguna noche coincidimos con gente que no lo tenía, bien porque no se habían molestado en obtenerlo (sólo un caso; esto resultó raro) o, más comúnmente, porque habían cambiado planes sobre la marcha. No había problema; se hacía sitio y listo.

Transporte

El transporte es siempre un tema complejo en América. La escasa densidad de población no justifica, habitualmente, la existencia de líneas regulares de transporte público pero, a veces, las iniciativas puntuales vienen al rescate: autobuses o mini-buses específicos para recorridos y/o horarios concretos que, si coinciden con lo que buscas, son perfectos (eso sí: tienen que coincidir). Entre Jasper y Banff, en concreto, hay un servicio diario de ida y vuelta y es el que utilizamos tanto para llegar a Jasper como para volver a la civilización al final de nuestra primera ruta. El Glacier Trail nos dejaba en la carretera, sí, pero en medio de la nada, en el extremo norte del parque Banff. Arreglamos una cita con el mini-bus para que, en su recorrido Jasper – Banff, parara en el punto donde nosotros emergíamos de las montañas y nos recogiera. Es lo bueno del transporte a medida.

125 kms. más al sur, bajábamos del bus en Lake Louise, la pequeña localidad vacacional en el corazón del parque Banff, desde donde, tras un día de descanso, comenzábamos la segunda etapa de nuestro GDT. Idealmente, estos 125 kms. se pueden hacer por senderos también pero, en tres semanas, obviamente, no nos daba tiempo a llegar a Banff (city) andando y, de haber pretendido recorrer una línea ininterrumpida desde Jasper y hacia el sur, hubiéramos tenido que organizar algún tipo de avituallamiento a mitad de ruta para seguir caminando de forma continua ya que no hay ninguna población entre Jasper y Lake Louise. Además, la sección del GDT que nos saltamos transitaba por senderos poco concurridos, presumiblemente en no muy buen estado y hundidos en valles durante días y días, sin ningún mal paso alpino que llevarnos a la boca, con lo que decidimos que era más conveniente llegar a Lake Louise y continuar caminando desde allí. Esto nos posibilitaba un avituallamiento sencillo (Lake Louise tiene tiendas) y un día de descanso en un sitio tan bonito y en el idílico ambiente del albergue de Lake Louise, además de dejarnos para el resto de nuestra ruta la travesía de la espectacular cordillera Sawback, con varios pasos por encima de los 2000 metros y acabando en las mismas puertas de la ciudad (pueblo grande) de Banff, con lo que no dependíamos nunca más de transporte alguno.

Fuentes de información

Web

Parks Canada gestiona y administra los parques nacionales y provinciales y las áreas wilderness. Su portal web incluye valiosa información sobre servicios, senderos, condiciones generales y puntuales, etc. y provee toda la información sobre obtención de permisos. En Inglés y Francés.

Bibliografía

De entre la amplia oferta editorial, consideramos que, desde el punto de vista del senderismo de largo recorrido (probablemente, también del de corto), la mejor inversión era The Canadian Rockies Trail Guide (seventh edition, Summerthought Ltd.), de Brian Patton y Bart Robinson, extensísima y concisa guía de los senderos más relevantes de las diversas zonas de las Rocosas canadienses. Autodenominada The Hikers Bible, lo es con razón, un gran trabajo cargado de información útil especializada en senderismo. Disponible, habitualmente, en la librería Desnivel.

The Canadian Rockies Trail Guide

No podemos dejar de mencionar Handbook of the Canadian Rockies (second edition, Corax Press), de Ben Gadd. No llegamos a comprarlo ya que va, probablemente, mucho más allá de lo que buscábamos pero la charla por parte del propio autor a la que tuvimos la suerte de asistir nos convenció de que un señor tan erudito y simpático y con tanto talento tiene que haber escrito un buen libro. Geo y biología, historia, clima… todo sobre las Rocosas de canadá.

Mapas

Nos basamos casi exclusivamente en los excelentes mapas de Gem Trek Publishing, mapas excursionistas con énfasis en los senderos, zonas de acampada y refugios y una pequeña guía de la zona en la parte de atrás. Impresos sobre papel impermeable, utilizan sombreado 3D y los hay en varias escalas, entre 1:50.000 y 1:100.000, según el tamaño de la zona a cubrir. Resultan perfectos para rutas en senderos y pueden servir, sobre todo los más detallados, para monte a través. Incluyen cuadrícula UTM (de 1 ó 2 kms., según escala) y los datos correspondientes a la declinación magnética.

A la derecha, la colección completa que utilizamos en el GDT

El servicio de parques nacionales edita un par de mapas interesantes, uno para Jasper y otro para Banff, Yoho y Kootenay, a escala 1:200.000. Son dos pedazo de sábanas, demasiado poco detallados para orientación y bastante antiguos (no todos los senderos están ahí) pero resultan útiles para planificación y para tener una visión general de la zona.

Me los compraría sólo por las portadas

Los mapas de Gem Trek se pueden obtener en la web de la propia editorial, www.gemtrek.com. Yo adquirí todos ellos, tanto los de Gem Trek como los de Parks Canada, a través del distribuidor Map Town. Se pueden encontrar también en España; yo los he visto, aunque no con total regularidad (no siempre y/o no todos) en la librería Desnivel de Madrid.