El East Coast Trail (ECT) fue el único sendero de larga distancia que pudimos encontrar en Terranova. He de confesar que, durante muchos momentos, tuve dudas de hasta qué punto era el tipo de ruta que quería hacer… una de las razones, quizá la principal, por la que tanto nos gusta América es por esa sensación de estar lejos de la civilización que te da el, efectivamente, estar lejos de la civilización… el ECT pasa junto a pueblecitos de forma habitual. ¿Perderíamos ese sabor especial?

Terranova nos fascinó desde la primera vez que la palabra sonó en nuestras cabezas y ese fue el impulso que nos llevó allí. El East Coast Trail fue el único sendero de larga distancia que pudimos encontrar.

Uno de los detalles que nos daba mala espina era el hecho de que el ECT está descrito como una serie de senderos individuales, orientada dicha descripción a su recorrido individual más que a la realización continua de toda la serie. Eso no significa, por supuesto, que uno no lo pueda hacer pero sí que *hay más opiciones*. Durante los tres años anteriores, en USA y Canadá, habíamos disfrutado mucho caminando por sitios en los que no había más opciones que ser autónomo y con el ambiente especial que eso creaba. Temíamos llegar a echarlo demasiado de menos. Menos mal que esto era Terranova. Lo que eso significa es algo que iré contando.

Planificación

El ECT cuenta actualmente (o contaba, en 2003, para hacer esto más atemporal) con 220 kms. continuos de un proyecto de más de 400. Todo ello, a lo largo de la costa más oriental de Norteamérica. No es que esto último sea un dato importante pero sí lo es el hecho de que el nombre es preciso en el sentido de que el sendero discurre, efectivamente, a lo largo de la costa. Rara vez se pierde vista el mar. En un mundo que ha hiperexplotado las costas, poder recorrer durante tal longitud una que apenas ha sido alterada es algo casi inédito.

Dado que la ruta pasa por pequeñas poblaciones casi todos los días, la planificación resultaba, a priori, sencilla pero había que tener en cuenta que muchas de estas eran diminutos pueblitos sin ningún servicio: ni alojamiento, ni tienda, ni siquiera un bar; sólo un grupo de casas.

El plan no podía ser más simple y sencillo: comenzar a andar en el extremo norte, a las afueras de St. Johns, y caminar hacia el sur… hasta donde llegáramos. Desde tal punto, regresar a St. Johns y para casa.

El único detalle que sí amarramos con antelación fue el reaprovisionamiento, contando con las localidades donde podríamos comprar comida y llevando desde cada sitio lo suficiente para llegar al siguiente. Lo básico, vamos, en lo que a planificación se refiere. Cinco días (con algún matiz), entre St. Johns y Bay Bulls, fue el máximo periodo entre reaprovisionamientos.

El resto de la planificación lo dejamos en el aire, a resolver durante la ruta, aunque sí hicimos el esfuerzo de recopilación de información previo. Vamos por partes:

Alojamiento

Nuestra idea se basa, como de costumbre, en auto-alojarnos. El hecho de que, en esta ocasión, sea posible un viaje más “a la europea”, con posibles estancias en civilización, no nos hace olvidar el encanto de montar campamento al final de la jornada, esos momentos tan especiales en los que podemos contemplar la naturaleza con más pausa que nunca. Preferentemente, acamparemos e intentaremos no sucumbir demasiado a menudo a la tentación; sabemos que, a la postre, nos íbamos a arrepentir.

En el trozo de sendero que recorrimos, se encuentran alojamientos en Petty Harbour, Bay Bulls, Witless Bay, Bauline East, Tors Cove y Cape Broyle. Utilizamos los de Bay Bulls, Witless Bay y Bauline East (días 5, 6 y 7); el resto, fue en la tienda, bien en zonas designadas o en cualquier sitio, lo cual incluye una noche junto a un pequeño pueblo. Más adelante comento sobre esto. El hecho de que recurriéramos a civilización 3 días seguidos vino dado por las circunstancias (disponibilidad y mal tiempo).

Acampar

Acampar en Terranova carece absolutamente de toda connotación negativa. Obviamente, debe evitarse hacerlo en propiedad privada pero en Terranova casi todo el territorio es público; no hay grandes latifundios ni nada que se le parezca.

Por lo demás, las gentes de este lugar son tan inmensamente amables y todo el mundo está tan dispuesto a ayudar en lo que pueda que uno casi puede esperar poder acampar en el jardín de alguien. Si se lo pides, la única posibilidad que se me ocurre de que te digan que no es que te “obliguen” a pasar a su casa y dejarte de montar inventos de varillas y nylon.

Soy consciente de la enorme generalización que esto supone y de que uno no puede ir a un sitio esperando que se cumpla lo que otro le ha contado en el 100% de las ocasiones pero, de verdad, los ternuenses son una gente tan pura, tan inherentemente amable que no me puedo imaginar otra cosa.

Lejos de las poblaciones, el terreno es, que yo sepa, público y la acampada se puede practicar sin ningún problema. Entiendo aquí la acampada como la pernocta nocturna, ignoro si hay alguna regulación sobre estancias más prolongadas pero, a fin de cuentas, Terranova está tan vacío que, aunque la haya, nadie se iba a enterar de que estás ahí. Y, diría yo, a nadie le iba a importar.

Cuando, en un par de ocasiones, nos dio el final de la jornada en zona semi-urbana (teniendo en cuenta lo que eso significa en Terranova), optamos por preguntar a algún vecino dónde podríamos acampar, y la respuesta fue siempre amigable y con una sonrisa. En Admirals Cove acabamos en una colina a poca distancia de las casas. En Calvert, acabamos en una de las casas.

A lo largo del ECT, hay una serie de zonas de acampada “oficiales” que, análogamente a las de Gros Morne, sólo aportan un claro en el bosque y una plataforma de madera para colocar la tienda a salvo de suelos embarrados. Procuramos hacer coincidir nuestras noches con estas zonas. En áreas boscosas, puede ser complicado encontrar un hueco para una tienda de campaña, aunque sea pequeña. También cuentan estas zonas con la conocida letrina de tipo fosa común que nos ahorra la tarea de cavar agujeros.

Provisiones

Esta una parte muy tonta de la información (“tonta” por lo simple) pero que no está disponible por ningún sitio. Parece ser que es poco habitual recorrer el ECT de forma continua, con lo que este dato no tiene demasiada importancia pero para nosotros era clave. Lo solucionamos con un telefonazo a la ECTA minutos antes de salir.

Entre Fort Amherst y Calvert, hay un par de supermercados, en Bay Bulls y Cape Broyle. El de Bay Bulls es bastante grande; el de Cape Broyle es más modesto pero tiene de todo. En Witless Bay hay una pequeña tienda que sirve para un apaño pero poco más. En Calvert, el apaño puede ser un poco más completo pero tampoco mucho, la tienda es pequeñita también (aunque a esta no le hicimos mucho caso porque ya terminábamos). Por fin, en Petty Harbour hay una tienda testimonial que no llega al apaño, aunque la saqueamos convenientemente cuando pasamos por allí.

Terreno

La costa de Avalon es rocosa y acantilada y el sendero permanece junto a ella prácticamente todo el tiempo. Esto significa que, obviamente, no hay que subir montañas pero también que la ruta implica un continuo subir y bajar, siguiendo el perfil de la línea de costa. Las cuestas son cortas pero, en ocasiones, bastante empinadas.

En general, no es un terreno excesivamente duro aunque hay secciones en las que los altos acantilados, inabordables por la costa y perforados de tramo en tramo por profundas hendiduras, obligan a grandes rodeos en los que se suceden empinadísimas cuestas, arriba y abajo, una y otra vez; tan duro psicológica como físicamente.

En el tramo que hemos recorrido (St. Johns – Calvert), la vegetación domina; tengo entendido que, más al sur, hay extensiones de roca pelada, no sé si por condiciones climáticas o por pobreza del suelo. Hasta Calvert, desde luego, no es así; la única roca pelada está en las paredes de los acantilados. El resto es todo bosque o matorral.

El bosque es esa ubicua maraña que ya conocemos de la costa oeste: abigarradas coníferas de discreto tamaño: oscuro, impenetrable, omnipresente. Prácticamente sólo hay un par de circunstancias que parecen evitar su presencia: en zonas de costa muy expuestas y en los fangales.

Hay áreas de costa donde en lugar de bosque se encuentra cubierta herbosa y matorral bajo; quiero pensar (aunque con una ruta de 11 días y en verano no tengo mucha base) que el viento y, en general, las condiciones de exposición es lo que provoca que no haya árboles.
Y como, aparentemente, a todo lo largo y ancho de la isla, el agua es omnipresente y, a la menor depresión, se acumula, formando lagos o fangales. Aquí no crecen los árboles tampoco. A veces, esa aparentemente espléndida praderita que ves desde la distancia resulta una cierta decepción cuando llegas allí, posas el pie y se te hunde hasta casi el tobillo (o sin casi)… Decepción, especialmente, si pensabas en la espléndida praderita como un sitio para acampar, por razones obvias.

El sendero está perfectamente marcado, como una pequeña trocha que, a pesar de pequeña, es fácil de seguir. El mar es referencia infalible en cuanto a orientación general pero conviene no perder el sendero, andar campo a través en Terranova no es buena idea. Hay muy pocos cruces; casi ninguno, de hecho, con lo que las únicas señales se suelen situar a la entrada/salida de las poblaciones, en forma de carteles. No hay un marcaje específico para el sendero pero no resulta necesario.

Clima y época

“si no te gusta el tiempo, espera 10 min.” He oído esta frase en al menos 15 millones de sitios diferentes pero seguramente cada uno piensa que el suyo es aquel para el que es especialmente cierta.

En Avalon, es fácil imaginar por qué: una pequeña península al borde del continente, casi una isla en sí misma, unida al resto de Terranova por un estrecho istmo, recibiendo una corriente fría proveniente del norte y una cálida del sur y en medio de las latitudes medias; mar revuelto, atmósfera revuelta, tiempo revuelto.

En invierno hace mucho frío. Esto es, *mucho* frío. No ya a escala ibérica sino, en general, a escala europea. Avalon es, quizá, la zona más templada de Terranova pero también la más húmeda. Pero hablemos del verano, que es lo que nos interesa aquí: rara vez va a hacer calor, lo cual es bueno para caminar. Lo mejor es que, tan cerca del mar, tampoco va a hacer mucho frío, ni siquiera de noche, al contrario que en un entorno de motaña. Durante la segunda mitad de agosto, desde luego, el tiempo resulto muy agradable para estar ahí fuera.

No pudimos experimentar lo de los 10 minutos. Realmente, el patrón típico fue más bien de unos cuantos días estables (cuatro o cinco, por decir algo) seguidos de uno o dos días de lluvia, niebla y tiempo desapacible. Al menos, el mal tiempo nunca duraba más que eso y la lluvia continua no solía prolongarse por más de medio día.

La East Coast Trail Association recomienda entre abril y noviembre para recorrer el ECT. No está mal para un sendero a nivel del mar.

Dificultades

Ninguna digna de mención. La orientación suele ser sencilla, incluso en condiciones de baja visibilidad, y la civilización nunca está demasiado lejos. Hay algún tramo un tanto expuesto (muy cerca de acantilados con caídas fatales) pero nada fuera de lo común y, desde luego, nada fuera de lo habitual en el terreno de montaña al que la mayoría estamos acostumbrados.

Flora

No es que sea algo sobre lo que suela hablar porque no es un negociado del que sepa mucho, aunque siempre me gusta ver las plantas que hay por el camino, pero es que en Terranova hay al menos un par de excentricidades muy curiosas y ambas abundantes a lo largo del ECT:

Por un lado, la Pitcher plant, emblema regional; es una planta carnívora y aunque, dicho así, suene muy sangriento, sólo come insectos, no te arranca un dedo si te acercas ni nada parecido. Crece en zonas cenagosas y es muy bonita, con su color granate profundo.

Pitcher plant

Luego está la flor fantasma, también llamada Indian Pipe; está sí que es para nota, una planta sin clorofila, que crece en zonas umbrías con poca luz (es habitual verla en el bosque) y es totalmente blanca, toda ella, tallo, hojas… Tiene su nombre “técnico” pero es fácil entender el porqué del apodo. Nos gusta lo de “flor fantasma”.

Indian Pipe, la flor fantasma

Fauna

Hay muchos alces pero no vimos ninguno. En el interior de Avalon hay caribús también pero no en la costa. Hay también castores, en algunos lagos ya identificados (supongo que no cambian de residencia habitualmente), con lo que debería ser sencillo verles si uno tiene paciencia. Pero el animal más destacable que vimos y que justifica por sí sólo este apartado es de los de aletas. Cuando vimos por primera vez un lomo emerger suavemente entre las olas no nos lo podíamos creer pero luego hubo otro, y otro… y luego apareció también un lomo con surtidor y entonces ya no había duda, eran ballenas y las estábamos viendo desde el mismo sendero. Era un grupo y estaban dando vueltas en una cala así que nos sentamos a contemplar y a intentar imaginar, desde ahí arriba, cómo serían vistas de cerca. Nunca habíamos visto ballenas y nos hizo una ilusión así de grande. Esperábamos como niños en el circo a que apareciera la siguiente: “allí!!!…” primero el lomo, luego la aleta de la cola. El surtidor era claramente audible.

Eso de enmedio es un surtidor de ballena

En otra ocasión, vimos otras en situación similar pero estas tenían aleta dorsal; con mi limitado conocimiento ballenil y sabiendo lo que hay por esas costas, debían ser orcas. En el fondo, nos daba igual unas que otras. Ver ballenas sentado en la hierba es algo que emocionó mucho y nos hizo valorar el poder estar caminando por un sitio como este.

Debo mencionar también las aves. Acantilados, mar y un ambiente aún no demasiado estropeado por los de siempre (esto es, nosotros), son mezcla infalible, hay muchísimas aves, de muchos tipos que no conozco porque en esto estoy casi peor que en lo de las plantas. Cualquier risco separado de la costa (donde no hay predadores) es su sitio favorito pero en general los acantilados inaccesibles les bastan y están inevitablemente llenos de sus cagarrutas.

Guías y mapas

Los del ECT son, probablemente, los únicos mapas de propósito recreativo que existen en toda Terranova. Para el resto del territorio, lo único que nos queda son los 1:50.000 del IGN canadiense, similares en concepción a los análogos disponibles en España y que, dicho sea de paso, son de muy buena calidad pero siempre se agradece un conjunto de mapas específico pensado para cubrir una ruta concreta, aunque sólo sea por el hecho de que los mapas se concentran en el trozo de terreno que recorre el sendero y se evitan trozos de mapa supérfluos.

Estos mapas, como casi todo lo editado sobre el ECT, vienen de la East Coast Trail Association (ECTA) y es ahí donde uno debe dirigirse para adquirirlos. Son de escala 1:50.000, salvo alguno que usa 1:25.000. No son un prodigio de detalle pero tampoco es algo importante ya que la orientación es muy sencilla (a pesar de lo cual me parece absolutamente desrecomendable circular sin mapa). Vienen impresos en papel impermeable tamaño A4 y traen una miniguía muy útil en la parte de atrás.

De hecho, en el aspecto de guías, esa parte de atrás de cada mapa es *la* guía. La ECTA está editando una serie de libros-guía para cubrir la totalidad del sendero de los que, en 2003, sólo existía el primero (Fort Amherst – Petty Harbour) pero más que una guía para recorrer el sendero ofrece perspectiva histórica y cosas para leer básicamente en casa, no para llevar encima. A mí, personalmente, no me gusta este libro-guía (tiene un enfoque histórico-anecdótico, muy pocos datos y mucha paja, en mi opinión) pero, en cualquier caso, no es una guía para recorrer el sendero. Los mapas que vienen con esta guía son los mismos mencionados arriba, lo que hace, si cabe, menos óptima la compra de este libro porque, claro está, sólo trae los mapas correspondientes a la sección a la que se refiere, que ahora tengo repes… A principios de 2006, existe ya el segundo volumen: Petty Harbour – Bay Bulls; este no lo tengo.

El resto de lo que se podría llamar guía está en manos de la ECTA y son un par de páginas con teléfonos y direcciones actualizadas de alojamientos y una lista de los servicios de furgo-bus a lo largo de la carretera de la costa.

Fuentes de información

La más importante es, por supuesto, la East Coast Trail Association. Tampoco es que tengan cantidades ingentes de información pero son casi todo lo que hay.

No hay muchos libros sobre Terranova pero los que hay se pueden encontrar en Tidespoint. Venden por correo.

De entre los libros que llegué a comprar, el único de interés sobre aspectos concretos del ECT es Trails of the Avalon, hiking in eastern Newfoundland (Peter Gard, Bridget Neame). Poco más de media página sobre el propio sendero pero mucha información interesante sobre la península de Avalon y sus circunstancias.

Ese algo especial

¿Qué es eso que te puede llevar a querer ir a un sitio tan (relativamente) remoto para recorrer un sendero? A estas alturas, ya he mencionado varias cosas que hacen especial a este sendero pero creo que merece un comentario especial el hecho de poder caminar junto al mar por una longitud tal y en una costa realmente virgen. En Europa ya no sabemos lo que es eso. En Avalon, salvo los escasos y pequeños pueblos, el resto está sin tocar, y eso incluye a un mar rebosante de una vida inusual en nuestras esquilmadas costas. La sensación que se experimenta es algo complicado de explicar con palabras pero es, en cualquier caso, algo muy valioso y exclusivo.

Me queda un detalle curioso que no me toca de lleno porque es algo que, por la época, no llegamos a presenciar pero merece comentario el desfile de icebergs; en primavera, la corriente de Labrador trae estos mastodontes helados desprendidos de los glaciares de Groenlandia y los pasea por delante de la costa. A finales de agosto, por desgracia, ya no están.