Esta ruta toma su nombre de la cordillera por la que discurre. Esta relativa apropiación de identidad se justifica por ser, probablemente, la única travesía más o menos establecida en estas montañas. Lo de “más o menos” es porque, en realidad, lo único establecido es un par de accesos a las tierras altas y poco más, ni siquiera hay un sendero que seguir pero las escasas facilidades marcan la diferencia con respecto a cualquier otra zona de la cordillera donde una travesía semejante supone un reto considerablemente mayor. En Gros Morne, los papá rangers velarán por nosotros y nos darán un juguetito emisor de señales para venir a buscarnos si nos vamos por donde no es.

Permisos

Para realizar la travesía Long Range, es necesario obtener un permiso de parte de los rangers del parque nacional Gros Morne. No está muy claro en ninguna documentación pero se entiende que la expedición de permisos para unas determinadas fechas está sujeta a un cupo máximo de gente. No parece, de todas formas, que haya mucha competencia ni que sea necesaria una gran antelación, aunque nunca está de más solicitar el permiso cuanto antes, en cuanto se tenga clara la fecha de inicio.

Lo que sí conviene reservar con antelación, y ya se encargan los rangers de recordarlo, es el pasaje en barco que da acceso al comienzo de la travesía. Comento a continuación.

Planificación

La travesía Long Range es una ruta peculiar: no hay senderos, sólo naturaleza virgen y, debo decir, virgen de verdad. Ahí arriba (y como en casi todo el territorio de la isla, en realidad, salvo las costas y poco más) no hay huella humana alguna. El acceso a las montañas es muy complicado, restringido a los escasos lugares donde se ha trazado un sendero o a los aún más escasos donde la geología se ha encargado de despejar el terreno.

Uno podría pensar que, si no hay senderos, para qué recorrer esta travesía y pasar por el relativo incordio de la obtención de permiso, acceso en barco, visitas pre y post-ruta a los rangers… ¿qué aporta esta ruta concreta sobre cualquier otro recorrido, a elegir en 500 kms. de cordillera? Pues aporta un par de detalles importantes: por un lado, acceso a las montañas en dos puntos separados por una distancia que permite una travesía lineal de una distancia razonable; por otro, la relativa cobertura de la existencia del parque nacional y el hecho de que los rangers se encargan de registrar a los grupos o individuos que parten para organizar tareas de búsqueda en caso de desaparición, algo no del todo descabellado, no ya sólo porque no haya senderos sino porque, si uno se pierde, lo tiene mal para salir de allí… ¡no hay por dónde!

Sobre la ruta en sí, conviene atar bien el comienzo: el extremo norte de la travesía está al fondo de Western Brook pond, un antiguo fiordo, ahora separado del mar y transformado en larguísimo y profundo lago de verticales paredes. Existe un barco, de gestión privada, que hace un par de viajes al día por Western Brook pond; la idea es llevar a los turistas a dar una vuelta por el lugar para que puedan admirar el espectáculo que supone el antiguo fiordo, encajonado en su profunda muesca. Este barco es la única forma de llegar al extremo opuesto del fiordo, donde comienza la travesía, y es utilizado por los senderistas para ello: desembarcan al llegar al final del trayecto y se quedan mirando al barquito mientras este vuelve hacia la civilización, preguntándose si han hecho bien… no es para menos; a partir de ese momento, no les queda más remedio que caminar para salir de allí: subir a las tierras altas y atravesarlas… pero esto es parte de la historia.

Valga decir que no vale arrepentirse y esperar al siguiente viaje del barco para pedir socorro y volverse, ya que lo más habitual es que el barco venga lleno y, de no ser por una emergencia, no tiene por qué recoger a nadie. Ya sé que puede parecer un poco estúpido todo esto que estoy diciendo (¿quién va a ser capaz de arrepentirse a estas alturas???!!!) pero ver marcharse el barquito de marras da un poco de congoja. Qué le vamos a hacer, cobarde que es uno.

Es difícil dar una longitud para la travesía, ya que depende de la ruta elegida. Los rangers sugieren un posible trazado durante la charla previa, lo tienen marcado en un mapa y uno se lo puede copiar. Supongo que todo el mundo va por ahí pero, al final, no deja de ser una línea de deseo y es el propio terreno el que marca el “por dónde”. Los relieves son suaves, una vez en lo alto de las mesetas; los obstáculos más a tener en cuenta serán los innumerables lagos y los trozos de tuckamore, que es necesario rodear.

Atrás queda Marks pond, día 2

La bibliografía oficial (esto es, los folletos del parque) resulta un tanto equívoca sobre la longitud de la travesía y uno se puede preguntar el porqué de esta aparente disparidad: ¿35 kms. y 4+ días recomendados? Lo que no mencionan los folletos es que esos aparentemente escasos 35 kms. corresponden a la distancia en línea recta y sólo a la parte correspondiente a la travesía de las mesetas, sin contar el acceso desde y hacia los valles. En nuestro caso, hicimos caso a la recomendación de los 4+ días y no podemos estar más satisfechos de haberlo hecho así: a pesar de que en las condiciones mayormente benignas que nos encontramos hubiera sido perfectamente posible hacer la travesía completa en 3 días (y alguien con experiencia y en buena forma, probablemente, en dos), el ritmo tranquilo que nos pudimos permitir nos dio la ocasión de disfrutar de forma pausada y muy intensa todo nuestro tiempo en las montañas. Todo es tan bonito, sublime y las sensaciones son tan puras que ¿quién quiere acabar pronto? Cuatro días y medio resultó perfecto y no cambiaríamos nada. Además, el saber que teníamos tiempo para hacer frente a contingencias climáticas nos daba tranquilidad. Todo fue bien mientras el tiempo fue bueno pero esa mañana en la que nos levantamos entre una profunda niebla nos dio un toque de atención de cómo podía llegar a ser aquello si las circunstancias se torcían.

La ventana para la realización de la travesía es relativamente corta, de tres meses: del 1 de julio al 1 de octubre. Fuera de esa época, todo es nieve en las montañas Long Range. Entiendo que, si uno quiere, sigue siendo posible salir ahí y recorrer la ruta (y supongo que hasta el tuckamore habrá dejado de ser un problema, oculto por la nieve), prohibido no va a estar, pero desde luego no es ya necesario obtener un permiso ni los rangers hacen labor alguna de monitorizar la vuelta. Tampoco creo que haya servicio de barco en Western Brook pond.

Sentido de marcha

No hay mucho que rascar aquí; si bien es posible, en teoría, realizar la travesía en cualquier sentido, lo único práctico es hacerla de norte a sur. Esto es así porque, si bien en el acceso por el sur uno depende sólo de uno mismo, en el extremo norte no es así: nuestras piernas nos llevarían hasta las orillas de Western Brook pond pero, desde ahí, imposible continuar si no es sobre el lago; es necesario tomar el barco y, desafortunadamente, uno no puede contar con encontrar espacio en él sin haberlo reservado previamente. Esto es fácil de hacer si el barco se utiliza como medio de entrada pero no tanto si se usa para salir. En una ruta convencional es perfectamente posible planificar el día de llegada pero la travesía Long Range no es una ruta convencional: la falta de senderos o guía alguna unido a lo expuesto del lugar y al clima variable e impredecible aconsejan ser flexible y no estar atado a un horario estricto.

En la práctica, en definitiva, la mayoría de senderistas hacen el recorrido de norte a sur.

Registro

Este es un tema especialmente importante en la travesía Long Range. Dado que no hay senderos ni marcas, el senderista debe ser autosuficiente y capaz de encontrar la ruta. Para ayudar a resolver contingencias, sean a causa de pérdida o por cualquier tipo de accidente, en Gros Morne, además del habitual registro de partida y llegada, se entrega a cada grupo un localizador que ayudará a los grupos de rescate. Lo mejor es que no haga falta.

Es necesario obtener el permiso para una fecha concreta de inicio pero, una vez en ruta, uno es libre de elegir su camino y su ritmo. Sí se requiere especificar, antes de partir, una fecha esperada de retorno y es necesario registrar dicho retorno, pasando por la oficina (y, de paso, devolver el localizador). Según nos comentaron los rangers, se monitoriza la vuelta de cada grupo de forma que, si alguno no vuelve en la fecha esperada, se espera un día y, pasado este, se comienza una búsqueda. Depende también de la situación climática (si hay niebla, se puede interpretar que el grupo o individuo está esperando a que se despeje para continuar). Por suerte, los rangers son profesionales de esto, más adecuados para la tarea que algún familiar nervioso.

Acampar

La acampada durante la ruta está, aparentemente, restringida a las zonas establecidas. Digo “aparentemente” porque, en realidad, en ninguna parte he llegado a ver prohibición alguna de acampar en otro sitio, ni me puedo imaginar a nadie controlando esto. Tampoco hace falta, en realidad. Las montañas Long Range son un lugar escasamente visitado y ni siquiera en la relativamente popular travesía Long Range hay problemas de saturación o de impacto ambiental (al menos, así era en 2003).

De todas formas, en la práctica, a lo largo de la travesía lo habitual es acampar en las zonas de acampada. Hay seis, de las que nosotros utilizamos cuatro. Las zonas de acampada, aparte de concentrar a la gente en puntos concretos, aportan un par de elementos: por un lado, plataformas de madera sobre las que colocar la tienda; su razón de ser está en el alto grado de humedad y esponjosidad del suelo en las mesetas. Con las plataformas, se intenta evitar el proceso de compactación y se procura ahorrar al senderista un poco de humedad extra. Puede ser un poco problemático colocar una tienda o refugio que no sea capaz de sostenerse sin piquetas y, de hecho, nuestros compañeros de ruta, con una tienda de estas, nunca usaron las plataformas. Tuvimos buen tiempo y el suelo estaba bastante seco.

Nuestra plataforma junto a Hardings Pond

El otro elemento, habitual en estos casos, es una letrina, que contribuye a concentrar los restos humanos. Se trata de ponérselo fácil al senderista como forma de fomentar el evitar que cague fuera del tiesto. La letrina consta de la habitual fosa común, un gran hoyo que los empleados del parque cavan al principio de la temporada, con un cajón de madera que hace de taza y está provisto de tapa. A lo largo de la temporada, el hoyo, obviamente, se va llenando y, al final de la misma, lo tapan. La naturaleza hace el resto. Así, se evita que heces y orina contaminen los cursos de agua, tan abundantes aquí, además.

Por lo demás, las zonas de acampada, obviamente, no incluyen ningún servicio, como no puede ser de otra forma: esto es naturaleza prácticamente inalterada y ese es el gran valor. Sólo una de dichas zonas, la de Ferry Gulch, al pie de la montaña Gros Morne, dispone de un poste para colgar la comida a salvo de osos y otros animales. No es este un gran problema en las montañas Long Range, donde la presión humana es escasa y los animales no están acostumbrados a robar emparedados a los excursionistas.

Hay, como decía, seis zonas de acampada a lo largo de la travesía Long Range: dos de ellas, en los valles de los extremos, en Western Brook pond y Ferry gulch; y las otras cuatro en las tierras altas, junto a los lagos Little Island, Marks, Hardings y cerca del Green Island. Nosotros utilizamos las de Little Island, Hardings, Green Island y Ferry Gulch. La de Western Brook pond, cerca del embarcadero, está pensada para aquellos que tomen el barco de acceso al fiordo por la tarde (hay un viaje por la mañana y otro por la tarde) a los que no daría tiempo a llegar a las mesetas, a no ser que se dieran mucha prisa.

Fauna

Las montañas Long Range son un gran territorio virgen. Y, cuando digo “virgen”, lo digo con todas las letras, esto es, no en la acepción que podemos tener en Europa, donde ya es virgen casi cualquier cosa que no esté urbanizada… Aquí no hay nada humano. Ni gente, salvo por excepciones como esta travesía donde, durante unos meses al año, se pueden encontrar algunos bípedos con mochila transitando. Hay muchos factores: Terranova tiene muy poca densidad de población, las montañas, pequeñas como son, tienen unas condiciones climáticas muy extremas y los accesos son escasos; y prácticamente imposibles donde no hay un sendero ex-profeso (y hay muy pocos). Las montañas Long Range son un gran territorio virgen.

Entre otras cosas, esto significa una abundante presencia de fauna que vive sin ingerencias en un ambiente inalterado. Podemos sentirnos afortunados de que aún queden sitios así y, más aún, de poder verlos y caminar por ellos.

De entre los bichos más espectaculares que uno puede esperar encontrarse en las montañas, destacan los alces, osos y caribús. Los osos son sólo de la variedad americana y son muy esquivos; al contrario que en otras regiones de América, no suelen suponer problema alguno ni para los senderistas ni para su comida, no están acostumbrados al contacto con el ser humano y cuentan con abundante comida en su entorno natural.

Los alces no son nativos de la isla pero han florecido en ella desde que fueron introducidos. Les ha gustado el clima. Son animales tímidos pero hay tantos que suele ser fácil ver alguno. Son *muy* grandes y aunque en principio nunca van a suponer ningún peligro conviene darles espacio si tenemos la suerte de encontrarnos uno de cerca.

Los caribús son quizá los menos vistosos del elenco pero probablemente, al mismo tiempo, los más bienvenidos, cuando uno se los encuentra, seguramente por el hecho de ser animales propios de latitudes mucho más altas pero el microclima de Terranova y, sobre todo, de sus montañas, les permite vivir cómodos aquí. Creo que en verano van buscando los neveros para no pasar calor, nada menos… Son como ciervos raros, muy bonitos, no excesivamente grandes. Viven en manadas y, para verles, uno depende de la suerte de que su camino cruce por el terreno que estén ocupando en un cierto momento. Cuando nosotros tuvimos la suerte y el placer de encontrarles, se mostraron cautos pero no excesivamente tímidos y pudimos contemplarles desde muy cerca. Preciosos.

Caribús en las montañas Long Range

Insectos

En un ambiente sub-polar como el de las montañas Long Range, los insectos merecen su capítulo aparte: pueden llegar a ser la tumba de cualquier intención de disfrutar del viaje. En los meses cálidos y en estos parajes llenos de agua, los días sin viento pueden dar lugar a que auténticos ejércitos de chupa-sangres no nos dejen vivir.

Terranova dispone de su versión local de las infames blackflies, esas moscas en miniatura capaces de volver loco al más templado. Al parecer, la abundancia o no de estos y otros insectos depende mucho de las condiciones de la temporada, tanto como de las circunstancias locales de cada momento: si llueve o hace viento, no hay insectos (o hay menos); un día caluroso y sin aire es ideal para ellos. Puedes acabar rezando por lluvia.

En nuestro caso, afortunadamente, no hubo gran problema insectil (no siempre hemos podido cantar victoria tan fácil), lo cual fue un gran hallazgo. No vimos apenas blackflies y el único insecto que nos molestó de verdad fue esa mosca gorda cuyo nombre ignoramos: la muy cabrona usa una técnica depurada para picar; como es muy grande y debe necesitar su rato para la extracción (y no tendría ocasión de huír sin ser aplastada), lo que hace es posarse discretamente en un lugar donde no se la vea (la parte de atrás del cuello es su preferida) e inyectar una sustancia anestesiante… así de sofisticado, anestesia local para picotazos libres de sensaciones… hasta que, por la razón que sea, te pasas la mano por ahí, notas un bulto gordo y, cuando miras la mano, encuentras un manchón de sangre. No tuvimos muchos picotazos de estos pero acabamos volviéndonos un poco paranoicos, pasando la mano periódicamente por el cuello para espantar moscas gordas anestesiantes imaginarias… hasta que, en una de estas, encontrabas otro mordisco más…

Huelga decir que un refugio a prueba de insectos es fundamental para poder dormir por las noches en las montañas Long Range.