Consideraciones importantes a la hora de planear una estancia en Yellowstone:

Al más puro estilo americano, Yellowstone es gigantesco (para una escala europea). El parque está situado en pleno corazón de las Rocosas, aunque no en una zona particularmente escarpada o que cuente con picos notables. Su altitud media, eso sí, es muy elevada y los inviernos son muy duros y largos. No hay poblaciones en el interior del parque, aunque sí en la periferia y no hay ninguna ciudad importante que esté ni medio cerca.

La carretera que surca el parque forma una especie de 8 y es accesible desde los 4 puntos cardinales más un quinto al noreste.

Dentro del parque, existen unos cuantos centros neurálgicos que suelen consistir en un camping (estilo americano, por supuesto), una zona comercial con restaurantes, tiendas de recuerdos, de alimentación y/o de todo-un-poco, centro de visitantes y, posiblemente, gasolinera y algún que otro alojamiento tipo hotelero.

El acceso al parque es gratis para las personas pero no para sus coches, por los que se paga una cantidad fija por semana de estancia. No hay transporte público dentro del parque, ni gratuito ni de pago (al menos, no lo había en 2001).

Durante el verano, los alojamientos están muy solicitados, incluso los campings. Conviene reservar con antelación (de nuevo, situación en 2001), algo a lo que nosotros habíamos conscientemente renunciado para evitar encorsetar demasiado nuestro viaje. Ni siquiera sabíamos muy bien qué nos íbamos a encontrar, en realidad.

Yellowstone es famoso por las aglomeraciones de gente pero no es tan conocido el hecho de que la inmensa mayoría de esta gente apenas se separa de la carretera lo imprescindible para un pequeño paseo. Más allá de las carreteras, cientos de kms. de senderos pueden llegar a ofrecer lo que para el ojo europeo es soledad abrumadora.

Dado lo aislado del lugar (con respecto, al menos, a centros importantes de población), la ausencia de transporte público para llegar allí, la misma ausencia una vez dentro del parque y las enormes distancias (tanto para llegar como una vez allí), es complicado o, cuando menos, poco práctico no disponer de transporte propio.

El acceso a los senderos está regulado pero no en el propio sendero sino en la pernocta. No hay limitación para las excursiones de un día, salvo los cierres ocasionales por incendios o actividad de la vida salvaje, sucesos no del todo inhabituales, por otra parte. Para gente como nosotros, el gran atractivo de Yellowstone está en las rutas de varios días y todo lo que implican y ahí nos encontramos con las regulaciones: la pernocta sólo se puede realizar en las zonas de acampada designadas, con un cupo de gente establecido en cada zona; cuando se llena, no hay sitio para nadie más.

Lo de la zona de acampada no significa que haya ningún servicio; de hecho, no los hay, aparte de unos pocos detalles que comento más adelante. La medida es controvertida y discutida por muchos. Yo creo que, más que por especificar dónde hay que pernoctar, que no creo que sea tan importante, es más bien una forma de controlar el número de personas a las que se permite transitar por una determinada zona al tiempo.

Como el parque es muy grande y variado, no es difícil llegar allí y encontrar sitio en muchas de las rutas menos populares (que no necesariamente menos atractivas) pero sí es habitual encontrar cupos completos en las rutas / zonas de acampada más habituales. Es posible reservar espacio con antelación en algunas zonas (de nuevo, situación en 2001) pero no lo hicimos por lo ya comentado.

En Yelowstone, no hay ninguna ruta de largo recorrido establecida y señalizada como tal; los senderos están ahí y uno se monta su propia ruta, a lo largo de un solo sendero o combinando varios. La única condición es que la pernocta nocturna debe realizarse en uno de los puntos establecidos. A la hora de diseñar una ruta, es necesario obtener un permiso. El proceso consiste en acudir a los rangers, bien físicamente, al llegar al parque, o por cualquier medio remoto (teléfono, e-mail…) con antelación (máximo de 48 h.) para realizar la pertinente solicitud. Los rangers gestionan la disponibilidad de espacio en las zonas de acampada y, si lo hay, emiten el correspondiente permiso, en el que se especifica el recorrido solicitado y las zonas de acampada que van a ser utilizadas, con fechas concretas. Es imprescindible, a la hora de recorrer la ruta, ceñirse al plan. Al menos, en la teoría.

La designación de zonas de acampada no persigue el objetivo de ofrecer servicios a los campistas. En América, valga el inciso, la gente valora mucho el contacto con la naturaleza y se aprecia mucho el ser autosuficiente y portar todo lo que se necesite para el tiempo que uno se pase ahí fuera. Es, además, práctica muy habitual, a todos los niveles, desde el aguerrido senderista o montañero hasta la salida familiar. Prácticas casi inéditas para nosotros como hacer un fuego o pescar para la cena son allí algo de lo más normal. En este contexto, no tiene ningún sentido llenar el campo de infraestructuras, por básicas que sean.

Las zonas de acampada en Yellowstone se entienden más como una forma de limitar el acceso, sin restringirlo demasiado, de forma que los visitantes puedan seguir disfrutando del parque y de todo lo que fluye allí sin alterarlo o dañarlo. Parece un buen compromiso, aunque comprendo (y, en buena medida, comparto) el sentimiento restrictivo que esto causa en muchos. Estas zonas, no obstante, son muy abundantes, las hay cada pocos kms., a lo largo de los senderos, como forma de repartir a la gente y ofrecer amplias posibilidades a la hora de planificar rutas.

Otra de las razones de ser de las zonas de acampada es ofrecer ciertas facilidades para afrontar con más garantías la protección de la comida frente a los osos. Al igual que en la Sierra Nevada, estos maravillosos animales viven, y comen, en este entorno y la comida de los humanos les gusta mucho, con el agravante de que, en Yellowstone, hay también osos Grizzlies, o pardos, más grandes, agresivos e impredecibles que los de la variedad americana, también presentes.

En Yellowstone y, en general, en las Rocosas, donde los centros de población son mucho más lejanos y dispersos que en la Sierra californiana, la presencia humana es también menos intensa con lo que los osos no están tan habituados a los humanos (y su comida) y el problema no ha alcanzado las dimensiones que lo ha hecho en California; no obstante y, entre otras cosas, como medio de que esto no pase, sigue siendo clave proteger la comida de un posible robo. Como comento en el capítulo correspondiente al John Muir Trail, estamos realmente protegiendo a los propios osos.

Es aquí donde las zonas de acampada juegan un papel importante como medio de enfatizar unas normas que todo el mundo debiera seguir: separar la zona de pernocta de aquella donde preparamos y consumimos la comida, al menos 30 m., y colgar la comida durante la noche de una rama de árbol que permita al bulto estar a no menos de 3 m. de altura y alrededor de 2 m. del tronco. Si pensáis un poco en lo que suponen estas dimensiones, veréis que no es tan fácil encontrar un árbol y rama adecuados. Esto forma parte de la rutina habitual de campamento en territorio habitado por osos y no siempre se consigue un resultado del todo satisfactorio. Nosotros nunca hemos tenido encuentros nocturnos con osos ni hemos perdido comida en sus manos pero debo decir que no todos nuestros “cuelgues” de comida tenían pinta de ir a aguantar a un oso motivado. Es habitual, por esto, que donde hay zonas de acampada, se facilite esta tarea de alguna forma. En Yellowstone, lo más habitual es encontrar un larguero colocado a una buena altura (algo más de 3 m.) entre dos árboles o entre dos postes colocados al efecto, de forma que no hay que buscar más, esa es nuestra “rama” y de ahí es fácil colgar la comida. Tal que así:

No llego. El oso, tampoco

La altura puede parecer exagerada pero un oso de pie es algo gigantesco. Son muy altos.

Aparte del larguero para colgar comida, las zonas de acampada suelen tener una pequeña zona despejada en el área “comedor”, con algún tronco (o trozo de) dispuesto de forma que se pueda usar de asiento/mesa; más otra zona despejada de maleza en el área “dormitorio”, para colocar la tienda. También suele haber (en Yellowstone, siempre la había) una letrina consistente en un simple, y gran, agujero en el suelo, coronado por una pequeña estructura de madera en forma de taza de water (para proveer una tapa y hacerlo parecerse un poco más a lo que estamos acostumbrados a usar). La razón básica es concentrar los desechos y concentrarlos bajo tierra, donde se descompondrán sin afectar a los cursos de agua. Al final de la temporada, los empleados del parque tapan el agujero y aquí no ha pasado nada. Abrirán otro al comienzo de la temporada siguiente.