En el Cañón del Colorado, nuestra idea es bajar al fondo, pasar una noche allí y volver a subir. Nos hubiera gustado más una ruta lineal, bajando por una ladera y subiendo por la otra pero ahora tenemos un coche que nos espera, no hay más remedio que volver al punto de partida y esto resulta poco viable: la vuelta que hay que dar para ello es gigantesca, por no hablar que no hay transporte público alguno que haga ese trayecto: esto está en medio de la nada, en cuanto a poblaciones se refiere. Desechamos, por tanto, esa posibilidad y nos conformamos con bajar y subir por el mismo sitio.

El Cañón es muy largo y ofrece posibilidades infinitas pero tampoco nos apetece meternos en complicaciones. Nos basta con verlo en todo su esplendor y para ello nos sirve el cogollo turístico, aunque las inevitables masas puedan resultar incómodas pero sabemos que, a partir de cierto punto, quedarán atrás. Este nos parece el mejor compromiso porque, así, recurrimos al mejor y más fácil acceso por carretera y a la ruta de descenso al propio Cañón más transitada y mejor mantenida. Cuenta la bibliografía que, fuera de esta zona, caminar por el Cañón no es tarea sencilla.

En realidad, los avisos sobre caminar en el Cañón, catastrofistas ellos, lo pintan difícil en cualquier caso: el calor intenso, la sequedad ambiental, el gran desnivel, el hecho de que, a diferencia de subir montañas, en este caso se hace primero el descenso y luego (cuando uno está más cansado) viene el ascenso… no nos seduce en absoluto probar suerte en las zonas calificadas de “Primitive” o “Wild”. Nos quedaremos en la zona central. Si, de todas formas, estamos empezando en esto aún…

Borde norte o sur

Esto no es una cuestión trivial y merece una aclaración: el Cañón tiene orientación este-oeste, con lo que sus bordes son norte y sur. “Borde Norte” y “Borde Sur” son, en el contexto del Cañón, nombres propios ya que definen dos realidades bien diferentes: el borde norte (North Rim) es más alto (500 metros, lo cual implica más desnivel) y está situado en una zona especialmente aislada. Los servicios allí son limitados (el ubicuo camping más un puesto de rangers, un centro de vistantes, alguna tienda) y no hay ninguna población merecedora de dicho nombre remotamente cercana. El borde sur (South Rim) es más accesible por carretera (especialmente, para los que llegamos desde el sur, claro está), tiene alguna población relativamente cerca (a escala americana, al menos) y allí se situa el mini-complejo turístico, donde va todo el mundo. Desde allí parten los dos mejores senderos para descender: Bright Angel Trail y South Kaibab Trail.

De nuevo, no nos complicamos la vida: partiremos del borde sur y tomaremos el más sencillo de los dos senderos, Bright Angel. Según las reseñas, este sendero tiene agua por el camino y hasta una zona de acampada a mitad de camino que permite dividir la jornada de ascenso en dos.

¿Demasiado conservadores? Después de haber estado allí, es fácil pensar que sí pero, antes de haber ido y de saber cómo era aquello, lo único que teníamos era la información que íbamos recopilando y esta era, toda ella, tremendamente catastrofista, aludiendo constantemente a las dificultades de caminar en el Gran Cañón. El South Kaibab Trail era pintado como un sendero muy duro y difícil. Ante todo esto, nuestra opción fue clara. El objetivo era experimentar el Cañón y, para una primera vez, el camino más trillado nos bastaba. Luego, el destino haría de las suyas, pero eso viene después.

Aproximación

Previmos un día entero de conducción para llegar al Cañón desde L.A. y… nos quedamos cortos. Debo decir que contamos con la pega de que, al ser domingo, los alquileres de coche estaban cerrados y no nos quedó más remedio que recoger el vehículo en el aeropuerto, para lo cual tuvimos que empezar por desplazarnos hasta allí… como Los Angeles no es precisamente pequeño, pues ya empezamos tarde.

Luego había que salir de L.A. Dicen que esta ciudad no se acaba nunca y la verdad es que sí se acaba pero tarda, tarda, tarda… sí que es grande. Afortunadamente, ningún problema para encontrar nuestro camino en la jungla del asfalto, ni tan mal, para ser la primera vez que conducimos un trasto con ruedas en este sitio.

Después, todo fue conducir sin parar, o casi. Paramos para comer, una horita de nada, y a conducir otra vez. Pasamos por Flagstaff, la última población importante antes del Cañón y desde donde todo era ya una carretera que llevaba hasta el mismo borde… pero no llegamos ese día. Agónico tramo final en el que, según el sol se iba ocultando, decidimos sobre la marcha, al pasar por el camping Ten-X, del servicio forestal, cuando todavía nos quedaban unos 10 kms., quedarnos a dormir allí. La idea inicial era llegar hasta el complejo turístico y acomodarnos en el camping Mather pero no nos apetecía nada llegar de noche a un lugar que no conocíamos y donde no sabíamos bien qué nos íbamos a encontrar. Decidimos dejar la sorpresa para mañana. Llegábamos, a todo esto, sin reserva previa y advertidos de que el alojamiento en el South Rim suele completarse… aún no sabemos si la advertencia aplica también a los campings pero dado que Ten-X tenía sitio de sobra (de hecho, estaba bastante vacío), nos pareció buena idea jugar sobre seguro y quedarnos allí.

A todo esto, y a pesar de la fama de desértico que tiene el Cañón, la meseta que estamos cruzando está completamente cubierta de bosque: pinos, para ser más precisos, de porte discreto pero un bosque en toda regla. Más aún, según se oculta el sol, hace auténtico frío y la humedad ambiental es alta. En estas condiciones, sienta especialmente bien el fuego de campamento, tan típico de los campings americanos, que montamos en nuestra humilde esquina.

Permisos

Uno de los problemas del Cañón y, especialmente, de intentar pasar una noche en él en la zona más popular es que hay mucha gente que quiere hacer justo esto mismo. En el fondo del cañón, según se baja por Bright Angel o South Kaibab (ambos senderos confluyen en el fondo), hay un par de puentes sobre el río Colorado que permiten enlazar con la travesía que sube al borde norte y, en un pequeño valle lateral, el cañón Bright Angel, una zona plana con vegetación, agua fresca, una zona de acampada del servicio de parques nacionales y, extrañamente, un rancho. Ignoro el origen del rancho ni por qué se llama “el rancho fantasma” (Phantom Ranch) pero hoy día es una especie de hotel rústico. Por supuesto, sólo se puede llegar hasta allí por los senderos, no hay otra forma. Bueno, sí, navegando por el río. Leo por ahí que las reservas para pasar la noche en el rancho se suelen tener que hacer con hasta ¡dos años! de antelación…

A lo que iba: para caminar por los senderos no se necesita ningún permiso pero sí para pasar la noche. La zona es frágil y sólo se permite acampar en la zona de acampada, la cual tiene un cupo de gente y está muy solicitada (aunque no tanto como el rancho). Hay que obtener los permisos con mucha antelación (meses) y a ello nos pusimos, haciendo el esfuerzo de planificación requerido, dado que primero pasaríamos una semana en el John Muir Trail, y cruzando los dedos para que la respuesta fuera positiva: finalmente, a casa llegó un sobre con una carta del servicio de parques nacionales adjuntando una cinta de vídeo con la instrucción necesaria: solicitud aceptada.

Fuimos muy conservadores: planificamos un día para bajar y dos para subir, aprovechando la zona de acampada (esta, menos solicitada) a mitad de camino en el Bright Angel Trail. En ese momento, nos pareció lo más razonable. Las historias sobre la dificultad del Cañón nos lo aconsejaron así.