Permisos

La logística en el John Muir Trail es relativamente sencilla: se puede acampar donde uno quiera, con sólo las típicas restricciones de dejar una mínima distancia con respecto a la traza del sendero y no hacerlo junto a lagos de alta montaña a partir de una cierta altitud. Sólo hay un cuello de botella: el valle de Yosemite. El extremo norte del JMT esta alli. Las autoridades utilizan un cupo límite de senderistas por día que pueden partir de cada extremo (Yosemite, al norte; y el monte Whitney, al sur) para controlar el número de personas en el sendero. Se requiere un permiso para comenzar el sendero en uno de estos puntos, permiso que lleva una fecha que el senderista o grupo está obligado a cumplir. A partir de ahí, uno es libre de tomarse el tiempo que quiera para recorrer el sendero.

La verdad es que no tengo muy claro qué pasa si se quiere empezar el sendero en algún punto intermedio (que no hay muchos en los 300 y pico kms.) pero nosotros empezamos en Yosemite y tenemos claro que necesitamos el permiso.

A pesar de que lo solicitamos con tiempo, la respuesta es negativa: cupo completo en Happy Isles (el punto de inicio oficial del JMT). Tenemos la posibilidad de retrasar nuestra partida pero eso no nos interesa. Preferimos otra alternativa posible: comenzar el recorrido en Glacier Point, un mirador situado justo encima del valle de Yosemite que cuenta con acceso por carretera desde el valle y un servicio de autobús que lleva allí a los turistas (y, de cuando en cuando, a alguna pareja de senderistas aún no muy sucios). Desde Glacier Point parte un sendero que enlaza con el JMT un poco más alante. El permiso para esta opción nos es concedido y por correo enviado. Lo guardamos bien.

Regulaciones en la Sierra Nevada

Seguro que os acordáis del oso Yogi, el que robaba los emparedados a los excursionistas. La Sierra Nevada está llena de Yogis, para bien y para mal. Para bien porque ese magnífico animal que es el oso, arrinconado y casi extinguido en tantos sitios que nos son tan cercanos (vergüenza nos tenía que dar), florece en estas montañas, lo cual nos enriquece a todos, tanto si tenemos la inmensa suerte de poder ver alguno como si no; están ahí y las montañas se alegran por ello. Y para mal por esa faceta de ladrón de comida del personaje animado que, en aquellos entrañables dibujos de nuestra infancia, se nos mostraba con un punto cómico y simpático pero que constituye una actitud con una cara oscura: no es la comida que podamos perder a manos de los osos lo importante sino la modificación de la conducta que se llega a producir en estos animales.

Los osos son muy inteligentes y aprenden rápido. Entre otras cosas, aprenden que la comida que llevan los humanos está muy rica y les da mucha más energía que la mayor parte de su dieta habitual, con lo que corren el peligro de dejar de buscar su comida natural y centrar su búsqueda en los emparedados (o lo que pillen) de los bichos de dos patas. Esto es muy peligroso, hasta el punto de que los osos que muestran una marcada tendencia en este sentido suelen ser sacrificados, para evitar que la modificación de conducta se extienda en la especie (insisto: los osos son muy inteligentes y perfectamente capaces de enseñar a sus hijos a obtener comida humana, en lugar de su comida natural, habilidad que pueden incluso llegar a peder).

Este es un problema grave, especialmente en un lugar tan visitado por humanos como es la Sierra Nevada. Las autoridades insisten mucho en la prevención del robo de comida, a pesar de lo cual, mucha gente, haciendo gala de esa capacidad infinita de estupidez que sólo los humanos tienen, propicia que el problema se perpetúe a base de no cuidar de su comida e, incluso, dar de comer de ella al pobre oso que han tenido la suerte (en realidad, la desgracia; sobre todo, para el oso) de ver. No son conscientes de que, quizá, con esa actitud, le están matando.

En definitiva, en la Sierra Nevada, se observa con mucho rigor la protección de la comida, enfatizando que no es la propia comida lo que estamos protegiendo sino, en realidad, a los propios osos.

El método típico para salvaguardar la comida de los osos es colgarla de un árbol, fuera de su alcance… lo cual no es tan inmediato, los osos se pueden poner de pie sobre dos patas (y son muy altos cuando lo hacen) y pueden subir árboles, con lo que encontrar el árbol y la rama adecuados suele ser complicado y parte de la rutina de campamento; a veces cuesta conseguir un buen arreglo.

En las zonas más frecuentadas por humanos y donde los osos están más acostumbrados a su presencia, estos han llegado a aprender a descolgar las bolsas de comida, no importa cuán bien colgadas estén. Han aprendido que “eso” que buscan y que no alcanzan cuelga ahí gracias a una cosa (la cuerda) que sí pueden alcanzar y romper… voilá, comida gratis. Ante esto, en estas zonas problemáticas, las autoridades han buscado otras estrategias de protección. Una de ellas es colocar contenedores metálicos en las zonas de acampada establecidas, donde los campistas guardan su comida durante la noche. Pero esto sólo sirve en esos puntos concretos. Para el resto del territorio (y, por extensión, para cualquiera que quiera transitar por toda la zona) es obligatorio portar un contenedor a prueba de osos.

Los hay en varias versiones pero lo más típico es un cilindro de lexan (plástico duro) o fibra de carbono, imposible romper, incluso por los sorprendentemente fuertes osos, a causa no sólo del material sino del diseño, redondeado en sus bordes y de unas dimensiones tales que el oso no lo puede morder con sus mandíbulas.

La pega de los contenedores estos es que, a pesar de estar hechos para pesar lo menos posible… pesan mucho. Pero son obligatorios en las zonas más problemáticas.

Desde 2001, ha pasado mucho tiempo y han surgido productos alternativos más ligeros, aunque los contenedores mencionados siguen siendo el método recomendado como más seguro.

Un contenedor de estos aloja comida para una persona para aproximadamente 5 a 7 días (a base de hilar fino con el tipo de comida). Algunos consiguen meter casi el doble pero hace falta estudios universitarios de senderismo para esto. Nosotros tuvimos que hacernos con dos y apretar bien para que cupiera todo.

Nuestros contenedores

Los contenedores se pueden alquilar, no hace falta comprarlos (son caros y de vuelta en casa no nos iban a servir de mucho). Los alquilamos en el puesto de rangers del valle de Yosemite y los devolvimos por correo al terminar la ruta.

nota adicional: los osos son por naturaleza tímidos y evitan al ser humano; al menos, la variedad presente en las montañas de California. No son agresivos y nunca atacarán a un humano para robarle la comida. Es la comida desatendida la que puede ser su objetivo, especialmente de parte de aquellos individuos ya habituados a los humanos y que saben lo que buscan. Y es especialmente durante la noche cuando la comida es vulnerable. Los osos permanecen activos durante la noche (su “noche”, la de dormir, son los meses de invierno) y guardar la comida en la tienda de campaña o junto a uno no es solución: puede ser, incluso, peligroso porque es una situación que puede animar al oso a intentar robarla, creándose así un posible conflicto entre osos y personas.