Seis días y 87 kms. a lo largo de la cordillera Sawback, con un pequeño rodeo para no perdernos el idílico valle Skoki. Amplificada la sensación de viaje por el hecho de que, prácticamente, salíamos andando de la puerta del albergue para llegar directamente a Banff, la “gran metrópoli” de las Rocosas canadienses. Quién iba a decir que Banff iba a resultar mucho más solitario que Jasper (excepción hecha de la travesía del valle Maligne). Está claro que es la popularidad de ciertos enclaves/senderos lo que lleva a la gente. En el sendero Sawback, sólo en Skoki encontramos gente regularmente (no mucha; sólo “regularmente”); después, casi nadie. ¿Sitios feos? En absoluto. ¿Menos bonitos, siquiera, que el resto de lo que habíamos recorrido? Ni pensarlo. Simplemente, menos populares. Es lo único que se me ocurre. Los pasos Pulsatilla y Mystic fueron de lo más espectacular imaginable y quizá el sentirnos allí tan solos amplificó las sensaciones y las hizo más especiales.

Día 1: Merlin Meadows

Nada más levantarnos, miramos por la ventana para ver, con sorpresa, que las laderas por las que tenemos que subir están ¡cubiertas de nieve! Pero si hacía bueno… y nos habían prometido que en Banff todo iba a ser diferente y nos imaginábamos ya en bañador bajo una palmera (es un decir…). Pues, de alguna forma, ha nevado esta noche. Es lo que tiene dormir bajo techo, no se entera uno de nada.

Antes de salir, preguntamos en la oficina de los rangers, por si acaso, pero nos dicen que no debería haber problema. Yo qué sé, si ha nevado tan abajo a lo mejor en las alturas hay medio metro… somos de un sitio cálido, qué le vamos a hacer, no sabemos mucho de nieves y menos en agosto…

Podríamos salir andando directamente de Lake Louise pero, dado que los primeros kms. son por carretera (la que sube a la estación de esquí), tiene sentido facilitarnos la vida y buscar un transporte que nos lleve. Teóricamente, hay un furgo-bus que sube todos los días. No está muy claro si es una línea regular o no, como casi todo aquí, pero hemos verificado que existe, de dónde sale, a qué hora y qué pinta tiene así que salimos del albergue esperando encontrarlo.

Efectivamente, ahí está el trasto y ahí montamos. Como muchas otras cosas, la información que hemos podido reunir antes de llegar aquí era muy confusa sobre cómo salir de Lake Louise hacia Skoki y los mapas no ayudan mucho, por muy topográficos que sean, no está muy claro hasta dónde llega la carretera, a partir de dónde es una pista y hasta dónde nos lleva el furgo-bus.

Nos dejamos llevar hasta que para y hay que bajarse. Allí, tenemos que tomar una ancha pista que, aparentemente, es aún parte de la estación de esquí.

De momento, no hay nieve y, además, hace bueno. No sé nada pero esta mañana aparecía toda la ladera nevada desde la ventana del albergue.

Subimos a través de bosque por la pista durante un buen rato hasta el lugar donde esta acaba. Allí está la estación superior de un remonte de esquí y, lo que nos interesa a nosotros, una marquesina con carteles relativos a nuestra ruta. Lo tomamos como el punto de inicio oficial, aunque ya llevamos andando un buen rato.

Sawback Trailhead. Nieve recién caída

A partir de aquí el camino es ya la típica senda. No vamos siguiendo un valle sino más bien subiendo por la ladera, a través de bosque y algún prado floreado. Sigue sin haber nieve; como mucho, algo de escarcha en la hierba.

La subida es rutinaria hasta que llegamos a un valle de altura y ahí empieza el espectáculo: acabamos de salir del bosque y el panorama es apabullante por todos los lados. Hacia atrás, vista al valle y, sobre todo, a las montañas gigantescas de enfrente, al otro lado del valle Bow. Más de lo de siempre: moles oscuras coronadas por glaciares.

Montañas ciertamente rocosas

Hacia delante, acabamos de llegar a una explanada con su consabido lago, Ptarmigan, flanqueado el conjunto por el monte Redoubt. El ptarmigan es un ave acuática que suele vivir en estos ambientes de altura.

Lago Ptarmigan y monte Redoubt

Nos cruzamos con alguien que baja, primer encuentro del día. No parece que haya mucho tráfico por aquí. Seguimos adelante, hacia arriba, por terreno despejado y con cada vez menos vegetación y cada vez mejores vistas hacia las montañas al oeste.

Estamos subiendo hacia el paso Deception. Dicen que el nombre se lo pusieron cuando, en la primera exploración (documentada) de la zona, subían, subían y subían, esperando encontrar un paso tras cada loma y sufriendo decepción tras decepción, hasta que por fin encontraron el dichoso paso pero, para entonces, la sensación había arraigado y el nombre se quedó así. Uno podría pensar que va a ser porque es feo pero, por el momento, no lo parece.

Pasamos por el cruce al lago Baker, de frente, a través de un paso a cuya altura estamos ya, prácticamente. Nuestra ruta, globalmente, hubiera sido más corta por aquí porque al lago Baker vamos a ir de todas formas pero daremos un rodeo por el valle Skoki; de esta forma, ajustamos a la perfección la longitud de la ruta para que dure 6 días (los que tenemos) y pasamos por Skoki que, supuestamente, es de lo más atractivo de la zona.
Para ello, tenemos que continuar subiendo hacia Deception, a la izquierda. Como de costumbre al acercarnos a un paso, esto se pone interesante, según vamos estando por encima del terreno circundante y con panoramas cada vez más amplios del horizonte eternamente montañoso.

El paso Deception es tan espectacular como cualquier otro de los que hayamos hecho en Jasper. Increíblemente, después de los augurios de esta mañana, no hay una gota de nieve, ni rastro. Yo juro que había visto la ladera toda blanca. Muy al contrario, las condiciones están siendo perfectas: sol y temperatura fresca, ideal.

Desde el paso vemos a una familia subir por el otro lado y vemos el sendero bajar gradualmente hacia el valle Skoki, visible también. Nuestra zona de acampada de hoy, Merlin Meadows, está ahí abajo aunque no se aprecia ningún signo de ella aún.

Valle Skoki desde el collado Deception

La famila (padres con sus niños) llegan a Deception antes de que nosotros empecemos a bajar y nos avisan sobre la bonita vista de un par de lagos durante el descenso. Se alegran de haber terminado ya el ascenso, ahora todo es descender para ellos, hacia Lake Louise. Idem para nosotros, hacia Skoki.

Ni de coña nos habríamos perdido la vista a los dichos lagos, que componen una imagen curiosa, en la pared de enfrente de la vaguada por la que descendemos: dos pequeños lagos en sendas cubetas, casi colgadas de una pared, a distintos niveles, con su azul intenso en fuerte contraste con la piedra oscura.

Lagos Skoki: Zigadenus y Myosotis

Durante el descenso, pasamos por la habitual transición vegetal para acabar entrando en el bosque. Cerca ya de Merlin meadows y la zona de acampada, pasamos por un refugio, uno de los pocos que hay aquí. De madera, con pinta acogedora… ¿tentaciones? ¡ni hablar! ¿Quién quiere encerrarse en un edificio ahora? Si ni siquiera hace malo…

Bromas aparte, los refugios tienen su aquel y la acampada el suyo también. Son cosas diferentes y complementarias. Al pasar por allí, uno piensa en sus comodidades con cierta envidia (sana) pero, cuando estemos acampados en un entorno bonito, ni nos acordaremos.

Cosa que sucede poco después. El bosque es poco tupido en esta zona, quizá por la altitud, que aún es considerable. Aunque encontramos que tampoco era para tanto lo del valle este, es simplemente tan bonito como cualquier otro pero nada especial. Quizá su “fama” venga de la combinación de localización remota (sin acceso directo a la civilización: hay que cruzar algún paso alto) con una accesibilidad relativamente sencilla, por buenos senderos y sin grandes distancias. No sé. Bonito sí que es, desde luego.

Una cosa que no nos gusta, con respecto a Jasper, es un detalle tonto pero que no deja de tener su valor: en lugar de una o dos mesas grandotas, en esta zona de acampada hay varias más pequeñas y relativamente apartadas entre sí, con el resultado de eliminar contacto con el resto de gente. Que no es que sea una gran pérdida pero solía ser agradable coincidir con alguien más. Ahora, al no haber coincidencia, lo más normal es que no haya contacto tampoco. Bueno…

Nuestro hueco en Merlin Meadows

Día 2: Baker Lake

Hoy va a ser un día muy fácil: corto y casi sin desnivel, cosas de la distribución de las zonas de acampada. Llegaremos al lago Baker, donde está la zona de acampada más alta (por altitud) de las Rocosas de Canadá.

Tenemos que seguir adelante para ir girando y rodear la montaña Skoki y así salir del valle por la parte de atrás. Empezamos el día con buen tiempo pero, poco a poco, empiezan a llegar nubes, plácidamente y sin viento, indicio claro de un frente cálido. Esperamos que pase enseguida.

Desde Merlin Meadows. El cielo algodonoso presagia tiempo lluvioso

Hacia mediodía pasamos por los lagos Red Deer, primeros de una buena serie que veremos hoy. Empieza a llover ligeramente pero enseguida para, aunque sigue nublado.

Otro baño frío

El ambiente está cercano a la alta montaña, estamos bordeando el límite del bosque en todo momento. Las montañas de alrededor no son especialmente altas. Un poco más adelante, pasamos junto a una zona de acampada con bastantes inquilinos. Acampan pronto, estos canadienses… aunque, por la pinta (familias), tiene pinta de que puedan estar ahí durante más de un día. Es curioso encontrar padres con niños en estas circunstancias, es algo impensable en nuestro entorno. Está claro que las circunstancias son otras pero también la mentalidad es, probablemente, otra.

Una ligera subida es lo único que nos hace falta para coronar el paso Cotton Grass, para continuar hasta la cubeta del lago Baker. No parecía que fuera a haber árboles aquí pero, de alguna forma, se las han arreglado para crecer en una explanada junto al lago y ahí está la zona de acampada. Hay bastante gente ya. Nos consta que esta zona es popular. No es tarde, para nuestros estándares, pero volvemos a llegar los últimos, aunque esto no nos importa en absoluto: nos gusta tener tiempo de acampar tranquilamente pero preferimos aprovechar el tiempo del día para caminar. Ahí está nuestro equilibrio.

Vuelve a llover un poco pero son sólo gotas aisladas. De alguna forma, se acaba despejando porque, luego, durante la noche, disfrutamos de espectáculo: la luna llena reflejada en el lago. Esto no pasa si está nublado.

Lunas salvajes sobre el lago Baker

Día 3: Badger Pass Junction

Una buena razón para haber llegado pronto a Baker es la posibilidad de una bonita y sencilla, no muy larga excursión a unos lagos de altura en las proximidades pero no hubo lugar ayer. Hoy ya tenemos una etapa seria pero el lugar, a la luz del sol de un precioso día despejado, es tan bonito que nos pasamos media mañana paseando por los alrededores del lago y admirando el paisaje montañoso. Un ciervo aparece por allí.

Mañana luminosa junto al lago Baker. Esto ya parece verano

Vemos la profunda muesca del valle por el que vamos a tener que bajar, un largo descenso hasta Wildflower creek, desde donde tendremos luego que subir hacia otro paso alpino, el de curioso nombre Pulsatilla. Este es el nombre de una flor, no sé si propia de la zona o no…

Estamos tan relajados que no nos damos mucha cuenta de lo tarde que se hace ni nos importa. Comenzamos a caminar realmente tarde. Llegados al fondo, paramos a comer y afrontamos la subida por el valle mencionado; vaguada, más bien: es un valle muy estrecho y empinado.

Cola del lago Baker

El sendero se enrarece por momentos pero, de momento, lo seguimos. Sin embargo, en algún momento nos debimos confundir y seguimos una traza errónea. Según vamos subiendo, la senda se va desdibujando hasta que ya no está claro si es una senda. Vamos transitando por terreno inusualmente empinado y tenemos que acabar por aceptar que no estamos en el camino. Curioso, es algo que no hubiéramos esperado, a estas alturas. Lo peor es que nos pilla en un mal momento, con la tarde bastante avanzada y mucha subida aún por hacer hasta el paso, más un buen trozo de bajada por el otro lado hasta la zona de acampada. Ahora empezamos a lamentar el relajo excesivo de esta mañana pero todo se andará.

En una de estas, se nos aparece un conejo. Otra cosa que no esperábamos en estas montañas en las que todo es tan grande y maravilloso que uno ya sólo espera encontrar ciervos, osos, puercoespines de 50 kgs… y aparece un mundano (pero no por ello no bonito) conejo, que se queda ahí, mirando, preguntándose qué somos y qué coño hacemos ahí… ya sabemos, hermano conejo, ya, que nos hemos salido del sendero… sin querer…

Conejo

El valle es estrecho y no ofrece duda, aunque tampoco ofrece mucha visibilidad para orientarse pero seguimos adelante y arriba y ya nos encontraremos. Nos hemos subido a la pared de la izquierda y vamos ahora más o menos horizontal por la empinada ladera, a través del bosque que, afortunadamente, está libre de maleza y es fácil de atravesar. Queremos pensar que el sendero estará a nuestra derecha, hacia el fondo del valle, pero preferimos no intentar encontrarlo y seguir avanzando.

Salimos a un claro en medio de la ladera, provocado, probablemente, por una antigua avalancha, porque el claro es longitudinal y llega hasta abajo y, efectivamente, ahí abajo vemos el sendero. No sabemos dónde narices lo perdimos pero no importa ya. Hay que darse prisa.

Nos alegramos de haberlo encontrado especialmente ahora que hay que superar un gran escalón. El sendero nos lleva muy fácil. Llegados arriba, alta montaña otra vez, un precioso valle de altura, ya fuera del bosque; una gran cubeta, en realidad, con su lago y todo, y allí, al fondo el collado que buscamos. Grandes montañas a nuestro lado, esto es tan bonito que casi se nos olvida lo tarde que es.

Lago Pulsatilla; al fondo, el paso

No hemos visto a nadie desde que salimos de Baker y no esperamos ver a nadie ya. La sombra cubre el collado Pulsatilla minutos antes de que lleguemos a él. Estamos altos y, sin sol, empieza a hacer frío. Del otro lado, un larguísimo y recto valle por el que empezamos a descender ahora y no terminaremos hasta pasado mañana (somos lentos, lo sé)

El valle de Jonhston Creek desde el paso Pulsatilla

Estamos flanqueados por dos perfectas filas de picos, a cada lado, y vamos todo lo deprisa que podemos. Estamos cansados pero, al menos, es cuesta abajo, muy fácil. El descenso es muy gradual, con numerosas explanadas casi llanas. Cuando empiezan a aparecer árboles, esperamos encontrar la zona de acampada en cualquier momento y, efectivamente, ahí está el corto desvío. Era hora, está empezando a oscurecer ya.
Hay varias tiendas, todo el mundo recogiéndose ya y nos miran un poco raro. Sí, es tarde, qué le vamos a hacer.

Cenamos en penumbra y nos reencontramos con esos mosquitos que tanta lata nos dieron en Jasper. Nos habían dicho (¿para consolar?) que en Banff habría menos pero deben estar todos aquí. Hay que irse a la tienda.

Día 4: Larry’s Camp

Hoy tenemos excusa para no madrugar. Además, toca otro día fácil: todo bajada y corto; de nuevo, cosas de la distribución de las zonas de acampada. Tenemos que bajar hasta la zona Larry (ya, qué nombre tan mundano… como si aquí la llamáramos “Carlos”…) y quedarnos ahí porque, aunque lleguemos pronto, lo que sigue es la considerable subida al paso Mystic y la siguiente acampada no es posible hasta haber bajado al valle del otro lado.

Afortunadamente, el frío de la mañana mantiene a los mosquitos callados pero hoy vuelve a estar despejado (de lo que nos alegramos, obviamente) y sabemos que en cuanto el sol caldee el ambiente, vendrán por nosotros, así que hay que andar.

Badget Pass Junction, antes de salir

Encontramos gente en las zonas de acampada pero luego no sabemos dónde se meten, no estamos viendo absolutamente a nadie durante el camino, salvo los modestos casos del primer día. En cierto modo, está resultando una sección más aislada que la de Jasper, en contra de lo que esperábamos.

Hoy no hay mucha historia; bajamos, bajamos y bajamos, encajonados entre montes y, cada vez más, cerrados por el bosque. Que no es que nos aburramos, que esto sigue siendo muy bonito y no perdemos la perspectiva de sentirnos afortunados de estar caminando por estos sitios.

Johnston Creek

Llegamos pronto a campamento. Sólo hay una pareja más y, para esta noche, eso será todo. Desde aquí, hay acceso directo a la carretera, valle abajo, a unas pocas horas de camino pero nuestra ruta toma un empinado valle lateral para subir al paso Mystic y cambiar de valle para meternos un poco más en las profundidades de la cordillera Sawback antes de llegar a Banff town; pero todo eso será mañana.

La zona de acampada es del tipo abajo-en-el-valle, bosque-profundo, más bucólica que espectacular. No hay mosquitos, así que podemos tomárnoslo con calma y pasar una tarde-noche relajada.

Día 5: Mystic Junction

La zona de acampada está situada en la misma confluencia de Johnston creek (el valle por el que hemos venido bajando estos dos últimos días) con la vaguada sin nombre por la que tenemos que subir así que, con el desayuno aún en la barriga, empezamos la cuesta.

La primera parte es rutinaria, hasta que llegamos a una gran pedrera tras la cual el terreno se nivela y entramos en un gigantesco anfiteatro. A pesar de que aún estamos rodeados de bosque, se aprecia cómo las montañas que nos rodean forman casi un círculo. Las paredes son visibles por encima de la copa de los árboles, roca casi vertical en buena parte del perímetro. No se aprecia salida alguna ni se intuye por dónde puede estar el paso pero dejamos que el sendero nos lo descubra.

Cruzamos el anfiteatro hasta la pared opuesta y seguimos sin ver signos de por dónde salir de aquí. El sendero se encarama por la pared y, a pesar de que, como siempre, está muy bien trazado, no puede evitar pendientes considerables. Nada del otro mundo pero, seguramente, lo más empinado que hemos tenido que recorrer, salvo por el trozo en el que perdimos el camino un par de días atrás.

El panorama es fantástico, según subimos y vamos teniendo vistas del anfiteatro desde cada vez más arriba. Los árboles empiezan a escasear. Por fin, llegamos al borde superior de la pared por la que subíamos en un punto donde, efectivamente, hay una ligera depresión que facilita el paso. Miramos atrás, esta es una configuración muy curiosa y espectacular.

El anfiteatro, vista parcial

Estamos ya en la zona del collado y, desde aquí, hay poco desnivel. Vamos a bajar por una vaguada análoga a la que hemos utilizado para subir, lateral al valle principal y retorcida de forma que no vemos aquel desde aquí arriba. A pesar de que estamos muy altos, la vista no es del todo amplia, parcialmente tapada por las laderas que nos rodean y que tampoco aportan un panorama espectacular. Que no cuente como queja; la subida ha sido de lo más espectacular y recomendaría este paso sin dudarlo.

Collado Mystic. Al fondo, la pared noroeste del anfiteatro

La bajada se anuncia abrupta y así es, hasta llegar al desvío al lago Mystic. Son sólo 10 min. hasta el lago y no llevamos prisa, así que vamos a hacerle una visita. Con ese nombre tan evocador, no podemos pasarlo por alto.

El lago está en la típica cubeta glacial, ocupando todo el fondo de su pequeño circo, con paredes de roca en parte la parte más vertical del perímetro y el omnipresente bosque donde la ladera es menos empinada. No sé por qué es místico pero es muy bonito.

Lago Mystic

Volvemos atrás para retomar el sendero, valle abajo. Tenemos que descender hasta la confluencia con el valle principal, donde está la zona de acampada destino, Mystic Junction, en alusión al cruce de senderos que hay ahí. Antes, pasamos por otra zona de acampada, Mystic Lake, donde hay ya una solitaria persona que no nos hace mucho caso cuando le preguntamos por dónde había que seguir… le habrá parecido una pregunta tonta pero es que había un punto un poco confuso.

El valle al que llegamos es el de 40 Mile creek, el arroyo de las 40 millas. No creo que tenga tantas millas pero es un valle muy largo y rectilíneo, supongo que de ahí el nombre. Valga decir que lo que allí llaman arroyo sería para nosotros un río de pronóstico reservado, la escala por la que se miden las cosas es claramente diferente.

La zona de acampada está en el fondo, junto al “arroyo” y es la típica de las de bosque en fondo de valle, con grandes árboles. Curiosamente, esa noche estamos solos, algo que no nos pasaba desde el valle Maligne, en Jasper. Digo lo de “curiosamente” porque esta es nuestra última noche en el sendero antes de llegar a Banff (city) (“city” como en “Apendi-city”), esto es, no estamos en una zona especialmente remota, aunque sí es verdad que, con el último cambio de valle hemos puesto otra (ya son dos) cordillera de por medio con respecto al valle principal, por donde va la carretera.
Como hemos llegado pronto, tenemos todo el tiempo del mundo para relax y cosas como hacer fuego, un placer perdido en nuestro entorno, donde es algo tan denostado. En América, es de lo más común, salvo quizá en entornos y épocas muy secos, difícilmente el caso en las Rocosas canadienses. El fuego es muy agradable en sí mismo, por el calor, por el ambiente acogedor que crea y por esa magia especial que tiene y es, en el fondo, una forma más de acercarnos a la naturaleza y conectar con ella. No deja de ser la madera el combustible natural por excelencia, al menos en sitios como este. La clave, quizá, está en que en las Rocosas la presión humana aún no es tan grande como para que un pequeño fuego de campamento cause impacto alguno. Se usa sólo madera caída, eso sí.

Sin cabeza en Mystic Junction

Día 6: Mount Norquay ski area y Banff town

Hoy es el último día. El trayecto no deja de ser curioso: se trata de descender por el largo valle de 40 Mile creek y uno pensaría que, a base de descender, se llega a destino, pero no; el valle en cuestión, después de tantas millas rectilíneas, acaba enroscándose y dando rodeos al final y la ruta evita esto, subiendo a las montañas circundantes para luego bajar por el otro lado, directamente a Banff.

El tiempo sigue espléndido. Al final, ciertamente, Banff nos ha tratado mejor que Jasper en ese sentido, tal como nos habían predicho. Salvo las cuatro gotas del segundo día, el resto ha sido tiempo despejado y de temperatura muy agradable, perfecta para caminar (es decir, no mucho calor; en Jasper tampoco lo hizo) y sólo ligeramente fría por las noches y mañanas, nada serio. En Jasper sí que nos hizo algo de frío del de verdad, aunque nunca fue molesto. Los mosquitos sí que lo fueron; inaguantables, a veces, y en eso sí que Banff ha sido más amable, también: salvo la tarde-noche en Badger Pass junction, apenas nos han molestado.

No encontramos ni un alma. Es otra cosa que nos ha sorprendido de esta ruta, en la que esperábamos ver más gente aunque, en el fondo, sin una razón detrás. Quizá sólo porque la zona entre Banff y Lake Louise es de lo más accesible y cercano a civilización del corazón de las Rocosas canadienses pero, en el fondo, hemos comprobado que la gente está en las rutas y sitios más por su popularidad que por su cercanía a centros de población.

40 Mile Creek

El descenso es muy sencillo y gradual, siempre encerrados en el bosque y no tiene más historia hasta que llegamos a la zona donde el valle, en aparente contradicción con lo que suelen hacer los valles, en lugar de ensancharse según baja, se estrecha y gira a la izquierda mientras el río se empieza a encajonar. Aquí, empezamos a ver gente pero no mochileros sino excursionistas de día: estamos cerca de la civilización ya.

Dejamos el camino y el descenso para tomar una pista que asciende por la ladera que ahora cierra el frente del valle. Es una pista amplia y su razón de ser es la estación de esquí del monte Norquay, hacia la que nos dirigimos.

Cruzamos alguna pista de esquí. Tienen una pinta diferente a lo que estamos acostumbrados, supongo que por las cotas relativamente bajas: un corte en el omnipresente bosque, de un verde brillante por la hierba que crece ahí.

Llegados a la parte superior, vemos lo que hay al otro lado: un amplísimo valle, con las montañas continuando, tan rocosas como siempre, al otro lado. Abajo está Banff, aunque aún no lo vemos.

El valle Bow y las montañas que continúan hacia el sur

Alcanzamos por fin el asfalto: una zona de aparcamiento. Desde aquí, son unos 7 kms. de carretera aunque, vagamente señalado en el mapa, parece ser que hay un sendero que baja de forma mucho más directa. Lo más coherente sería bajar andando y entrar así en Banff, al menos desde nuestra perspectiva del viaje a pie, como forma de darle un final con un punto digno de tal nombre. Por otro lado, nos interesa llegar a Banff cuanto antes porque necesitamos hacer compras de cara a la próxima ruta. Aunque medie un día de “descanso”, va a ser un día, el de mañana, en el que difícilmente vamos a disponer de tiempo para nada que no sea viajar: autobús, avión, autobús, barco y otra vez autobús, nada menos, para llegar a la isla Vancouver; y pasado empezamos ya el West Coast Trail, saliendo casi de madrugada, así que las compras hay que hacerlas hoy. Si bajáramos andando, no estaríamos tranquilos, pensando que no vamos a llegar a tiempo, así que preferimos ahorrarnos el mal trago y buscamos alguien que nos lleve.

Hay suerte porque, justo en ese momento, un coche está arrancando; le hacemos un placaje y le pedimos que nos baje, cosa a la que accede amablemente.

Para esta vez, hemos reservado alojamiento en el otro albergue de Banff, esto es, no en el de la Youth Hostel Association, que es siempre un valor seguro y que es el que habíamos utilizado a la ida. El que vamos a usar esta vez se llama Global Village Backpackers, en alusión a esa parte que sí nos gusta del concepto de globalización. El albergue de la YHA fue super-agradable y no nos hubiera importado repetir pero así probamos otra cosa y, además, estamos más cerca del centro, ya que el de la YHA está fuera de la ciudad.

El Global Village está a las afueras pero a no más de 15 min. a pie del centro. Es también muy agradable, con el clásico ambiente de gente joven de muchos sitios diferentes.

Tan agradable como parece

Es media tarde y tenemos muchas horas por delante para hacer todos los deberes (compras y colada) y luego relajarnos, dar un paseo por el pueblo y cumplir con la tradición de fin de ruta en el bar donde pongan las hamburguesas más grandes.

Banff nos resulta muy agradable. Advertidos estábamos contra la sensación de agobio que, en un entorno tan agreste y especialmente tras haber estado en las montañas durante días, puede producir la vuelta a la civilización en lugar calificado de bullicioso y lleno de gente pero me parece que estos americanos no saben lo que es eso como lo podemos saber los europeos, a cualquier cosa le llaman bullicio… Banff tiene gente, sí, paseando por la calle, en los bares… y es definitivamente un lugar turístico pero no deja de tener su encanto. El entorno es precioso, las casas son todas bajas, todas de madera (parece que no hay nada aquí que no esté hecho de madera) y el ritmo general es tranquilo, para nada frenético. Hace sol y un calor agradable y a nosotros nos parece una forma adecuada de volver a la civilización. También puede ser que, simplemente, estamos felices por lo conseguido y por cómo ha ido todo pero sabemos lo desagradable que puede ser la vuelta al asfalto, ya nos ha pasado pero, esta vez, sencillamente, no es así y nos alegramos por ello.

Banff Town

Un último detalle que nos queda es obtener una guía para el West Coast Trail. No quisimos traerla desde casa por evitar peso extra. Parece raro tener que buscarla ya, cuando aún el WCT parece tan lejano pero, por extraño que pueda parecer, las cuentas no fallan: será, probablemente, nuestra última oportunidad. Y no estamos muy seguros de poder encontrar un libro sobre la costa oeste aquí, en las montañas, pero hay suerte: no es nuestra primera opción pero sí la segunda de la lista y ya nos sentimos más tranquilos. Caminaremos más tranquilos en el WCT con una guía.
Mañana nos queda nuestra maratón cronometrada hacia la isla Vancouver. Casi como Phileas Fogg en la vuelta al mundo pero sólo una etapa, enlazando hasta 5 transportes diferentes, tan diferentes como tierra, mar y aire para llegar a Victoria, desde donde partiremos a algo así como las 6 de la mañana (ni respirar nos dejan) hacia la costa de los naufragios.

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