El Pacific Crest Trail (Sendero de la Cresta del Pacífico) o PCT es uno de los grandes senderos de EE.UU. 2600 millas, casi 4200 kms y, lo que es más impactante, como dato, prácticamente todos ellos por naturaleza, lejos de centros de población o civilización alguna, que sólo encuentra esporádicamente. Esto da una idea de lo que Norteamérica significa para el amante de la naturaleza. Sus espacios naturales son aún considerables, muy lejos de la imagen hiperurbanizada que de allí tenemos y, desde luego, muy lejos de la realidad europea, donde la civilización, en alguna de sus formas, está siempre a la vuelta de la esquina.

El PCT recorre longitudinalmente las grandes cadenas montañosas del oeste americano, esto es, la Sierra Nevada en California y la cordillera de las Cascades, en Oregon y Washington y lleva tras de sí todo un culto de seguidores, enamorados de todo lo que este gran sendero ofrece. Uno de los objetivos más valorados es recorrerlo entero de una sola vez, una empresa de cierto nivel, no ya por la longitud sino porque las nieves cierran el paso senderista durante tanto como 9 meses al año en varias zonas, con lo que la ventana hábil para recorrerlo entero es muy ajustada.

Nuestras aspiraciones eran bastante más modestas: 263 millas (423 kms) en aproximadamente un mes. Durante ese tiempo, íbamos a cruzar dos carreteras y dos pistas de tierra. Eso era todo. Ninguna población. Aprovecharíamos una de las carreteras y una de las pistas, con pequeñas poblaciones a distancias razonables, para tomarnos un descanso y reaprovisionarnos un par de veces a lo largo de toda la ruta. El resto, 100% naturaleza. Ni siquiera hay refugios ni nada parecido a lo que tanto estamos acostrumbrados en Europa, acercando la civilización a los sitios más recónditos. Nuestra ruta estaba, por tanto, pensada para desarrollarse en tres grandes etapas de 10, 10 y 7 días, respectivamente, para un total de 27, si bien esperábamos poder dedicar alguno (o alguna mitad, cuando menos) de los 27 a descansar. Lo que sigue es un resumen de cómo nos fue.

El lago Hopkins. Allí abajo habíamos pasado la noche anterior, la segunda en el sendero.Un sitio precioso. La ruta procede del valle de la izquierda, oculto por la cresta en primer plano, en un ascenso constante desde territorio canadiense. Ahora, sobre el lago, habíamos ya ganado la cresta de las Cascades y por ella circularíamos durante unos cuantos kms.

Hopkins Lake Basin

Woody Pass

En contra de lo que parezca indicar su nombre, en Woody Pass no hay ningún árbol ni nada que se le parezca, a casi 2000 m.

Las nubes llevaban unas horas congregándose y estaban empezando a amenazar lluvia, cosa que sucedería antes de ese mismo anochecer.

Justo tras el paso, en el valle que se adivina a la izquierda, tuvimos la suerte de avistar un oso, ladera abajo, a menos de 100 metros del sendero. Estaba comiendo bayas y no nos hizo ni caso Los osos son unos animales excepcionales y siempre es un placer especial poder contemplarlos.

Campamento junto a Shaw Creek, día 4. En medio de la ladera, un senderito lateral llevaba a este claro (y plano) del bosque donde pasamos una noche muy agradable. Al atardecer, un ciervo nos visitó. Escuchamos el movimiento de hojas y ramas durante unos largos segundos elucubrando sobre si sería un oso o no, hasta que apareció el sujeto.

Campamento junto a Shaw creek

Día 5. después de las lluvias nocturnas y más o menos intermitentes de días anteriores, las nubes se hicieron fuertes y cubrieron las Cascades septentrionales a varios niveles. Caminando por la cresta, podíamos ver las nieblas evolucionar en los valles, como en este de Slate Creek

Slate Creek Valley

Mirando atrás, hacia el norte, contemplando nuestro camino de unos cuantos días. La mochila no parece muy ultraligera… ¡no lo es! Aunque, eso sí, hay mucha filosofía ultraligera dentro de esa mochila; pero las circunstancias son las circunstancias. Esto me pasa por ser el más fuerte del equipo y por tener una compañera fotógrafa.

Northern Cascades

Espectacular panorama de las Cascades, particularmente, del monte Ballard, parcialmente cubierto por las nubes. A pesar de que aún cubrían buena parte del cielo, ya no tuvimos más lluvia, la borrasca había pasado. Acabábamos de recorrer una espectacular sección por lo más alto, ahora nos esperaba un largo descenso, el primero, a las profundidades de los valles de las Cascades.

Collado sin nombre en la cresta de las Cascades

A 2046 m., Cutthroat Pass no es un lugar para pasar la noche en cualquier cosa que no sea tiempo perfecto… como el que tuvimos en este séptimo día. Nótese el mar de picos, a varios niveles, en esta vista hacia el sur.

Atardecer en Cutthroat Pass

Ver nacer el día desde Cutthroat Pass fue grandioso. Completamente olvidado el tiempo lluvioso, como si nunca hubiera existido, momentos como estos justifican nuestra presencia aquí. Son la respuesta al “qué hago yo aquí”… esto es lo que hago. Contemplar todo esto.

Cutthroat Pass y Northern Cascades

Amanecer en Cutthroat Pass

Tras 9 accidentados días, hemos llegado a Stehekin, una diminuta comunidad cuya único acceso es a pie a través de las montañas o navegando sobre el lago Chelan, en la imagen. Un lugar perfecto para un descanso merecido sin dejar de sentirnos “en las montañas”. Tienen oficina postal, donde encontramos nuestro paquete con provisiones, como estaba previsto, y un restaurante, que es todo lo que podemos desear ahora mismo.

Atardecer en el lago Chelan

Stehekin es un curioso valle, aislado del mundo en cuanto a conexiones asfálticas se refiere; un lugar excelente para descansar y contactar con gente afín. Es fácil, aquello es diminuto y todos acabamos allí.El valle tiene unos pocos kms. de asfalto que luego se transforman en pista. Aquella mañana, todos estos nos juntamos en el autobús que recorre la distancia entre el embarcadero del lago y la traza del PCT para dejar atrás la buena vida y volver al sendero. Nadie parece lamentarlo.

Shiny happy people. Stehekin shuttle

Primer día de la segunda sección. Subida suave y sostenida por el valle de Agnes Creek, metidos en el bosque y pasando calor, propio de los periodos de buen tiempo en estas zonas aún bastante bajas (cosa que “arreglaremos” en los días sucesivos). Justo antes de que el valle se cierre y afrontemos la subida a Suiattle Pass, llegamos a Hemlock Camp, donde tenemos una amplísima zona llana, junto al río y toda para nosotros. No sé si los árboles son “hemlock” (un tipo de abeto); para nosotros, abetos a secas pero son árboles hermosos y nos acogieron muy bien.

Hemlock camp

Sección 2, día 3: por fin hemos dejado atrás la reclusión del bosque y empezamos a ver lo que es bueno. Acabamos de tomar la decisión más importante de toda la ruta: salimos del sendero para subirnos a la misma cresta y hacer la travesía de High Pass. Esto nos ahorrará un buen número de kms. de rutina en polvorientos valles de la vertiente oriental y nos obligará a subir a territorio incierto donde no sabemos muy bien qué vamos a encontrar… roca, nieve y ausencia de sendero. Un ranger que nos acabamos de encontrar parecía animoso: “it’s definitely doable” (se puede hacer, sin duda). Eso y las increíbles vistas de Glacier Peak y compañía nos terminaron de decidir: vamos por ello y a ver qué pasa.

Tocando el cielo en la cresta de las Cascades

He puesto más fotos de estos 5 km. que de toda la sección junta pero es que el lugar lo merecía. Recorríamos un senderito (hasta High Pass, había sendero) colgados de la ladera en primer plano con el alto valle del Suiattle allí abajo y los glaciares del pico homónimo (esto es, Glacier Peak) enfrente. El día era espléndido y el panorama, espectacular. No tengo palabras. La foto, por supuesto, no hace justicia pero… algo se intuye

Glacier Peak

Otra de Glacier Peak.Soy un pesado, ya lo sé, y me da igual. Aquí se aprecia el sendero. Sigo sin tener palabras. Habíamos encontrado bastante gente en Buck Creek pass (no en vano, es un lugar fantástico para montar campamento base) pero, a partir de allí, solos de nuevo. Bueno, había marmotas por allí

De nuevo, Glacier Peak. Ruta a High Pass

Ya casi estamos ahí. Triad lake a la vista, High Pass está a su izquierda, aún oculto. Los glaciares que se extienden desde Glacier Peak tienen sus estribaciones aquí, a más de 2000 m. en unas montañas donde 2000 son muchos metros. No nos falta oxígeno ni aliento pero, de nuevo, sí nos faltan palabras.

Triad Lake

Ya estamos en High Pass. Glacier Peak aún es visible, allí atrás, por última vez, antes de que empezemos a descender por lo que ahora está a nuestra espalda. Para llegar aquí, hemos tenido que atravesar ya roca y nieve, nada grave, pero lo peor (tal cual esperado) está por venir, mientras el cielo se empieza a nublar y se levanta un viento sospechoso. Eso sí, ya será todo cuesta abajo.

Triad Lake, más cerca

Pequeño Napeequa

El recién nacido Napeequa. El descenso, perdidas ya las vistas hacia el oeste, no es menos espectacular. Esta es una zona muy remota, no hay senderos para llegar aquí desde el valle hacia el que bajamos y sólo a través de grandes montañas se puede alcanzar esta zona. No es que sea difícil pero el aislamiento añade un encanto especial a estar caminando por aquí, con los glaciares, otros, de fondo. Lleno líneas pero sigo sin palabras.
El descenso no ha ofrecido problemas, incluso hemos tenido una pequeña traza que seguir la mayor parte del camino y la vegetación era sólo hierba. Aquí empiean a aparecer árboles y aún estamos por llegar a los temidos bosquetes de alisos pero de momento lo único que hacemos es disfrutar del momento en este valle mágico. Es que lo es.

Napeequa, ya no tan pequeño

Esperábamos soledad y, mira tú por donde, esa noche tuvimos compañía. Era el último lugar plano y despejado que íbamos a encontrar en mucho rato y el panorama no podía ser más impresionante, con los glaciares Clark y Richarson allí enfrente. Chris era un chaval muy majo y fue muy agradable compartir campamento. Todo el mundo es agradable en el sendero… por qué no será así en el resto del mundo…

Upper Napeequa Valley. Campamento con vistas

Ahí tenemos al glaciar Clark echando agua sobre el río Napeequa. No es trivial porque, un poco más abajo, hay que cruzar el río y el día está, una vez más, caluroso. Como no hemos madrugado mucho y el descenso del valle es por un sendero de bastante mala calidad, vamos a llegar al punto de vadeo más tarde de lo que hubiera sido deseable pero, de nuevo, esto es tan bonito y es tan grande estar aquí que todo da igual. Todo se andará, o se vadeará.

Glaciar Clark

Casi toda la pierna dentro del agua y la corriente era muy fuerte… pero el piso resultó seguro y no hubo gran problema para cruzar. Un poco de tensión, nada más. El río proviene directamente de los glaciares circundantes, de ahí su color lechoso, imposible ver el fondo. Cruzar en diagonal, enfrentando la corriente y usando los bastones como apoyo. Lo que más costaba era ¡mover los bastones contra la corriente! Está claro que los brazos no son tan potentes como las piernas.

El Napeequa, ya todo un río

Napeequa valley

El valle del Napeequa desde la subida a Boulder pass. El río está allí abajo, enroscándose en meandros. Valle abajo (derecha), no hay camino. El colladito de enfrente es Little Giant pass, por donde venía la ruta oficial (el desvío oficial del PCT en el área de Glacier Peak) y que nosotros habíamos evitado bajando desde High Pass (izquierda). La subida a Little Giant pass desde este lado, en la ladera de enfrente, era temida en los ambientes pre-sendero, muy empinada y expuesta pero no tuvimos ocasión de comprobarlo. Probablemente, la ruta de High Pass era aún peor pero todo esto desde el punto de vista de que el PCT, a pesar de su remota localización, es un sendero de traza sencilla.

Tras descender de Boulder pass y remontar Indian creek, henos aquí de nuevo en la cresta y ¡en el PCT oficial! el improvisado cartel advierte del desvío. Para los que vienen del sur, el PCT continuaría de frente pero, dado que más adelante está la sección destruída por las lluvias del otoño anterior, deben desviarse a la derecha para bajar lo que nosotros acabábamos de subir y meterse en la incertidumbre de los senderos en dudoso estado de mantenimiento de las Cascades. Nosotros ya estamos salvados. Desde aquí, un paseo hasta Stevens pass (pero un paseo de más de dos días)

De vuelta a la cresta en Indian Pass

Precioso lugar para pasar la noche. Qué tendrá el agua que tanto nos gusta su presencia a los humanos. Pues que es nuestro fluído vital, claro. Lo necesitamos más que nada en este mundo y los instintos son los instintos, por muy urbanos que nos hayamos vuelto. Nos gusta el agua. La del lago Sally Ann estaba muy rica y fresquita.

Lake Sally Ann

Pear Lake

La siguiente noche pasó junto a Pear lake que, como su propio nombre indica, tiene forma de pera, aunque hay que verlo en el mapa para apreciar tal cosa.

Evito dar la chapa con otra fotito de nuestra querida y ultraligera tienda y la cambio por un remedo de esas preciosas luces que la naturaleza te ofrece cuando te quedas a dormir allí. El más bucólico de nuestros campamentos: tiempo plácido, montañas verdes de perfiles suaves y soledad. Podríamos pasarnos toda la vida así.

Desde que aprendimos (en Terranova, el año anterior… ¿o fue en las rocosas, hace dos?) que estas cositas se comen, no podemos decir que no tomemos fruta en el sendero. Da igual cuánta prisa lleves, si te encuentras con una extensión enorme de matas llenas de pelotitas azules, no puedes evitar pararte y empezar a sentirte como un osito, comiendo sin parar y lamentando no tener más manos para poder cogerlas más deprisa. Todo esto no es por gumias sino porque son tan pequeñitas que no cunden mucho pero, eso sí, están muy ricas. Siempre es un placer encontrarlas.

Blueberries

El “paseo” ofrece vistas extensas cuando el sendero puede acercarse a la cresta. Mares de montañas en todas direcciones, valles inalterados a ambos lados y el propio sendero es nuestra única compañía no natural.

Perfiles amables en Henry M. Jackson Wilderness. Caminando por la cresta de las Cascades

Última y nostálgica noche en esta sección del gran sendero. Estamos sucios y cansados pero difícilmente más felices. Una noche más, descansaremos como nunca, como sólo se descansa después del esfuerzo.

Lake Valhalla

Skykomish es tan pequeño como parece, o más, pero resultó un lugar muy agradable. Tenía un hotel y un restaurante, una pequeña tienda y una oficina postal, no necesitamos nada más. Pero había algo más, un bar donde tuvimos la suerte de pillar un concierto (por supuesto, de rock, que es el folk local), era fin de semana. Seguro que Pearl Jam empezaron tocando en baretos como este. Nótese cómo el cielo ya no está azul, indicio de la que se nos venía encima…

Rocky says Welcome to Skykomish

El pequeño hotel era un lugar sencillo y agradable, donde a nadie le importaba nuestra pinta (especialmente delictiva el día que llegamos; no tanto después de un par de duchas). Pasamos un día entero (en realidad, uno y medio), con sus dos noches, en Skykomish, descansando nuestros castigados cuerpos y llenando la barriga todo lo que podíamos en el restaurante, cuyas luces se ven a través de las dos ventanas de la izquierda. El domingo (habíamos llegado el sábado a media tarde), el oeste nos empezó a enviar nubes cada vez más negras hasta que empezó a llover para no parar en… aún no sabíamos cuánto. Aún no nos importaba la lluvia. Mañana sería otra historia.

Cascadia Inn, Skykomish

Pues este es el panorama que nos encontramos al reanudar el viaje. Bob Norton, simpático ancianete de Skykomish y “taxista” habitual de los senderistas del PCT (y de quien tuvimos el honor de ser pequeños “clientes”) nos dijo, cuando le comentamos nuestros planes (6 días hasta Snoqualmie pass) de camino al sendero “no os envidio”. Viniendo de quien lleva toda su vida viviendo allí, no fue un buen augurio. El pronóstico era malo para unos dos días e incierto después. Abandonamos a Bob en Stevens pass y emprendimos camino al sur envueltos entre la niebla y la lluvia intermitente y con la esperanza de que, al menos tras dos días, aquello mejorara.

Por cierto, Bob Norton ha fallecido recientemente (abril 2005). Lamentamos ahora más que nunca no habernos hecho una foto con él pero le recordamos igual. Era una institución en el PCT y mucha gente le recordará.

Niebla en las Cascades

Con tiempo lluvioso todo se complica; también sacar fotos. Pero no todo es malo. También podemos disfrutar de luces y paisajes fantasmagóricos como este, a las orillas de uno de los innumerables lagos (por algo estamos en Alpine Lakes Wilderness) que encontramos por el camino.

Niebla en Alpine Lakes Wilderness

Nuestra primera noche en Alpine Lakes Wilderness fue borrascosa. Todo estaba muy húmedo y, durante el día, era inevitable acabar empapado, si no por la lluvia, por la humedad acumulada en los arbustos del camino. Ante esta situación, el objetivo consiste en caminar sin detenerse demasiado y mantener un campamento lo más seco y confortable posible durante las noches. Nuestra Tarptent Rainshadow hizo honor a su nombre y nos sirvió muy bien como lugar seguro y cómodo. Aquí, junto a la orilla de Trap Lake, en su bonito circo y con su bonito cielo encapotado.

Lloviendo sin parar. Campamento en Trap Lake

Hacia la mitad del segundo día, la lluvia paró y las nubes se empezaron a abrir, así como nuestras esperanzas de una última semana plácida y tranquila. Lo tomamos como el anunciado fin de la borrasca y confiamos en que el calificativo de “incierto” que habíamos recogido para los días siguientes se tradujera en, al menos, “seco”. Así parecía según los claros iban apareciendo y el sol por ellos. No éramos conscientes de que lo peor estaba aún por llegar.

Valle de Cle Elum

Esa noche, segunda de esta última sección, se desató el infierno. Empezó a llover con furia y ya no paró… ¡nunca! o casi. En realidad, fueron 48 horas seguidas de lluvia intensa. Dicho así, puede parecer poco pero 48 son muchas horas, especialmente cuando la lluvia era fuerte y sin tregua, ni un sólo minuto de tregua. Y no es que después parara sino que, tras 48 horas, la lluvia empezó a ser simplemente intermitente.

En esas condiciones, lo único que podíamos hacer (lo único que se podía hacer) era caminar prácticamente sin parar (pararse implicaba quedarse frío) e intentar mantener seco todo lo que necesitábamos para pasar una noche confortable; comer casi sobre la marcha snacks que llevábamos en los bolsillos y llegar a campamento para montar el refugio y meternos allí. El alivio es tan psicológico como físico: horas y horas bajo la lluvia provocan una cierta sensación de desamparo tal que “ya no sé dónde meterme”. Ni siquiera el paraguas aliviaba ya esa sensación; la lluvia acaba empapándolo todo cuando se le da el tiempo suficiente. La Tarptent sí era ese lugar donde meterse. Resultó excepcional como refugio amplio y cómodo en esas condiciones. Aquí, habíamos añadido una lona auxiliar al techo para cubrir la costura central, dado que mi trabajo de sellado de la misma no fue todo lo fino que hubiera debido.

Tarptent Rainshadow. Afuera, el diluvio universal

Pasamos dos días muy duros pero, como no teníamos otra opción, seguimos adelante. Parar y esperar no era asumible, no teníamos tiempo; tampoco había refugios o pueblos a los que recurrir y las escasas vías de escape hubieran sido casi tan largas como seguir adelante. Estuvimos varios días con los pies permanentemente empapados y el juego de ropa “de día” estaba siempre húmedo. Mantuvimos secos los sacos y un segundo juego de ropa con lo que, al menos, sabíamos que al final de cada día nos esperaba un descanso confortable y más merecido que nunca. Fue una prueba dura pero nos dio la ocasión de medirnos contra estas circunstancias y constatar que podíamos salir adelante. También fue hermoso contemplar las montañas en este ambiente, lúgubre y encantador a la vez. Qué fácil es decirlo ahora…

Hacia el final del día 4, paró de llover por primera vez y el barómetro empezó a subir. Seguíamos teniendo los pies empapados pero ya era otra cosa. Eso sí, a menos lluvia, más niebla. No veíamos un carajo.

¿Lo he dicho antes? Niebla en las Cascades

La lluvia duró hasta nuestro último día, aunque fue siendo más y más esporádica. Quedaban la niebla y el frío que provocaba el viento, cuando lo había, unido a la humedad intensa, especialmente en las zonas expuestas. Mantuvimos la disciplina de caminar sin apenas parar y eso nos hizo cubrir el recorrido de Alpine Lakes Wilderness en 5 días y medio (de los 7 que teníamos como límite). Durante los últimos días, sólo pensábamos en llegar. Sólo en la mañana del último día, después de levantar campamento y en el descenso hacia Snoqualmie pass, el tiempo mostró por fin una cara más amable y hasta sentimos algo de sol colándose entre los abetos. A buenas horas.

Escurriendo calcetines. Campamento junto a Ridge Lake (tras los árboles)

El resto es ya historia. Historia que pudimos contar a los que nos fuimos cruzando en el descenso a Snoqualmie pass y que nos preguntaban por cómo habíamos pasado esos días… muchos de ellos, sin ataduras temporales, se habían pasado tres días de hotel esperando a que aquello mejorara. Llevaban 4 meses de sendero y estaban cerca del final, su historia era mucho más rica que la nuestra, en realidad.

Becky vino a buscarnos a Snoqualmie pass y nos llevó a Seattle, donde pasamos un día fenomenal en su compañía y la de Loren, antes de coger el avión de vuelta y regresar a casa tras un viaje fantástico que nunca olvidaremos.

Seattle, fin de viaje