Ningún elemento de nuestro material tiene sentido por sí mismo. Todo forma parte de un equipo y va a trabajar conjuntado. Por tanto, es imprescindible considerar el equipo que vamos a llevar en una salida como un conjunto, pensar y sopesar las capacidades y limitaciones y contrastarlas contra la funcionalidad que queremos cubrir.

No se puede responder a preguntas simples como “qué llevo para la lluvia” o “qué saco de dormir cojo” de una manera única ya que la respuesta va a ser siempre “depende”. Depende del resto de tu equipo. Incluso en el caso de que se conozcan el resto de parámetros (zona que visitar, época del año, previsión meteorológica…), la respuesta aún depende del resto de tu equipo porque todo él es interdependiente.

Esto, como tantas otras cosas, parece obvio y es que, en realidad, ¡lo es! pero por alguna razón la mochila de muchos montañeros deja mucho que desear en este aspecto.

La interrelación es tan fuerte que afecta a elementos que aparentemente no tienen influencia mutua. La chaqueta aislante elegida puede influenciar la decisión sobre el saco y este puede condicionar aquella sobre el gorro.

En definitiva, conviene prestar mucha atención a las prestaciones de cada elemento, evaluar las de cada conjunto posible y cotejarlas con las buscadas, en un proceso de prueba y error hasta que se alcance el punto óptimo. Esto puede parecer complicado pero resulta tanto más fácil cuánta más experiencia se tenga y mejor se conozca el material propio.