La Modularidad y la Multifunción son dos aspectos fundamentales de la técnica del senderismo de largo recorrido. Contar con elementos modulares y multifuncionales hará nuestro equipo más ligero y más simple sin perder funcionalidad. En general, no vale reducir peso o complejidad a costa de perder funciones.

Un ejemplo fácil de entender: aplicados a la ropa, estos conceptos constituyen el conocido caso de la vestimenta por capas. Esto ya lo conoce, acepta y, en buena medida, practica todo el mundo. Se trata, básicamente, de ir añadiendo o quitando capas de ropa según varían las condiciones (ambientales, nivel de actividad…), de forma que no tenemos una ropa para caminar y otra diferente para reposar; no hay un juego de ropa para tiempo cálido y otro para tiempo frío. Es siempre la misma ropa; simplemente, nos ponemos más o menos. Cuando las condiciones sean las peores esperables, deberíamos llevar puesto todo lo que tenemos y estar confortables. Si no lo estamos, nos falta algo. Si algo sobra, significa que debemos revisar nuestro planteamiento global.

Lo de las capas queda bien en la teoría pero, en la práctica, está muy presente la tentación de prescindir, siquiera en parte, de ellas utilizando (siguiendo con el ejemplo de la ropa) prendas que hagan varias cosas o, dicho en general, cumplan varias funciones a la vez. ¿No era esto “Multifunción”? Pues técnicamente, sí, pero no es esa la multifunción que buscamos en un equipo óptimo.

Modularidad

Un equipo modular va por cachos. Añades o quitas según lo que quieras conseguir. Para que un equipo sea realmente modular, necesitas que las piezas encajen bien entre sí, que sean fáciles de combinar.

Multifunción

Podría parecer que un elemento multifuncional (en el sentido de cumplir varias funciones a la vez) sería poco modular y, efectivamente, así es. Esto no nos interesa. La multifunción que sí juega en nuestro favor es la que se da a veces en elementos que pueden cumplir varias funciones pero ¡no a la vez! sino en momentos temporales diferentes.

Un ejemplo muy típico se encuentra en los bastones de caminar, que suelen utilizarse para sostener un sistema de acampada sin armazón. Como normalmente no vamos a estar acampando y caminando a la vez, son dos funciones totalmente complementarias.

En una actividad de larga duración (días, semanas, meses o más allá) las capas son el camino. Es la mejor forma de estar preparado para hacer frente a todas las condiciones posibles con garantías y manteniendo el peso a nuestra espalda en límites razonables. Y podemos dar por garantizado que, en el transcurso de semanas o meses, nos encontraremos con todas las condiciones posibles.

Capas por todos los sitios

La teoría de capas va mucho más allá del conocido caso de la ropa con la que cubrimos el tronco; tiene sentido para otros muchos elementos: protección de manos, cabeza y pies; sistema de acampada, saco de dormir o, casi mejor, hablamos de un sistema integrado para pasar la noche confortablemente.

El caso de cabeza, manos y pies es bastante obvio y similar a la ropa del torso o piernas: en lugar de llevar un único par de guantes gruesos y pesados, aptos para las peores condiciones que pensamos encontrar (y, por tanto, teóricamente necesarios) pero sobredimensionados para la mayor parte del tiempo, es más lógico y funcional un pequeño sistema de capas para nuestras manos. Dos o tres capas debieran servir para lo más crudo del invierno en nuestras latitudes: un par de guantes ligeros y finos, casi una segunda piel; otro par grueso, con alta capacidad aislante; y, por fin, una capa impermeable destinada al exterior para combatir el viento y la humedad.

Similarmente, para los pies se puede aplicar la misma idea, con unos calcetines finos que se adapten al pie “como un guante”, valga la paradoja, y sirvan para proporcionar aislamiento adicional y protección contra el roce de unos calcetines húmedos y distendidos, situación habitual cuando permanecen mojados durante días y que provoca en los calcetines mejor ajustados arrugas que suelen acabar en rozaduras e incluso ampollas en los pies más curtidos.

Quizá el aspecto más creativo y desconocido de la aplicación del sistema de capas venga con el sistema integrado para acampar. Tiene mucho sentido; al fin y al cabo, acampar y dormir (pasar la noche) suelen ser coetáneos inseparables y tiene todo el sentido del mundo elegir las piezas de material que constituyen nuestro refugio en función de las que constituyen nuestro aislamiento nocturno, y viceversa. Es decir, elegiremos el saco de dormir en función de la tienda, lona o funda de vivac que vayamos a utilizar, y, de nuevo, viceversa. También la colchoneta aislante o grupo de ellas condicionan el resto de elementos, así como si usamos o no un saco sábana que, aparte de ayudarnos a mantener limpio y funcional el saco aislante, nos aporta algún que otro grado adicional. Es decir, de nuevo, nuestro leit motiv se repite: nada funciona (bien o mal) por sí solo y sólo un planteamiento global nos dará como resultado un equipo que funciona y que pesa y ocupa lo mínimo posible.