Son hidrocarburos parecidos a los del apartado de combustibles gaseosos pero con la diferencia de que, a presión y temperatura ambiente, son líquidos. Tienen moléculas más pesadas.

El poder calorífico de los hidrocarburos líquidos, al igual que en los gases, viene de los átomos de carbono en su molécula, en la que se encuentran asociados a hidrógeno y, de nuevo al igual que en los gases, de ahí su nombre de hidrocarburos.

Se obtienen por extracción y refinamiento y, dependiendo de este último proceso, el producto final es uno u otro: gasolina, keroseno, gasóleo… son todos ellos hidrocarburos líquidos.

Existen productos finales específicos para su uso en hornillos. Aquí me encuentro con un cierto vacío dado que no conozco la terminología. Esto es, básicamente, porque no uso este tipo de combustible. En realidad, todo lo que voy a decir en este apartado es pura teoría y cosas que he aprendido de la gente que sabe pero nada que venga de mi propia experiencia.

Existen, también, hornillos capaces de quemar casi cualquier cosa, en cuanto a hidrocarburos líquidos se trata. Los diferentes productos surgen de procesos de refinamiento más o menos intensos. Los productos menos refinados suelen tener más impurezas, son más difíciles de quemar y dejan más residuos pero, a veces, son lo único disponible en según qué sitios.

Los hidrocarburos líquidos son altamente explosivos y su manejo es delicado.

Hornillos y contenedores de combustible

Al ser un combustible líquido, el manejo es relativamente sencillo pero es, también, muy delicado. Las especificaciones para los contenedores no las conozco pero sí sé que se transportan en botellas metálicas. Los hornillos son mucho más complejos que los de gas. Son siempre de conexión remota al depósito, por manguera. El combustible es líquido y, por tanto, no sale espontáneamente. El hornillo dispone de una bomba de presión. Además, para quemar el combustible, hace falta vaporizarlo. Aunque, como digo, no he usado nunca uno en persona, sé algo de la teoría: el encendido del hornillo es una operación con cierta complejidad que implica bombear una cierta cantidad de combustible, encenderlo y precalentar así el conjunto, de forma que el sucesivo aporte de combustible ebulla y mantenga la combustión. Los hidrocarburos líquidos tienen en su molécula elementos extra variados (no me los sé; creo que depende de la finura del proceso de refinación que sean más o menos) y esto provoca que produzcan bastantes desechos en la combustión.

Los hornillos suelen ser bastante pesados, alrededor del medio kilo, aunque hay modelos más ligeros en torno a los 300 gr. Al ser de conexión remota, tienen sus propias patas y se apoyan sobre el suelo. Son por tanto, fáciles de apantallar.

Uso

No puedo comentar mucho aquí. Sé que hacen un ruido tremendo (los he visto, y oído, funcionar), como el de un avión al despegar. Son muy fiables en el sentido de que son mucho más inmunes que cualquier otro tipo a las inclemencias meteorológicas: el quemador puede ser fácilmente aislado del viento y, dado el alto poder energético del combustible, no es afectado por el frío, quema a cualquier temperatura de las que podamos encontrar; supongo que tendrán su límite pero no creo que lo encontremos en este planeta.

Problemas

Peso

El hornillo es el mayor handicap. En menor medida, la botella. Por el peso de sólo estos dos elementos, podemos tener uno de gas, con bombona y combustible para semanas.

Complejidad

Quemar hidrocarburos líquidos no es tan simple como quemar gas. Más piezas, más partes móviles… mas cosas que romper. El uso no es tan simple como enchufar, abrir espita y encender y presentan el peligro inherente al uso de un combustible muy explosivo. Los hornillos suelen ser “temperamentales” en el sentido de que su comportamiento no es tan lineal y predecible como los de gas o alcohol. Controlar el aporte de líquido no es tan sencillo como controlar el de un gas y es conocido que, sobre todo durante el encendido, pueden provocar llamaradas.

Fiabilidad

Son muy fiables, sí, por lo apuntado arriba, pero sufren de problemas de atascos a causa de los residuos de la combustión. Suele ser posible desmontar y limpiar los conductos atascados pero esto añade complejidad al manejo.

A piñón fijo

Comúnmente, estos hornillos tienen un nivel: máximo. Es difícil regular la llama a niveles más bajos, aunque algunos modelos modernos lo intentan y hay quien opina que lo consiguen. Esto es así porque regular el nivel de paso de un líquido no es tan sencillo como con un gas a presión. No es gran problema si todo lo que queremos es calentar agua.

Consideraciones

El hueco de los hornillos de combustible por hidrocarburos líquidos está en las condiciones invernales y cuando hay problemas potenciales de disponibilidad de combustible. Por un lado, como ya he apuntado, los derivados del petróleo contienen mucha energía y es posible hacer funcionar los hornillos que los utilizan a temperaturas muy bajas. Son, por tanto, la mejor opción cuando esto vaya a ser la norma.

Algunos de estos hornillos sólo pueden quemar derivados concretos y específicos y, por tanto, van a sufrir de un problema similar, si no peor, que los hornillos de gas; otros, sin embargo, están preparados para quemar casi cualquier cosa. Suelen ser más complejos y pesados pero casi garantizan que se encontrará combustible. Allá donde haya “civilización” es casi seguro poder encontrar algún derivado del petróleo que se use comúnmente como fuente de energía. Es por esto que estos hornillos son la opción por excelencia para viajes a zonas remotas, particularmente donde la civilización no sea la europeo-occidental. No vamos a encontrar sofisticaciones tipo bombonas de gas con válvula autosellante pero seguro que hay algo de gasolina, keroseno o algo similar.

En España y, en general, Europa, donde la civilización siempre está cerca y no es habitual depender de un hornillo por más de una noche, a no ser que sea lo que se busque, estos modelos se usan poco y se asocian más a grandes expediciones a sitios muy altos o muy fríos. Quizá en escandinavia sea diferente. En América, por contra, donde los espacios son mucho más grandes y remotos y en cuyas montañas suele hacer mucho frío en invierno, son muy populares; tanto que hay mucha inercia de parte de gente que se niega a abandonarlos por opciones más óptimas porque “siempre me ha funcionado”, con lo que es habitual que en pleno verano los senderistas vayan cargando con un monstruo de estos. Son, en parte, víctimas del mito del equipo pesado.

Dado su alto poder calorífico, funcionan bien para cocinar para grupos.