Elizondo – Urkiaga – Auritz-Burguete. 33 km

Etapa enteramente sobre el GR 11. Desde Elizondo, se asciende a la cresta montañosa que separa Baztan de Alduides y se transita por dicha cresta hasta bajar al puerto de Urkiaga, donde se cruza la carretera para volver a ascender hacia las faldas del Adi y finalizar descendiendo al valle de Erro.

Elizondo es un pueblo relativamente grande, el más importante de la zona. Bastante urbano pero bonito. Casas blancas realzadas por el verde circundante, la tónica de la Navarra atlántica.

Elizondo

Ya lo he dicho: el Baztan es verde todo el año. Muy verde. Los perfiles son suaves pero el sendero gana altura inmediatamente para encaramarse a los montes que rodean el valle.

Elizondo y el Baztan

La señalización no es consistente a lo largo del GR 11. De hecho, actualmente (mayo 2005), el sendero se encuentra descatalogado, al igual que todos los de la comunidad Navarra, a causa del deficiente estado de su señalización, pero eso es otra historia. Las señales elaboradas, como esta del collado Bailei, no siguen un patrón común. Tampoco es que importe, mientras sean claras. Indican también direcciones de otros senderos, además.

Collado Bailei

El sendero recorre durante un buen tramo la cresta entre los valles de Alduides y Baztan que, por azares de la historia, están en países diferentes pero son físicamente muy parecidos (al menos, a ojos de un visitante ocasional). Siempre es bienvenido circular por las crestas; especialmente, cuando hace tan buen tiempo, excelentes panoramas.

Entre Alduides y Baztan

La frontera franco-hispana está jalonada por mojones numerados. No sé muy bien qué significa tal numeración. A veces, es la única marca física; otras, como aquí, hay también una valla, nada diferente de cualquier otra de las que dividen los campos. Al fondo, Alduides.

Alta seguridad en la muga: mojón 128

No es una visión muy bucólica pero resulta curioso. No conozco la historia local pero está claro que aquí hubo actividad bélica intensa; supongo que durante la guerra civil. Hay multitud (y cuando digo multitud quiero decir muchos, muchísmos) bunkers como este y de otros tamaños, colores y formas. Me da repelús todo lo bélico pero no deja de ser un trozo de historia.

Bunker en las cercanías de Enekorri

Las montañas de Kintoa, o Quinto Real, están en la misma divisoria de aguas atlántico-mediterránea; sus valles vierten al mare nostrum pero su ambiente es aún netamente atlántico: bosques y prados; y bordas en los prados. Muy bonito todo.

Kintoa

El monte Adi, cerca ya de los 1500 m., aún guarda algo de nieve en su cara noreste, a pesar del calor que hace. Esta valla no es muga:

Adi desde Iturrumburu

La alta Navarra. El valle de Erro se encuentra cerca de los 900 m., imagino que los inviernos deben ser duros aquí. Auritz-Burguete allí abajo. Es un poco coñazo estar doblando el nombre cada vez que lo escribo pero ambas versiones son tan distintas entre sí que me parece perder información dejar cualquiera de las dos de lado. Ni idea de dónde viene cada acepción, salvo la obvia de que Auritz es vasco y Burguete, castellano.

Auritz-Burguete, valle de Erro

Ya cerca del pueblo, este prado estaba poblado por un rebaño de caballos, preciosos animales con pinta de estar muy contentos de estar aquí. No me extraña, yo también. Como las luces indican, es hora de buscar cobijo. Hay un hayedo a la derecha.

Atardecer en el valle de Erro

Los hayedos son lugares mágicos. Si hay un lugar mágico, ese es un bosque de hayas. Es algo más que una percepción subjetiva: la forma en que la luz se filtra a través de las hojas, la disposición especial de estas; el suelo, permanentemente lleno de hojas secas… todo contribuye a crear un ambiente especial y, ya lo he dicho, mágico.

Y nada mejor que un hayedo para ser consciente de la inmensa actividad nocturna que nos rodea cuando dormimos, tantos y tantos animalillos haciendo su vida mientras otros descansamos. Y digo lo de que ningún sitio mejor porque las hojas secas hacen un ruido tremendo (imagináis cuál) cuando algo las pisa. Dormí muy bien pero, cada vez que recuperaba ligeramente la consciencia, había algún bicho por ahí haciendo de las suyas. Nada me molestó, salvo unos cuantos limacos (babosas; en mi tierra les llamamos limacos) que se pasearon a mi alrededor. Me gustan los limacos aunque estos me dejaron rastros de moco por un montón de sitios.

Campamento en el hayedo

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