Las bolsas portamaterial son, típicamente, el primer proyecto de quienes nos aventuramos con la máquina de coser: son fáciles de hacer, útiles y no pasa nada si no salen perfectas, con lo que constituyen una excelente práctica.

Bolsas de diversos tamaños

Además, son un artículo no demasiado habitual en las tiendas de material de montaña y aire libre de nuestro entorno y la oferta acostumbra a no ser muy amplia. Esto le da una utilidad y un valor especiales al hecho de hacérnoslas nosotros mismos. Finalmente, y rizando el rizo de la conveniencia, podemos acudir al fantástico silnylon (descrito en el apartado de técnica y material) y conseguir las bolsas más ligeras imaginables, dada su aún considerable resistencia y, garantizado, algo que no vamos a encontrar localmente de ninguna otra forma.

El silnylon, eso sí, hay que adquirirlo fuera de España. Aún no conozco ninguna fuente local. Es, además, un material complicado para coser por su naturaleza resbaladiza. Como en el caso de mucha otra gente que se inicia en el hazlo tú mismo, mis planes para el silnylon que he ido comprando son para proyectos de más relumbre pero, nuevamente, las bolsas son una excelente forma de empezar e ir aprendiendo a manejar el escurridizo material sin consumir ni arruinar grandes cantidades (no es precisamente barato) y haciendo cosas útiles desde el principio.

Mi primer artefacto cosido con silnylon fue una bolsita que hice aprovechando un retal que sobraba. A pesar de haber practicado antes con otros tejidos (nunca había cosido con máquina antes y tuve que practicar), el silnylon realmente lo complica todo y las costuras no salieron muy rectas pero, increiblemente, el producto final, una vez colocado el cordón y el cierre autobloqueante, ¡tenía un aspecto excelente! Qué orgulloso y contento estaba yo con mi pequeña bolsita…

Desde entonces, he hecho unas cuantas más, tanto como práctica como por pura utilidad. Son extremadamente ligeras y muy resistentes, ideales para el largo recorrido y adecuadas para cualquier cosa que no sea guardar cosas pinchosas como crampones. Permiten compartimentar la mochila con un coste en peso mínimo y, además, son casi impermeables: el silnylon lo es; las costuras, no, a no ser que sean selladas y el cierre, por supuesto, tampoco, a no ser que se diseñe para ello.

Precisamente, esta es otra excelente aplicación: bolsas estancas, ideales para proteger aquello que jamás se debiera mojar. El mejor ejemplo, en las situaciones típicas que nos toca vivir, es el saco de dormir. Basta con una solapa que pueda ser doblada sobre sí misma unas cuantas veces y, por supuesto, un sellado de las costuras que se hace fácilmente con un poco de silicona diluida con disolvente para hacer la aplicación más fácil y el acabado mejor.

A la izquierda, en la foto, aquella primera bolsa tamaño-de-juguete y un boli como referencia. A la derecha, la bolsa estanca, con su solapa desplegada.La verde de enmedio aparece debajo llena y con el cierre ajustado:

Bolsa portamaterial