El mercado de los sacos de dormir padece de la típica doble inercia: por un lado, lo que los fabricantes están dispuestos a fabricar; por otro, lo que los distribuidores están dispuestos a distribuir. Todo ello, alimentado por la escasez de demanda especializada y la abundancia, por el contrario, del “me trago lo que me den”, en la creencia de que si eso es lo que fabricantes y distribuidores eligen, será lo bueno.

Escasez de oferta

En España y, en general, Europa, ésta está motivada, en el fondo, y en pura ortodoxia mercantil, por la escasez de demanda. La posibilidad de albergue guarecido de los elementos (refugios, pueblos…) es tan abundante que incluso cuando los montañeros visitan las zonas más remotas tienen la posibilidad de dormir bajo techo. Sólo quedan quienes prefieren dormir al aire libre por elección (como norma u ocasionalmente) o circunstancias particulares en las que un techo no está disponible o no es práctico. Pero estos casos son demasiado escasos como para crear un mercado amplio de sacos de dormir.

Bajo techo, las condiciones son lo suficientemente poco exigentes como para no requerir grandes prestaciones de parte del saco. Esto provoca que no haya una demanda importante de sacos de calidad en el rango de temperaturas suaves (por encima del punto de congelación, aproximadamente). Es, hasta cierto punto, lógico: nadie se va a gastar un dineral en un saco técnico y especializado para usarlo una y otra vez en un refugio.

Para las grandes empresas sí se demandan sacos técnicos y se paga de buen grado el buen dinero que cuestan porque, de nuevo con buen criterio, se considera necesario. Esto hace que en la gama de sacos más “abrigones” haya una oferta mayor y mejor. También la “calidad” del comprador suele ser mayor, en el sentido de que suele ser un comprador más informado sobre lo que busca y cómo obtenerlo.

He experimentado personalmente cómo, a la hora de buscar un saco adecuado a lo que necesito (senderismo, tres estaciones, durmiendo al aire libre), sólo encontraba productos de gama baja. Y no quiero decir que fueran malos sino que eran básicamente sacos “baratos”, sintéticos o de pluma de calidad media-baja y que pesaban una tonelada o dos más de lo que yo aspiraba a conseguir. Y he obtenido miradas un tanto incrédulas de dependientes que no comprendían para qué necesitaba un saco de pluma de la mejor calidad (que cuesta mucho dinero) para tres estaciones. La respuesta es clara: porque pesa muy poco. Lo cual nos lleva al tema, recurrente también, de cómo optimizar el peso de nuestro material sin disminuir prestaciones: uno de los caminos es ir a por la mejor calidad: el problema es cuando ¡no se encuentra!

Problemas de la economía de mercado y el modelo oferta-demanda, que no siempre cubre bien las necesidades. Desarrollando este problema llegamos a situaciones más extremas (pero nada inhabituales) en las que la oferta acaba dirigiendo la demanda… acabamos comprándonos material insatisfactorio porque es lo que hay.

Acabé encargando mi saco en América. No es que allí sean más listos; simplemente, existe la demanda para ese tipo de saco a causa de las diferentes circunstancias que se viven allí.

Escasez de información

Información escasa y de mala calidad son constantes en el mercado de los sacos de dormir. En muchas ocasiones, los únicos y paupérrimos datos que tenemos para valorar un saco son el rango de temperaturas expresado por el fabricante y el tipo de relleno. ¿Ya??? pues sí; muchas veces, no hay más. Como mucho, y preguntando, podemos conseguir saber el material textil utilizado, el peso, la longitud y, si hay suerte, ver un ejemplar en directo (a veces, hay que conformarse con la foto del catálogo).

Las fuentes de información extraoficiales a veces funcionan bien: un vendedor de confianza y conocedor del producto, por ejemplo; amigos, etc. (sí, también páginas web de dudosa credibilidad, como ésta). Pero esto no son formas. De hecho, este tipo de flujos de información son fuente de numerosos equívocos, sea por desconocimiento o incluso por mala fe, que de todo hay.

En definitiva, sería deseable que existieran criterios lo más objetivos posibles para valorar un saco antes de comprarlo y, cuando menos, que se proporcionaran, por parte de los fabricantes, todo un juego de datos descriptivos de lo que puede y lo que no puede hacer el saco. En la situación actual, el comprador está abocado a tener que creerse un par de fríos numeritos que da el fabricante. Mucho cuidado con esto: yo no he probado, obviamente, todos los sacos del mercado pero cada vez que ojeo un catálogo me encuentro con cifras irreales y me pregunto qué le puede pasar a quien se compre **eso** asumiendo como cierto lo que dice su publicidad.

Como suele ser habitual en nuestro modelo económico, la publicidad es necesariamente engañosa. Ahora bien, suele ser cierto que es tanto más engañosa cuanto peor es el producto. Un buen producto necesita menos de engaños y equívocos. Es por esto que, habitualmente, serán los mejores sacos los que dispongan de más y más precisos datos (cuidado con esto; tampoco es una regla absoluta).

Frecuentemente, la calidad de la información presentada es extrañamente pobre. Digo lo de extrañamente porque se omiten (¿desconocen?) datos bastante obvios. Por ejemplo, no es raro encontrar especificaciones como “tejido exterior en Pertex”. Es como decir “relleno de pluma”. ¿Y? Hay muchas variedades de Pertex, como hay muchas variedades de pluma. Desconozco si el la responsabilidad de estas omisiones está en el fabricante, en el distribuidor o en el detallista pero me parece igualmente lamentable. Más aún, cuando resulta altamente complicado (por no decir imposible) conseguir estos datos.

Me permito dibujar algo parecido a lo que creo que debería ser la situación normal en el mercado de los sacos de dormir:

Fabricante

Un buen fabricante de sacos de dormir debería ofrecer, como mínimo, tallas diferentes, dos o tres por modelo, donde varíen, proporcionalmente, tanto la longitud como la amplitud. Debería, también, proporcionar datos detallados sobre medidas, materiales utilizados y capacidad de hinchado del saco y peso, desglosado en sus componentes. Orientativamente, está bien expresar rangos de temperatura esperados, acotando las condiciones en las que se han medido.

Existen fabricantes que permiten al cliente elegir las características del saco de entre un juego de posibilidades en cuanto a tipo y cantidad de relleno, material exterior e interior, dimensiones, colores y hasta, en algunos casos, todo tipo de detalles accesorios. Esto supone un servicio impagable para el usuario que tenga claro lo que quiere.

Minorista

Debe almacenar los sacos sin comprimir, en una bolsa protectora, amplia y transpirable (los buenos fabricantes suelen servirlos así). Debe contar con una exposición representativa y con personal con experiencia y conocimiento en la materia. Debe permitir que los clientes prueben los sacos in-situ y asesorarles sobre el ajuste más idóneo a sus características físicas y uso previsto.

Cliente

Debe ser exigente y crítico y, sobre todo, jamás debe comprar un saco de dormir sin haberlo probado antes. Sea en la propia tienda (algo marciano en este país, lo sé…) o en casa (en ese caso, se entiende, sin compromiso; otra situación marciana…). No se deberían comprar sacos de dormir sin haberlos probado, al menos para chequear las dimensiones y comodidad (o falta de), lo mismo que con el calzado.