La aplicación del paradigma ultraligero a la mochila tiene muchos aspectos que se pueden resumir en lo siguiente: tamaño ajustado, materiales ligeros, diseño simple y armazón de fortuna.

Tamaño, Material y DiseñoArmazónOrganizaciónProtección contra la humedadDetalles

Tamaño, Material y Diseño

Las mochilas suelen estar llenas de gadgets de dudosa necesidad. Reducida a lo básico, una mochila es un saco de algún tipo de tela donde podamos meter nuestras cosas y con algún tipo de sistema de sujeción. Realmente, no hace falta nada más.

Mucha gente aboga por los bolsillos como elemento imprescindible: en laterales, frente, cabeza, dentro, abajo… todos ellos provistos de sus respectivas cremalleras, normalmente. Nadie parece darse cuenta de que todo esto añade complejidad y, sobre todo, peso.

Aparte de muchos bolsillos, multitud de bucles de enganche, daisy chains, cintas sobredimensionadas y logos coloristas, todo ello contribuyendo a hacer el conjunto más complejo y, acorde a la ortodoxia, mejor. Yo no estoy de acuerdo.

Especialmente cuando está destinada a llevar una carga ligera, tiene todo el sentido del mundo reducir la mochila a lo básico:

Sin bolsillos, todo va dentro. La organización del material se consigue a base de bolsas, que son mucho más ligeras que los posibles bolsillos de la mochila. Y si pensamos que necesitamos tener directamente accesible no sé qué tonelada de cosas, quizá debamos reconsiderar por qué son tantas y si de verdad vamos a usar todo eso durante la marcha.

Sin cremalleras, pesan mucho: mejor, más sencillo, práctico, ligero y fiable, un cierre por cordón y tanca.

Puntos de enganche, los mínimos imprescindibles. Pesan poco y pueden venir bien pero no tiene sentido coser la mochila a cintas. Unos pocos bien pensados son suficientes.

Amplia. Aunque parezca contraproducente, una mochila amplia permitirá meter dentro todo el material, consiguiendo un bulto compacto y estable. Cuando el material de construcción es relativamente ligero, esto no supone una gran penalización en peso y permite prescindir de otros elementos que pesan más(los bolsillos o los puntos de enganche)

Para la construcción de mochilas se utilizan habitualmente materiales textiles extremadamente fuertes, gruesos y, sí, cómo no, pesados; se parte del principio que la mochila va a tener que sufrir mucho maltrato en forma de roces, tirones o abrasiones contra vegetación, rocas… y el paradigma del equipo sobredimensionado hace el resto.

Una vez más, es importante adecuar el equipo a la tarea. Habrá situaciones y/o actividades que aconsejen una mochila a prueba de bombas pero la mayoría de las veces se puede salir adelante con algo mucho más liviano y un poco de cuidado en el trato. Ya no podremos tirar la mochila al suelo en cualquier sitio y dejar caer el culo encima pero es el precio de tener una mochila de 200 gr.

Las mochilas más ligeras utilizan el mismo silnylon de lonas y refugios o, en su caso, alguna versión más gruesa y duradera de dicho material, especialmente en las zonas más propensas a desgaste o que reciban más carga durante el portado.

Armazón

Muchas mochilas de pequeño tamaño utilizan como todo armazón una lámina de algún material rígido y ligero, típicamente algún tipo de plástico. Por otro lado (aparentemente, no relacionado, pero ahora vemos…), muy pocos senderistas llevan sus colchonetas aislantes en el interior de la mochila porque la colchoneta ocupa mucho. Llevar la colchoneta dentro resultaría más cómodo por razones obvias (aislante mejor protegido, mochila más compacta).

Tenemos una mochila relativamente grande pero ligera: prácticamente, un saco con hombreras; tenemos una colchoneta relativamente rígida y que hay que llevar. ¡Integremos estos elementos!

Una colchoneta aislante añade rigidez a la mochila y provee acolchado para la espalda del mochilero. Con esto y un adecuado sistema de compresión, ese saco informe se convierte en un conjunto relativamente rígido en el que llega a ser incluso posible cierta transferencia de peso a las caderas (aunque, debido a la ligereza general, no debiera hacer mucha falta).

Hay dos formas básicas de integrar aislante y mochila de forma que aquel funcione como armazón de esta:

El método del cilindro es adecuado para aislantes que se recojan enrollados; consiste en meter el aislante en la mochila en primer lugar, enrollado y, seguidamente, desenrollarlo todo lo posible, apretándolo contra las paredes interiores de la mochila, de forma que se cree un cilindro en cuyo interior se guardan el resto de cosas.

La Alpine Trail, con su estructura. Esto ya es otra cosa

El otro método es preferible para aquellos aislantes que se recojan doblados (aunque, estrictamente hablando, cualquier aislante se puede doblar, en lugar de enrollar) y, especialmente, para los aislantes recortados en longitud (torso o, como mucho ¾) ya que un aislante de longitud completa doblado forma, habitualmente (a no ser que sea muy fino), un bulto demasiado grueso. El método consiste simplemente en doblar el aislante normalmente y colocarlo plano sobre la espalda de la mochila. Algunas mochilas UL vienen preparadas para este tipo de práctica y tienen una funda en el exterior de la espalda donde se introduce el aislante doblado.

Este último método permite una mayor ventilación de la espalda si se utiliza un aislante de superficie no plana (con acanaladuras o protuberancias) y si la mochila cuenta con la mencionada funda la integración es tan buena que puede resultar interesante incluso elegir el aislante en función de este uso secundario. La desventaja es el ya mencionado hecho de que el aislante no deberá ser demasiado largo porque, en ese caso, formaría un bulto muy grueso; si el usuario no está dispuesto a prescindir de un aislante de longitud completa (más sobre esto en el apartado correspondiente), puede llevarse otro aislante (o trozo de) adicional, bien en el interior de la mochila o de alguna otra manera. Habremos, aún, doblado la funcionalidad del aislante al tiempo que habremos conseguido confort con una mochila sin armazón.

Las siguientes imágenes ejemplifican este concepto. La mochila es el modelo Prophet 30 (el número es por la capacidad en litros) de Mountain Laurel Designs y el aislante es un NightLight Torso de Gossamer Gear; se dobla en tres secciones y encaja perfectamente en la funda al efecto de la mochila. Nótense las protuberancias del aislante a través de la lámina de tela de la funda. Esto evita, en cierta manera, el efecto de mochila plana contra espalda y proporciona cierta ventilación.

Organización

En el colmo del minimalismo, podemos tener una mochila que sea un simple saco con tirantes y echarlo todo dentro, sin más… pero esto no es muy práctico. Hasta los fanáticos ultraligeros tienen su corazoncito y ceden algunos gramos (pero ¡no muchos!) para conseguir una cierta organización de los contenidos que les haga la vida un poco más fácil.

La solución ultraligera estándar consiste en utilizar sacos ligeros de nylon. Popularmente, silnylon, que da muy buenas prestaciones, entre las que está el ser impermeable (o casi). Un cierre con cordón y tanca bloqueante e, incluso, solapa plegable (y costuras selladas) si se quiere una bolsa estanca. Voilá, todo organizado y fácil de encontrar. Un saco de estos suele pesar entre 10 y 20 gr., según tamaño. Las bolsas de plástico sirven igual, si uno se quiere poner en modo simple pero, si se quiere que duren más de un par de tirones, el plástico tiene que ser un poco más grueso y el peso final se resiente. Nylon, mejor.

Protección contra la humedad

Dado que la mochila no necesita transpirar, pueden utilizarse materiales impermeables en su construcción, de forma que puede parecer sencillo que la propia mochila lo sea; sin embargo, el elevado número de costuras hace que conseguir la impermeabilidad sea complejo y requiera una ardua labor de sellado de costuras. Además, el agua, con el tiempo necesario, se acaba colando por cualquier lado y el hecho de que no se trate de una lona en tensión, como en los refugios, complica el asunto. Las mochilas estancas existen pero pesan tanto que se acepta que no merecen la pena salvo para aplicaciones donde sin duda se van a sumergir.

Para nuestro mundano senderismo, las mochilas UL suelen estar construidas de materiales impermeables (no tienen contraindicaciones y aportan bastante impermeabilidad, aún) y en periodos prolongados de lluvia se utiliza alguna estrategia adicional: método de barrera interior o exterior.

En el interior, consiste en forrar la mochila con una bolsa, habitualmente de plástico, dentro de la cual se coloca todo; seguirá entrando agua en la mochila pero no pasará de la citada bolsa. La bolsa está protegida en el interior con lo que no necesita ser muy gruesa ni, por tanto, muy pesada, pero es grande (cubre todo el interior) y algo va a pesar; si es muy ligera, acaba rompiéndose enseguida. Hay que mimarla en el trato.

En el exterior, se usa la habitual funda cubre-mochila. Las hay que funcionan mejor que otras. Es importante que el diseño sea tal que abrace la mochila en todas direcciones, dejando libre sólo la espalda. Curiosamente, muchas versiones comerciales de esta cosa están bastante mal diseñadas y resultan muy poco prácticas o poco versátiles (poco adaptables a diferentes tamaños, diseño o cantidad de carga de las mochilas). La opción UL consiste en construidas en algún material ligero (silnylon es perfecto); pesan muy poco y cumplen también la función de evitar no ya que el agua entre sino que el tejido de la mochila absorba agua (aunque hay mochilas construidas de materiales que no absorben agua, en cualquier caso). Valga la inmodestia, debo decir que el diseño empleado en mis propios cubre-mochilas es el que más me gusta, por su adaptabilidad y buen ajuste.

Detalles

Quizá este no es el título adecuado pero no me salía otro… en definitiva, esas pequeñas o no tan pequeñas cosas que hacen que nuestra mochila sea ultra-pesada sin darnos cuenta:

Bolsillos

Pero, ¿no habíamos dicho que no? Pues no del todo. Los bolsillos siguen teniendo su utilidad y son ocurrencia frecuente incluso en las mochilas más minimalistas pero toman cierta forma particular: frecuentemente, se presentan como simples paneles de redecilla cosidos sobre la superficie del cuerpo principal y su cierre suele ser un mero elástico que no sella los contenidos pero sí contribuye a mantenerlos en su sitio. Este tipo de bolsillos pesa muy poco (no hay cremalleras y el material utilizado es muy liviano) y su utilidad compensa con creces; se suelen utilizar tanto para llevar el contenedor de agua fuera del cuerpo principal de la mochila como para llevar cualquier cosa mojada, para lo que son especialmente útiles ya que, al ser de redecilla, permiten que el objeto en cuestión se vaya secando sobre la marcha, típico caso de la toalla/balleta o de la lona del refugio tras una noche de lluvia o condensación. En general, cualquier cosa a la que necesitemos acceder rápidamente se puede meter ahí.

Hidratación

Obviamente, se trata de la hidratación del mochilero, no de su mochila… pero es la mochila la que lleva el agua. El agua es un elemento que conviene mantener fuera de la mochila. A veces, suceden accidentes. Incluso las mochilas más ligeras suelen contar con alguna posibilidad para transportar el contenedor de agua separado del cuerpo principal de la mochila, de forma que sea fácil instalar un tubo chupóptero (y así beber sin quitarnos el macuto) y que, si hay algún derrame, no afecte a los contenidos de la mochila

Fanatic Fringe Alpine Trail con Platypus de 1 L. en un bolsillo lateral de rejilla

Sistema de compresión

Especialmente útil en el largo recorrido y en mochilas minimalistas que dependen de la formación de un bloque compacto para conseguir la rigidez necesaria que permita un porteo confortable. El sistema de compresión consiste en algún mecanismo para comprimir la carga, de forma que la mochila no se convierta nunca en un saco flácido donde los contenidos derivan sin rumbo.

En las mochilas con un armazón sólido, esto es menos importante porque el propio armazón, independientemente de la configuración de la carga, provee rigidez, estabilidad y transferencia de peso a las caderas; en mochilas UL, con un armazón muy exiguo o, directamente, sin armazón (utilizando o no uno de fortuna), parte de la función estructural nos la va a dar la consistencia de la carga. Es muy importante conseguir un bulto monolítico.

Particularmente en rutas largas en autonomía, suele suceder que la cantidad de cosas en la mochila va variando con el tiempo, a medida que se consume la comida, de forma que esa mochila que iba a reventar al principio de la ruta o sección acaba medio vacía en los últimos días.

Los sistemas de compresión se suelen implementar con las habituales cintas planas y hebillas pero es importante cuidar su número y disposición, de forma que se pueda lograr una compresión adecuada incluso con cargas de poco volumen sin cargar demasiado la mochila del peso adicional de estos elementos.

Paneles de corte catenario para óptima distribución de tensiones de las cintas de compresión en la Virga (¡no era un adorno!)

La solución UL por excelencia es utilizar algún tipo de cordón, elástico o no, dispuesto de forma que abrace el cuerpo de la mochila. Puede contar esta con lazos cosidos de cinta que encarrilen dicho cordón y lo mantengan permanentemente unido a la mochila y en su sitio.

Sistema de compresión por cordón elástico, mochila Prophet 30 de Mountain Laurel Designs

Huelga decir que el sistema de compresión, sea por cintas/hebillas o cordones, sirve como punto de anclaje para transportar cosas.

Enganches

Otro elemento al que habíamos dicho “no”… pero no del todo. Conviene evaluar bien qué enganches podemos necesitar y colocarlos en consecuencia. En una filosofía UL, podemos perfectamente pasar sin ninguno pero, dado su escaso peso, no es extraño ver mochilas UL cuya versatilidad se intenta incrementar al colocarles alguno que otro. Se utilizan lazos de cinta plana (de nylon, por ej.) extremadamente fina y ligera. La limitada resistencia no suele ser problema porque tampoco van a tener estos lazos que soportar tracciones considerables.

Se suelen encontrar en los lados, como parte de la sujeción del sistema de compresión, y el borde frontal inferior, ubicación habitual para portar piolets o bastones plegados.

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