Cabría más hablar de “Natural y Sintético”, por contrastar peras con peras (orígenes) o de “Pluma y Poliéster” (materiales) pero no es práctico evitar la terminología establecida.

Pluma

La pluma es el material aislante tradicional y por excelencia para su uso en sacos de dormir. Nada iguala su capacidad de hinchado y compresibilidad, ninguna de las fibras sintéticas fabricadas hasta la fecha han conseguido alcanzar sus prestaciones, a pesar de la machacona publicidad en sentido contrario. Las fibras sintéticas han evolucionado mucho y se han acercado a las prestaciones de la pluma en algunos aspectos, además de que tienen sus  propias ventajas competitivas.

La pluma, por otro lado, resulta cara, tanto más cuanto mayor su calidad y presenta un inconveniente cuya importancia es tema de discusión permanente: es sensible a la humedad.

Ni la pluma ni las fibras sintéticas son mundos uniformes. Las hay, tanto unas como otras, de muchos tipos, con diferencias obvias en precio y prestaciones. La calidad de la pluma depende fundamentalmente de dos factores: el animal de origen y el proceso de selección. En lo que respecta al animal de origen, influye tanto la especie elegida como la edad del sujeto. Las especies más utilizadas son el pato y la oca.

Lo más habitual es que la producción de pluma sea un efecto lateral de la de alimento. Implica la cría de los animales para su aprovechamiento, no necesariamente un trato digno. La recogida de pluma de animales vivos es una práctica cruel que, afortunadamente, no parece ser la más habitual aunque es difícil encontrar información sobre este tipo de temas.

Personalmente, no veo contradicción entre respetar e incluso amar a los animales y aprovecharse de ellos de una forma razonable; a fin de cuentas, es así como funcionan las cosas en la naturaleza. Pienso que lo más importante es que estos animales tengan una vida y una muerte dignas.

Cuando la producción de pluma es un efecto lateral de la cría del animal, hay una consecuencia importante: la edad a la que se sacrifica a los animales no es la idónea para la producción de la mejor pluma. Es decir, estamos partiendo de un material no del todo óptimo, pero así son los caminos de la economía de mercado. Al parecer, la limitada demanda de pluma de la mejor calidad posible para su uso como aislante no justifica la cría específica.

La pluma es un material de características impresionantes: multitud de minúsculos filamentos que se entrelazan y forman una maraña entre la que el aire queda atrapado. Es la razón por la cual los patos nadan tan contentos en el agua fría de los canales de Amsterdam o las gaviotas se posan sin más en el cantábrico en pleno invierno.

¿No habíamos dicho que la pluma era muy sensible a la humedad? Una vez separada del animal, sí. Cuando el bicho en cuestión necesita moverse en el agua, sus plumas están protegidas por una capa grasa que las aísla de la humedad, pero esto no está presente en la pluma “muerta”.

La pluma de mejor calidad utilizada comercialmente es la de oca. La de pato es de una calidad inferior. Lo de “calidad” quiere decir que, para una misma cantidad de pluma, la de oca va a ser capaz de atrapar más volumen de aire que la de pato y, por tanto, va a proporcionar más calor. La pluma de pato suele ser, por otro lado, más barata (las razones ya se me escapan porque entramos ya en criterios comerciales que desconozco pero imagino que los patos abundan más que las ocas) y se encuentra comúnmente en los edredones domésticos. En estos, la calidad de la pluma utilizada no es tan importante como en un saco de dormir porque no hay que cargarlos encima; basta con poner más pluma para mejorar las prestaciones del producto. Es decir, si se quiere hacer el edredón más caliente, se le mete más pluma y listo. Esto no es tan inmediato para un saco de dormir porque estaríamos incrementando su peso.

Aparte del origen, la selección y proceso posterior juegan un papel fundamental en la calidad final. En un mismo animal, hay pluma de diferentes calidades: la de mayor calidad es el plumón, formado por finísimas hebras, casi etéreo. En comparación, las plumas tienen filamentos más gruesos y un tronco del que parten estos que, si bien es ligero, es un peso “muerto” puesto que no aporta capacidad para atrapar aire. En conclusión, la partida de pluma elegida será de tanta más calidad cuanto más porcentaje de plumón contenga y menos de plumas.

La cantidad de plumón disponible es limitada; esto y el proceso de selección y separación necesario hacen que las partidas con alta proporción de plumón sean de alto precio.

Fibras sintéticas

Hay muchas, todas con nombres muy cantosos y muy anglosajones.

Poco más sé de los rellenos sintéticos salvo que suelen estar fabricados a base de poliéster y tienen como fin último el mismo que la pluma, lo que ya hemos comentado que nos va a proporcionar calor: atrapar aire. Una cosa sí es clara: desconfiad absolutamente de las manidas reivindicaciones de fabricantes y/o comerciantes sobre la supuesta igualdad de prestaciones de tal fibra sintética y la pluma. Nada más lejos de la realidad. Esta es una de las más extendidas falacias del mundo del material de aire libre y denota falta de honestidad o de conocimiento, que no sé qué es peor. Si te encuentras con tal afirmación, huye. Personalmente, jamás compraré un producto que nace de una mentira, no me importa si a la postre es de buena calidad; es más, lo más probable es que no lo sea, ya que los productos realmente buenos no necesitan recurrir a ella.

Dicho esto, las fibras sintéticas tienen su sitio. Como de costumbre, es una cuestión de compromisos. Las ventajas históricamente citadas de los rellenos sintéticos son las prestaciones ante humedad y el precio. La verdad es que, aunque acabo de decir que las fibras sintéticas tienen su sitio, voy a dedicar los siguientes párrafos a desmontar, siquiera parcialmente, tal afirmación, basándome en rebatir esas dos supuestas ventajas (nota: hablo exclusivamente de sacos de dormir; para otro tipo de prendas, las circunstancias son diferentes).

Por un lado, es cierto que los sacos de relleno sintético cuestan menos. A igualdad de prestaciones, se entiende. Por otro, es también verdad que un saco de pluma bien cuidado dura mucho más. De hecho, esta es una parte de las prestaciones de la pluma que aún no ha conseguido ser igualada por las fibras sintéticas. Éstas, a consecuencia de las continuas compresiones a las que las sometemos al empaquetar el saco o al descansar sobre él, se apelmazan y pierden paulatinamente su poder de atrapar aire: pierden capacidad de hinchado. También sucede esto con la pluma pero en mucha menor medida: la pluma pierde capacidad de hinchado mucho más despacio y de forma mucho más lineal que las fibras sintéticas; éstas, por el contrario, sufren el fenómeno mucho antes y especialmente importante es una pronunciada caída en su capacidad para retener aire cuando el saco aún no tiene mucho tiempo de uso.

La consecuencia de esto es que, a la larga (y no necesita ser muy larga), un saco de pluma resulta más barato porque, para cuando lo tengamos que jubilar, habríamos pasado por varios ejemplares de su equivalente sintético. Esto no quita que la inversión inicial en un saco sintético es, obviamente, menor, lo cual puede aún ser interesante en según qué circunstancias.

Una vez más, no creáis afirmaciones de que tal o cual relleno sintético dura tanto como la pluma. Yo no voy a afirmar categóricamente lo contrario para siempre y en cualquier caso, sería mucho afirmar, pero no conozco aún ningún caso en el que una fibra sintética iguale en durabilidad a la pluma; y sí conozco casos de quien defiende tal cosa cuando es manifiestamente falso.

Sobre la humedad, se suele vocear mucho contra la pluma por su supuesta inoperancia cuando se moja; asímismo, se vocea mucho también sobre cuán mejor funciona entonces tal o cual relleno sintético. Algo de verdad hay en esto, aunque no uso el vocablo “vocear” de forma gratuita: en general, se trata de intentar colar los rellenos sintéticos como lo que no son.

Veamos qué pasa con los materiales aislantes y la humedad: si el aislamiento se consigue a base de atrapar aire, mal vamos si se acumula agua porque, entonces, no hay sitio para el aire. Consecuencia: una fibra aislante, sea sintética o natural, saturada de agua no aísla. Esto es poco más o menos un axioma. Ahora bien, como las diversas fibras son físicamente diferentes, se comportan de forma también diferente ante la presencia de agua. La pluma, aquí, presenta un problema particular: si un relleno de pluma se satura de agua, los racimos de plumón se apelmazan y agrupan en bolos. Aquí ya no hay fibras que se puedan hinchar y atrapar aire con lo que un relleno en estas condiciones está totalmente inutilizado y, lo que es peor, cuesta mucho arreglar esta situación. Una vez que los racimos de plumón se han apelmazado, se necesita tiempo, calor y un ambiente seco para que se vuelvan a separar y sean capaces de evacuar toda el agua que han tragado. Si hemos llegado a esta situación con un saco, tenemos un problema grave.

En las fibras sintéticas no se suele producir este fenómeno. Digo “suele” porque no las conozco todas y, como “avanzan” tanto, cualquier día aparece una que emula a la pluma mucho mejor que las actuales (hasta en sus defectos). Pero, en general, aceptemos que en una fibra sintética la estructura no queda alterada por la presencia de agua. Esto implica que, si hay una situación de saturación de agua, siempre podemos escurrir. Con ello, parte del agua saldrá y la prenda podrá volver a atrapar algo de aire. No será una gran noche de descanso si esto le pasa a nuestro saco pero algo es algo. Más aún, el secado en profundidad no será tan tedioso como con la pluma.

Consideraciones adicionales

Algunas valoraciones menos importantes pero dignas de mención:

La pluma tiende a desplazarse dentro del espacio del que dispone. Si éste es muy amplio, acabaremos con zonas sobrecargadas de pluma y otras peligrosamente escasas. Siempre podemos volver a recolocar la pluma con un poco de paciencia y unas sacudidas pero no es esto algo que nos apetecerá hacer en medio de una fría noche. Para evitar la deriva de la pluma, las prendas que la usan tienen compartimentos separados, de forma que las plumas no puedan pasar de un compartimento a otro, sólo se pueden mover dentro de aquel en el que están. Los compartimentos pueden estar formados por costuras que unen las paredes exterior e interior (esto es lo que da a estas prendas su característico aspecto de “michelín”) o por tabiques internos. Los tabiques internos añaden un poco de complejidad a la construcción y algo de peso, que va en contra de la mayor ligereza de la pluma como aislante. Aún así, una prenda de pluma seguirá siendo más ligera que su equivalente sintética a igualdad de prestaciones.

La pluma tolera bien una cierta cantidad de humedad. De hecho, cada noche, una buena cantidad de humedad emanada de nuestro cuerpo pasa a través de ella. Es la saturación lo que provoca el colapso. Hasta entonces, la pluma seguirá funcionando y secará con rapidez.

La pluma, además de sufrir menos que las fibras sintéticas con la compresión reiterada, se comprime mucho más. Esto implica que tendremos un bulto más pequeño en la mochila.

La pluma proviene de animales. El conflicto moral que esto pueda acarrear es algo personal.

Conclusión

En resumen, pluma vs. sintéticos: la pluma proporciona más aislamiento, es más compresible y duradera pero, si se satura de agua, queda prácticamente inutilizada y cuesta recuperarla.

Estos son, más o menos, los hechos, tal como yo los conozco. La conclusión que me permito sacar: en el mundo de los sacos de dormir, encuentro pocas situaciones en las que las fibras sintéticas sean más indicadas que la pluma y, dado que no me suelo encontrar en ninguna, es pluma todo lo que uso. Superado el trauma de la inversión inicial, seguro ya de que esto era lo mío y de que le iba a sacar partido, me hice con mi primer saco de pluma y nunca he vuelto al mundo sintético. Durante todo este tiempo, he pasado por circunstancias de las que aún se citan en los libros como vetadas al saco de pluma (tal como seis días seis seguidos de lluvia intensa) y sólo mi propia incompetencia hizo que una noche se me humedeciera el saco; siguió funcionando bien, a pesar de todo, y pasé cinco noches confortables mientras a mi alrededor caía el diluvio universal. Quiero decir con esto que, salvo circunstancias muy concretas, mantener seco un saco de dormir es una tarea relativamente sencilla, con un poco de experiencia y sentido común. Mientras siga lloviendo en las montañas, o donde sea, los sacos se le seguirán mojando a más de uno pero será, prácticamente siempre, error humano y, por tanto, subsanable. A veces será una mala previsión, tal como no llevar el sistema de acampada adecuado; a veces, un mal emplazamiento o un mal almacenamiento durante el día. Nadie está libre de ello pero debemos aprender de los errores para no volverlos a cometer. Hay quienes evitan los sacos de pluma como forma de evitar los errores; me parece correcto pero, en mi opinión, demasiado radical renunciar a la enorme diferencia en prestaciones sólo por sentirse más tranquilo. Llevar un saco de pluma supone asumir un riesgo, sí; cada uno debe valorar dicho riesgo y obrar en consecuencia.

A todo esto ayuda, como siempre, la experiencia. Insisto, aprender de los errores; pero, también, obrar con sentido común y con conocimiento de causa para evitar cometerlos, en primer lugar.