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Torso

La ortodoxia de la teoría de capas define comúnmente 3: base, aislante e impermeable. En el viaje de largo recorrido es fundamental maximizar la versatilidad del conjunto y minimizar su coste en peso. Esto provoca una tendencia a la utilización de más capas, más especializadas. En general, las prendas polivalentes adolecen de dos problemas básicos. El primero, inherente a dichas prendas; el segundo, mucho más importante, consecuencia del tipo de actividad:

  • Quien mucho abarca, poco aprieta. No del todo cierto y no siempre pero algo de esto sucede. Hay funciones que se pueden juntar en una misma prenda sin pérdida de funcionalidad pero otras no son tan compatibles. En general, una capa especializada en su función específica será más eficiente que otra que incorpore varias funciones.
  • Habrá ocasiones en que necesitemos sólo una de las funciones de una prenda multifunción y, entonces, no tendremos más remedio que “tragarnos” la otra u otras o no vestir esa prenda.

En general, y dado que necesitaremos máxima versatilidad, elegiremos un alto número de prendas especializadas, de forma que podamos elegir en cada momento la combinación más adecuada para las condiciones presentes. Recordad: a lo largo de varias semanas, o meses, va a pasar de todo… y hay que poder hacerle frente. Para nuestras 3 estaciones, suele bastar con 4 capas 4:

Primera: capa base. Camiseta ligera, absorbente y de secado rápido (-> mantener la piel seca), con manga larga, cuello y cremallera en el pecho (-> protección solar en brazos y cuello, ventilación cuando hace calor, máxima protección cuando hace frío), corte amplio. Peso típico: inferior a 200 gr.

Segunda: capa cortaviento. Camiseta similar en diseño a la capa base salvo porque está hecha de algún tipo de nylon fino y denso, de forma que es muy ligero pero resistente y, claro está, cortaviento. La función cortaviento va a ir inseparablemente ligada a las capas 3 (aislante) y 4 (impermeable) pero habitualmente necesitaremos dicha función separada de cualquiera de esas otras dos. Plegada, cabe en el puño de la mano. Peso típico: 80 gr. (imposible no llevarla).

Tercera: capa aislante. Fibra sintética emparedada en nylon. Puede ser chaqueta (cremallera completa: más peso pero más versátil) o pullover (cremallera en el pecho: más minimalista y ligero). El nylon será denso y ligero, análogo al de la capa cortaviento. La fibra aislante, de filamentos continuos (Polarguard) o no continuos (Primaloft). Peso típico: 300 gr.

Cuarta: capa impermeable. Impermeable y, a ser posible, algo transpirable. Lo más sencilla y simple posible. Los bolsillos y demás parafernalia irán mejor en otras prendas. Esta se va a pasar mucho tiempo en la mochila por lo que es especialmente importante que sea lo más ligera posible. Corte lo suficientemente amplio para alojar debajo todo lo demás. Peso típico: menos de 200 gr.

El uso: en buen tiempo, capa base sólo. Si hace viento o frío, capa base más cortaviento. Incluso, con lluvia suave, pues el cortaviento suele tener cierta capacidad de repeler el agua y cuando la lluvia no es fuerte podemos estar más secos asumiendo algo de lluvia con el cortaviento que vistiendo la capa impermeable y sudando.

La capa aislante la usaremos en parado: descansos en tiempo fresco/frío y, sobre todo, en las horas de inactividad en campamento, cuando estamos produciendo menos calor y la temperatura ambiental es más baja. Rara vez necesitaremos vestir la capa aislante durante la actividad y rara vez nos durará más de unos minutos puesta cuando lo hagamos. Es otro elemento destinado a pasar muchas horas en la mochila así que, de nuevo, será lo más simple y austera posible en accesorios, que no en aislamiento, que de eso sí vamos a necesitar.

La capa impermeable sólo va a actuar cuando llueva e, idealmente, nunca más. Aunque transpire, el calor que provoca la actividad la hace muy desaconsejable para vestir mientras caminamos. Otro uso, marginal pero perfectamente asumible, es como emergencia cuando hace tanto frío que hay que ponérselo todo; normalmente, esto será en parado y, si hemos dimensionado bien la capa aislante, no debería pasar muchas veces (pero no pasa nada si pasa).

Un error muy común en los sistemas de capas es dar un protagonismo excesivo a la capa impermeable y convertirla en pieza clave. La capa impermeable es cortaviento por defecto y, por ello, provee también de cierto aislamiento térmico pero no debemos olvidar que, comparada con la capa aislante especializada, la cuarta capa es un aislante muy pobre. Es mejor confiar nuestro aislamiento térmico a un elemento especializado en ello, la tercera capa, y dejar que la cuarta se encargue sólo de la impermeabilidad. El conjunto resultará más ligero y eficiente. También es un error confiar la protección frente al viento a la cuarta capa ya que, durante la actividad, la pobre capacidad de transpirar a la que le condena su carácter de impermeable hace que sudemos más de la cuenta, con todos los efectos negativos que ello tiene: primera capa empapada, pérdida de calor por conducción, pérdida de líquido corporal y de sales… es mejor minimizar este efecto haciendo que la capa cortaviento transpire lo mejor posible y esto implica, de nuevo, una capa especializada en cortar el viento (y no el agua), con lo que la penalización en transpirabilidad es mucho menor.

Por último, no hay que olvidar que no se trata sólo de sumar capas sino que hay que prestar un buen rato de atención a integrarlas bien. Esto implica, por un lado, el más obvio, que debemos cuidar el tallaje y estilo de cada prenda de forma que podamos combinarlas bien una sobre otra y en el orden correcto. En general, las capas exteriores deberán ser lo suficientemente amplias como para permitir vestir las interiores debajo sin comprimirlas (especialmente, sin comprimir la capa aislante).

En un aspecto no tan obvio (aunque, en realidad, lo es también), hay que cuidar que la proliferación de capas no nos haga repetir elementos y funciones más allá de lo imprescindible. Esto aplica particularmente a los accesorios: bolsillos, cremalleras… elementos que suman peso considerablemente. Por ejemplo, no necesitaremos que todas las capas tengan bolsillos; bastará con que, en cada momento, sea cual sea la combinación que estemos utilizando, tengamos los imprescindibles. En general, conviene evitar este tipo de accesorios en aquellas prendas que van a vivir preferentemente en la mochila: la capa aislante y la capa impermeable, para hacerlas lo más ligeras posible. El peso que llevamos en la mochila tiene mucha más incidencia (negativa) sobre nuestro bienestar que el peso de lo que llevamos puesto. Estas prendas serán preferiblemente muy espartanas, sin ningún elemento que no sea imprescindible. Concluyendo con el ejemplo de los bolsillos, el lugar ideal para colocarlos es el pantalón, prenda que vamos a llevar puesta siempre (ver apartado correspondiente para entender qué se considera “el pantalón”).

Piernas

Las piernas son un caso muy diferente del torso: no alojan órganos vitales y son básicamente un montón de hueso y músculo. Músculos muy grandes que, además, durante la actividad senderista, trabajan a pleno rendimiento. Eso significa mucha producción de calor.

Todo esto es lo que provoca una situación que ya conocemos todos, por simple y básica experiencia: las piernas necesitan menos protección que ninguna otra parte del cuerpo.

Por lo demás, el principio teórico de las capas sigue aplicando, al menos como filosofía. En la práctica, y en condiciones benignas (esto es, durante el verano, cuando incluso durante los periodos de mal tiempo las temperaturas no van a ser muy bajas), es posible salir adelante con una sola capa. Si llevamos una sola capa, deberá ser un pantalón largo (yo, como principio, no saldría de casa para más de un día con sólo un pantalón corto y nada más; aunque no me cabe duda de que se puede hacer, según circunstancias) pero, por unos gramos más, unos pantalones largos desmontables funcionan como 2 en 1. Si llevamos una sola capa, es especialmente importante que sea de secado rápido ya que se va a mojar cuando llueva. Esto no debería ser gran problema, ya digo, en condiciones benignas: el propio calor corporal promoverá el secado de forma que, en cuestión de minutos, ya no se sentirá sensación desagradable alguna. Además, mientras el pantalón se mantenga mojado, dicho calor generado sobre la marcha (valga el doble sentido) hará que no pasemos frío.

Esta es la aproximación más minimalista posible pero yo soy partidario de invertir algún gramo más y hacernos la vida considerablemente más cómoda, amén de otras ventajas que ahora comento.

Definitivamente, he llegado a la conclusión de que no me gustan los pantalones impermeables, tras años de llevarlos en la mochila y no sacarlos. Ni siquiera el hecho de haber llegado a conseguir pantalones tan ligeros como 130 gr… pueden ser pocos gramos pero, si no los voy a usar, son peso muerto. Por mucho que las tecnologías actuales permitan transpirar a las prendas impermeables, encuentro que, especialmente en las piernas, es un mal negocio: al caminar se produce tanto calor que se acaba más mojado por condensación de lo que se hubiera estado por lluvia en la inmensa mayoría de ocasiones. Hablo en primera persona en este apartado porque soy consciente de que esto es algo muy personal. Aún así, no renuncio a impermeabilizar al menos parte de lo que queda por debajo de la cintura: no repito el razonamiento porque ya está bien descrito en la página correspondiente a la minifalda impermeable. 23 gramos de margen de comodidad. Supongo que, a pesar de lo exiguo, puedo considerar la minifalda impermeable como una capa… en cuyo caso sería la tercera en el conjunto del sistema.

En definitiva: Elimino la vía de considerar el pantalón impermeable una de las posibles capas integrales. Veamos qué nos queda…

Considero como capa básica el pantalón de toda la vida, o algo así; nada sideral, para entendernos: con sus bolsillos, su cinturón y/o cintura ajustable (elástica, cordón + tanca, etc.). Los materiales señeros son Supplex y Cordura. Nylon o, mejor dicho, poliamida, en ambos casos. Ambos son materiales súper-resistentes y duraderos, secan rápido, son ligeros, cómodos y agradables al tacto. Se admiten combinaciones con materiales elásticos (añaden peso, absorben agua, lo que redunda en mayores tiempos de secado… pero hacen la prenda más cómoda para el movimiento). La opción de usarlos desmontables es muy interesante para los que gusten de llevar pantalones cortos.

Para la otra capa hay dos opciones: que esta sea “primera” (y el pantalón, segunda) o viceversa. Lógicamente, esta otra capa será diferente, según el caso.

Tiene mucho sentido usar un pantalón de nylon como segunda capa (exterior): no es impermeable y tampoco tiene por qué ser corta-viento (algunos materiales usados típicamente para pantalones sí lo son) pero ya hemos visto que todo eso no es lo más importante para las piernas; es mucho más importante que absorba poca agua y seque rápido, ya que va a tener calor abundante para secarse. En esta solución, la primera capa sería una prenda térmica y ceñida que podamos vestir debajo: mallas, calzoncillos largos…

La otra opción coloca al pantalón como capa base y, como segunda capa, una prenda exterior que, atención, no va a ser impermeable (ya lo habíamos descartado)… ¿qué prenda, entonces, puede ser útil ahí? Pues ¡un cortaviento! Prenda análoga al cortaviento para el torso, muy fina, ligera y funcionalmente especializada.

En la opción A (el pantalón es segunda capa), vestiremos éste durante el día y la capa base básicamente por la noche. Sólo en emergencias vestiríamos ambas a la vez. Las emergencias estarían definidas por tiempo muy frío, sea de día, durante la actividad, o de noche, dentro del saco. La teoría es la siguiente: dejamos que la segunda capa se moje, se ensucie, se lleve los mamporros… por la noche, vestimos algo limpio, cálido y cómodo para ir a dormir. Podemos mantener la capa base puesta, por ejemplo, durante las primeras horas de la mañana, aún en campamento, si hace frío, hasta que comencemos a andar; luego, sobrará. La capa base servirá también como pantalón de fortuna cuando, llegados a civilización, tengamos ocasión de lavar los pantalones.

Esta capa base consistirá idealmente de unas mallas de polipropileno. Mallas no ajustadas, ya que su misión no es evacuar sudor (típica misión de las mallas que se usan durante la actividad), para lo cual es conveniente que estén pegadas a la piel, sino proporcionar aislamiento, para lo que es ideal que dejen una pequeña capa de aire entre prenda y piel. El polipropileno es el más ligero de los materiales sintéticos. Peso típico de esta prenda: menos de 100 gr. El vestir las piernas durante la noche tiene la ventaja principal de mantener la piel (fuente constante de lo que para el saco de dormir es “suciedad”, aunque nos las hayamos lavado antes de ir a dormir) separada del saco, con lo que le mantenemos más limpio. Esto es especialmente importante en rutas muy largas (semanas o meses), en las que el aislamiento del saco se puede llegar a ver comprometido por acumulación de porquería (de la que no se ve)

En la opción B, el uso queda como sigue: el pantalón todo-terreno, que ahora es capa base, sigue siendo el que vestimos normalmente; el pantalón corta-viento servirá para cubrir aquel en situaciones de frío/viento/lluvia. Se puede usar también como pijama siempre que se cuide de mantenerlo razonablemente limpio, lo cual no es difícil si no se le usa mucho durante el día. El pantalón corta-viento será, análogamente a la camiseta de la misma función, una lámina fina de algún nylon densamente tejido: típicamente, Pertex, en alguna de sus variedades más ligeras (Microlight o Quantum); peso de alrededor de 100 gr. Esta opción quizá haga estar fuera de lugar a la minifalda impermeable.

Ambas opciones implican una prenda extra cuyo lugar habitual va a ser la mochila por lo que es especialmente importante que esta prenda (sea la primera o la segunda capa) sea muy ligera.

Una última opción consiste en combinar ambas, A y B. Se penaliza en peso pero la versatilidad se maximiza, como siempre que se añaden capas ligeras y especializadas a un sistema. Para los aficionados a los pantalones cortos, una forma de paliar dicha penalización consiste en que los pantalones base no sean desmontables sino, directamente, cortos (o desmontables y dejamos las perneras en casa). Esto es interesante si se piensa transitar en pantalón corto como norma; si hace frío o mal tiempo, se añaden los pantalones corta-viento y ya tenemos protección total; las mallas, para dormir (siguen siendo el mejor pijama) y como colchón de seguridad: si la cosa se pone *muy* fea, se pone uno todo. Atención: las perneras de un desmontable pesan típicamente tanto como un pantalón corta-viento completo y más que unas mallas de polipropileno, con lo que la penalización en peso resulta minúscula mientras que la funcionalidad y modularidad se maximizan. Recomendable, en mi opinión, para rutas muy largas en las que podemos hasta llegar a vivir un cambio de estación y podemos tener que hacer frente a extremos muy separados entre sí, desde mucho calor a frío considerable, y todo lo que hay en medio.

Cabeza

Aquí no vamos a atacar demasiado a la ortodoxia porque, en este aspecto, está con nosotros. El frío es el primer problema que nos viene a la cabeza (valga el doble sentido cutre): es conocido el hecho de que por la cabeza perdemos mucho calor y que, cuando necesitamos conservar dicho calor, cubrir la cabeza es un paso imprescindible.

Luego, está el sol: la cabeza no suele ir cubierta por ropa por defecto (al menos, en nuestra cultura) y conviene hacer el esfuerzo extra de protegerla cuando vamos a pasar horas y horas, a lo largo de días y días, ahí fuera.

Por fin, quedan las horas nocturnas: particularmente si nuestro saco carece de capucha, será imprescindible usar protección térmica para la cabeza o no podremos dormir bien, por mucho que aísle el saco.

Veamos qué se puede hacer con estas premisas:

Para el sol, lo ideal es un gorro de ala ancha: protege tanto cara como cuello. Sirve también una gorra con visera pero esta no protege el cuello, con lo que se suele complementar con una lámina de tela (un pañuelo, para entendernos) acoplado a la parte trasera; esto se puede apañar o comprar hecho.

Personalmente, prefiero el gorro de ala ancha. Me parece menos agresivo para una protección similar y permite algo más de ventilación. Prefiero un gorro flexible, que se pueda guardar con facilidad y ocupe poco. El problema suele ser compaginar esto una cierta rigidez del ala. Un cierto compromiso es necesario aquí.

Este gorro será específico para el sol y no tendrá gran valor como aislante; sería un error combinar ambas funciones en la misma prenda porque, muchas veces, cuando haga sol, hará también calor, con lo que la función aislante nos sobraría y nos estaría fastidiando. De hecho, el gorro para el sol deberá intentar maximizar la ventilación a base de paneles de rejilla.

Para el aislamiento térmico, análogamente al torso, se puede usar un simple gorro de forro polar o uno de aislamiento por fibra sintética, emparedada entre láminas de nylon. En una prenda tan pequeña, la diferencia de peso a favor del aislamiento de fibra sintética es pequeña y puede llegar a pesar más la robustez y tolerancia al maltrato del forro polar.

Conviene no olvidar el cuello. Por el cuello se pierde mucho calor también (arterias importantes que llevan mucha sangre muy cerca de la superficie) y, en condiciones de frío, especialmente en periodos estáticos y, sobre todo, por la noche, un sellado térmico integrado cabeza-cuello vale su peso en oro. Esto es algo que el posible cuello alto de una camiseta o chaqueta, por sí solo, no va a conseguir. Es necesaria una pieza que “una” gorro con chaqueta. Para esto, se suele utilizar la ubicua y versátil braga o un pasamontañas.

El pasamontañas es la pieza por excelencia para efectuar esta “unión” de piezas aislantes, protegiendo el cuello y la cabeza a la vez de forma integrada, pero tiene la pega de ser muy específico: o todo o nada. Una braga, en cambio, puede colocarse de varias formas: como pasamontañas (aunque no queda tan bien ajustado y cómodo como uno de verdad, eso sí) o como pieza exclusiva para el cuello; o como se nos ocurra, es muy versátil.

La verdad es que ambas opciones (gorro + braga o gorro + pasamontañas) me parecen casi igualmente válidas y, si bien la braga es más versátil, también es un pelín más pesada que la pieza especializada equivalente (el pasamontañas). Cuando, además, se necesitan estas piezas durante la noche porque el saco no las tiene, la opción del pasamontañas empieza a tener más sentido.

Finalmente, apuntar que puede tener bastante razón de ser utilizar capas aquí también. Por ejemplo, dos pasamontañas finos que aíslen (juntos) tanto como uno grueso van a pesar (juntos) prácticamente lo mismo que su equivalente grueso porque no va a haber elementos repetidos y ofrecerán más versatilidad (usar uno sólo o los dos), además de secar antes si se mojan. Idem para los gorros (de forro polar), aunque estos sí suelen llevar algún elemento extra (ajuste de tamaño por tanca, por ej.), que iría repetido si llevamos más de uno. No aplicable a los gorros de fibra sintética porque estaríamos repitiendo las “paredes del sándwich”. Esto aplica quizá más a tiempo realmente frío pero conviene tenerlo en cuenta.

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