Viajar a pie

Caminar para viajar. El mundo a escala humana

Conclusiones

La ortodoxia nos dirige a las tiendas de doble pared con diseño en cúpula. Es, con mucho, lo más popular y habitual. No es una mala opción: contando con que el diseño sea bueno, ofrecen aceptable espacio interior en relación a su peso, buena protección ante la lluvia y excelente estabilidad ante el viento, es un diseño muy sólido en el que las dos varillas de rigor se soportan mútuamente y trabajan juntas para formar un conjunto sólido. Pero, personalmente, encuentro que aún son excesivamente pesadas para el uso que pretendo darles en la mayoría de las ocasiones y eso me ha hecho probar otras posibilidades.

Habitualmente, utilizo una lona simple sin armazón y sin suelo. La mayoría de las que uso están fabricadas en silnylon: ligero, resistente y antidesgarro, además de impermeable. Empleo los bastones para sostenerla, si los llevo o, en su defecto, ramas caídas o el propio troncon de algún árbol. La lona está convenientemente sobredimensionada de forma que resulta un palacio para una sola persona, aloja con solvencia a dos y, en una emergencia, a tres y hasta cuatro personas (aunque esto depende bastante de las condiciones; si éstas dictan un perfil bajo o un área reducida, pueden no caber más de dos con garantías)

Ejemplo típico de toldo para uso general en montaña

Resulta raro, al principio, lanzarse ahí fuera con ese pequeño paquetito como toda protección ante lo que pueda caer pero tras unos cuantos episodios de tiempo realmente malo no puedo estar más convencido de su eficacia y casi puedo afirmar que jamás me sentí más seguro. Como aquella noche en que el viento empezó a soplar; acorté la longitud de los bastones, reajusté la tensión y me volví a dormir mientras el viento se deslizaba por encima de mi lona casi sin tocarla.

El suelo va aparte. Utilizo, habitualmente, una simple lámina de plástico: es ligera, perfectamente impermeable, escandalosamente barata y la puedo cortar al tamaño que me plazca.

Una de las limitaciones de este tipo de refugio es que cobra importancia la localización y orientación. Esto no es del todo malo: en cierto modo, nos hace ser más conscientes de lo que nos rodea y de las condiciones a las que nos enfrentamos. Ya no se trata de levantar el búnker, meterse dentro y olvidarse de lo que quede fuera, hay que considerar hacia dónde sopla el viento o si el terreno del emplazamiento está bien drenado. Este último es un aspecto interesante: uno estaría tentado de pensar que, si llueve, en un refugio de este tipo acabaríamos con un río corriendo bajo el saco; no es así… si lo hacemos bien. Se trata, simplemente, de elegir un emplazamiento donde el agua no se pueda acumular (prohibido cubetas) y donde se filtre convenientemente (huír de terrenos compactados). El sobredimensionamiento de la lona da cuenta de las posibles salpicaduras. Así, he visto caer a mi alrededor unos cuantos pequeños diluvios sin que una sola gota se me acerque y, lo que es más, dejando, a la mañana siguiente, un espacio seco donde mi lona estaba cubriendo.

Finalmente, y en un plano más psicológico que funcional pero no por ello menos importante, ya no me siento necesariamente desconectado del mundo exterior, de ese medio ambiente que he ido a visitar, cuando llega la noche. Puedo estar bajo un refugio que me protege de lluvia, frío (un poco) o viento pero no dejo de percibir lo que me rodea. Si abro los ojos, me siento envuelto en las penumbras de la noche (que no necesariamente en la oscuridad) y, si alargo un poco el cuello, veo las estrellas, la luna o las nubes que haya, según corresponda. Es decir, mi refugio me protege pero me permite aún sentir esa conexión con el mundo natural que tan especial resulta y ya me siento un poco menos un extraño y un poco más un ser más de los que en ese momento descansan mientras otros muchos están activos. Esto da a la noche una dimensión completamente nueva y especial.


Como es habitual, no hay herramienta perfecta, cada situación se cubre mejor con una u otra y suele ser necesario asumir compromisos. Cuando menos, me gustaría llamar a la reflexión, también en el campo de los refugios portables y haber contribuído a desmontar algunos tópicos.

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1 Comentario

  1. Nino

    Me ha gustado mucho el enfoque sobre la ‘no-desconexión’ del entorno cuando cae la noche. Un saludo.

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