Pared única

Los diseños en pared única son, obviamente, más ligeros. Si, además, optamos por materiales ligeros y prescindimos de armazón, nuestro refugio queda convertido en una simple lona de peso ridículo pero, aún sin acudir a estos extremos, la pared única va a significar, sean cuales sean el resto de opciones de diseño, un producto final más liviano que su correspondiente en doble pared. Esa es su ventaja fundamental. Adicionalmente, resultan más sencillos de montar y desmontar. Estos son sus pros.

Tarptent Rainshadow, pared única

Los contras se pueden resumir en uno grande del que derivan todos los demás: la condensación. La teoría completa de la condensación es algo muy complejo en el que entran en juego múltiples factores, algunos incluso de forma contradictoria y merece un tratamiento aparte. Por el momento, baste decir que, como consecuencia de la saturación de humedad en el aire, fenómeno típicamente nocturno a causa de la bajada de temperatura, dicha humedad tiende a abandonar su estado de vapor disuelto en el aire y a condensarse cuando encuentra una superficie sobre la que hacerlo: típicamente, el suelo, las plantas… o las tiendas de campaña. Cuando esta condensación se produce en la pared interior de nuestro refugio, corremos el riesgo, si es muy seria, de que empiece a caer sobre nosotros y nuestro saco y, en casos menos graves, nos obliga a evitar tocar las paredes si no queremos empapar todo aquello que entre en contacto con ellas.

La condensación es más o menos difícilmente evitable según las circunstancias, ya digo que la casuística es extremadamente compleja y da para una disertación propia muy extensa pero, a grandes rasgos, el remedio típico que se suele aplicar es la ventilación. La teoría tras esto es que el aire nuevo proveniente del exterior estará menos cargado de humedad que del interior, que nosotros mismos, con nuestra respiración y transpiración, habremos contribuído a saturar de humedad. La ventilación es una de las armas de los refugios de pared única contra la condensación pero tiene la pega de que, al haber un único espacio interior, toda ventilación va a tener que cruzarlo; en una palabra, tendremos la corriente de aire danzando entre nuestros sacos. Como consecuencia, los refugios de pared única que acuden a la ventilación, suelen resultar menos “calientes”. Es muy importante la colocación de los orificios de ventilación y esto depende del uso esperado del refugio. En un diseño para ambientes cálidos y/o protegidos (bosque, por ejemplo), se puede maximizar la superficie abierta para ventilación y extenderla a, por ejemplo, todo el perímetro. En refugios pensados para ambientes más exigentes (frío intenso, zonas expuestas), los orificios de ventilación tendrán que ser más pequeños y protegidos; típicamente, se intenta favorecer el efecto chimenea que el propio aire crea dada su propiedad de que el aire caliente pesa menos que el aire frío, colocando los orificios de forma que se posibilite la renovación progresiva y no traumática de aire interior, cálido (al menos, en relación al de fuera) y saturado de humedad por aire proveniente del exterior, más frío y seco. Insisto en que esto es un tema muy complicado (que aplica también a los diseños en doble pared), ya que el aire frío podrá estar más seco pero también admite menos humedad (esta es otra propiedad del aire: cuanto más caliente está, más humedad disuelta admite sin condensar), con lo cual el efecto de renovación del aire es, en parte, contraproducente, pero suele merecer la pena dada la gran cantidad de humedad que emana nuestro cuerpo (se suele hablar de casi medio litro por noche).

Otra estrategia contra la condensación es la utilización de materiales impermeable-transpirables para la pared única. Esto ayuda a disipar la humedad interior gracias al efecto chimenea mencionado en el caso de la ventilación, sólo que ahora, aparte de (o además de) un orificio situado en alto que posibilite la escapa del aire caliente ascendente, dicho aire puede también atravesar el material. Obviamente, dicho material debe seguir siendo impermeable para protegernos de la humedad que venga del exterior.

Finalmente, queda la estrategia del sobredimensionamiento: hacer los refugios de pared única más grandes. Esto ayuda a evitar la condensación ya que, cuanto mayor sea el espacio interior, más cantidad de aire queda atrapada en su interior y más cantidad de aire habrá, por tanto, para acoger la humedad que generemos; y ayuda, también, a que podamos movernos dentro del refugio sin tocar las paredes, de forma que si se produce una consensación moderada (que no precipite y se mantenga en la lona en forma de delgada película), esto no suponga un gran problema. La sobredimensión tiene dos efectos laterales; uno, positivo: tenemos más espacio, lo cual resulta cómodo. otro, negativo: más material, más peso, lo cual enjuaga parcialmente la ventaja de ligereza de estos refugios.

Los refugios de pared única se utilizan tanto para situaciones benignas como extremas. En circunstancias exigentes, suelen ser refugios con armazón, completamente cerrados salvo por alguna apertura para ventilación, ajustados en espacio y, habitualmente, con un material impermeable y transpirable. Para condiciones menos difíciles, la táctica suele ser la contraria: una simple lona impermeable no transpirable, sin armazón, sobredimensionada y con ventilación generalizada. Muchas veces, incluso, sin suelo.

Pared doble

Las más clásicas configuraciones de tiendas de campaña suelen tener una doble pared: una lona exterior, impermeable y no transpirable, destinada a protegernos de los elementos (lluvia, viento…); y una pared interior, justo al revés, transpirable y no impermeable, cuya misión es servir de separación física con respecto a la lona y aislarnos de ella y su posible condensación.

En los refugios de doble pared, la posibilidad de condensación en la parte interior de la lona impermeable está tan presente como si el refugio fuera de pared única, con la diferencia de que ahora no la vamos a percibir desde dentro de la pared interior. Las estrategias para evitarla son las mismas que las expuestas arriba para los refugios de pared única pero con un matiz importante: la ventilación, sea vía flujos de aire exteriores o efecto chimenea, no tiene por qué entrar en nuestro espacio habitable. Un buen diseño de tienda de doble pared debe promover dicha ventilación en el espacio entre las dos paredes, de forma que se mitiga la condensación sin someter al ocupante a corrientes de aire frío. Como consecuencia, las tiendas de doble pared suelen ser más “calientes” que sus equivalentes mono-pared.

Como es de esperar, no son todo ventajas: los refugios de doble pared, para empezar, pesan más y son más complicados de montar y desmontar (aunque un buen diseño puede mitigar esto último). Además, ofrecen menos espacio útil que los de pared única y deben hilar muy fino en este aspecto ya que un intento de aprovechar al máximo el espacio, reduciendo el hueco entre las dos paredes, limita la posibilidad de ventilación y provoca el riesgo de contacto entre ambas paredes en condiciones de viento o carga de nieve.

Por último, un pequeño detalle de consecuencias importantes: la presencia o no de un suelo.

¿Una tienda sin suelo? parece un poco marciano, ¿verdad?. No se trata, en realidad, de prescindir necesariamente de un suelo sino de independizar este del resto del conjunto. Esto no tiene mucho sentido en refugios de geometría fija, que sólo se pueden montar de una cierta forma, pero es un arma clave para los diseños de geometría variable. De hecho, es fundamental: la forma de hacer la geometría variable es pudiendo variar el área del refugio, para lo que se necesita que el suelo, si existe, esté separado de las paredes.

La geometría variable se aplica básicamente en los refugios sin armazón fijo y es una de sus bazas para hacer frente a las circunstancias difíciles. Como ya se apuntaba en el apartado específico de descripción de este tipo de refugios, se trata de montar el refugio según los elementos a batir: si hace viento, se coloca con un perfil bajo; si llueve sin viento, se monta de forma que ocupe la mayor área posible y se eleva sobre el suelo para admitir ventilación y evitar condensación; si llueve con viento, se ajusta al suelo en uno, dos o hasta tres lados, dejando abierta la zona de sotavento para ventilar; si no hay espacio suficiente, se puede alojar dentro del refugio plantas o rocas circundantes… las posibilidades son variadas.