Completar el PCT en una sola temporada es técnicamente fácil; al menos, desde un punto de vista montañero. La dificultad está en la magnitud de la tarea. Requiere un cierto grado de disciplina y compromiso. Para mí, llegó un momento en que el viaje se asemejaba a un trabajo basura del mundo urbano: madrugar, currar muchas horas, hasta que no puedes más y, al día siguiente, otra vez. Y otra. Y así durante días, semanas… Una vez terminado, veo que podría haberlo hecho de forma diferente, tomándome las cosas con más calma y, quizá, como resultado, evitando en parte estas sensaciones pero tengo la impresión de que, en algún momento, hay que hacer frente a cierta sensación de rutina. Esta es, creo yo, la gran dificultad de un viaje como este: Tener la voluntad de seguir adelante en los momentos emocionalmente bajos. Y confiar en que llegarán tiempos mejores. Siempre llegan.

Motivación y determinación

La clave número uno para conseguir el objetivo es, sin duda, mental o, quizá, mejor dicho, emocional, que no sé si es lo mismo. La motivación es el arma más importante. Motivación y determinación por continuar. Físicamente, es una prueba dura, qué duda cabe, pero no es nada del otro mundo, en el fondo. Es la fuerza mental lo que necesitas para levantarte un día más y volver a caminar otros 40 kms.

Los pies

El PCT es muy duro para los pies. Son muchos pasos. No ya por la longitud total sino porque, en general, el trazado es sencillo, lo que libera de esfuerzos a otras partes del cuerpo y concentra mucho castigo en los pies. Conservar los pies en buen estado es quizá la asignatura más importante, en el plano físico.

Y…

¿Sabéis qué? ¡no se me ocurren más! Es así de simple. Tu ilusión y mantener la salud de tus pies. Es todo lo que necesitas para caminar de Méjico a Canadá sobre el Pacific Crest Trail.

Obstáculos

Dicho lo anterior, procede un comentario sobre ese pequeño par de cosas que sí suponen un cierto problema técnico. Tampoco se trataba de un paseo por el parque…

La nieve

“The snow was so awful that I’m sure even Ghandi would have murdered either Inaki or I for our snowshoes”

Rolling Thunder en Trail Journals, 12/06/06

En 2006, la nieve ha sido un problema mayor de lo habitual. Nevadas record en marzo y abril han tenido la culpa. La Sierra Nevada estaba aún muy nevada a mediados de junio y lo ha seguido estando bien entrado julio, incluso. Nieve primavera en condiciones de primavera: días soleados y temperaturas agradables, con noches y mañanas frías. Nieve muy húmeda, petrificada por la mañana temprano, firme hasta media mañana y deteriorándose después. El terreno no era demasiado extremo ya que, en esta zona de alta montaña, el sendero se olvida de la cresta y se dedica al más típico recorrido de valle-collado-valle. En este área se encuentra el tramo más largo en todo el PCT en el que éste no se cruza con ninguna carretera o pista y recorrerlo de un tirón, sin reaprovisionamiento, es un pequeño objetivo en sí mismo.

En estas circunstancias, el reto era doble: por un lado, la orientación, ya que el sendero era invisible durante horas y, a veces, casi, días. Por otro, conseguir vivir en la nieve durante tanto tiempo. La nieve dificultaba la progresión y convirtió el viaje en una serie de largas y extenuantes jornadas en las que apenas conseguíamos cubrir la mitad de la distancia a la que estábamos acostumbrados en terreno seco. Dos semanas con los pies mojados, con importante déficit calórico, a través de infinitos campos de suncups y con la certitud de estar escribiendo las páginas más memorables y bellas de todo el viaje.

Suncups en Bighorn Plateau

Nota: aunque dedicaré unos párrafos a las suncups en las páginas sobre el desarrollo del viaje, valga, por el momento, una breve descripción: se producen por el desigual grado de fusión de la nieve, propiciado este por cualquier elemento sólido que caiga sobre la superficie nevada; una piedra, una ramita… cualquiera de estas cosas recibe el calor radiante del sol, se calienta, a su vez, y provoca la fusión de la nieve que le rodea, formándose un hoyo, que constituye lo que en inglés llaman “suncup”. Las suncups pueden fácilmente llegar a tener un metro de profundidad. Caminar por un campo de suncups es tedioso y complicado.

Los ríos

Si hay algún peligro objetivo a lo largo de todo el PCT, es este. Ni la nieve, ni los osos, ni las serpientes, ni el hombre del saco sino los ríos. Si alguna vez sentí auténtico miedo… si alguna vez sentí que necesitaba ayuda y me sentí afortunado de tenerla o desamparado por no tenerla… fue ante una masa de agua en movimiento.

¡No bromeo! Dificultades en Mono creek
(foto tomada por Rolling Thunder)

Y ¿por qué no ponen puentes? Me suelen preguntar… Buena pregunta. Pues no lo sé. Supongo que varía según el caso. En ocasiones, el caudal primaveral, o en caso de lluvias intensas, del río en cuestión puede llegar a ser tan grande que obligaría a construir una estructura desproporcionada y aún así vulnerable y poco duradera. Creo que, en la mayoría de casos, se trata de intentar alterar lo mínimo posible el entorno y mantener la experiencia lo más conectada posible con el medio ambiente y sus cosas, lo cual incluye también sus dificultades. Sé que esto puede sonar un poco marciano en Europa, donde estamos acostumbrados a una naturaleza domesticada pero puedo decir que, a pesar de todo, no cambiaría nada de lo que he visto. Cruzar ríos supuso una asignatura complicada pero también un aliciente y un reto y contribuyó como pocas cosas a acercarme a esa conexión con el mundo natural.

Salud

La salud física es algo que damos por garantizado y sólo nos acordamos de ella cuando nos falta. Esto es especialmente cierto en la vida en el sendero, particularmente esa segunda parte. Pocas sensaciones más miserables que la de intentar seguir adelante cuando tu cuerpo no funciona bien. Lo malo es que, en cinco meses, hay muchas posibilidades de que algo no funcione bien.

En mi caso, sólo tres episodios problemáticos que se resolvieron solos pero me hicieron pasar algunos de mis días más penosos:

el único conato de enfermedad fue de lo más paradójico; en medio de los días más abrumantemente calurosos de todo el viaje (más de 40ºC, en el norte de California), pasé un día con evidentes síntomas de gripe: dolor de cabeza, de garganta y malestar general. No sé si llegué a tener fiebre pero hacía tanto calor fuera que no sé si hubiera importado. Me propuse caminar 43 kms. para llegar a una carretera desde donde alcanzar algún pueblo si la cosa se ponía peor y me arrastré como pude hasta allí. Con perspectiva, puedo decir que fue uno de los días más duros de todo el viaje. Recuerdo con claridad la sensación de alivio, abrigo y relax que sentí cuando por fin me pude hacer un ovillo en el saco. A la mañana siguiente, estaba mejor y pude proseguir con casi normalidad.

Los pies son uno de los peores sitios donde tener problemas y, por supuesto, uno de los sitios donde más problemas aparecen. Yo cuidé mucho mis pies pero bastaron unos pocos días de descuido para que me dieran un toque que no olvidé. Esas pequeñas estrías que aparecieron en la planta, junto a la base de los dedos, me dieron la murga durante unos cuantos días en forma de dolor y, sobre todo, preocupación por una posible infección en los polvorientos caminos del centro de Oregon. Recordé y retomé la buena costumbre de lavar los pies y airearlos en cada arroyo, lago o charco que me encontraba. Una vez cerradas, nunca volvieron a aparecer.

Y, por fin, llego a mi cuádriceps izquierdo. Nunca esperé un problema muscular, mucho menos tras 4 meses de camino pero el caso es que el dicho músculo se acalambró de tal forma que tuve que arrastrar la pierna izquierda durante varios días y, en menor medida, casi dos semanas hasta que la lesión terminó de desaparecer. Nunca dejé de caminar y nunca dejé de hacer los kilómetros debidos pero caminar con una pierna y media no fue nada agradable. Responsabilizo a los dos días de asfalto a los que los incendios me obligaron en el centro de Oregon pero reconozco que unos correctos estiramientos al final de la jornada lo hubieran, probablemente, evitado. Nunca volví a olvidar estirar. Bueno, casi nunca.