La línea roja es el PCT

La idea de este sendero es crear una ruta pedestre ininterrumpida a lo largo de las montañas occidentales de EE.UU. El nombre es un pelín equívoco y para comprenderlo hace falta mirar las cosas a gran escala, como hace falta hacer en Norteamérica, donde todo es tan grande: la cresta del Pacífico no está cerca del mar pero sí que supone la primera gran barrera montañosa según se mira desde la costa. Es un decir, porque las montañas están unos cientos de kilómetros tierra adentro. Son las montañas más grandes, las de amplias extensiones inhabitadas, perfiles alpinos y notables alturas: la Sierra Nevada y las Cascades.

El PCT recorre las montañas y las zonas semi-desérticas del sur de California para después introducirse en la impresionante Sierra Nevada y enlazar con las Cascades cerca ya del final del estado que no se acaba nunca; Oregon y Washington pasan más rápido. Lo más interesante de este recorrido no es ya la longitud, los paisajes o qué sé yo qué cosa que atraiga a cada cual sino el hecho de que todo esto, la práctica totalidad de los 4000 y pico kms, es naturaleza. No se trata del aislamiento de las regiones inhabitadas del mundo pero digamos que la civilización no está precisamente a la vuelta de cada esquina o, en términos más propios, al fondo de cada valle. A veces, harán falta cientos de kms para volver a verla.

Recorrer el PCT completo de una sola vez supone un reto logístico tanto como, o casi más, que físico; aunque, en el fondo, vienen a ser dos aspectos de lo mismo: etapas de cinco días entre puntos de reaprovisionamiento serán la norma (casi lo mínimo esperable) y de ahí hasta diez jornadas sin ver otra cosa que montañas. Eso, a un ritmo de unos 30 kms. diarios, el cuasi-estándar requerido para aspirar a llegar al final. Así, durante cinco meses.

En el fondo, el mayor reto es probablemente el psicológico: afrontar varios meses de soledad, de encuentro constante con uno mismo, de soportar el pensamiento abrumador de recordar todo lo que queda por delante… si no lo has hecho antes, es difícil saber si vas a poder. Sólo hay una forma de averiguarlo.

Thru-hiking

Mola la facilidad del inglés para fabricar términos nuevos y compactos. Dame un concepto, busca las palabras que lo definan, júntalas de alguna forma y ¡voilá!, palabro nuevo.

Cuando recorres algo de principio a fin, se dice (en el supuesto de hacerlo a pie) “hike through something”… I hike through, you hike through, everybody hikes through… pues, para representar el concepto de recorrer “algo” en su totalidad, he ahí el término: through-hiking. O, re-compactando la escritura, thru-hiking (la fonética queda igual). Y, claro está, el que practica (o aspira a) el thru-hiking es un/a thru-hiker. You can thru-hike the PCT.

Cuando decidí el nombre para este espacio web, no era del todo consciente de que, en cierto modo, era algo así lo que quería representar. Thru-hiking es algo así como Viajar a Pie. Si bien Viajar a Pie carece de la connotación de completar un cierto recorrido, en realidad esta acaba siendo una parte marginal del concepto de thru-hiking porque, a fin de cuentas, el objetivo no está tanto en la meta como en el viaje. No caminamos para llegar a un sitio sino para ver qué nos pasa durante el camino.

The Class

A la altura de 2006, se estima que alrededor de 300 senderistas intentan, cada año, completar el PCT de una tirada. Se estima también que un 60% llegan a terminarlo. En cualquier caso, hay un cierto vínculo que une a todas esas personas anónimas y no interrelacionadas: ellos forman la promoción de 2006 o, en inglés, “the class”. Si recorres el PCT, oirás este término a menudo. Serás parte de él.

La Ventana

La ventana para recorrer el PCT completo es muy ajustada: se necesitan alrededor de cinco meses; si bien es posible hacerlo en menos, no es algo ya al alcance de cualquiera, menos aún si se pretende no convertirlo en una carrera. Y más vale no tardar más. La distribución de los cinco meses tampoco da mucho juego: de sur a norte, el sentido habitual, el sur de California no suele ser practicable antes de abril (nieve en las montañas y posibilidad de tiempo violentamente malo) pero tampoco después de mayo, a causa del excesivo calor. En la Sierra Nevada, sería impensable adentrarse antes de junio sin ir preparado para condiciones invernales serias (nieve, hielo, etc.) y las mejores condiciones no llegan hasta agosto pero ¡no se puede esperar tanto! porque en las Cascades septentrionales el invierno llega habitualmente en algún momento de octubre; se considera muy aconsejable no demorar la finalización más allá del final de septiembre.

De norte a sur es incluso más complicado: las Cascades reciben cantidades enormes de nieve anualmente, por lo que no se suele poder comenzar a caminar por ellas hasta julio; y, en esa situación, hay que darse prisa por llegar a la Sierra Nevada lo antes posible y esperar que las primeras nevadas serias no lleguen antes de finales de octubre, lo cual puede ser mucho esperar.

Infraestructuras

A lo largo del PCT, no hay apenas refugios. Tampoco es posible llegar a una población o algo que se le parezca al final de cada día, ni siquiera a una carretera que dé acceso a algo así; de hecho, lo habitual es que se tarde varios días entre cada punto que permite esto y el siguiente. Eso es: a lo largo de varios meses, uno ha de estar acampando durante la mayoría de las noches. Es especialmente importante recordar que acampar no será una opción: durante la mayoría de esas noches, no habrá otra posibilidad, por lo que es fundamental llevar un equipo de acampada en el que confiemos de cara a las condiciones razonablemente peores posibles porque es muy probable que cuando sucedan no tengamos alternativa.

El PCT, en general, se mantiene alejado de poblaciones pero a veces cruza carreteras; éstas posibilitan acceso a núcleos de población que, a veces, están a distancias considerables (20 kms no son raros; y eso, para llegar a algún lugar bastante minúsculo). Ocasionalmente, el sendero pasa junto a una población pero esto es poco frecuente. Lo que sí sucede con cierta periodicidad es que el PCT cruce algún pequeño establecimiento turístico en las montañas; estos están pensados para estancias vacacionales y suelen consistir de algún tipo de alojamiento (hotel, bungalows, camping…) y una serie de servicios básicos entre los que suelen contarse algún restaurante o bar, oficina postal, lavandería y tienda básica. Lo básico de la tienda define si se puede repostar o no en estos lugares pero no suele ser posible. Por lo demás, si tienen un sitio donde comer (mucho), oficina postal y lavandería, son sitios muy interesantes porque permiten descansar y relajarse sin apenas salir del sendero.

El PCT está, en general, muy bien trazado. Fue ideado para poder ser recorrido a caballo (algo que en Europa puede sonar un poco marciano pero en América es muy habitual; algo queda de los tiempos de las pelis del oeste) y los grandes desniveles los resuelve a base de dar muchas vueltas. No obstante, al ser tan largo, no es raro que alguna sección esté a falta de una buena mano de mantenimiento.

Normalmente, hay puentes sobre los ríos más importantes, pero no es raro tener que vadear alguno, así como es habitual tener que vadear los arroyos, cosa que, dependiendo de la zona y la época, se puede hacer sin mojarse o se puede incluso llegar a tener que postponer hasta un momento de menor caudal. Según condiciones (y según los puentes sobrevivan a la primavera), puede haber vadeos con cierto riesgo en los que hace falta ir con cuidado.

La señalización depende mucho de la zona; comprensible, en un sendero tan largo. En general, no hay precisamente sobrecarga de señales pero tampoco hay tantos cruces como podemos estar acostumbrados a ver en Europa. La orientación no se suele considerar un problema en el PCT aunque, como de costumbre, mapa y brújula no deben faltar.