El PCT es una ruta profundamente remota, desde un punto de vista europeo, al menos. Muy poca gente y, la poca que hay, invariablemente equipada con una buena mochila y pertrechos para varios días. Salvo en puntos concretos, no es habitual encontrar otra cosa que no sean senderistas multi-día. Ni excursionistas, ni escaladores, ni ningún otro bicho habitual en las montañas en Europa. Aquí se viene a caminar y a acampar, esto está demasiado lejos de todo para hacer cualquier otra cosa. Esto crea un cierto ambiente especial. Es fácil sentir un cierto vínculo con la gente que uno se encuentra en el camino. Durante nuestras experiencias previas en el PCT, este factor nos impactó profundamente y nos hizo sentirnos muy bien. Siempre era una alegría encontrarse a alguien, sin excepción y, lo mejor, el sentimiento era mutuo. El filtro que impone el relativo aislamiento hace que hasta el PCT no llegue cualquiera y eso evita de un plumazo a casi todos los indeseables, que los hay por todos los sitios, también entre los montañeros/senderistas, independientemente de la actividad que practiquen.

Adicionalmente, el hecho de acometer la travesía completa del sendero crea un vínculo especialmente intenso con el resto de gente que va a intentar lo mismo. Son pocos/as, cada año, pero es fácil identificarse con quien ha sentido el mismo impulso que te ha llevado ahí.

La mayoría de los thru-hikers caminan en solitario. Algunos lo hacen en pareja (sentimental o no); es muy extraño encontrar grupos de más de dos. Es comprensible: el compromiso personal necesario para caminar durante meses y miles de kms. es suficientemente difícil de alcanzar con uno mismo como para, además, hacerlo coincidir con el de alguien más. Y supongo que vivir en tan estrecha comunidad durante tanto tiempo es toda una prueba para la relación más solida; hay que tener mucha sintonía con el compañero para que el equipo funcione.

El PCT tiene, para los que lo recorren completo, mucho de viaje personal y de viaje interior. Estar solo/a durante largos periodos es habitual pero no necesariamente algo inevitable. Ese vínculo inherente al hecho de ser parte de una la misma empresa (aunque sea de forma disjunta), contribuye a unir a la gente. Encontrar apoyo, físico y moral, suele ser una opción y lo mejor es, precisamente, que es nada más que eso, una opción, nunca una obligación, de forma que se evita que la posible compañía se convierta en la trampa insoportable que a veces puede llegar a ser.

ADZPCTKO: the Kick-Off

Ese pedazo de impronunciable acrónimo significa Annual Day Zero Pacific Crest Trail Kick Off y se trata de un pequeño evento de lanzamiento para la nueva temporada. Se concibe como un encuentro de nuevos y antiguos senderistas donde la gente se ve las caras, se intercambia información y se comparte la expectación que precede al recorrido. Dada la especial idiosincrasia de todo lo que rodea al PCT, el Kick-Off es el lugar donde puedes conocer al que ha escrito el libro que te has comprado o al que ha fabricado la tienda de campaña que vas a llevar.

Se celebra el último fin de semana de abril, cerca del punto de inicio del PCT en su extremo sur, en el momento habitualmente considerado como idóneo para partir hacia Canadá. En los últimos años, han surgido algunas voces discrepantes, ante el aumento del número de senderistas, tanto en el evento como, posteriormente, en el sendero, anormalmente concentrados en torno a unos recursos a veces escasos y pervirtiendo, quizá, al menos en parte (aunque esto es muy subjetivo) el carácter personal e intransferible de la experiencia. Por otro lado, el Kick-Off supone una ocasión especial para conocer gente afín y compartir algo intenso. Yo he participado en la edición de 2006 y me ha parecido algo encantador.

La escena social

Los senderistas del PCT son un grupo variopinto; si no en la procedencia social, sí al menos en su edad y situación en la vida, pero el nexo común es lo suficientemente fuerte como para derribar cualquier barrera, de forma que 40 años de diferencia en edad no impiden que dos senderistas puedan hablar el mismo lenguaje. Siempre tuve curiosidad por saber cómo encajaría yo en este ambiente y esta era, de hecho, una de mis grandes expectativas para este viaje.

Un viaje en el PCT es como un mundo dentro del mundo, con su propio entorno físico y social. Y las personas y sus relaciones son, como en cualquier otro entorno social, lo mejor y lo peor del cuadro, en sintonía con esa contradicción inherente, parece ser, a la condición humana. Es muy enriquecedor vivir en un ambiente donde la ilusión por lo que está pasando y la motivación son tan altas, en fuerte contraste con el gris uniforme habitual en nuestras vidas urbanas. Por otro lado, la vida se torna sencilla, básica, y esto hace más evidentes las actitudes egoístas o insolidarias que en el mundo urbano pasan más desapercibidas. No es lo habitual en el sendero pero, a veces, sucede. Supongo que nos pasa a todo el mundo, alguna vez.

Para mí, el contacto con la gente ha sido una parte importante, casi imprescindible, de una experiencia como esta. Tanto con el resto de thru-hikers como con otros senderistas, trail angels o resto del mundo. Las interacciones son de lo más variado e interesante y, como no puede ser de otra forma, se convierten en parte de tu bagaje personal. En el sendero, nunca importaba cuánta prisa tuviera por llegar a no-sé-dónde: aprendí a hacer siempre un hueco a los encuentros con otras personas y guardo muchas de esas conversaciones como una parte muy importante de lo que hoy en día soy.

Los alias

Tradición importada desde el Appalachian Trail, el sendero hermano de la costa este. Tiene cierto sentido: recorrer el PCT completo significa aparcar tu vida “normal” durante un tiempo y vivir una vida diferente, donde todo es distinto: el entorno, la actividad diaria, la gente… parece adecuado, por tanto, tener también una identidad específica. Tu nombre del sendero.

No vale elegirlo uno mismo. Los alias surgen, no se buscan. Una frase popular en el PCT dice algo así como “obtienes tu alias cuando haces algo estúpido y hay alguien allí para verlo…” No todos son así de crueles pero hay alias de lo más variopinto.

Siempre me gustó esto de los alias y siempre me hizo ilusión tener uno así que no me iba a negar (tampoco podía…) por muy ridículo que fuera. En el PCT, mi nombre es Rainskirt. Vaya usted a saber por qué