Distancia: 33 m / 54 km. Acumulado: 1780 m / 2865 km

Nuevamente, Mike madruga más que yo y sale pronto. Yo le sigo, al rato. El día amanece como terminó el anterior, con tiempo muy revuelto y tormentoso: viento y frío aunque, por el momento, no llueve. Por lo menos, parece que se ha limpiado un poco la atmósfera y ya no hay tanto humo. También debe ser que vamos dejando los incendios atrás.

La idea, tanto de Mike como mía, vuelve a ser acercarnos a Ashland lo más posible para llegar allí mañana por la mañana. Ashland es otra de mis paradas estratégicas, donde recibiré mi caja itinerante y me tomaré un día completo de descanso que considero absolutamente idóneo y merecido, a estas alturas.

El hito de hoy es que, por fin, California se acaba. Mike se alegra cuando, a media mañana, le alcanzo; me dice que, para él, entrar en Oregón es un momento muy significativo, es como volver a casa (él es natural de Oregón) y que esperaba tener compañía en ese momento. Y, claro, ¡qué mejor que la mía! Es broma, pero es cierto que aprecio mucho a Mike y creo que, más o menos, es mutuo. Yo también me alegro de estar con él en tan magno momento.

Magno momento que casi nos perdemos. Literalmente metros antes de la frontera, si se puede llamar así, el sendero pasa por una zona confusa donde, casi por primera vez desde la Alta Sierra, ¡lo perdemos! Y pasamos un rato buscándolo, en un terreno no demasiado fácil de cara a la orientación; intrincado, con numerosas y pequeñas vaguadas, mucho bosque y ningún valle claro.

El caso es que, el sendero, por fin, y por supuesto, lo encontramos pero ¿y la frontera? ¿La hemos pasado ya o no? Visto el mapa, sugiero retroceder, para asegurarnos de no perdérnosla. ¿Hay, a todo esto, algo que la indique? Mike dice que tiene que haberlo pero, a pesar de que avanzamos para atrás, no aparece… nuevo vistazo al mapa: “Vamos hasta ese recodo de ahí y, si no aparece, lo dejamos estar…” “Vale..”. Y, ahi, justo tras el recodo, aparece el escueto poste indicador que señala la entrada en Oregón. Aunque hayamos llegado ahí desde el lado equivocado, da igual. A Mike le hace mucha ilusión.

Sacamos las fotos y firmamos el libro de registro. Ya sólo quedan dos estados; chupado.

Pues eso, welcome to Oregon

El tiempo está mejorando y las nubes se empiezan a abrir. Si es que va a hacer bueno y todo. Paramos a comer. Mike me cuenta que en Ashland se va a encontrar con su mujer, que viene a visitarle. Y que, si coincidimos en la llegada, tengo coche garantizado (Ashland está a 20 kms.)… ¡esto es un amigo! Nada, nada… contigo hasta el fin del mundo, hombre… o, por lo menos, hasta el final de esta sección.

El caso es que, justo después, retomamos el camino y nos separamos; no sé por qué, pero el cuerpo me pide ir más rápido. Da igual, supongo que coincideremos en campamento esta noche.

Lo de la mejora del tiempo ha sido un espejismo y el cielo se vuelve a cubrir mientras el viento sopla fuerte y frío. El ambiente es tormentoso y hay una zona del cielo con nubes negro sólido, mientras empiezan a sonar truenos. Es cuestión de tiempo que el marrón llegue aquí y decido ir lo más deprisa posible para llegar a algún lugar resguardado antes de que empiece lo peor.

Veo en el mapa que, unos kilómetros más alante, bastantes aún, aparece señalado un refugio… un rara avis en estas montañas pero está casi al lado del sendero. No tengo ni idea de qué tipo de refugio es o en qué estado está pero, dadas las circunstancias, me vendría genial dormir bajo techo. La zona no parece demasiado expuesta y supongo que, si no hay refugio o no está en condiciones, siempre podré acampar por allí. La única pega es que está muy lejos aún y me arriesgo a que la tormenta me alcance antes de llegar.

El PCT atraviesa laderas sin lugares planos, que sólo se encuentran en los collados; en uno de ellos, me encuentro acampado a un trío que no esperaba: Flow Easy, Puff Puff y Snappy, a quienes no veía desde hace meses, en el sur de California. Su campamento está en un sitio relativamente bueno, bastante resguardado y a punto estoy de quedarme con ellos pero mi mente estaba puesta ya en el siguiente objetivo.

La última parte del día se convierte en una auténtica carrera, mientras los truenos suenan cada vez más cerca. Llego a la zona donde debería estar el refugio; al menos, hay buenos árboles y el lugar está resguardado pero, un poco más allá, aparece el edificio: de piedra, en perfecto estado aparente y con humo saliendo por la chimenea. Resulta ser un refugio libre, de sólo dos paredes y donde ya están instalados otros dos senderistas, responsables del humo de la chimenea. Qué bien; no sólo tengo techo sino que, además, tengo también compañía. Están haciendo una ruta de unos pocos días y, como de costumbre, alucinan con el tema este de caminar de Méjico a Canadá… que no es para tanto, hombre…

Llega a caer alguna gota y estoy encantado de estar bajo techo aunque, al rato, se abren claros y puedo ver la luna. El tiempo sigue revuelto pero ya me da todo igual, mañana llego a Ashland.

Fotografiar la luna con una compacta…

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