Distancia: 4 m / 7 km. Acumulado: 1803 m / 2902 km

Mis compañeros de refugio me invitan a café… ¡me vais a estropear el momento ese especial del primer café en el pueblo! pero cómo negarse, con el olorcillo ese.

El tiempo continúa tormentoso y, al poco de salir, me caen algunas gotas pero la mayor parte de la humedad que me llevo viene de los arbustos mojados. Y eso será todo porque, al rato, se empiezan a abrir claros.

Primeros encuentros con los bosques de Oregón

A pesar de haber acampado más atrás que yo, Mike ha vuelto a madrugar más y a adelantarme, y yo a alcanzarle, a poco de llegar a la carretera. Allí le esperaba Naomi, su mujer, que ha venido a visitarle en Ashland. Como no podía ser de otra forma, Naomi es otro encanto de persona (no podría ser de otra forma, siendo la pareja de Mike) y, además, y por supuesto, comprende perfectamente las necesidades senderistas y no hay discusión, por muy sucios que estemos, que lo primero es un gran desayuno; estamos justo a tiempo.

Ashland es muy bonito; el pueblo más grande por el que he pasado en todo el viaje, aunque tampoco demasiado y, además, bastante compacto; se puede ir andando a todos los sitios. Tiene relativa fama su festival de Shakespeare, que consiste en representaciones de las obras del sujeto y que trae muchos visitantes durante los meses de verano. Es por eso que parece difícil encontrar alojamiento a corto plazo, como nos cuenta Naomi. Yo tengo claro dónde voy a ir: al albergue, donde espero que no haya problema; no es el tipo de sitio al que van los turistas estándar.

Tras el desayuno, me despido de Mike y Naomi, acordando vernos en algún otro momento; yo voy a estar en Ashland hoy y mañana; ellos, también, por lo menos.

El albergue no abre la oficina hasta las 17.00 y no puedo incorporarme hasta entonces, lo que me fastidia porque estoy sucio, cansado y necesitaba una ducha antes de ponerme con mis tareas. Es más, quiero quitármelas de encima hoy para que mañana pueda ser un día de descanso de verdad, así que decido hacer las tareas sucio y con la mochila encima. Me aguanto.

Lo más importante es recibir la caja itinerante, sacar lo necesario, mandar adelante de nuevo el resto y, lo más trabajoso: hacer las compras; para la siguiente etapa y para dos cajas que mandaré por delante para cubrir mis provisiones a lo largo de Oregón.

Siempre está latente el miedo a que se pierda alguna caja en el correo; nada grave, si sólo es comida, no tan trivial si se trata de la itinerante, que guarda material costoso de reemplazar (guías y mapas, básicamente). Pues me dan un pequeño susto cuando no encuentran mi caja en la oficina postal… hasta que les pido buscar por esta otra letra y ahí aparece. No os preocupéis, si estoy acostumbrado… en mi país me pasa igual… (cosas de tener apellidos compuestos).

Una cosa que noto, según avanza el viaje, es que hacer las compras es cada vez más fácil: ya tengo claro lo que voy a comprar y en qué cantidades así que voy a tiro hecho. Incluso en esta ocasión, con ronda para tres etapas diferentes, voy todo seguido y sin dudar, ni en el qué, ni en el cuánto.

Salgo del supermercado con un carrito lleno, directo a la oficina de paquetería que hay enfrente. Lleno dos cajas que van hacia Shelter Cove y Big Lake; no hay apenas nada en esos sitios pero están casi junto al sendero.

Ya más tranquilo, vuelvo al albergue y tomo posesión de mi litera, de la ducha y de la lavadora. Una de las partes más divertidas de las estancias en los pueblos es el contacto con la gente y, especialmente en un albergue, donde todo el mundo es viajero, de algún tipo u otro. Mientras reempaqueto las compras, aparece un tipo diciéndome que necesita información sobre el PCT (va a recorrer una sección) y que el del albergue le ha mandado aquí: “Tiene” (por mí) “un acento un poco raro… como árabe… pero se le entiende bien…”

Pues no sé en qué se parece mi acento al árabe… ¡a lo mejor sí!… bueno; el caso es que el hombre este está bastante despistado con respecto a la sección de PCT que quiere hacer y tengo mucho que contarle. Lo gracioso es que, en algún momento, me pregunta mi nombre… “pero, entonces… ¿tú eres de España?”

Resulta que el colega era mejicano. A algunos mejicanos se les nota, físicamente, pero a este no. No es muy usual encontrar a un mejicano que haga senderismo pero creo que es aún más raro encontrar a un thru-hiker que venga de España. Dios los cría y el PCT los junta…

Él se llama Raúl y le pregunto cómo pronuncian eso aquí… “hmm… algo así como “Rol”…” (pronúnciese con “R”… bueno, anglo-americana)

No aparece ningún thru-hiker más en el albergue hoy y acabo cenando solo pero me pongo las botas igual. Me ha costado hacer hambre desde el desayuno.

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