Distancia: 20.3 m / 32.7 km. Acumulado: 817.6 m / 1315.8 km

Three Gallon ha decidido no subir Whitney y tomarse un día de descanso mientras Rolling Thunder y yo hacemos la ascensión. Rolling Thunder declarará que quería subir Whitney sólo para poder pasarse un día sin el mochilón a la espalda. Qué cachondo…

Madrugamos. Hace mucho frío por la mañana. El valle por el que subimos se estrecha y tarda mucho en llegar el sol. Empezamos a encontrar nieve pero está dura y se avanza muy bien. Por fin, el valle se abre y ahí aparece la pared oeste de Whitney. Agujas de roca casi verticales como las de una catedral gótica, o algo así pero, como ya estamos a 3400 metros, tampoco causa tanta impresión. Bueno, sí que la causa.

En algún lugar de esa pared hay un sendero excavado en la roca que permite subir caminando pero no conseguimos verlo. En la esplanada donde estamos, imposible encontrarlo, es todo nieve. La pared tiene corredores nevados y zonas de roca. La nieve de los corredores está petrificada y aún no le da el sol (¡está el propio Whitney tapándolo!) y nuestro material no nos da mucha confianza en esa nieve en pendientes de 60º y como el sendero, probablemente, donde esté, acabará teniendo que cruzarlos, decidimos olvidarnos de él y subir por las rocas en la zona menos empinada y evitando los corredores.

Todo va bien hasta que llegamos a un punto sin retorno: la elección es atravesar un corredor, aún congelado, de varios metros de ancho o hacerlo un poco más arriba, donde apenas son tres o cuatro pasos… pero, para llegar ahí, hace falta un pequeño paso de escalada. Un grado 4+, como mucho, pero muy expuesto y sin agarre posible para las manos. Después de analizar la situación, por mucho pánico que me dé el paso, tengo claro que mis crampones de juguete no son para esa nieve y esa pendiente. RT está de acuerdo. Cojo aire. No me puedo caer. Una caída sería fatal. Soy un cagao pero hay que dar el puto paso.

Detrás de mí, RT da el mismo paso como si nada. Ya dije que soy un cagao.

Aún queda el par de metros del corredor, pero se soluciona tallando unos escalones con el piolo. Unos metros más allá (ya lo habíamos visto) está el sendero. Un poco de pared más, y estamos sobre él, a salvo.

A partir de aquí, la subida es sencilla. El sendero está muy bien trazado y ya estamos cerca de la arista cimera, que está mayormente libre de nieve. Llegados a la cresta, nuestro sendero se une al que viene desde el este, la ruta más popular para subir Whitney, y empezamos a encontrar tráfico. Se puede subir Whitney en un solo día, aunque muchos prefieren hacer noche por el camino, pero siempre desde el acceso este. Desde el oeste, de donde venimos nosotros, es otra historia, se tarda varios días en llegar.

Vista al oeste. Desde ahí subimos, donde acaba la nieve

Es entonces cuando RT empieza a demostrar el auténtico valor de un compañero. Veréis: ayer, los Atomic Twins nos comentaron que, al encontrarse con otros senderistas camino a Whitney y comentar que eran thru-hikers, Méjico a Canadá, blah, blah, blah…, la gente, poseídos por esa extraña fuerza que anima a todo el mundo a hacer lo que puedan para ayudar a los thru-hikers, les regalaba comida… cosas que les sobraban, barritas energéticas, medio bocata… esa gente iba a volver a la civilización esa noche o la siguiente. Se nos cayó la mandíbula hasta el suelo al oír esto. ¡Comida!!! ¡Ese oscuro objeto de deseo! ¡Mañana (por hoy) es domingo!!! ¡habrá mucha gente en Whitney! A lo mejor a nosotros también nos regalan algo… Bueno, pues RT no esperó a que nos regalaran nada. Tan pronto como empezamos a cruzarnos con gente, sacó a relucir lo que iba a convertirse en casi un discurso: “Hola, qué tal, qué bonito día, blah, blah… somos thru-hikers en viaje de Méjico a Canadá y estamos un poco escasos de comida en esta etapa, ¿no tendréis algo que os vaya a sobrar hoy?” Así, con un par, sin anestesia ni nada. Yo me escondía detrás del piolet cuando le oía empezar pero sólo al principio; luego ya me acostumbré y ya hasta me reía, al tiempo que me descolgaba la mochila y la abría para ir cargando…

No os podéis imaginar la generosidad y buena disposición de la gente. Todo el mundo nos daba algo. “¿De Méjico a Canadá???!!!” “sí, estamos acampados allí abajo, hemos venido a subir Whitney…” “Nada, nada… necesitáis comida, a ver qué tengo…”. Trail Magic, lo llamamos.

La última parte de la subida era muy fácil, con sólo alguna colada de nieve que tapaba el sendero pero con una monumental huella que le quitaba hasta la emoción. La cumbre de Whitney es todo roca. Bueno, no ha habido nada más que roca en los últimos mil metros, en realidad. La vista es sublime. El Everest de la Sierra Nevada, no hay nada más alto. 4350 metros. La vista que más nos interesa es hacia el norte porque todo eso es nuestro futuro en las próximas dos semanas. Es difícil decir si las noticias son buenas o malas: mucha nieve pero mucha roca también. Las cumbres y crestas están limpias pero los valles de altura, no. La propia cumbre de Whitney está libre de nieve.

Todo eso hay que cruzar

El descenso es mucho más fácil, con el sendero localizado y la nieve ya reblandecida. Identificamos el lugar problemático de esta mañana y la verdad es que da respeto verlo. Ahora, los corredores de nieve se han ablandado y ya no es problema cruzarlos. Incluso, bajamos deslizando por alguno, cuando tienen una salida segura; ahorramos mucho tiempo y es muy divertido, pero acabas con el culo mojado.

A pesar de que lo hemos hecho lo más rápido posible, el viaje era largo y se nos hace tarde. Bajamos escopetados al encuentro de Three Gallon. Descansamos un rato al sol en la pradera y, con ojos como platos, hacemos acopio de todos nuestros nuevos tesoros comestibles:

Valor incalculable

Es curioso esto, y creo que merece un comentario, no por obvio menos revelador: nuestro mayor tesoro en este mundo es, ahora mismo, comida. Dinero, joyas, coches, calzoncillos de marca… nada; nada de eso nos serviría para nada ni nos haría levantar una ceja. Menciona la palabra “comida” y la cosa cambia. Una de las lecciones que aprendes en la montaña es el auténtico valor de las cosas. El verdadero, intrínseco, humano valor de las cosas, no ese valor más artificial que subjetivo de todas las gilipolleces superficiales de las que nos rodeamos en la vida urbana. El dinero no se come.

Cansados pero contentos, empaquetamos y para abajo, al encuentro con el PCT. La razón de salir ahora es Forester Pass, el punto más alto del PCT a 3960 m., por el que habrá que pasar mañana. Tenemos que acercarnos lo más posible para hacer el ascenso a la hora justa, a media mañana, cuando la nieve está más transitable; antes, está muy dura; después, demasiado blanda.

El PCT que, por cierto, a todo lo largo de la Alta Sierra, comparte su traza con uno de los senderos más famosos de norteamérica, el John Muir Trail, o JMT, hasta el punto de que, en esta sección, hasta Yosemite, todos hablamos del JMT. El JMT es uno de los puntos culminantes de un thru-hike en el Pacific Crest Trail.

Llegamos a Wallace Creek y empezamos el baile de torrentes que vadear. No me cabe duda que, en verano, Wallace Creek, como tantos otros, será un reguerillo pero ahora es un pedazo de río furioso que da miedo verlo. “A ver, Thunder, tú primer, que para eso eres el experto…”. No resulta difícil pero el agua está helada. Ya estamos mojados y en un mal momento, cuando queda poco tiempo de camino para secarse…

Poco antes del siguiente torrente, nos encontramos a algunos viejos conocidos de Kennedy Meadows y ocasiones anteriores: Elevator, Larry y Sandy. Están acampados en el bosque y tienen un fuego encendido. Nos anuncian que Wright Creek, unos minutos más allá, está demasiado crecido para cruzarlo y que han decidido esperar a mañana. Y que nos recomiendan hacer lo mismo. Con el frío que hace ya, lo mojados que estamos y la fogata encendida, no nos lo tienen que sugerir dos veces. TG y yo vamos hasta el torrente a coger agua y, joder, ya puede bajar un poco el caudal mañana… ahora, de verdad, da miedo.

Agradable velada al fuego. Mañana empieza lo serio de verdad. No que hasta ahora fuera broma pero mañana nos metemos en el terreno más comprometido de todo el viaje. 6 grandes collados nos separan del lago Edison y Vermillion Valley. Ya estamos ahí.

El típico campamento en la Sierra, la típica foto desenfocada porque ya hay poca luz…

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