Distancia: 13.5 m / 21.7 km. Acumulado: 847.1 m / 1363.3 km

Nueva mañana gélida; estamos en el fondo del valle, entre montones de nieve, cerca del río y rodeados de montañas nevadas por los siete costados, receta segura para que el aire frío se haga fuerte a nuestro alrededor. Salimos pronto, mientras Elevator trata de sacar del saco a Larry y Sandy, que no parecen muy dispuestos.

Un corto tramo de descenso hasta alcanzar el recodo en el valle, punto en el que el PCT lo abandona para empezar a zigzaguear pared arriba. Esta primera parte de la subida está libre de nieve, al estar sobre una ladera empinada de orientación sur. Subida ininterrumpida hasta un collado a 10800 pies (3240 m.), donde el terreno se nivela, la nieve lo cubre todo y hay que empezar a consultar el mapa, al tiempo que tenemos estas vistas de la pirámide perfecta que es East Vidette:

East Vidette y el descenso de ayer

Desde donde estamos, parte la popular ruta hacia Kearsarge Pass que, cruzando la divisoria principal en dicho paso, permite salir de las montañas hacia el este y alcanzar una carretera en menos de un día; muchos thru-hikers utilizan esta vía de escape para partir en dos la travesía de la Alta Sierra y evitar llevar tanta comida. Nosotros tenemos como objetivo hacerlo de un tirón hasta Vermillion Valley y para eso cargamos mucho peso y/o pasamos mucha hambre los primeros días. Debo decir que el racionamiento, en mi caso, ha sido relajado un poco, habida cuenta que las reservas de comida van bien y que aquí la necesidad calórica es máxima. Entre esto y la grandeza del paisaje, ya casi ni me acuerdo de la comida.

Tenemos que hilar fino para encontrar la entrada al vallecito colgado que da acceso a Glen Pass y ahí nos topamos con pendientes de nieve aún muy dura que requieren crampones y mucho cuidado. Salimos del límite del bosque y la orientación se simplifica: la cabecera del valle está en una cubeta glacial, con el habitual lago, aún congelado, desde donde progresamos por un escalón que nos deja en otra cubeta superior, ya a la vista del collado.

Glen está más o menos a la mitad de la lista de dificultad de los altos pasos del JMT. Tan “solo” 3400 m. La aproximación es, como es habitual, por una cara sur que, en este caso, está bastante soleada y tiene tramos sin nieve en los que podemos ver los zigzags del sendero. Elegimos la ruta menos nevada posible que no nos haga dar mucho rodeo y llegamos al collado sin más novedad sobre las 11 de la mañana.

Esto ha sido la subida hasta Glen

Nueva vista gloriosa desde la cima del mundo, amplificada esta sensación por el hecho de que los picos situados en la misma cresta no son demasiado prominentes ni el collado demasiado profundo. Podemos ver, a lo lejos, lo recorrido ayer e intuir la localización aproximada del paso Forester.

Hacia el otro lado, mundo nevado: vemos claramente los Rae Lakes, justo en el límite del bosque, referencia inequívoca ya que el invisible PCT/JMT pasa entre ellos. De hecho, se puede vislumbrar el sendero emerger de entre los lagos en la ladera del valle, allí abajo, lo que nos anima a pensar que, una vez llegados allí, podremos caminar sin mucha nieve. No sabíamos aún lo equivocado de la apreciación.

El primer escalón en el descenso de Glen es empinado y, estando en cara norte, no es aconsejable deslizar, así que bajamos a pata hasta una primera cubeta. Dudamos si cambiar a raquetas. A la vista de la proximidad del siguiente escalón, decidimos en contra. Esta segunda parte de la bajada resulta muy irregular, en terreno e innivación, con zonas de nieve blanda y profunda; otras, de nieve dura y, finalmente, una delicada travesía antes de bajar al fondo del valle principal y el primero de los Rae Lakes. Lo que parecía que iba a ser una bajada meteórica y sin esfuerzo se ha convertido en una progresión complicada y bastante lenta y notamos como la moral baja algunos puntos. El espléndido entorno es algo a lo que ya nos hemos acostumbrado y contribuye menos a sostener el ánimo. Estamos cansados.

Pero ¡no importa!. Ya estamos abajo; ahora, sólo hay que cruzar el istmo entre los dos primeros lagos de la serie y llegar a ese tramo de sendero que vimos desde lo alto en la ladera de enfrente y desde donde esperamos poder caminar como personas normales… qué poco imaginábamos aún que lo peor estaba por venir…

Yo no sé hasta qué punto era dificultad física del terreno o baja moral general del grupo pero el tramo entre ambos lagos fue de lo más desquiciante que habíamos recorrido hasta entonces. Un istmo aparentemente corto (o así lo había parecido desde la distancia, al menos) pero que no se acababa nunca. Nieve muy blanda y profunda, nos hundíamos en cada paso hasta la rodilla o la ingle. RT sugiere sacar las raquetas y yo “qué va, tío, si ya no queda nada…” y el terreno no era nada adecuado para las raquetas, lleno de cortas pero empinadas subidas y bajadas, una detrás de otra. Quizá esto fue lo que más nos desquició: pensar que ese era el último montículo… pensarlo por vigésimocuarta vez… sólo para encontrar que aún había más…

De alguna forma, por fin, conseguimos alcanzar la ladera opuesta del incipiente valle, pensando que había sido difícil pero que ya había pasado… ahora, ya sólo había que seguir valle abajo e ir perdiendo de vista la nieve…

Glen Pass desde los Rae Lakes

Bueno, pues no había acabado ahí el calvario. El trocito de sendero avistado es, efectivamente, el PCT pero no dura nada; El valle desciende muy lévemente, es casi plano y, encajonado entre grandes paredes, ha conservado muchísima nieve. Encima, el terreno no es adecuado para las raquetas, a causa de demasiadas calvas… ¿por qué no distribuyen la nieve mejor??? Y ahí vamos, presionados por la hora, extenuados por el esfuerzo y viendo cómo no podemos progresar todo lo ágilmente que pensábamos.

Cuando, al borde de la cota 3000, nuestra ladera, orientada al oeste, empezaba a mostrarse algo más libre de nieve, el sendero decide cambiarse a la más umbría ladera de enfrente, regalándonos un fácil pero profundo vadeo (agua por la cintura) y un rato más de nieve paposa. A estas alturas, estamos ya bastante hartos. Hartos y preocupados por la perspectiva de varios días más de esta rutina. Ayer fue divertido; hoy, por alguna razón, está siendo duro. Descorazonador, desquiciante, no sé… físicamente, ayer también fue difícil pero, con buen ánimo, todo se llevó bien. ¿Qué ha cambiado hoy? ¿El terreno o nosotros?

Esta noche será tema de conversación: terapia de grupo. Al menos, compartir las cosas ayuda. Intentaremos que no vuelva a pasar.

TG mide casi 1.90

Necesitamos que el valle tome, por fin, un decidido tono descendente para empezar a ver más suelo que nieve. Pasamos junto a una huella de oso, reciente, marcada en un nevero y nos reímos cuando, metros más adelante, vemos la misma huella con claros signos de haber deslizado… ¡los osos también resbalan! No somos los únicos torpes del monte. La mejor instancia de la misma huella es cuando la vemos marcada en el barro. Nos alegra ver estas huellas pero esta empieza a ser la hora en la que uno prefiere no tener osos cerca.

El plan para hoy era similar al de ayer: avanzar y acercarnos lo más posible al siguiente paso, Pinchot, con la diferencia de que, esta vez, la distancia entre ambos pasos es mayor. Idealmente, deberíamos completar el descenso y hacer parte de la subida que, esta vez, va a ser bastante larga pero, cuando llegamos al punto más bajo, es tarde y estamos cansadísimos. Nadie quiere ser el “cobarde” que lo sugiera pero, cuando alguien dice que quizá sería mejor quedarnos ahí, todos estamos de acuerdo. A la mierda la subida a Pinchot. Mañana será otro día.

Acampamos junto a Woods Creek, el torrente que hemos ido siguiendo durante horas y que ahora se ha convertido en un río enorme y furioso. Menos mal que, aquí, hay un puente que cruzaremos ya mañana. Vemos cómo empiezan a aparecer nubes desde el oeste, al tiempo que un viento frío. Es mal augurio. Hoy, montaré el tarp.

This entry is part 15 of 118 in the series PCT Relato Completo
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