Distancia: 15.1 m / 24.3 km. Acumulado: 862.2 m / 1387.6 km

Hoy se repite el escenario anterior: el valle principal gira al oeste (para, muy, muy lejos de aquí, acabar saliendo de las montañas) y, justo en ese punto, el PCT/JMT toma un valle lateral que conserva, más o menos, la dirección norte y nos lleva para arriba a lo largo de unos espectaculares tramos en los que el arroyo correspondiente se desliza sobre placas de granito. Las nubes de anoche siguen ahí pero, por encima, apreciamos cielo azul, con lo que no parece un frente. Nubes de condensación, probablemente, que no parecen augurar mal tiempo. Según subimos y avanza la mañana, se van disipando.

Después del varapalo emocional de ayer, nos consideramos puestos en nuestro sitio y subimos con buen ánimo, dispuestos a que la travesía de Pinchot Pass se parezca más a la de Forester que a la de Glen. Pinchot es, según la literatura, delicado. La localización es un tanto tortuosa: no se trata de enfilar un valle de altura y seguirlo hasta el final, como en Forester, sino en subir a las alturas y empezar a transitar por grandes esplanadas, ganando altura en escalones sucesivos y sin poder avistar el collado hasta casi el final.

De momento, subimos por una soleada ladera de orientación preferentemente sur, con lo que encontramos poca nieve hasta, más o menos, esa cota 3000 donde el terreno se tumba, el valle se amplia y la línea va casi directa al norte y ya asumimos que, a partir de aquí, nos olvidamos del camino y damos los buenos días a las suncups. Ya estamos de vuelta en la alta montaña y apenas quedan árboles así que la orientación a la vista funciona bastante bien, aunque hay que ir tomando referencias intermedias. A veces, es difícil a causa de la visión de túnel que nos ofrecen nuestros mapas, lo que dificulta mapear el terreno. Hay que hilar fino pero RT es más preciso que un GPS. Mucho tiempo después, supe de gente que se perdió buscando Pinchot Pass. No era difícil pero, ya digo, era necesario hilar fino… o tener al lado a Rolling Thunder.

A la izquierda del pico picudo (Mt. Wynne)

Pinchot es el clásico collado perfecto, amplia y redondeada hendidura en una pared inexpugnable. El típico puerto que pide pasar por él. En la ladera final, faltan algunos trozos de nieve y se pueden intuir los zigzags del sendero. Llegamos arriba a una hora relativamente buena, dada la longitud de la ascensión. Pinchot Pass, 3640 metros.

Reponer fuerzas con vistas: Pinchot Pass

La vista hacia el norte es especialmente abierta y reveladora de lo que nos espera. Podemos, incluso, casi llegar a ver Mather Pass, el siguiente de la lista. Confirmo con la brújula que Mather está al fondo de aquel valle de enfrente, apenas oculto por una cresta cercana. La distancia entre Pinchot y Mather es la más corta entre dos pasos del JMT y esto son buenas y malas noticias: por un lado, hoy necesitaremos menos recorrido para aproximarnos a Mather durante la tarde pero, por otro, el descenso va a ser tan leve que ni siquiera vamos a bajar de los 3000 metros. Este dato y la vista hacia el norte desde el propio Pinchot nos confirma que, muy probablemente, hoy no vamos a salir de la nieve.

Una corta bajada desde el collado y ya es todo casi plano durante unos cuantos kms., terreno ideal para las raquetas, a las que sacamos mucho partido. Debo decir que negociar suncups con las raquetas no es precisamente fácil pero no deja de ser un poco mejor que sin ellas.

Este tipo de travesías, a lo largo de los valles de altura, son de lo más espectacular, sea en la aproximación a los pasos o al bajar. La bajada desde Pinchot es un valle abierto y rectilíneo de vistas gloriosas y esto, yo creo, nos recarga las pilas que ayer se nos vaciaron. Volvemos a caminar contentos aunque lo de caminar es un decir porque eso que uno hace en los campos de suncups tiene sólo cierto parecido con el concepto de caminar… pero ahí vamos, por estos parajes tan increíbles y con buen humor.

Nuestro valle está colgado encima de otro transversal, el que ve nacer al Kings River, y tenemos que bajar un talud hasta dicho valle, cruzar el infante Kings y continuar hacia el norte para entrar en el valle que nos llevará derechos a Mather Pass, en una aproximación franca similar a aquella de Forester. Justo antes del talud, un pequeño recodo de nuestro valle nos abre la vista de aquel por el que luego tendremos que subir:

Aquel collado redondeado al fondo es Mather Pass y, efectivamente, todo el trayecto está nevado.

Mantenemos las raquetas durante el descenso, hasta que la cosa se empina demasiado y las risas están a un paso de transformarse en otra cosa. Abajo del todo, a 3000 metros, cruzamos el río, un vadeo delicado pero no difícil, y hay que empezar a subir otra vez. Hay algo de terreno despejado pero muy poco; es casi todo nieve y, según subimos, eliminamos el “casi”. Por primera vez desde que entramos en la Alta Sierra, culminamos el día sin la esperanza de estar avanzando hacia terrenos más amables para acampar y nos preguntamos si conseguiremos encontrar terreno seco.

Aparecen nubes y, al ocultarse el sol, empieza a hacer frío. Estamos cansados y la subida se hace muy dura; no por la cuesta, que es muy suave, sino porque la nieve no da tregua, no se encuentran apenas ni siquiera las islas de roca que suelen servir para dar un respiro y tenemos que echar mano de la épica para animarnos a seguir. El ánimo es bueno pero el mal tiempo que parece que se avecina nos pesa mucho. Hoy es la peor noche para capear mal tiempo. Hasta ahora, acampábamos en el bosque, en la cota más baja posible; hoy, lo haremos, en el mejor de los casos, en el límite de los árboles, donde estos ya son bastante pequeños y escasos.

Un par de vadeos fáciles nos dejan los pies congelados cuando ya no hay sol que les caliente. Algo nos dice que avancemos cuanto podamos; otro algo, que nos paremos cuanto antes. En un universo de nieve, encontramos una milagrosa isla de terreno seco con el espacio justo para nosotros tres. Tenemos, incluso, agua corriente y no hace falta consultar ni con la mirada, el consenso es telepático e inmediato: nos quedamos aquí.

Hoy sí hace falta un techo

Las nubes ya cubren todo el cielo y, esta vez sí, son altas, lo que parece indicar la llegada de un frente. No podía llegar en peor momento, cuando estamos lo más lejos posible de cualquier tipo de civilización o vía de escape, pero no nos queda más remedio que esperar que la cosa no se ponga muy mal. Por el momento, caen unas pocas gotas pero la siguiente vez que me atrevo a sacar la nariz veo alguna estrella. No todas, pero sí alguna.

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