Distancia: 18 m / 29 km. Acumulado: 912.7 m / 1469 km

Esta mañana es, probablemente, la más fría hasta la fecha. Sé que ya he dicho esto un par de veces y es que el frío más intenso es el que sientes en el momento pero el caso es que aquí tenemos la mezcla justa para congelarnos: mucha altitud (2900 metros) y el efecto catabático inevitable en el fondo de un valle lleno de humedad. Y la propia humedad, que disminuye mucho la sensación térmica. De hecho, cuando hablo de frío, hablo del que siento, o sentimos, más allá de lo que diga el termómetro; y, en esas condiciones, creo que esta fue una de las mañanas más frías de todo el PCT.

La comida ha estado bien conservada esta noche

Una buena forma de olvidar el frío es caminar; otra, tener algo más preocupante en lo que ocupar la cabeza. Bueno; pues, ahora, nuestra preocupación se puede expresar, más o menos, en esta imagen:

Por razones obvias, esta vez no habrá fotos de senderistas mojándose, como no las habrá en casi ninguno de los siguientes vadeos difíciles; una pena, hubieran quedado muy bien… pero, en Evolution Creek, no estábamos para fotos.

La de arriba está sacada, si no recuerdo mal, después de cruzar y, por sí misma, tampoco dice mucho… no se ve la profundidad. Complemento la foto, pues, con un comentario necesario: cubría mucho, más allá de la cintura y hasta el pecho, según zonas. Llega el esperado momento en que RT nos va a instruir en esas técnicas kiwis para cruzar ríos; este es el sitio ideal.

Lo bueno de un río de estos es que, si la corriente te hace perder pie y te arrastra, al menos, aún puedes nadar. Nadar con la mochila puesta no es lo mismo que sin ella pero como no se trata de hacer un crawl académico sino de llegar al otro lado como sea, la mochila puede incluso ayudar, porque tiende a flotar. En el aspecto negativo, ese mismo efecto es, junto con la fuerza del agua, lo que te puede hacer perder pie ya que, una vez que el agua empieza a tocar la mochila, esta empieza a tirar de ti hacia arriba.

Blah, blah, blah… ¡nada de esto aplica en nuestro caso! porque vamos a usar esa depurada técnica que RT ya nos ha explicado en alguna ocasión. A ver cómo lo resumo…

Se trata de formar una cadena; de tres, en este caso. Cada uno pasa la mano entre espalda y mochila del compañero adyacente y se agarra a la parte baja de la hombrera de ese lado, donde ésta se une al cinturón lumbar. Nos colocamos de forma que la cadena ofrezca la menor resistencia posible a la corriente, es decir, paralelos a ella. El más liviano (Rolling Thunder, en este caso) se coloca aguas arriba, el primero; su misión es cortar el agua y servir de parapeto a los demás. El más fuerte (Three Gallon) va segundo y es el que dirige el cruce. El resto (yo), van de paquete. El grupo avanza en un ángulo de 60º, es decir, cruzando en una diagonal que permita utilizar la propia corriente como ayuda a la progresión. El primero y el último usan un bastón en la mano libre.

El éxito de esta técnica queda evidenciado por la diferente percepción del vadeo que tuvimos unos y otros: para mí, fue sencillo, o eso me pareció. Entramos en el agua, avanzamos poco a poco; el fondo era liso y el agua, transparente; sin sorpresas. Desde mi posición, se trató simplemente de avanzar despacio y con calma. Cubría mucho, casi hasta el pecho, pero no sentí la fuerza del agua. RT, sin embargo, dijo que le pareció bien hecho pero difícil, que la corriente era muy fuerte y que él, por momentos, no tocaba el fondo con los pies.

Esa es, aparentemente, la clave de esta técnica: el primero se lleva el susto pero está a salvo, agarrado a los demás; y los de detrás cruzan con aparente facilidad. Lo más importante, percepciones aparte, es que la maniobra es muy segura. Salió muy bien.

Contentos por nuestro pequeño logro, avanzamos valle abajo hasta que, minutos después, vemos el panorama: Evolution Valley es un valle colgado y ahora hay que descender un importante talud para llegar al fondo del valle principal, el del río San Joaquín. Y, justo al inicio de dicho talud, la hasta entonces tranquila Evolution Creek se precipita al vacío en una serie de cascadas:

Evolution Creek, cayendo en picado

Ese pacífico río que acabábamos de cruzar se ha convertido en un rugiente maremagnum de espuma y salpicones. Ahora, es un río furioso. Esto da que pensar: se podía cruzar nadando pero mejor no demorar mucho la llegada al otro lado.

Miles de zigzags para bajar al río San Joaquín, donde encontramos, esta vez sí, un buen puente. El San Joaquín no es ya un torrente crecido en primavera sino un río con mucho caudal y cauce; sería muy difícil de cruzar. De todas formas, la presencia del puente evidencia nuestra llegada a terrenos más trillados. Hoy, de hecho, pasaremos relativamente cerca de la civilización; un remoto puesto pero civilización, al fin y al cabo.

Se evidencia también la pérdida de altitud. Estamos a 2500 metros y, según bajamos por el valle, llegamos a la inédita cota de 2400, antes de empezar a subir otra vez. Caminamos por un buen sendero, sin árboles caídos y sin una gota de nieve. Hace un calor que desconocíamos desde hace muchos días y, cuando paramos a descansar, buscamos la sombra.

Ante todas estas novedades, el mayor choque es el que sucede cuando nos encontramos con ¡gente!. Desde que bajamos de Whitney, no habíamos visto a nadie más que Larry, Sandy y Elevator, que deben venir aún detrás nuestro, y otro senderista, cerca de Glen, que estaba haciendo una sección. Esta vez, sin embargo, ahí, al otro lado de ese puente, hay una pareja descansando a la sombra de un árbol. Y llevan unas mochilas pequeñitas de las que regalan con las tapas de los yogures. ¿De dónde han salido estos??? Para nosotros, suponen una estampa tan extraña como ver a un marciano haciendo calceta, pero la impresión sólo dura el momento que tardamos en recordar que, aquí cerca, está Muir Trail Ranch, un establecimiento rústico-turístico, sólo accesible por sendero previo viaje en barco en un lago. Vamos, que no se llega en autopista, 20 minutos desde San Francisco, precisamente… pero, claro, hay gente alojada allí y salen a dar un paseo. Estos nos informan que acaban de abrir el lugar, ese mismo fin de semana. Todo va tarde este año, con toda la nieve extra que, aquí, ya ha desaparecido pero sabemos bien de qué se trata.

Pasamos por el cruce que, en unos pocos kms., nos llevaría a Muir Trail Ranch. No hay tentaciones. Nuestra “civilización”, esto es, nuestra nueva tierra prometida, llegará mañana. Y ¿qué ha sido de nuestras reservas energéticas durante todos estos últimos días? Tan entusiasmado estaba yo escribiendo sobre collados, suncups y valles glaciales que ni me he acordado de comentar cómo iba el tema alimenticio pero esto no es más que un reflejo de lo que sentía durante el recorrido; es así: todo era tan glorioso que hasta las penurias nutricionales quedaban en segundo plano. No me acordé de ellas durante el trayecto y no me han venido a la cabeza al contarlo.

La cosa cambia ahora que ya casi estamos ahí y nos podemos empezar a permitir soñar con comida ilimitada. La conversación va derivando hacia ahí. Hasta ahora, evitábamos intencionadamente sacar el tema por no hurgar en la herida… la tortura compartida no es menos tortura… pero, a estas alturas, es casi como una forma de acentuar el padecimiento para que su final sea, si cabe, aún más glorioso.

Pues, por mi parte, mis provisiones van relativamente bien. Llegaré a Vermillion Valley sin una migaja pero llegaré. Sin ayunar y, si todo va bien, sin pasar más hambre de la habitual.

Tocamos fondo y comenzamos a ascender de nuevo. Nuestra intención inicial era acercarnos lo más posible a Selden Pass y cruzarlo mañana pero, a lo largo del día y como se nos ha dado bastante bien, vemos la posibilidad de superarlo hoy. Pensamos acampar en el primer trozo libre de nieve que encontremos tras Selden. De esa forma, nos aseguramos llegar al lago Edison a la hora requerida; esta vez, nuestra llegada a la civilización viene con un horario: el del barco que, un par de veces al día, cruza el lago. Necesitaremos llegar a tiempo del viaje de la tarde. Sólo el barco nos puede llevar a Vermillion Valley Resort. Bueno, para ser exacto, se puede llegar andando también… pero son bastantes millas más. No sé si mi cuerpo las podría aguantar (seguro que sí) pero sí sé que mi mente no. Creo que los demás piensan igual. Hay que llegar a tiempo de coger el barco, punto pelota.

Durante el ascenso, nos cruzamos con más inquilinos del rancho, que vuelven de su excursión. Unos nos advierten, con mucha solemnidad, que tengamos cuidado ahí arriba, que hay mucha nieve. Hmm, gracias por el aviso.

TG insistía que habíamos pedido comida. RT no lo tenía muy claro y yo insistía en que no. En mi visión de la jugada, el tema, simplemente, surgió en la conversación y, cuando mencionamos que íbamos con importante déficit calórico (cierto), el hombre este dice “pues a mí me ha sobrado la comida de hoy…” y saca una bolsa con un par de bocatas, una pieza de fruta y unas chuches… “ala, tomad; si yo ya no me la voy a comer…”. Un rato más tarde, nos dimos un modesto festín, repartiendo las cosas, como buenos compis:

RT, te estoy viendo colar un montón más grande que otro…

Vuelta a la rutina: la subida abandona la ladera del valle, alcanza una zona tendida y ya estamos en la nieve otra vez. Adiós al sendero y mucho cuidado con la orientación porque esta vez estamos aún a falta de encontrar la puerta al valle correcto. Muchos árboles aún… parece que, según viajamos hacia el norte, la cota de nieve va descendiendo, esto es, cada vez hay más. Aún así, no debería tener mucha pérdida; seguimos hacia arriba y, cuando llegamos al borde del valle que da acceso a Selden, sabemos que estamos ahí.

Preciosa travesía de una cuenca nevada más y el único problema es que se está haciendo preocupantemente tarde. Ahí, al frente, aparece el collado, menos glorioso que otros y, aunque en la aproximación es todo nieve, la subida final al paso está bastante despejada. Selden es el menos alto de los seis grandes, “sólo” 3270 metros.

Selden Pass

No sabemos lo que encontraremos al otro lado y cargamos botellas en un reguerillo para que el agua no sea un problema a la hora de elegir campamento. Ya no da el sol y empieza a hacer frío. Muy tarde ya pero sin más novedad, llegamos al paso e, inmediatamente, la telepatía vuelve a funcionar: “yo creo que en el hueco ese cabemos todos…”

La cima de Selden no es un campo de fútbol pero hay un buen trozo despejado de nieve justo en lo más alto y resguardado por bloques de granito. Un buen sitio para acampar con buen tiempo y, hoy, desde luego, no puede estar más tranquilo. No se hable más, nos quedamos aquí.

Selden no es el más vistoso de los puertos del JMT y, de hecho, es probablemente el menos espectacular de los seis principales pero no deja de ser un grandioso vivac.

Ya casi lo hemos conseguido.

Un escalón para cada uno en Selden

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