Distancia: 0 m / 0 km. Acumulado: 930 m / 1497 km

Un día de descanso es lo absolutamente mínimo que nos merecemos. Hablamos de tomarnos dos pero ya iremos viendo. La dinámica en VVR es, simplemente, adorable, perfecta. Me gustan mucho estos lugares (Kennedy Meadows me viene a la memoria) donde tienes todos los servicios básicos necesarios (comida, ducha, lavadora… ¡eso es todo!) y nada más; es como seguir en las montañas y, de hecho, en las montañas seguimos. Mi única misión, ahora, aparte de los “deberes” habituales (lavar, lavarme…) es descansar, cuerpo y mente, lo cual incluye permiso permanente para comer, a todas horas y en las cantidades que quiera. Ni siquiera me he puesto a valorar si el lugar es, como dicen, caro o no… me da igual, me merezco todo y no puedo pensar en forma mejor de gastarme el dinero. Y, entre comida y comida, me agrada mucho poder charlar con la gente que pulula por aquí. Hecho un poco de menos, en ese sentido, otros thru-hikers, con los que siempre la interacción es de lo más enriquecedor pero Todd y Dan se marchan en el barco de la mañana, que vuelve vacío; no hay nadie más, de momento. De todas formas, siempre hay alguien dispuesto para la conversación, sean pescadores, empleados del VVR u otros animales, con el añadido de que, aunque nosotros no nos demos del todo cuenta, los thru-hikers somos gente con una historia que contar y el resto del mundo nos trata con mucho respeto y curiosidad.

RT no parece disfrutar tanto del lugar. Su hiperactivo carácter le tiene cual león enjaulado, siempre buscando algo que hacer, y me temo que no le vamos a sujetar aquí más allá de mañana. TG es más tranquilo.

Esperamos al barco de la tarde como en las pelis antiguas, a ver si viene alguien y, esta vez sí, aparecen nada menos que los Atomic Twins (Atomic & Sub-Atomic), a quienes no habíamos visto desde Crabtree Meadows, en la base de Whitney. Iban delante nuestro pero escasos de comida y tomaron una vía de escape para reaprovisionarse. Me agrada tenerles aquí. Los Atomics son dos chavales muy jóvenes, alrededor de la veintena (cada uno…), de los más jóvenes que he visto entre todos los thru-hikers de este año. Tienen un carácter de lo más entusiasta y divertido y, sobre todo, me asombra y admira su madurez y saber estar; a esa edad, yo me chupaba el dedo, todavía.

The Atomic Twins

Una prueba de lo desenfadado del VVR: los Atomics se las han arreglado para llegar aquí empapados; según nos cuentan, intentaron atajar y, de hecho, atajaron en el tramo previo al desvío al lago Edison pero a costa de tener que vadear Mono Creek y, entre eso y el barro posterior en el sendero al lago, están hechos un asco. Estamos sentados con ellos y alguien comenta, dirigiéndose a Sub-Atomic, que qué está haciendo… bajo él o, mejor dicho, bajo su silla se ha formado un amplio charco marrón. No os penséis que nadie en VVR le dijo nada: allí saben que, para un senderista, lo primero es comer y todo lo demás es secundario y deberá venir después. “Let me go back to my puddle…” comentaba, en una ocasión y entre risas generales, Sub-Atomic al volver a sentarse.

Otra cosa simpática de VVR está relacionada con la forma de cobrar. Admiten tarjetas pero, como la conexión con el mundo exterior es vía satélite y cuesta un pastón, te cobran al final de la estancia, de forma que, mientras, te lo van apuntando en una cuenta. Muy conveniente: entras al almacén, te coges un par de cervezas más y se lo gritas a alguien al otro lado de la estancia para que, cuando pueda, lo apunte. Bueno, lo gracioso es que, para identificar la cuenta de cada uno, en VVR usan el alias, o trail name, de forma que ni siquiera aquí, en la “civilización” somos Inaki, Luke o John… hasta para los empleados del lugar somos Rolling Thunder, Three Gallon y Rainskirt. Me gusta esto…

Sentados en una mesa llena, esa era nuestra posición más habitual en VVR

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