Distancia: 13 m / 21 km. Acumulado: 993 m / 1597.5 km

Intento compensar la licencia de haberme tomado la tarde libre ayer con un buen madrugón. Llegado a la carretera de Mammoth Mountain, tardo menos de 5 segundos en encontrar transporte, aunque sea algo tan aparentemente fuera de lugar (a finales de junio, al menos) como un esquiador pero, ya digo, la estación de esquí está aún abierta.

Tras la estación de esquí, todavía queda como 1 km. de carretera abierta, hasta la cima y, a partir de ahí, está ya cerrada al público. Camino hasta ahí pero, nada más pasar la barrera, me recogen un par de empleados forestales que están trabajando en seguimiento de ciervos, o algo así, y que saben bastante más sobre lo que estoy haciendo que el esquiador de antes. Todos han sido igual de amables conmigo, de todas formas. Como de costumbre.

Desando, por tanto, mi ruta de escape de ayer para volver al PCT en Shadow Lake. Ya de mucho mejor humor y recuperado anímicamente, sigo adelante. Sólo por eso, ya ha merecido la pena el tiempo gastado. Gastado, que no perdido.

Remonto el valle de Shadow Creek hasta que tengo que abandonarlo y tomar otro, casi un barranco que, en fuerte subida, me lleva hacia el collado que me separa del siguiente valle principal, donde me re-encontraré con Garnet Lake. Según subo, voy esperando encontrarme la nieve en cualquier momento. Antes, lo que me encuentro es a otro senderista del JMT que me anuncia que, efectivamente, hay mucha nieve un poco más arriba. Me alegro de habérmele encontrado aquí porque, pienso, podré seguir sus huellas en la subida. Más tarde, ya me da más igual, ya que recuerdo toda esta zona y, pasado el próximo collado, el terreno es bastante abierto, zonas altas con poco bosque, y poco intrincado pero, en esta subida, recuerdo también, la ruta no es nada evidente; sobre todo, cuesta arriba.

Como decía, más que un valle es una pequeña vaguada, con lo que no es inmediato seguirlo. Una vez que la nieve empieza a cubrir el sendero, cuesta mucho seguir en ruta. Mi plan de usar las huellas recién puestas por el que bajaba funciona a medias, no siempre son fáciles de ver. Pierdo toda referencia en varias ocasiones pero, a base de buscar bien, acabo llegando arriba.

Ligeramente sobre 3000 metros, aquí ya es todo nieve. Tras el largo collado y su pequeño lago, llego a la tan recordada vista del lago Garnet. Un corto descenso y cruzo (¡con puente!) el desagüe del lago para empezar a subir de nuevo. Mientras, el cielo se ha empezado a cubrir, algo a lo que no estaba acostumbrado.

Garnet Lake y el monte Banner

De nuevo, hay que subir pero, ahora, más que cambiar de valle se trata de cambiar de hoya glacial; todas ellas están en la base de los picos y desaguan al mismo valle. Salgo del lago Garnet para cruzar la divisoria que le separa de su hermano casi gemelo, el espectacular y recordado Thousand Island Lake, el lago de las mil islas. Ambos, Garnet y Thousand Island, son grandes y alargados lagos llenos de pequeños islotes y coronados por la marco incomparable del pico Banner. Hoy, ambos lagos están helados aún. Son blancos, no azules.

Aquí arriba estoy cerca del límite del bosque. Hay algunas manchas, pero son árboles pequeños y no muy juntos, con lo que la orientación a la vista es relativamente sencilla. Corta subida desde Garnet y bajada gradual, a lo largo de más lagos y mientras el cielo está cada vez más oscuro, hasta que llego por fin al esperado reencuentro con Thousand Island Lake. Pasamos una noche aquí, en su momento, y fue muy bonito. Hoy es muy diferente. Luciría espléndido con su traje blanco si no fuera por el cielo tan negro pero, en cualquier caso, es un nostálgico placer estar aquí de nuevo.

Thousand Island Lake y la otra mejilla del monte Banner

En el desagüe de Thousand Island, JMT y PCT se juntan de nuevo. Puedo echar un vistazo a la traza del PCT (el tramo que no he recorrido) y la veo, aparentemente, desprovista de nieve. Hubiera sido mucho más sencillo pero ya lo suponía. No lamento en absoluto haber tomado el JMT.

Salgo de Thousand Island mientras oigo el primer trueno. Afortunadamente, será también el último aunque aún tardaré un buen rato en ver cómo la tormenta da marcha atrás definitivamente.

Desde aquí, aún tengo que volver a subir y cruzar una zona muy alta y expuesta antes de bajar a un valle protegido así que me apresuro. Island Pass está sólo un poco más alto que la hoya del lago pero es un paso amplio, plano y con pocos árboles; muy mal sitio si empieza una tormenta de verdad.

Omnipresente Banner; esta vez, desde Island Pass

Me lo paso muy bien con el mapa y la tarea de orientación y el marco excepcional ayuda a hacer la experiencia mejor. Qué distinto de como lo vi en agosto. En Island Pass, alcanzo una línea de huellas relativamente reciente que avanza en la misma dirección que yo. Ni idea de a quién corresponden ni cómo han llegado aquí pero, desde luego, no por el mismo sitio que yo. Las sigo con cuidado. Me fio más de mi mapa que de ninguna huella. Antes de iniciar el descenso, echo un vistazo a lo que viene porque, intuyo, va a ser otro punto difícil: hay que bajar por debajo de 2900 metros y, ahí, el bosque ya es denso. Entre eso y que se trata de cruzar la cabecera de un valle, la visibilidad, ahí abajo, será nula y habrá que guiarse con la brújula. Tomo buena nota mental del terreno hacia el que me dirigiré, ahora que aún lo puedo ver.

Las huellas me llevan más a la derecha de lo que creo que es correcto y amenazo con abandonarlas varias veces pero cuesta despegarse de ellas; de alguna forma, me dan calma psicológica. Llego a la parte baja del valle, me meto en el bosque y, a partir de ahí, estoy a ciegas.

Lo que sucedió en la siguiente hora sería un poco largo de contar. No sé hasta qué punto era complicado o a partir de cuál me compliqué yo pero tuve que pasar por momentos de incertidumbre y algún que otro pelotazo de adrenalina. A ver cómo lo resumo…

El problema era doble: por un lado, la mencionada orientación, con el suelo completamente cubierto de nieve, sendero invisible y nula visibilidad, en el fondo de un valle y rodeado de bosque; por otro, los torrentes: uno principal, Rush Creek, y tres que le alimentan desde un costado. Según el mapa, hay que cruzar primero Rush Creek y, después, dos de los afluentes para acabar ascendiendo a lo largo del tercero. Intento recordar qué pasó aquí años atrás… recuerdo un torrente nada más y recuerdo un puente sobre él.

Camino hasta encontrarme con Rush Creek. No sé en qué punto le he alcanzado pero, a unos pocos metros, veo un par de troncos afeitados para aplanar su cara superior; claramente, un puente rústico. Está parcialmente desbordado por el río pero lo cruzo sin problemas. Este torrente hubiera sido extremedamente difícil y peligroso; es un río furioso y grande.

Rush Creek. It’s rushing…

Al otro lado del puente, veo trazas de un sendero que, más o menos, consigo seguir, contento, pensando que ya está, hasta que me doy cuenta de que ese sendero va valle abajo… no es el mío.

Al menos, ya sé en qué punto estoy. Vuelvo al puente, cruzo para atrás y remonto Rush Creek por la otra orilla, buscando el punto donde cruza el PCT. Debería haber un puente, si mis recuerdos están en orden. Veo los torrentes afluentes alcanzar Rush Creek en la orilla contraria y pienso que tienen muy mala pinta y si no sería mejor estar haciendo esta travesía por el otro lado de Rush Creek… tendría que hacer sólo un vadeo… o ninguno, si admito subir monte a través y no por donde supuestamente sube el PCT; lo cual, con tanta nieve, da igual, realmente. Mientras, si voy por donde está, supuestamente, el sendero, estoy obligado a dos vadeos y el cruce de Rush Creek… ¿con puente? Abajo, sí lo había; arriba, no lo sé aún.

El caso es que, según remonto el cauce y voy dejando abajo los afluentes, Rush Creek adelgaza mucho. De momento, ni rastro del esperado puente. Aquí, ya podría incluso vadearlo pero busco el puente más que nada por saber que estoy en ruta. No encuentro puente pero sí ¡una señal! al otro lado y vadeo allí mismo sin problemas. La señal sólo me añade más confusión porque indica el sendero valle abajo que deseché hace un rato ¿?? y ni siquiera menciona el PCT. Pues vaya…

Aún así, supongo que sé dónde estoy. Lo supongo porque, sin referencias visuales, no lo puedo asegurar pero mis referencias son los afluentes. Los he contado: de avanzar por este lado, río abajo, tendría que cruzar dos y subir a lo largo del tercero. Decido mandar a la mierda toda otra consideración e ir con este plan. Parece seguro… al menos, desde el punto de vista de la orientación.

Llego al primero y lo cruzo sin mojarme en un puente de nieve que da un poco de miedo (verlo; y más pisarlo) pero que aguanta bien. El problema viene al llegar al segundo afluente: es gigantesco.

Torrente abajo, no hay nada que hacer; desemboca en Rush Creek un poco más allá. La única opción es caminar aguas arriba hasta encontrar un vado seguro. Empiezo a subir e, inmediatamente, el terreno se empina y el torrente se transforma en una serie de cascadas. Imposible cruzar por ahí. Subo un buen rato hasta que el terreno se nivela por fin. Desde luego, no es esto lo que el mapa muestra que tenga que hacer el PCT… a no ser que no esté donde creo que estoy… pero eso parecía claro… en fin…

El caso es que lo único que quiero ya es cruzar el maldito torrente. Aquí, el terreno es casi llano pero el río sigue siendo muy grande y la corriente, muy fuerte. Nada que hacer. Sigo subiendo. Llego a un punto donde el río se empieza a dividir en múltiples ramas, ¡eso es bueno! Divide y vencerás… pero, por lo que veo, sigue habiendo al menos una de ellas demasiado peligrosa; profunda y con mucha corriente. Sigo subiendo…

Y se hace tarde. Podría buscar campamento por aquí y cruzar por la mañana; sé que sería lo más sensato pero me puede mi ansia por orientarme y saber dónde estoy. Sé que no dormiría a gusto sin saber dónde coño estoy y, ahora mismo, estoy muy confuso, así que tomo la decisión errónea de forzar el vadeo, aún sabiendo que no es lo mejor pero, aún así, dispuesto a buscar la forma más segura.

El río se ha dividido en más ramas de las que puedo ver y llego a un punto donde las que veo son vadeables. No sé si quedará alguna más gorda pero decido intentarlo e ir por ello; siempre puedo volver atrás.

Cruzo una, dos, tres… ramas. Algunas, con mucho cuidado pero sin problemas; otras, sobre puentes de nieve. Llego, por fin, a la que parece la principal. Recuerdo los rápidos y cascadas, aguas abajo, y trago saliva pero parece ok. Cruzo con atención extra y todo va bien.

Me veo salvado ya, a falta de alguna que otra rama menor… hasta que llego a un inesperado brazo gordo. El más gordo, debo decir, y este ya no me parece vadeable. ¿Volver atrás ahora, con lo que me ha costado llegar aquí??? Sé que quizá sea lo mejor pero también sé, porque me conozco, que lo tendré que ver realmente mal para hacer tal cosa. Desde luego, no antes de agotar posibilidades. Río abajo, no voy a ir; buscaré río arriba. La pega: apenas tengo unos metros antes de que la “isla” en la que estoy se acabe. No puedo pasar de ahí. Y he aquí que, justo en el último metro, veo una posibilidad: el cauce se hace un poco más ancho y la corriente es igual de fuerte pero la profundidad un poco menor. Lo voy a intentar.

Me acuerdo del vadeo de Minaret Creek; la situación, en cierto modo, es pareja: última hora, río grande, nadie más para darme, siquiera, fuerza moral; y un vadeo complicado dividible en dos: hay una zona menos profunda en el medio donde podré parar a pensar. Y, como en Minaret Creek, voy por ello.

La primera parte va bien. Llego al centro y paro en un lugar donde sólo me cubre por el tobillo y estoy a salvo. Me quedan tres metros, como mucho, pero en ellos está la zona más profunda y por donde más rápido va el agua. Mi opción es, ¡como en Minaret Creek! una placa de roca donde cubre menos. Recuerdo lo que pasó allí y, esta vez, tanteo la placa con la suela, para ver si resbala… ok, es rugosa… avanzo el primer pie, luego el otro.

Me encuentro encima de la roca, bien equilibrado, sumergido no más de la rodilla y a dos o tres pasos de la orilla… pero la corriente es brutal. Yo no sé si era el miedo que estaba pasando o si fue real pero sentí que el agua estaba a punto de hacerme perder pie. Es difícil de imaginar, con tan poca profundidad pero, sin parapeto alguno, me vi a su merced. Pánico.

Decisión: a lo bruto. Avanzar y, como sucedió en Mono Creek, esperar que mi propia inercia me ayude a mantenerme de pie. Esta vez, lo que temo es que algún pie resbale y todo se vaya al carajo pero, afortunadamente, no sucede y, un par de eternos segundos más tarde, estoy en la otra orilla.

Seguramente, he pasado el momento más tenso de todo el viaje. Más, aún, que en Minaret Creek, donde, a pesar de llegar a caer, cosa que no ha sucedido aquí, me sentí más en control de la situación, no tan a merced del río. También contribuye al susto el hecho de que era un mal sitio para ser arrastrado, con lo que había aguas abajo.

Me paso un rato respirando hondo pero aliviado por haber pasado lo peor. Aún queda algún cauce más pero ya es testimonial. Ahora, ya sólo me falta orientarme. Estoy en una plataforma elevada sobre el valle y no voy a volver a bajar todo lo que ya he subido sólo para orientarme a partir de ahí. A todo esto, el suelo es 99% nieve y es hora de acampar. Avanzo en la dirección en la que debería interceptar el PCT, dirección que coincide con la de un pequeño alto sin apenas árboles desde donde, por fin, tengo visibilidad: ahí delante, veo claramente la vaguada por la que baja el torrente a lo largo del cual debe ir el PCT. La topografía visible me confirma que es así. Donohue Pass, mi destino, está a mi izquierda; invisible aún pero sí distingo el pico del mismo nombre cuya forma reconozco: lo había identificado horas antes. No estoy en el PCT pero, de alguna forma, voy bien.

A más de 3000 metros, lo único libre de nieve son pequeñas islas de roca; mal sitio para acampar, muy duro y expuesto. Afortunadamente, por lo menos, el tiempo ha ido a mejor y no sólo no ha progresado la tormenta sino que, a estas horas, las nubes se empiezan a difuminar. Contaba con tener que buscar un lugar resguardado y usar el tarp esta noche pero parece que no va a hacer falta.

El otro tipo de sitio donde puede no haber nieve es bajo los árboles. Hay pocos pero, aquí y allá, hay un pequeño grupo y, en uno de esos, encuentro terreno limpio y seco.

Mi campamento más hermoso

Y así es como puede acabar de la mejor forma posible un día que se había torcido un poco: en el que fue, probablemente, el campamento más espectacular de todo mi viaje. Con los picos de la cresta Ritter a un lado, Donohue al otro y un aura general de lugar espectacular, aislado, nevado y solitario. Con cierta sensación de logro por haber salido con éxito del marrón en que, probablemente, yo mismo me había metido pero, qué leches, ahí estaba, en el lugar más bonito del mundo y con permiso para relajarme. Espectacular puesta de sol. Dormí bajo las estrellas y, debo decir, mejor que nunca.

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