Distancia: 18 m / 29.5 km. Acumulado: 1077 m / 1733 km

Kerrick Creek es, supuestamente, uno de los vadeos más difíciles de todo el PCT y, dada la distancia que nos separa de allí, todo el mundo coincide en que parece buena idea intentar llegar al lugar y, probablemente, acampar antes de cruzar con la idea de hacerlo a la mañana siguiente, cuando el caudal sea menor. Esto nos obliga, en cierto modo, a una sintonía de 12 individuos, algo nada habitual en el PCT pero, debo decir, la dinámica es muy buena. Unidos por los vadeos. Añadir la curiosa anécdota de que, de los 12, sólo 6 son americanos; el resto: Herman, belga; Rita, alemana; Swiss Miss y Pang, suizos; y Rolling Thunder, austro-kiwi. Y yo. Hay muchas bromas a este respecto. Hay buen rollo.

Los grupos internos se mantienen y, como yo no estoy en ninguno, tengo “libertad” para revolotear de unos a otros, lo cual está muy bien. Tengo ocasión de conocer a Herman y Mike, a quienes, hasta ahora, sólo conocía de vista, y que me caen muy bien. Herman es todo un personaje, con una especie de gracia innata de esas que no se pueden simular; o se tiene o no se tiene.

Y, a todo esto, con tanto río, ya nos habíamos olvidado de la nieve pero ¡sigue ahí!. Hoy, de hecho, comenzamos con una subida hacia Benson Pass, que es un “diezmil” o, en metros, un tresmil. Y, claro, la última parte de la subida está nevada. Más aún la bajada, que es progresiva, a lo largo de hoyas glaciales con sus lagos y su nieve húmeda moja-pies.

Mike y Herman llegando a Benson Pass

Descenso tortuoso hacia otra cuenca mayor, la de Piute Creek, donde nos toca mojarnos otra vez, y mucho aunque, afortunadamente, esta vez son aguas tranquilas y es un remojón cómodo. Los suizos y Rita habían decidido cambiar a botas para la Alta Sierra; siguen con ellas y, claro, viven los vadeos de forma diferente a todos los demás. Mientras los de zapatillas cruzamos sin más, ellos intentan evitar mojarse los pies en los arroyos menores (mundial esa imagen de Pang acarreando un tronco caído para “fabricar” un puente de fortuna) y se quitan el calzado donde no hay más remedio. Ellos van muy contentos pero, con la comparación tan cercana, creo que las zapatillas con buen drenaje son mucho mejor solución. Herman también lleva botas pero las lleva durante todo el viaje. Herman es otra historia, para casi todo.

Rolling Thunder, reviviendo recientes experiencias en Piute Creek

Vuelta a subir, hacia el que resulta ser el paso más tortuoso de todo el viaje. La parte alta de Seavey Pass es un caos de bloques de roca en terreno sin desnivel apreciable, donde nunca sabes muy bien si ya has coronado o no. Menos mal que apenas pasa de 2700 m. y queda poca nieve porque, de otra forma, la orientación aquí habría sido extremadamente complicada.

Nueva reunión espontánea para remojón pero, esta vez, con tinte lúdico: un baño en un pequeño y precioso lago de altura. Donde no cubre mucho, el agua tiene una temperatura razonable.

Tras Seavey Pass, sólo queda una corta bajada al fondo de Kerrick Canyon, seguida por varios kms. río abajo hasta llegar al lugar del temido vado. Parece que el resto del camino del día va a ser fácil pero, así como la bajada desde el collado está casi libre de nieve, el fondo del estrecho cañón conserva aún una buena capa. La progresión es difícil y, a ratos, incluso peligrosa, sobre bloques de nieve que caen directamente al río embravecido. Un resbalón aquí llevaría al senderista resbalado directamente al agua y podría ser fatal. Y, a pesar de la hora, lo angosto del cañón conserva la nieve bastante dura, así que hay que andar con mucho cuidado.

Flanqueos delicados a pocos metros de Kerrick Creek

Lo estrecho del valle hace, también, que la ruta, nieve o no, sea muy accidentada, con constantes subidas y bajadas, lejos del aparentemente sencillo descenso gradual que parecía anunciar el mapa.

El caso es que llegamos al punto de vadeo tarde y cansados. Vamos apareciendo poco a poco y, de nuevo, el consenso es inmediato: Kerrick tiene muy mala pinta (la lleva teniendo todos estos kms. desde que lo estamos recorriendo y, si cabe, cada vez más, según avanzamos aguas abajo) y es mejor esperar a mañana y ver qué pasa.

A estas alturas, dos días tras Tuolumne, ya somos, con toda propiedad, The Dirty Dozen. El término se afianza.

Sólo me falta uno

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