Distancia: 20 m / 32 km. Acumulado: 1097 m / 1765 km

“Herman, you haven’t got a good idea in weeks…!” Era el irónico pero entre risas y, en el fondo, simpático comentario de Go-Big cuando Herman anunció que había encontrado un gran tronco cruzado sobre el cauce, unos minutos río arriba.

Mientras, la tropa analizaba el cauce, anunciando, entre aliviados y preocupados, que había bajado bastante con respecto a ayer pero que seguía teniendo mala pinta. Yo no quería aguar la fiesta ni parecer pesimista pero a mí me parecía casi igual; seguía siendo un río furioso, y de los gordos… así que me alegré cuando Herman apareció con sus noticias.

Fuimos para allí y, efectivamente, un gran árbol había caído de lado a lado, creando un puente casi perfecto. Era estable, las ramas no estorbaban demasiado y quedaba por ver si el piso era seguro pero, estando seco, debía serlo y, viendo lo que corría por debajo, no había duda posible: usaríamos el tronco. Prohibido caerse.

Turno para Three Gallon en el tronco sobre Kerrick Creek

Costó más o menos pero todos pasamos sin problemas y, con renovada moral y creciente fe en la razón de ser de la Dirty Dozen, emprendimos la subida que nos sacaría de Kerrick Canyon.

Las dificultades superadas afirman los vínculos y ya nadie duda que somos un equipo bien avenido. No vamos de la manita pero caminamos cerca, a sabiendas de que, hoy mismo, más vadeos interesantes nos esperan. Queremos estar cerca de los demás, cuando crucen, para sacar las fotos.

El siguiente en la lista es Stubblefield Canyon y, fieles ya a la táctica del tronco, cada uno elije el suyo:

Sunny y Herman mantienen secas las botas esta vez. El río era mucho más ancho de lo que parece en la foto

Hoy no paramos y, un poco más allá, toca Tilden Canyon, donde sí hay que mojarse pero este es de los que cubre mucho y asusta poco. Esto ya es hasta divertido y esperamos casi con ansia el siguiente, que no se hace de rogar: Falls Creek, otro precioso río que nos recuerda un poco a Evolution. Este cubre más pero para eso llevamos a Rolling Thunder, al que le encanta esto de ponerse a buscar el mejor sitio. Al final, no nos mojamos mucho más allá de la cintura y, pasados ya todos los ríos de hoy, paramos a comer y tender la ropa.

Lo que sigue es una larguísima y estimulante ascensión a lo largo del valle de Falls Creek, precisoso, auténtico epítome de las montañas de Norteamérica, con esos fantásticos panoramas de bosque, praderas y picos nevados.

Encharcado y precioso Grace Meadow

El suelo está tan empantanado en las zonas llanas que pisotear los charcos ya no importa. Es entonces cuando empieza a convertirse en algo divertido, ¡como cuando eras niño! ¿Por qué nos deja de gustar pisotear charcos cuando nos hacemos mayores?

Según subimos, no sólo los picos, nuestro suelo empieza también a estar nevado y la jornada se empieza a hacer larga y extenuante. Yo, personalmente, me encuentro bastante vacío de fuerzas pero creo que no soy el único. El escenario grandioso, de todas formas, ayuda a llevarlo bien.

Coronamos, por fin, Dorothy Lake Pass y necesitamos un rato de navegación atenta para salir de la nieve, llegar a nuestro destino previsto para hoy y bajar lo suficiente como para compartir campamento con los insufribles mosquitos que, en esta zona, están teniendo sus momentos. A pesar de que, aquí, teóricamente, hay un puente sobre un arroyo más, el puente ha desaparecido y hay que elegir entre mojarse ahora o hacerlo mañana por la mañana. Elegimos ahora. Una bonita esplanada en el bosque nos aloja a todos de sobra. Es curioso cómo, a pesar de ser doce, nunca tenemos problema para encontrar un lugar amplio y cómodo para acampar. La Sierra Norte es un lugar acogedor y precioso.

Luces de atardecer sobre Dorothy Lake

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