Distancia: 17 m / 27 km. Acumulado: 1191 m / 1917 km

El atardecer fue fantástico y el amanecer también lo es: hay vistas para todos los lados. La primera parte del día es un prolongado descenso hasta otra carretera, en Carson Pass. Desde ahí, subida para cambiar de valle y alcanzar el del río Truckee. Una vez ahí, al fondo, muy lejos aún, se ve ya el gigantesco lago Tahoe.

El valle del alto Truckee es precioso, cubierto por praderas pero es difícil disfrutar del lugar: está atestado de mosquitos, que viven uno de sus momentos álgidos y hace falta protegerse bien: pantalón largo, corta-viento y hasta la red para la cabeza. Cuando me pongo esto es que la cosa está muy mal. Necesito, incluso, guardar las manos en las mangas. Con esto, consigo sobrevivir, más o menos.

La red también sirve para comer tranquilo

El fondo de este valle es llano, herboso y, por momentos, semi-pantanoso, de ahí tanto insecto. Una vez que el PCT empieza a subirse por una ladera, la cosa mejora; puedo prescindir del atuendo de viuda y volver a sacar las manos de su escondite.

Hay que volver a subir bastante alto y recorrer una larga cresta de perfiles suaves; casi una meseta en las alturas y esto tiene una consecuencia inmediata: ¡nieve!

Apenas 2700 metros pero está claro que, según nos movemos hacia el norte, la nieve permanece en cotas más bajas. Y el caso es que está todo precioso: alternancia de bosque y claros, todo blanco y con el encanto especial de esas islas de perfiles amables en un entorno agreste y alpino. Lo malo es que, una vez más (y parece que nunca llega la última), se complica la orientación. Y eso que llevo huellas de la tropa de delante pero las huellas nunca son garantía; no puedes esperar que el que las ha dejado iba menos perdido que tú. Me concentro en seguir la ruta, no las huellas y, cuando ambas difieren, abandono las huellas. Recuerdo, al menos, un punto donde resultó muy complicado seguir en ruta. Es más, me salvó, en ese lugar, encontrarme con otros dos senderistas que venían de frente y me descubrieron un invisible giro de 90º… casualidades del sendero. Supongo que, sin ellos, me hubiera encontrado también (estaba esperando tal giro) pero me hubiera costado un buen rato más.

Ese fue, probablemente, el último momento de incertidumbre… ¡bueno, no! habrá más pero de los causados por el encuentro con civilización, que suelen ser de los peores. La nieve es más predecible. El caso es que, desde el punto mencionado, el sendero abandona la cresta, empieza su prolongado descenso hacia Echo Lake y la nieve desaparece inmediatamente. Ya se trata sólo de andar.

El lío mencionado viene al llegar al primer cruce con una carretera… ¿es esto ya Echo Lake? pero… “lake” significa “lago” y aquí no se ve ningún lago… Este es el jaleo habitual al llegar a según qué sitios. Y, en este caso, la verdad, si hubiera evitado la literatura y me hubiera centrado en el mapa, me habría aclarado mejor pero uno tiende a fijarse en esa descripción escrita de cómo llegar, no siempre del todo clara. No en este caso, desde luego.

Lo que sí me encuentro es una nota de parte de la Dirty Dozen, o sus restos, indicándome vágamente dónde ir y cómo llegar; una casa vacacional de amigos de Go-Big. Como no sé dónde es ni qué hay allí, decido ir primero a Echo Lake y aprovisionarme en el pequeño almacén. Esto me lleva más de media hora (evidentemente, aún no estábamos allí) y, en ese lapso, el cielo se empieza a cubrir.

Trail mail

Una vez llegas allí, es evidente que estás en Echo Lake: se ve el lago. Con esa premisa debieron escribir las descripciones de cómo llegar, olvidando mencionar que en las ene ocasiones anteriores en que pensabas que ya estabas… no estabas aún. Hasta aquí llega un ramal de carretera que trae turistas, y embarcaciones para el lago, alrededor del cual hay casitas de madera sólo accesibles vía el propio lago (¡o el PCT!) donde la gente pasa unos días de vacaciones. Muy bonito todo.

Lo que a mí me interesa ahora es el único edificio del lugar, que aloja el almacén y la mini-oficina postal. La tienda es de estas pequeñas y enfocadas mayormente a turistas, aunque yo siempre me he preguntado qué turistas compran los platos de pasta precocinada y otras cosas que, normalmente, son las piezas que buscamos los thru-hikers… bueno; el caso es que un reaprovisionamiento completo aquí sería delicado pero posible pero no es eso lo que busco ahora; el reaprovisionamiento lo haré en la población grande, abajo, en el valle: South Lake Tahoe, mañana, o cuando pueda. Ahora, tengo que hacer reajuste mental y cambiar los objetivos típicos por las cosas que podría necesitar para esta noche y mañana, por lo menos. Puede parecer trivial pero no lo es; como ya he mencionado más veces, las primeras comidas en civilización son las mejores. Conviene no estropear esos momentos a base de malas elecciones.

El almacén en Echo Lake

Y, para empezar cuanto antes, celebro con un sandwich, una cerveza y un café y, con eso, ya soy feliz. Mientras, aparece por allí Adam, alias Listo, a quien ya conocía pero sólo de vista y de un encuentro muy breve y un tanto extraño. Resulta ser un tipo muy agradable. Encontraré a Adam más veces a lo largo del viaje.

Ahora me toca buscar la casa de los amigos de Go-Big. Ya he visto, mientras venía hacia aquí, casas vacacionales de la zona y me temo que la búsqueda puede ser ardua: casitas de madera, una aquí, otra allá… creo que mi mejor opción es volver al lugar donde encontré la nota y seguir las instrucciones desde allí… pero no tengo ganas de desandar todo esto, así que, en lugar del PCT; tomo la carretera, con la intención de ir haciendo dedo a los coches que pasen.

No pasan muchos pero, al rato, uno para. Les pido que me lleven hasta la carretera principal y me dejen ahí, ya que ellos, desde ahí, van en dirección contraria. El caso es que, hablando de mi viaje y del PCT, me comenta el conductor que él conoce a un thru-hiker de 2006, que no recuerda su alias pero que su nombre es algo así como blah, blah… y yo pienso “¡ese es Go-Big!”.

Bingo, resulta que son (otros) amigos de Go-Big y, claro, no tengo ni que pedir que me lleven el resto del camino. Siguiendo las escuetas pero correctas instrucciones que Suggar Daddy me dejó en la nota, llegamos al lugar y me dejan delante del caminito de entrada a la casa… justo en el momento en que toda la tropa sale para ir a cenar a South Lake Tahoe. “hey, Go-Big, mira quién te traigo…” Así que a mis amables conductores el viaje les sirve para algo más que para hacerme el favor.

Me gustaría ir con ellos para esa cena pero veo claro que, para relajarme y estar a gusto, me es más importante lavarme primero. Y no quisiera ir con prisas ahora, así que, tras haber cruzado menos de un par de palabras con los dueños del lugar, me dejan allí de guardián del puesto. Una preciosa casita de madera, con vistas al valle y al lago Tahoe, que Steve y Peggy utilizan en vacaciones. Intentan interceptar senderistas mientras están aquí pero esta vez no les ha hecho falta, Go-Big ha recogido un montón de hikertrash para ellos.

Disfruto enormemente de mi rato de relax y zampar mientras espero a que vuelva todo el mundo, sentado en el porche y disfruto tanto o más con el fenomenal ambiente cuando el lugar se llena de senderistas contentos y trail angels curiosos.

Vuelvo a estar cansado y espero tomarme dos días enteros aquí, aunque mi plan inicial era bajar a South Lake Tahoe y pasarlos allí. Logísticamente, sería más fácil pero veré cómo está el ambiente en la casa de Echo Lake.

La casita de Steve y Peggy

This entry is part 39 of 118 in the series PCT Relato Completo
Series Navigation<< Día 69: Past Eagle Creek – Frog LakeDías 71 y 72: Echo Lake >>