Distancia: 22 m / 35 km. Acumulado: 1360 m / 2189 km

El día comienza retomando el ascenso desde las profundidades. Es un placer ir dejando atrás las moscas y la sensación general de opresión. Al poco de subida, me encuentro con Adam “Listo”. Es uno de estos casos en que uno no sabe si referirse al tipo por el nombre de pila o el alias; parece que el alias funciona mejor cuando es lo único que hay. Él mismo se presenta como lo uno o lo otro, según ocasión. Creo que responde más a Adam.

Adam es otro carácter controvertido; a veces, se muestra arisco pero otras, como ahora, aparece como un tipo tranquilo y sensible con el que es muy agradable conversar. Acabamos pasando un rato largo de charla y, cuando le menciono el tema del poison oak y la dificultad para reconocerlo, se levanta y dice “seguro que hay algo por aquí…” Y, efectivamente, en tres pasos encuentra una mata. Nada como saber lo que buscar. Resulta ser eso que yo tenía ya identificado como altamente sospechoso. Ya no lo olvidaré.

El inocente aspecto de la planta horribilis

Adam es de Alaska y me cuenta muchas cosas interesantes. A veces, tiene actitudes muy asociales (lo digo sin sentido peyorativo) y huye del contacto con la gente pero otras, en cambio, es al contrario. Creo que no le gusta tener mucha gente alrededor pero sí encontrarse con alguien y conversar. Me parece un personaje un tanto contradictorio pero me cae bien. Nos veremos más veces.

El sendero vuelve a las alturas, desde donde uno mira al sur y sólo ve el ya conocido mar de picos boscosos. Parece difícil creer que, ahí enfrente, haya una hendidura tan profunda como la que acabo de cruzar.

Sin perder apenas altura, el sendero se acerca a un gran lago, accesible por carretera, asfaltada y todo, esta vez; asfaltada pero desierta. Pasada ésta, vuelta a subir para cruzar un gran macizo que me separa de la siguiente estación, Belden Town, a donde espero llegar mañana. Estas montañas devuelven un cierto ambiente alpino a la ruta, una novedad bienvenida. Justo por encima de 2000 metros, el bosque aún es denso; en los troncos de los árboles se encuentra “escrito” un curioso dato: la altura que alcanza la nieve durante el invierno, marcada por la ausencia de ese musgo verdoso en los tres metros inferiores:

Al musgo no le gusta la nieve

Parece difícil imaginar tanta nieve aquí, ahora que hace tanto calor y todo está tan seco pero, como digo, estos montes destacan sobre los de las dos últimas jornadas y el ambiente es un poco más extremo. Un poco más de subida y el PCT emerge en una espléndida cresta con preciosas vistas hacia el este. A estas alturas (orográficas y temporales), ya no hace tanto calor y esta sección es muy agradable. Tanto es así que me está dando lástima pasar por todos estos preciosos balcones sobre el valle y no quedarme. El plan inicial era continuar un poco más allá del punto donde se inicia el descenso hacia Belden, hasta un arroyo fiable pero, habida cuenta de que llevo agua suficiente, decido quedarme en la cresta y acampo encima de una losa de granito. El bosque está unos metros más allá, por si necesito cobijo… y las nubes que se están concentrando me dicen que quizá lo necesite pero son nubes de tormenta y confío en que no lleguen a mayores; al menos, no hoy. Hacia el otro lado, el panorama es muy bonito. Esto es lo bueno de acampar en las crestas; el mejor sitio, cuando el tiempo lo permite. Hoy, espero que sí. La puesta de sol es preciosa; el amanecer será lo mejor.

Luces de atardecer bajo las nubes de tormenta

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