Distancia: 12 m / 19 km. Acumulado: 1372 m / 2208 km

Hoy es corto y todo cuesta abajo. Belden Town está en el fondo de otro valle: North Fork Feather River que, a la postre, es el brazo principal; y su valle, el más profundo. Agárrenseme: 700 metros de altitud. No estaba tan bajo desde que salí de San Diego, hace más de dos meses. No sé qué voy a hacer con tanto oxígeno.

El día comienza con el encuentro más esperado y, casi, de la forma mejor posible: recién comenzado el descenso y en una zona boscosa muy bonita, cerca de donde esperaba haber acampado anoche, oigo un ruido a mi izquierda; miro hacia allí a tiempo de ver una figura oscura encaramándose al tronco de un árbol. Mi mente tarda un eterno instante en reconocer qué es eso: ¡un oso! Y, no sólo eso, es una cría de oso. Supongo que los oseznos tienen orden de subirse a los árboles cuando intuyan peligro y, obviamente, mi presencia significa peligro.

Los osos no son agresivos en esta región pero, como en tantas otras especies, una mamá enfadada puede serlo… y ¿dónde está mamá? Sin dejar de caminar, tardo otro eterno instante en ver a esa preciosa osa de color canela que me observa desde un poco más allá.

Osos en su hábitat; en su casa. Me hubiera gustado poder pararme a contemplarles pero soy consciente de que la situación es un pelín delicada, con el osezno entre su madre y yo. En el fondo, eso es lo que me posibilitó poder verles durante un ratito; normalmente, los osos huyen inmediatamente (como tuve ocasión de comprobar en un par de ocasiones, más adelante en el viaje) pero el hecho de que estuviera la cría ahí les hizo quedarse quietos. Yo seguí caminando, un poco tenso por la situación, pero esperando que, al seguir adelante, la madre no me tomara como intruso y, mientras, disfrutando de poder contemplarles y sintiéndome afortunado de poder ver estos animales tan impresionantes. Estarían como a 20 metros de mí.

Les saludé con cariño y les deseé buen día según mamá osa no me quitaba ojo y, en el momento en que el sendero me hizo desaparecer de su vista, oí el ruido que hicieron en la vegetación al salir corriendo.

Lamenté no haber tenido más tiempo con ellos pero disfruté del que tuve. Durante el resto del viaje, vi algún oso más pero nunca uno tan bonito como esa gran osa de pelaje dorado. Sentí haberles molestado pero, el resto del día, caminé feliz de haber tenido esa ocasión. Son animales fantásticos. Aún hoy, según escribo esto, siento la emoción especial de aquel momento.

Aún sobre la cresta, salgo del bosque y llego al borde del talud que supone la bajada al valle de la última rama del río Feather; north fork, en este caso. Este es un valle con marcada forma de V, angosto en su fondo y necesariamente sinuoso pero, al parecer, es el valle de menor altitud en la zona y, como cruza las montañas transversalmente, de este a oeste, ha debido resultar el sitio ideal para las vías de comunicación, así que, ahí abajo, me esperan una carretera y una vía de tren.

Lo de la forma de V es algo más que una frase hecha

El descenso se hace eterno, como pasa especialmente cuando desciendes para llegar a algún sitio, no con intención de seguir adelante. Y, más especialmente aún, cuando el sitio al que llegas significa comida rica.

Belden es uno de los sitios más pequeños por los que pasa el PCT pero no hace falta desvío alguno; el PCT cruza el río por el puente que hay, que es el de Belden Town. Apenas hay nada aquí: una especie de camping desierto, un lúgubre hotel que ni siquiera parece abierto (aunque lo está) y unas pocas casas. Hasta hace pocos años, lo único que interesaba a los thru-hikers aquí era la oficina postal que, encima, está algo así como 1 km. carretera abajo. Todo cambió cuando aparecieron los Braaten que, según me contaron, buscaron un lugar específicamente pensando en ejercer de trail angels, esto es: alojar senderistas del PCT. Compraron un terreno, se construyeron una casa y lo llamaron Little Haven.

Los Braaten viven 1 ó 2 kms. carretera arriba y su presencia ha convertido la semi-fantasma Belden en una agradable parada en el PCT. Un poco más lejos aún, medio km. más, se encuentra un agradable bar de carretera, el Caribou Crossroad; entre la hospitalidad de unos y la comida de los otros, esta será una estancia muy agradable.

Como es habitual, cuando llego a un sitio, no sé muy bien qué esperar. En Belden, resulta curioso: paso de largo del “camping” y del hotel sin darme cuenta de que eso es ello; sigo adelante hasta que veo que no hay más, que eso era todo.

El hotel ha de ser mi primera cita. Teóricamente, mi caja de reaprovisionamiento debe estar ahí. Belden es uno de los pocos sitios donde he decidido reaprovisionarme vía envío postal. A la postre, puedo decir que, sin ser picajoso, era posible comprar lo necesario en la mayoría de los sitios a los que mandé cajas… salvo, probablemente, Belden. Hay dos “tiendas”: una en el hotel y otra en el Caribou Crossroads pero son demasiado limitadas.

Y decía, sobre mi caja, que “teóricamente” debería estar aquí, en el hotel, porque aquí la había mandado pero no me di cuenta (o lo hice después de haberla mandado) que requerían UPS… yo la mandé vía USPS (esto es, el servicio de correos) y ahora no sé si estará aquí o no.

El hotel es un edificio de madera de los del oeste y, de verdad, parecería cerrado de no ser porque, en una ventana, hay un típicamente americano neón rojo y azul que pone “open” y porque, efectivamente, si empujas la puerta, se abre (y no exagero; yo estaba por pensar que se habían dejado el neón encendido). El interior está oscuro y vacío y tiene una pinta bastante siniestra. Por fin, aparece alguien y yo ya estaba esperando que me recibieran a gruñidos pero no, muy al contrario, la señora que me atiende es muy amable. Busca mi caja y no la encuentra. Le cuento mi error y me dice que es posible que esté en la oficina postal. El caso es que la dirección es muy parecida: como esto es tan pequeño, no hay ni calles; fulanito de tal, Belden Town.

El hotel en Belden Town. ¿Es o no es directamente salido de las pelis del oeste?

En esto aparece Adam, a quien me crucé ayer por última vez cuando yo estaba acampando; él tenía intención de acampar donde yo inicialmente había pensado pero, al llegar allí y comprobar que era el infierno de los mosquitos, decidió continuar y llegó a Belden de noche.

Adam cometió el mismo error que yo con su caja y me confirma que la suya estaba en la oficina postal y la mía (preguntó por ella porque habíamos hablado de esto antes), también.

Los Braaten desrecomiendan caminar por la carretera y prefieren que les llames para venir a recogerte. Es cierto que la carretera no es muy recomendable: me recuerda a muchas carreteras de los valles en el Cantábrico, sinuosa y estrecha. Pero también es verdad que, para ir al Caribou Crossroads hay que caminar medio km. y ahí no te dicen nada. Sospecho que prefieren tener cierto control sobre la gente que llega a su casa; que no se presenten sin más. Es lo mismo que hace Bill Person en Pooh Corner, sólo que él lo dice abiertamente. Supongo que los Braaten intentan ser más políticamente correctos. Prefiero la sinceridad de los Person pero comprendo los motivos, en cualquier caso, y me parece perfectamente razonable.

Llamo, pues, a los Braaten y me dicen que vienen ahora mismo. Se presenta un señor mayor muy simpático al que ni siquiera tengo que pedir que me lleve a la oficina postal, me pregunta él mismo si lo necesito.

La visita a la oficina postal es todo un episodio en sí mismo. Es una sala en el bajo de una casa junto a la carretera y todo en ella, desde la estética del lugar hasta la de la simpática empleada, sabe a hippismo del de los 60. El lugar es un encanto pero lo mejor es la señora que lo lleva, súper cálida y amable. Así da gusto recibir cajas.

Los Braaten tienen 4 generaciones bajo el mismo techo ahora mismo y el que mejor me cae es el abuelo (bisabuelo, ya), el que me ha recogido, no porque los demás no; son todos muy amables y agradables. Tienen un anexo específico para los thru-hikers. Hoy, por el momento, soy el único aquí.

El resto del día es de descanso y relax, con un par de visitas al Caribou Crossroads, localmente famoso por sus batidos. La comida es muy básica pero está buena. Allí, me vuelvo a encontrar a Adam, con el que comparto mesa y le compadezco: va a salir ahora, con el calor aplastante que hace.

No he mencionado, por cierto, que, en esta zona relativamente baja, el calor es más fuerte que nunca. Adam es un valiente.

Los Braaten son una gente muy agradable y, aunque ellos continúan con sus cosas, dejando a los senderistas con las suyas, aprovecho las ocasiones que tengo para conversar con ellos; ayuda el hecho de que estoy solo. Vamos al río a por un baño y aprovecho para, entre otras cosas, hacer preguntas con base sobre el poison oak, ahora que ya me lo conozco.

Cuando ya no esperaba ver más senderistas hoy, aparecen, a últimísima hora, Heike y 27 Mile Mike, a quien no conocía. Ya decía que a Heike le gusta caminar con alguien y, aunque ella sigue su viaje, se va buscando compañía según coincide con gente. Mike iría siendo conocido como “27 Mile” porque está intentando hacer el PCT en 100 días y eso le obliga a una media diaria de 27 millas (43.5 kms.) pero lo bueno es que el tío lo lleva a rajatabla: se hace 27 millas por día y, si hoy se hace 30, mañana lo deja en 24. Qué curioso… es un tío un poco frío, no muy cordial. No puedo decir nada negativo de él pero no me terminaba de caer bien, lo que tampoco es malo: no a todo el mundo le gusta todo el mundo.

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