Distancia: 28 m / 46 km. Acumulado: 1449 m / 2332 km

El discurso de hoy parece querer decir que lo de la tarde de ayer fue un accidente porque el terreno vuelve a hacerse atractivo. Mientras aún no he salido (y eso que yo madrugo), pasa 27 Mile Mike. Es curioso que este hombre no camina especialmente deprisa, cosa que compruebo poco después cuando, en un descanso que se toma, le alcanzo y sigo con él durante un rato. Parece ser que su táctica consiste en madrugar mucho.

No hay que ascender mucho para que el terreno se vuelva más atractivo y, una vez cambiada la vertiente, aparece en el horizonte cercano, espléndido, Mount Lassen, elevándose sobre el mar verde de los omnipresentes bosques. Hermosa y estimulante vista.

Mount Lassen, más cerca

Tras un corto descenso, cruzo, por última vez, el río Feather; en esta ocasión, la misma rama que pasa por Belden pero en su curso alto y, tras una breve subida, el PCT entra en los límites del parque nacional Lassen Volcanic. De nuevo en bosque pero en un ambiente muy agradable, sin polvo y sin calor agobiante. Un bosque muy bonito, además, con un suelo relativamente limpio y acogedor, como no lo veía desde la Alta Sierra.

El terreno es netamente volcánico. Un breve desvío da acceso a un geyser; modesto, en comparación con los de otras partes del mundo, pero el agua hirviendo es siempre un espectáculo digno de ver, y de oler.

Un poco más allá, un espectacular lago de aguas blanquecinas, rodeado de surgencias hirvientes. A pesar de todo, los irreductibles abetos se atreven a vivir a su alrededor.

No hay baño en este lago

Ssiempre me ha atraído la belleza extraña de los paisajes volcánicos. Me gusta pensar en los fenómenos derivados como una manifestación de la vida de nuestro planeta. No de la vida alojada en él sino de la propia, intrínseca, de esa especie de entidad superior que es nuestro hogar.

Un breve encuentro con testimonial civilización en el siguiente valle, donde llega una carretera y hay un pequeño establecimiento rústico-turístico apoyado en las aguas termales. Paso de largo y vuelvo a subir hacia una divisoria de amplia cresta. El ambiente, a pesar del interludio, sigue siendo bonito y con una especie de aura especial que me hace sentir bien. El siguiente tramo, tras descender a un valle, es en ascenso a lo largo de un arroyo. Es bienvenida la presencia del agua pero no la de sus acompañantes habituales, los insufribles mosquitos, que tienen momentos serios en esta zona.

Por fin, la que creo que es, a la postre, la mejor parte de toda la travesía del parque Lassen: una alta meseta delimitada por conos volcánicos y adornada por numerosos y preciosos lagos. Los volcanes no son apenas visibles desde el terreno a causa del bosque y de que estos montes tienen laderas tendidas pero resulta emocionante echar un vistazo al mapa, comprobar su casi perfecta forma cónica y pensar que estás en medio de estas cosas.

La única mala noticia es que se están congregando nubes. Veo inminente la tormenta pero, mientras no suceda, aún hay esperanza de no mojarse. De todas formas, por lo que respecta a mojarme, decido hacerlo… pero sin ropa, en uno de los lagos del camino. El lugar es precioso y el agua está sorprendentemente templada.

Lower Twin Lake y esas nubes negras…

Mientras me seco al sol (que aún brilla, a pesar de las nubes), pasa Trout. Cuando le digo que el agua está calentita, no se lo piensa más y se baña también. Claro, con ese trail name… Creo que disfruta del baño tanto como yo. Salimos casi a la vez y, ahora sí, tengo ocasión de comprobar que este tío camina a toda leche. Intento seguirle, casi por ver si puedo, y… técnicamente, puedo pero al precio de caminar mucho más deprisa de lo que para mí es natural. Él parece que ni se esfuerza.

El piso se vuelve un tanto polvoriento, otra vez, pero, en ligera cuesta abajo, se camina bien. Llego a Badger Flat, una pequeña pradera drenada por un arroyo, donde pensaba acampar y, al parecer, también es el sitio donde le tocaba a 27 Mile Mike, que ya está allí. Trout decide continuar pero, a pesar de que no es tarde, yo estoy ya muy cansado y ya he llegado lo suficientemente cerca del final de la sección como para darme por satisfecho.

Durante el resto de la tarde, tengo ocasión de compartir un rato con Mike y esta vez me parece algo más agradable, aunque sigue siendo un tío bastante seco pero siempre correcto. Hace algunas cosas un tanto peculiares: aparte de su exigente calendario (caminar 27 millas en un día no es difícil pero hacerlo todos los días, sin descanso… yo diría que sí lo es; y ¡sé de lo que hablo!), su estrategia consiste en madrugar mucho y, luego, acaba los días relativamente pronto. No lleva hornillo y hace un pequeño fuego todas las noches, donde cocina. Yo soy muy torpe para hacer fuegos, admiro a los que saben construírlos con facilidad.

Aunque ha habido algún trueno, la tormenta parece que no ha progresado y las nubes se van disipando pero, recordando lo de hace unos días, decido montar el tarp y olvidarme del tema; si llueve, me pilla protegido.

Campamento listo para la tormenta que nunca llegó

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