Distancia: 22 m / 35 km. Acumulado: 1527 m / 2457 km

Abro el ojo y me palpo: ¿cómo estoy? Pues, mientras sigo aquí dentro, tumbado y calentito, bien; una vez fuera y de pie… no lo sé. Y como, en parte, no quiero saberlo, me quedo un rato más. Hoy no madrugo. Oigo salir a la tropa, Cathy y Sheri les llevan a donde les recogieron ayer (donde me encontré con ellos, 20 km al sur) para que regresen aquí caminando en lo que en inglés (o, al menos, en este entorno), llaman slack packing, que se traduciría algo así como “mochilear perezoso”, si se me permite lo de “mochilear”. En la práctica, quiere decir caminar sin mochila, basándose en un apoyo exterior como el que ahora proveen Cathy y Sheri.

Por fin, me levanto y busco respuestas: no me encuentro bien del todo pero, aparentemente, tampoco tan mal como ayer. La prueba del algodón consiste en desayunar y ver qué pasa. Y yo diría, procurando no pecar de optimista, que parece que no estoy tan mal. Tengo que ser cauto aquí porque ahora estoy junto a una carretera, con un pueblo (Burney) relativamente cerca y hasta unos trail angels (los Heitman) a mano, que sé que me recogerían, alojarían y hasta alimentarían hasta que estuviera bien. Si decido que estoy ok y salgo, necesitaré varios días para volver a ver civilización. Esto es, es una decisión seria y no voy a irme de aquí sin garantías.

El desayuno parece que me sienta bien. Ya se ha marchado todo el mundo, incluídos Mike y los dos section-hikers. Al rato, vuelven Sheri y Cathy en la autocaravana y, además de interesarse por mi estado, se ponen a prepararme el desayuno (otro…). Son un encanto. Esperan, dentro de no mucho rato, a los siete a los que acaban de dejar en el sendero esta mañana y van cocinando cosas ricas y energéticas para que se den un último banquete antes de meterse otra vez en las montañas y yo pico algo de lo que van cocinando, aunque ya he tomado lo mío… me voy dando tiempo para ver qué tal respondo.

El veredicto es que estoy mejor e, incluso, lo suficientemente bien como para salir. O eso espero. No estoy al 100% pero, desde luego, nada que ver con el infierno de ayer.

Recojo, con pausa, para dar a mi cuerpo una última oportunidad de quejarse y decirme que me esté quieto… pero no parece decir nada y decido, definitivamente, salir. Me despido de Sheri y Cathy, a quienes admiro, y agradezco, por su abnegación. La respuestea es la misma de siempre: “¡si nos lo pasamos muy bien!”. Bueno, pero gracias, de todas formas.

Según salgo, me encuentro con Rita, que llega ahora. A Rita no le volveré a ver. Más tarde, sabré que tuvo que dejar el sendero debido a una lesión. Lo sentí por ella, era una persona que me caía bien y tenía la dosis justa de determinación para terminar el PCT.

Me encuentro también con los slack-packers, que llegan ahora mismo, aunque compruebo que algunos han sido fieles al purismo y se han llevado la mochila. No necesito decir que estoy mejor y me despido de todos. Seguiremos cerca.

Las noticias del tiempo decían que estábamos atravesando una cierta ola de calor pero que iba a remitir. De hecho, parece que hoy no hace tanto calor como ayer. Eso es bienvenido.

Camino casi con cuidado, midiendo mis pasos y mi esfuerzo y con atención a mi estado. Parece que me encuentro bien y, según sigo adelante, voy cogiendo confianza. No sé qué narices me ha pasado pero parece, valga la redundancia, pasado.

¡Vuelvo a hablar del sendero!: que toma, por fin, itinerario ascendente para devolvernos a las montañas. De momento, se dedica a remontar laderas y rodear vaguadas, hasta que consigue alcanzar algo parecido a una cresta. Este no es el ambiente idílico de grandes espacios abiertos pero, al menos, estoy de vuelta en las montañas. Son montañas modestas en altitud y prominencia y cubiertas de bosque, con lo que abundan las pistas para explotación forestal. Así es difícil sentir nada especial pero el recorrido es bonito y con vistas; especialmente interesantes las del omnipresente Shasta que es un pedazo de montaña y ya está relativamente cerca. Muchas crestas boscosas aún entre él y yo, de todas formas:

Impresionante monte Shasta

Definitavemente, me considero “curado” de lo que sea que me ha pasado. Según avanza el día, voy olvidándolo, a medida que compruebo que me siento bien y gano confianza. Hacia el final de la tarde, ya no dudo que no va a haber problema. Respiro aliviado; nunca es agradable estar enfermo pero hubiera odiado especialmente estarlo en medio de este viaje. De cualquier viaje.

El suelo del bosque está tan lleno de ramas que casi no queda hueco ni para un vivac. Afortunadamente, a la hora justa, encuentro un lugar donde quepo justito y que, además, me ofrece una espléndida puesta de sol. Siempre se encuentra algo.

Atardecer frente a Shasta

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