Distancia: 33 m / 53 km. Acumulado: 1590 m / 2559 km

Duda existencial: Castella está a 33 millas, 53 kms. ¿Qué hago? ¿Ir por ello o tomármelo con calma y dejarlo para mañana? No tengo prisa pero siempre me cuesta decir que no a algo que sé que puedo hacer, aunque cueste. Decido salir pronto y caminar a buen ritmo y sin parar, con intención de ir viendo cómo voy y decidir sobre la marcha. Es decir, decido ir por ello.

Larry y Sandy madrugan aún más pero cuando me les encuentro más adelante me dicen que ellos pasan de prisas y planean llegar mañana.

El PCT sigue metido en la selva, aunque empieza ascendiendo por la ladera y alejándose del río. Subida tortuosa, abrazando cada vaguada. Mundo cerrado, en fuerte contraste con la amplitud de panoramas de las crestas. En el fondo, no está mal, para variar.

Tras muchos kilómetros de calurosa y sudorosa subida y con un cambio de valle de por medio, el sendero abandona por fin la reclusión y accede a una cresta más; no muy alta, apenas 1300 metros, pero con espectaculares vistas a través del valle del río Sacramento. Éste es el valle principal de la zona, muy profundo pero relativamente amplio, sin abandonar su configuración en V. Castella está ahí abajo y, al otro lado, las magníficas cumbres rocosas de Castle Crags. Lástima de calima, que estropea las vistas.

Breve pero gloriosa aparición del monte Shasta

Desde aquí, casi todo el trabajo duro está hecho y sólo queda un larguísimo descenso. Ya tengo claro que voy a llegar a Castella, cueste lo que cueste y llegue a la hora que llegue. Bueno, estaría genial llegar antes de que cierre la tienda.

Castella es de lo más minúsculo. De hecho, no es casi nada más que una gasolinera, la tienda y una oficina postal. Hay, literalmente, cuatro casas. Es curioso cómo, aquí, la más diminuta población tiene oficina postal. Al ser un valle principal, contiene las vías de comunicación: una autovía y una línea de ferrocarril. Mucha gente opta por el auto-stop (creo que también hay un bus) hacia la cercana localidad de Dunsmuir, que ya tiene cierta entidad, pero yo prefiero evitar separarme del PCT en lo posible y Castella es casi perfecto: tiene una tienda y un camping. Para una parada breve, no necesito más.

El descenso acaba haciéndose largo pero lo peor es llegar abajo y afrontar los 3 kms. de carretera hasta Castella. Se puede ir por sendero pero hay que dar mucha vuelta y, para parar en Castella, no merece la pena. La carretera está desierta (todo el tráfico va por la autovía) pero, con lo cansado que estoy, se hace eterno. Lo bueno de estas agonías de final de sección es que hay premio al final: la gasolinera de Castella puede no ser el lugar más idílico del mundo pero la tienda tiene de todo y, entre otras cosas, comida caliente. Me pongo unas merecidísimas botas. Han sido 53 kms.; creo que la distancia más larga en una sola jornada, hasta la fecha.

Una anécdota curiosa sobre la tienda de Castella es que tiene cierta “fama” en el PCT por su variada y extraña selección de cervezas… ¡tienen marcas de casi todo el mundo! Y doy fe: entre otras, hay ejemplares de San Miguel y, al loro, Estrella de Galicia. Impagable.

Ammiratis Market, uno de los aproximadamente cinco edificios en Castella

Después y sólo después, me acerco al camping, 15 minutos más allá, donde hay una zona específica para senderistas. Allí está Mike, a quien esperaba y me alegro de encontrar, y otros tres que viajan hacia el sur, recorriendo diferentes tramos: Peter, un señor veterano, y Tyler y Molly, una pareja joven. Mike va a madrugar mañana y se va enseguida a dormir pero los demás no y yo… tampoco; así que hablamos bajito para no molestar a Mike pero pasamos un rato muy entretenido.

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