Distancia: 6 m / 9 km. Acumulado: 1689 m / 2718 km

Objetivo cumplido; ya sólo queda un paseo hasta Etna Summit, el puerto de carretera que da acceso a la pequeña localidad, a 17 kms. hacia el este. A pesar de la corta distancia, las ganas de llegar me lo hacen largo. Alcanzo a Smiley, otra vez, que había acampado en un expuestísimo pero precioso lugar en plena cresta y aún no ha terminado de recoger campamento.

En Etna Summit, me encuentro a una cuadrilla de forestales que, en lugar de buenos días, me saludan con esto: “These trails are closed”.

Supongo que se quieren asegurar de que no voy a continuar en el PCT pero no lo pretendía (al menos, no hoy), en cualquier caso, así que me sobra su anuncio grosero. No necesito preguntar para saber que es a causa de los incendios; el humo sigue en el aire. De todas formas, y por supuesto, pregunto por el estado de la siguiente sección de sendero y no me dan apenas información. Tampoco me importa; en Etna la encontraré. De momento, me parece muy sospechoso que estén cerrando también la sección hacia el sur, por la que yo acabo de venir y en la que, me consta, no hay ningún incendio.

La carretera está desierta. No me cabe duda de que será fácil encontrar quien me lleve… si pasa alguien. Paso un rato sin que haya tráfico. Llega Smiley y, al poco, pasa un coche que, por supuesto, para y nos recoge. Es una señora mayor, muy simpática, a la que preguntamos lo que ahora mismo es lo más importante: ¿algún buen sitio para desayunar en el pueblo? “No os preocupéis, yo os llevo al mejor”.

Y nos deja en un local a las afueras, después de hacernos una ronda por el lugar (que es, básicamente, una calle y poco más) y contarnos qué hay en cada sitio.

El desayuno hace justicia a nuestra hambre. Siempre es un momento sublime, el mejor; llegar a civilización y disfrutar de una gran comida. El desayuno es mi favorita: huevos, hash browns (algo así como patatas fritas), fruta, pancakes… adoro los pancakes.

¿Dije que Smiley era hardcore? Sí, lo dije. Y me ratifico. Ahora mismo, no puedo pensar en otra cosa que pasarme aquí el resto del día; descansar, relajarme… Smiley sí que puede y, de hecho, se pira en cuanto compre provisiones. Un monstruo.

En Etna no hay trail angels; o, mejor dicho, hay trail angels de pago. Alderbrook Manor es un bed & breakfast muy coqueto, con un barracón reconvertido en albergue que no es tan coqueto pero sí muy cómodo y agradable… y barato. Y los dueños, Dave & Becky Harrison, son tan amables que el ambiente es casi como en casa de alguien. Lo de “trail angels de pago” era un cumplido.

Pero estoy adelantando acontecimientos. ¡Aún no he llegado a Alderbrook Manor! Para ello, tengo que cruzar todo el pueblo, cosa que hago en 10 minutos, y salirme de él, que me lleva otros cinco. Antes, me despido de Smiley. Es un buen tío; nos volveremos a ver.

En el albergue, me encuentro con Herman, a quien esperaba. Al final, consiguió llegar ayer y ahora afronta su periodo de descanso, dos días. Herman es siempre una compañía entretenida. Tiene esa forma de ser afable, espontánea y entrañablemente rara y, sobre todo, esa gracia innata que hace que te rías con él aunque no haga chistes.

Mencioné mis incipientes problemas de pies: aún no sé qué es pero tengo una pequeña molestia en la planta de uno de ellos y asumo que me vendrá bien librarme de las zapatillas, siquiera por unas horas, y pregunto a Dave si me puede dejar unas sandalias: me deja las suyas. A todo esto, y en pura tradición trail angel, ya nos había dejado a Herman y a mí ropas que vestir mientras hacíamos la colada. Está claro que en Alderbrook Manor comprenden a los thru-hikers.

Alderbrook Manor: el barracón reconvertido en albergue

Y no es todo: también nos dejan una bici para ir al pueblo; cambio 10 minutos por 3 y hago mis compras, envío para casa los mapas usados… lo que yo suelo llamar “hacer los deberes”.

La bici comunal

Etna es un encanto de lugar. Muy pequeñito, se puede ir andando a todos los sitios. Muy tranquilo, se puede dejar la bici tranquilamente sin candado. Es como un pueblo del oeste… pero es que, es así: es un pueblo del oeste. Me refiero, por supuesto, a que se parece a los de las pelis; cambias el asfalto de la calle principal (y casi única) por la típica tierra de aquellos y ya casi está: las casas de madera, los porches… y algunos locales interesantes: un café, un lugar especializado en helados y batidos, un restaurante de nombre “The Trailhead” y, al loro, una cervecera. Esto, al parecer, es una tradición local, no ya en Etna sino a lo largo de todo el oeste: pequeñas cerveceras que fabrican su propia cerveza. Esta es la auténtica cerveza americana; nada que ver con las que puedan llegarnos a Europa. Tienen bar/restaurante adosado y ya sé dónde voy a ir a cenar. Lo siento por “The Trailhead”.

En Alderbrook Manor está también Mike, a quien también esperaba encontrar, aunque él se aloja en el B&B, no en el albergue. Según apatruyo las calles, me encuentro con Go-Big que, me cuenta, ha dejado la compañía y ahora viaja solo; por probar una experiencia diferente. También aparecen por allí Larry y Sandy, de los que sabía que venían detrás, y compartimos un enorme batido de esos tan ricos que ponen aquí. Bueno, compartimos la mesa, no el batido; cada uno toma el suyo.

Go-Big ha hablado con algún forestal sobre el tema de los incendios: al parecer, hay varios en la zona (no hay más que ver el horizonte, lleno de humo) y han decidido cerrar la totalidad de Marble Mountain Wilderness; vamos, por poner un ejemplo: como si en España cerraran un parque nacional entero… a pesar de que, dice el forestal, los incendios no amenazan el PCT. Pero como el PCT cruza Marble Mountain Wilderness, está cerrado al norte de Etna Summit.

Según leo en las noticias, es la primera vez que cierran un área Wilderness completa y, por mucho incendio que haya, la medida parece desproporcionada. Go-Big nos cuenta lo que ha hablado con el forestal: “Pero, si los incendios no afectan al PCT… ¿podemos pasar?” Y, el forestal: “Nadie os lo va a impedir”.

Durante el resto de la tarde, el consenso general entre la comunidad senderista reunida en Etna es que esa frase del forestal significa “vía libre”. Desde luego, para nosotros tiene mucho más peso lo que nos diga un guarda forestal que trabaja en la zona que lo que decida un político desde su despacho.

Mike es aficionado a la cerveza, así que no tengo que convencerle de ir a cenar a la cervecera; de hecho, me lo sugiere él. A mí tampoco me tiene que insistir. Al final, se apunta todo el mundo y nos juntamos un buen grupo; una vez allí, aparecen otros tres, a dos de los cuales no conozco; la tercera es Heike, que siempre acaba apareciendo donde y cuando menos la espero. Está entusiasmada porque se aloja en un sitio donde no les cobran nada, una especie de entidad benéfica y, según dice, hay un dvd y miles de pelis.

La cena es unas risas; acostumbrados ya a los alias, los usamos, casi sin querer, para hacer las peticiones y la camarera se parte la caja; cuando le decimos que igual mejor utilizamos los nombres de verdad, dice que no, que le mola eso de los alias… “A ver, tú… ¿cómo decías? ¿Sexy… qué?” “Sexy Otter” (camarera por los suelos…).

La cerveza no sólo está muy buena sino que está hecha ahí mismo y tienen un montón de variedades. Se puede pedir un muestrario, que consiste en una bandeja de chupitos, todos diferentes. Me quedo con un concepto que utilizaré mucho; de aquí en adelante, ya no pediré “una birra” sino una IPA (India Pale Ale). Qué buena. Ya sé que EE.UU. no es la reserva espiritual de la gastronomía occidental pero hay tantas cosas que no sabemos…

De vuelta a Alderbrook, y ya de noche, aparecen por allí Rolling Thunder, Tadpole y Sunny, que siguen juntos. Como de costumbre, en estas situaciones, muchas historias que contar y que oír. Muy divertido todo.

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