Distancia: 0 m / 0 km. Acumulado: 1191 m / 1917 km

No sé si hubiera completado estos dos días de descanso si los hubiera pasado en South Lake Tahoe; quizá, en ese caso, habría podido hacer todos los deberes en un día y con eso hubiera bastado pero, probablemente, necesitaba un segundo día para descansar de verdad. El caso es que acabé pasando todo el tiempo en Echo Lake y eso complicó la parte de hacer los deberes hasta el punto de que no acabé hasta la tarde del segundo día.

Es que había mucho que hacer: South Lake Tahoe era una de mis paradas estratégicas y el pequeño cambio de planes que supuso alojarme arriba, en Echo Lake, me lo hizo todo más agradable pero más complicado también. Tenía que recibir, procesar y reenviar mi caja itinerante; comprar provisiones para dos etapas y enviar una de ellas a Belden; y deshacerme de los últimos vestigios de mi material estacional: crampones, piolet y, lo que menos echaré de menos, el contenedor de comida anti-osos. Y, que no se me olvide, renovar algo de material no estacional: calcetines, zapatillas y esas gafas que perdí. Debería poder encontrar todo eso en South Lake Tahoe.

Durante estos dos días, la interacción en la casa de los Porto (Steve y Peggy) fue algo fantástico, algo así como un Agua Dulce en pequeño, aunque éramos un montón: diez de la Dirty Dozen más otros pocos que se fueron sumando hacia el final, según iban llegando a South Lake Tahoe y les interceptábamos por las calles: “¿Tenéis ya dónde alojaros? ¿No? Pues dentro de media hora subimos a la casa esta…”

Nuestros anfitriones son, como de costumbre, un encanto. Guardo especial buen recuerdo de esas conversaciones con Steve, café en mano, por la mañana, desde ese porche de vistas espléndidas, cuando todo el mundo aún estaba durmiendo (¡vagos!!!) y no puedo dejar de hacer especial mención a Peggy, una de las personas más dulces, atentas y amables que me he encontrado en todo el viaje. Y eso es mucho decir.

Uno de los hijos de Steve y Peggy recorrió el PCT hace unos años y a ellos les gusta colaborar y sentirse parte de la causa a base de albergar senderistas en su casa. Cada Trail Angel tiene su librillo y, aquí, siendo esto relativamente poco multitudinario, hacíamos comidas y cenas comunitarias, como una gran familia bien avenida, y era muy divertido estar sentados todos a la mesa.

La familia senderista en Echo Lake

A mitad del segundo día, la Dirty Dozen empezó a desfilar y yo, por fin, construí todas mis cajas y me deshice de todas en la oficina postal, con lo que ya me pude relajar del todo. Dormí allí una noche más, con mucha menos gente alrededor ya.

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