Esta sección está marcada por el encuentro, por fin, frontal y prolongado, con el desierto. Tras tontear con él durante mucho tiempo, verlo desde la distancia, rozarlo o cruzar zonas más o menos desérticas, en esta ocasión es necesario bajar al Mojave y cruzar su brazo más occidental. Tampoco es mucha distancia, pero sí lo suficiente como para estar pringado un día entero, o dos medios. La travesía del Mojave es otro de esos momentos temidos del PCT. A ver qué tal fue…

Día 26: Agua Dulce – Green Valley

Distancia: 27 m / 44 km. Acumulado: 507 m / 816 km

Cuesta marcharse de Agua Dulce pero hay que ser fuerte. Como no podía ser de otra forma, comienzo mucho más tarde de lo que hubiera sido deseable y eso me hace pasar un día de sprint continuo para llegar a una hora razonable a casa de los Anderson. ¡Los Anderson! Ahora es cuando recuerdo aquella frase en Lake Morena, “hasta dentro de un mes”. Pues ¡ya casi ha pasado el mes! y ya casi estoy allí.

Técnicamente, no necesito otra parada en civilización tan inmediatamente después de Agua Dulce y, de hecho, sería más feliz acampando por ahí pero ¡cómo pasar de largo a los Anderson!

Esta encantadora pareja de irreverentes hippy-punks son para no perdérselos. Lo mejor de todo es que, detrás de esa fachada rompedora, son gente muy cálida y cariñosa. El punto transgresor me gusta, además. Terri Anderson (ella) es la mejor. Joe no es tan entrañable pero, en el fondo, es un cachopán también.

La idea es llegar allí por la tarde y pasar la noche. El día, pues eso, un tanto hipotecado por el objetivo y por haber salido irremediablemente tarde. Vuelta a la rutina de montañitas cubiertas de chaparral, mucho calor y poca sombra. Siguen siendo las montañas San Gabriel, en su alineación este-oeste, inusual en esta región, llevando al PCT, en unos pocos días, a lo más cerca del mar que llegará a estar (no muy cerca, en cualquier caso)

A base de apretar bien el paso, llego a Green Valley y los Anderson a buena hora. “Casa de Luna” es el nombre del lugar; al menos, en época thru-hiker. Tienen un enorme mural, pintado por ellos mismos, cubriendo la puerta del garage, dedicado a la temporada senderista 2006.

“Casa de luna 2006. Lunatic Lounge”. Welcome to the Andersons

Dentro, hay un buen número de nuevos y viejos conocidos. Entre ellos, Sauerkraut y Alina, a quienes me sorprendo y alegro de encontrar, hasta que me entero de que la causa (deberían estar dos días más allá) es un problema físico de uno de ellos. Mala cosa.

El día termina con una competición de chupitos de cerveza que termina cuando alguien anuncia que “todo el mundo ha potado”. Unos flojos, estos yankees. Squatch lo graba todo. Ya hablaré más adelante de Squatch.

Día 27: Green Valley – Atmore Meadows Spur Road

Distancia: 22 m / 36 km. Acumulado: 529 m / 852 km

Por la mañana, hay pancakes para todo el mundo. Los pancakes son la modesta pero sublime aportación norteamericana a la cocina mundial. Adoro los pancakes.

Terri Anderson se hace un par de viajes para llevarnos a todos de vuelta al sendero. Antes de eso, requieren de cada senderista una foto frente al cartel mural y yo pienso “vale, una foto de recuerdo, ok pero… ¿por qué tanta risita???” Pues porque se trata de fotografiar al inadvertido senderista con el careto que ponga, el que sea, mientras Terri hace un calvo sorpresa. No tengo esa foto. Estos son los Anderson.

Comparto viaje con Sauerkraut y Alina, que son unos chavales muy majos y me caen muy bien, pero ellos van a otro punto del sendero mucho más adelante del que me toca a mí, así que no espero verles más hoy. Quizá más adelante, aunque estos son de los que avanzan rápido.

Green Valley era bonito, bastante verde y boscoso. Las montañas San Gabriel, a partir de aquí, vuelven a crecer y, sin alcanzar el esplendor de hace unas jornadas, escapan de la rutina de aridez y matorral.

Un poco más allá, y de nuevo para mi sorpresa, vuelvo a encontrarme con los alemanes (esto es, Sauerkraut y Alina). Se habían dejado la cámara en casa de los Anderson y tuvieron que volver a por ella. Poca cosa comparada con el problema de espalda que arrastra Sauerkraut y le tiene dolorido y preocupado. Lo siento por ellos, aunque me alegro de poder compartir un rato y caminar juntos el resto de la tarde. Acampamos en un lugar vagamente acogedor mientras se empiezan a juntar nubes. Mañana, toca bajar al Mojave, que vengan todas las nubes que quieran.

El brazo occidental del desierto de Mojave desde las montañas San Gabriel

Día 28: Atmore Meadows Spur Road – L. A. Acueduct before Sacatara Creek

Distancia: 28 m / 45 km. Acumulado: 557 m / 897 km

Noche fría y ventosa y mañana aún más fría, nublada, neblinada y… no me puedo creer que hoy el problema potencial fuera el calor del Mojave y estemos aquí, aún en la cresta de los San Gabriel, con todo puesto y tiritando. Temperatura ligeramente por debajo de cero, algo de granizo y viento gélido. Camino con la chaqueta puesta por primera vez en todo el viaje.

La última fuente de agua (y la primera en muchos kms) es otro de estos tanques de hormigón de los bomberos. Coger agua es especialmente doloroso en las condiciones actuales. Con el frío, no es ya el que haga sino el que pases y aquí pasamos los tres mucho frío.

Esta zona de las montañas es muy bonita, con bosques de encinas. Estamos justo al norte de los confines de ese monstruo que es Los Angeles. Irónicamente, hoy hay un punto en la cresta de los San Gabriel, justo antes de empezar a descender hacia el Mojave, desde el que, dicen, se ve el océano, a lo lejos, lejos, pero se ve… ni nos molestamos en andar los cuatro pasos necesarios porque estamos envueltos en niebla. No vemos más allá de 50 metros.

Según bajamos, salimos de la niebla. Curiosa la vista del Mojave, plano y árido pero cubierto de un nubarrón negro por el que se cuela algún rayo de sol. Van desapareciendo los árboles y sólo queda el chaparral. Una vez abajo del todo, a las puertas del desierto, desaparece el chaparral también.

Nos encontramos con Heike, otra alemana, y rodeado de alemanes llego a Hikertown. Este es un sitio curioso: una casita blanca inmaculada al borde de una carretera y en medio del puto desierto. El caso es que, aunque se ha despejado un poco y ahora luce el sol, ¡hace frío! y, sobre todo, un viento helado de estos que te deja tieso. Bueno, pues Hikertown también aloja senderistas. Allí hay ya unos cuantos y los tres alemanes se quedan también. Yo cargo agua para cruzar el Mojave y sigo adelante.

Hikertown

El Mojave no es muy diferente de otras zonas semi-desérticas que ya he cruzado en este viaje; quizá un poco más arenoso pero tampoco se trata de una especie de Sahara con dunas y nada vivo a la vista, muy al contrario: siempre hay plantas, sean matorrales o mini-árboles como juníperos y los espectaculares árboles de josué… ¿se dice así, “josué”? Igual acabo antes con el nombre en inglés que seguro que todo el mundo conoce, joshua tree. Hay desde ejemplares aislados hasta auténticos bosquecillos. Y no sólo plantas, también animales; por lo menos, conejos, correteando para todos los lados.

Espectaculares Joshua Trees

Por lo demás, el Mojave es absolutamente plano y la ruta sigue el trazado de un par de acueductos; primero, el antiguo California Acueduct, metido en una tubería gorda; y, luego, el más moderno y grandote L.A. Acueduct, canal a la vista y más tarde subterráneo. Tanta agua y no la podemos tocar.

Increíblemente, no hace nada de calor. Muy al contrario, ¡hace frío! a causa del viento y hoy es una de las escasísimas ocasiones (quizá la primera, hasta ahora) que camino con el corta-viento puesto.

Hacia el final del día, el viento amaina y me acomodo bajo un joshua tree. Debo decir que el desierto me gusta. Quizá se hiciera aburrido tras varios días pero, por el momento, me parece espectacular. Y no hace calor.

Día 29: L. A. Acueduct before Sacatara Creek – Oak Creek Canyon South Rim

Distancia: 23 m / 37 km. Acumulado: 580 m / 933 km

Noche tranquila y preciosa. Ya he dicho que me estaba gustando el desierto. Durante la mañana, ventilo lo que queda de Mojave para, ya hacia mediodía, dejar el plano infinito y empezar a subir, suavemente, al principio, hacia las montañas Tehachapi. Encuentro a más thru-hikers, encantados por la agradable temperatura. ¿Este era el temible Mojave?…

Cruzando el Mojave hacia las montañas Tehachapi

No es que cambie mucho la vegetación porque este lado de las montañas es muy árido pero el terreno se va inclinando hasta que el sendero se mete en un cañón, estrecho y de paredes empinadas, por donde corre un arroyo. A partir de ahí, todo subir, ganando vistas sobre el recién cruzado Mojave y, al fondo, la larguísima línea de las montañas San Gabriel. Aún se distingue algún pico nevado a lo lejos.

La vista más espectacular, de todas formas, es sobre el desierto, absolutamente plano y marrón, con esas ligeras depresiones, claramente visibles a ojo, que en el mapa vienen señaladas como lagos estacionales. Ahora, desde luego, están secos.

La vegetación va cambiando, a mejor, y empiezan a aparecer pinos que, a veces, se juntan con algún joshua tree escapado hasta que ya casi camino por un bosque. Me cruzo con Richard, viejo compañero ya, y acabo acampando con él justo antes de empezar el descenso hacia el mar de molinos de viento.

Día 30: Oak Creek Canyon South Rim – Tehachapi Willow Springs Road (-> Bakersfield) (7 m / 11.3 km)

Distancia: 7 m / 11 km. Acumulado: 587 m / 945 km

Hoy voy, por primera y, probablemente, última vez, a separarme del sendero. Tampoco mucho: me voy a Bakersfield, a menos de 100 kms., a visitar familia. Me despido de Richard, a quien espero reencontrar en Mojave mañana, y acelero cuesta abajo hacia la carretera. ¿Cuánto me costará llegar a Bakersfield? Acostumbrado a hacer dedo en las carreteras, se ha convertido ya en casi algo natural pero una cosa son las cercanías del sendero, las carreteras terciarias y los pueblos pequeños y otra un viaje a una ciudad grande.

Técnicamente, puedo decir que paró el primer coche que pasó. Pasó de largo pero, un poco después, apareció otra vez en dirección contraria y me hizo señas. Era para mí. Greg, el conductor, me dijo que llevaba muchos años sin recoger a nadie pero que le había parecido que tenía buena pinta y decidió dar la vuelta. Y, lo que es mejor, me lleva hasta Bakersfield.

Y eso no es todo: paramos a desayunar y Greg me dice que pida todo lo que quiera y que lo paga él. Y que no discuta que, con el viaje ese que estoy haciendo, necesitaré comer bien y no me vendrá nada mal ahorrarme algo de dinero. Esto es lo que, en el PCT, llamamos trail magic. No sé qué cosa tiene pero cuando le cuentas a la gente que estás caminando de Méjico a Canadá sienten un cierto impulso por ayudar. Cada uno lo canaliza a su manera. Greg me llevó a Bakersfield y me invitó a desayunar.

Keene Cafe; según Greg, el mejor sitio para desayunar de la zona

En Bakersfield, pasé un día relajado con mi primo, a quien no veía desde hacía más de diez años, desde que se vino a vivir a California. No podía dejar pasar la ocasión de visitarle.

Día 31: Bakersfield -> Mojave

Distancia: 0 m / 0 km. Acumulado: 587 m / 945 km

Hoy es un “día cero”. Salgo de Bakersfield pronto por la mañana (esta vez, en autobús; ayer era fiesta y no había autobús) para llegar a Mojave (city), que era mi parada planificada, y donde hago todas mis tareas rutinarias: colada, compras, re-empaquetado, comer mucho…

Bastantes más thru-hikers por el lugar, comparto habitación con Richard, el ex-marine, a quien tengo ocasión de conocer un poco más. Es un tío muy reservado pero sensible y amable, me cae bien.

El tiempo ya se ha estabilizado, el viento ha parado y en Mojave (city) sí hace calor. Es un sitio un tanto desolado, una especie de ciudad cutre en medio del desierto. Alguien la ha definido como una parada de tren y estación de repostaje de camiones sobredimensionada y la definición no le va mal… pero hace el apaño; al menos, es un sitio compacto y se puede ir a los sitios andando.

Hora de hacer la colada

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