Distancia: 30 m / 49 km. Acumulado: 1857 m / 2988 km

Hoy sí que salgo pronto, así que toca día de largo kilometraje. La primera mitad no tiene mayor historia, es una continuación de lo de ayer: relieves suaves, mucho bosque, algún lago… vistas ocasionales del valle donde se sitúa Ashland, atrás al monte Shasta y, esto ya más interesante, hacia delante, al monte McLoughlin. Más interestante porque esto es lo que está por venir; el PCT bordea las faldas de McLoughlin, que es otro perfecto cónico volcánico. No tan grande como Shasta pero muy notable también.

Me cruzo habitualmente con el cuarteto de ayer, según ellos o yo paramos para descansar. Tras la mañana de rutina y el siempre descorazonador cruce con una carretera, llega lo mejor: antes de McLoughlin, el sendero bordea otro volcán, Brown Mountain. Un vistazo al mapa me recuerda los días de Lassen y Hat Creek: la inconfundible representación y la menos aún inconfudible palabra repartida por la hoja: “lava”.

Volcán McLoughlin

No se ve el propio monte porque el bosque lo oculta. Es curioso cómo estas montañas sólo son visibles desde la distancia. Si estás bajo el propio volcán, basta la más mínima cobertura de árboles (que nunca falta) para ocultarlo. Supongo que es consecuencia de las laderas tan regulares y relativamente tendidas; no hay grandes paredes, la erosión aún no ha tenido tiempo de crearlas. En el mapa, Brown Mountain aparece como un montón de curvas de nivel que forman círculos casi concéntricos. El tiempo ni siquiera ha alcanzado a dibujar vaguadas en esas laderas.

Por otra parte, empieza a hacerse evidente en el entorno que esto es terreno volcánico: de cuando en cuando, y cada vez más a menudo, aparece un claro pedregoso en el bosque; las rocas son oscuras y angulosas, inconfundíblemente jóvenes. No sé qué me sorprende más: si estas curiosas pedreras o el hecho de que el bosque haya crecido y poblado como lo ha hecho esta tierra que, geológicamente, nació anteayer.

El PCT, a través de las pedreras volcánicas

A estas alturas, camino con los cuatro. La disponibilidad de agua nos lleva a todos al mismo sitio. Lástima que allí hay una carretera pero es allí donde encontraremos un arroyo. La carretera es muy pequeña y sin casi tráfico, de todas formas. Será por aquí cuando tenga mi segundo encuentro conocido con un oso aunque sólo de oído; fue suficiente con ser el tercero en la fila para que, cuando llegué allí, el oso ya no estuviera a la vista. Tadpole sí que lo vio.

Llegando a la carretera, encuentro una nota, con la diferencia, con respecto a la mayoría de las que he venido encontrando, que esta ¡es para mí! Qué ilusión… Es de Shooter, con quien contacté, via e-mail, desde Ashland y que tiene un cierto sentido para encontrar senderistas por el camino. Ha dejado la nota por si acaso pero me le encuentro en la carretera. Ha venido para proponerme sustituír a los alemanes (Sauerkraut y Alina) en su proyecto de documental, ya que estos tuvieron que dejar definitivamente el sendero debido a los problemas de espalda de Sauerkraut. La cosa implica llevar una cámara de vídeo: torpedo a la línea de flotación de mi estrategia ultraligera… pero no puedo decir que no, esto va a ser divertido.

Shooter acampa con nosotros. Como novedad, hace frío.

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