Distancia: 27 m / 44 km. Acumulado: 2129 m / 3427 km

El comienzo del día es una prolongación del buen rollo de la tarde anterior. Hay desayuno comunitario entre la poca gente que queda en Big Lake. Yo soy el thru-hiker del día aunque tampoco me hacen mucho caso por ello. Necesito llamar por teléfono para recopilar las últimas noticias del Puzzle Fire y no me faltan ofertas de teléfonos móviles. Llamo con los sentimientos encontrados de desear buenas noticias pero esperarlas malas y, a la postre, doy por bueno el empate: el incendio sigue su curso descontrolado; está en un área Wilderness, de difícil acceso y lejos de cualquier centro de población y, según me dicen, apenas han empezado a hacer nada al respecto. Lo “bueno” es que, por el momento, la zona cerrada no ha crecido. Esto es vital: ahora mismo, afronto un día completo por carretera, cerca de 30 millas, para pasar de largo el incendio y llegar al primer acceso abierto para llegar al PCT; si cerraran este, la situación se agravaría mucho porque, pasado ese punto, la carretera abandona la dirección norte y gira al oeste para hacer un inmenso arco, antes de volverse a acercar a las montañas. Esto implicaría, prácticamente, otro día completo más en carretera. De ahí que doy por bueno el hecho de que la ruta vía Whitewater, en la que tengo puesto el objetivo de hoy, siga abierta. Me indican que llame más adelante en el día para noticias más actualizadas; pasaré por un sitio con teléfono por la tarde pero pienso que casi prefiero no llamar y no saber nada nuevo: no news is good news.

La última cosa que necesito de los amigos de Big Lake es que me lleven a Santiam Pass, que son 11 kms. y, por supuesto, no tengo que insistir nada; formo parte del viaje mañanero hacia Sisters; esta vez, con parada en el punto donde dejé el sendero (mejor dicho, la carretera) ayer por la tarde.

Y aquí empiezo una nueva sesión de purgatorio asfáltico. Recordando lo de ayer, hago un esfuerzo mental por tomármelo con filosofía; aceptar que me espera un día entero en la carretera y procurar llevarlo lo mejor posible. Y no es fácil.

En cierto modo, esto me sorprende y hasta merece comentario; en Europa, no es raro acabar caminando por carreteras, alguna vez y, aunque nunca me ha gustado, tampoco me ha parecido para tanto… se hace y ya está. Pues, aquí, no sé por qué, se me atraganta. Quizá porque la carretera está relativamente concurrida, quizá por las largas rectas que parecen no acabar nunca… no sé; pero el buen ánimo me dura lo que el descenso de Santiam Pass y poco más.

Highway 22, mi PCT de circunstancias

El día se me hace tan difícil de llevar como el de ayer. Descanso un rato aquí y allá, refresco los pies en un arroyo, como algo… nada parece ayudar. El único acontecimiento simpático se da cuando un coche llega por detrás y se detiene a mi altura: por lo que entiendo, y por la pinta de los del asiento de atrás, hay uno o dos thru-hikers haciendo el tramo de carretera de forma más expeditiva. Ofrecen llevarme pero, sintiéndolo mucho, tengo que declinar. Son muy simpáticos y, al menos, me alegran el rato.

La carretera discurre entre bosques, encajonada en un valle sin vistas. No tengo ninguna pista del incendio, ni siquiera humo en el ambiente. No paso por ningún pueblo y sólo al final de la tarde llego a un lugar donde hay un bar de carretera. Es ahí donde está, también, el teléfono que podía usar para llamar a los Rangers y preguntar por las últimas novedades. He llegado justo a tiempo de hacerlo, antes de que cierren la oficina, pero decido no llamar, por lo comentado arriba: sé que no me van a dar buenas noticias. Y, si son malas, prefiero no saberlas. Ya me han demostrado que no son muy de fiar.

Paro un rato a descansar y comer algo. Frente al bareto, hay un vehículo de bomberos y, a su alrededor, varios de sus ocupantes, tomándose un descanso. Me acerco y les pregunto: me confirman que están encargados de trabajar en el Puzzle Fire pero que no han comenzado aún con tareas de extinción propiamente dichas. Me cuentan la localización actual del incendio. Les comunico mi plan de acceso al PCT y me tranquiliza lo que oigo: es muy poco probable que el fuego llegue siquiera a acercarse a esa zona; por el momento, hay una gran cresta en medio, que es lo que yo había visto en los mapas. Y ¿de quién me voy a fiar más que de los bomberos?

Son muy simpáticos, me dan agua fría y me desean suerte. Y, sobre todo, me han dicho lo que quería oír.

Los bomberos a los que todo el mundo da las gracias. Yo, también

Con un poco de mejor ánimo, prosigo. Ya queda poco tramo de carretera y eso me anima también. Llego, por fin, al lugar donde parte una pista que me introducirá de nuevo en las montañas para desembocar en un sendero que me llevará a la cresta y, por fin, al PCT. No me va a dar tiempo a llegar hoy, desde luego, pero, por el momento, no hay señal de que esto esté cerrado.

Dejo atrás la carretera con alivio y avanzo todo lo que puedo, hasta que encuentro un agradable rincón junto al torrente Whitewater. El nombre no es casual, tiene el caraterístico tono lechoso de los torrentes glaciales. Ahora, aún no lo veo pero, ahí arriba, el gigantesco monte Jefferson está, efectivamente, cubierto de glaciares. Mañana podré contemplarlo, si todo va bien.

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