Distancia: 10 m / 17 km. Acumulado: 2252 m / 3625 km

Por la mañana, la preocupación inmediata es la pierna lesionada. No espero que durante la noche se haya puesto peor y, francamente, tampoco tengo mucha esperanza de que esté mejor pero nunca se sabe…

Comienzo muy pronto para no cagarla ahora, después del esfuerzo de ayer y, a ser posible, poder hacer Eagle Creek con calma ya que el lugar lo merece. Parece que el cuádriceps está un poco mejor pero camino con cuidado de cargarlo lo menos posible. Así, la otra pierna sigue trabajando extra.

El sendero a lo largo de Eagle Creek es muy bonito y también aprecio el cambio de escenario, siquiera para variar: un tramo oscuro, húmedo y recluído en el sendero de los grandes espacios abiertos. Algunos de los enclaves son bien conocidos y ampliamente fotografiados, como ese tunel excavado en la roca para evitar una gran cascada.

Tunnel Falls. El túnel, apenas apreciable; la compacta no daba para más…

La pierna duele un poco menos que ayer y, si nada se tuerce, voy bien de tiempo pero ambas circunstancias no me dejan relajarme y disfrutar del lugar. Es bonito pero tengo la cabeza en otro sitio y, simplemente, paso por allí. No puedo evitar que la mejor noticia sea llegar al lugar donde Eagle Creek sale de su valle.

Eagle Creek desemboca en el Columbia pero, antes, tiene que cruzar una autovía y una vía de tren, así que el encuentro con el gran río no es ese momento espectacular y arrebatador que yo esperaba. El resto del camino hasta Cascade Locks va paralelo a la citada autovía pero, a estas alturas y circunstancias, va a dar igual. Cuando el hormigón y los árboles dejan ver el río, la imagen sigue siendo algo digno de presenciar y recordar.

El Columbia

Tomo un desvío equivocado y aunque el tiempo perdido no me pone en problemas, la cuesta que tengo que subir (y, lo peor de todo, bajar después) despierta de nuevo al músculo dolorido. Desde aquí, revivo el calvario de ayer, lo que, en sí mismo, no es muy grave porque ya estoy muy cerca; lo peor de todo es la preocupación de constatar que esto no está yendo a mejor, por el momento.

Por fin, Cascade Locks. Un pequeño pueblecito que creció en torno a las exclusas que se usaban antiguamente para remontar el Columbia. Las exclusas (en inglés, locks; de ahí el nombre del lugar) salvaban los rápidos que se formaban justo aquí pero, aunque siguen ahí, ya no se usan porque el río fue represado, aguas abajo, y ya no hay rápidos.

Henos aquí…

Mi primer objetivo es, obviamente, la oficina postal; está cerrada al público pero los sábados, al parecer, hay personal trabajando dentro y, si tocas a una puerta, alguien se enrolla y te trae tu paquete. Mi caja itinerante, que acaba de completar su última itinerancia y recojo por postrera vez. Lo que no recojo es la cámara de Shooter; aún no ha llegado. Cruzo dedos para que llegue el lunes por la mañana. Si no lo hicera, esta vez sí, tendría que esperarla. Vamos, Tom, confío en ti (Tom acordó re-enviármela desde Big Lake…)

Como otras veces, llego a civilización a mi hora favorita: a tiempo de un gran desayuno, y eso es lo siguiente que hago. Seguro que a mi pierna le viene muy bien.

La literatura dice que, en el camping, los senderistas son bienvenidos hasta el punto de que les dejan acampar gratis. Suena como el lugar perfecto. Cuesta un poco encontrarlo porque no es un camping al uso sino una zona de acampada en los terrenos junto al río en los que están los embarcaderos. Por el camino, me encuentro a Adam, al que no había vuelto a ver desde Belden. Él sale ahora. Como siempre, hablar con él es una especie de extraño placer. Un tipo peculiar.

La calle principal (y casi única) en Cascade Locks

Localizado ya el pseudo-camping, voy para allá para encontrármelo invadido por las carreras de karts. Han montado un circuito circular en los viales asfaltados y las zonas de hierba están ocupadas por toda la infraestructura que acompaña al evento. Vaya… Veo un cartelito que anuncia que, a causa de las carreras de karts, el camping permanecerá cerrado hasta el lunes. Cuando ya me iba a marchar, me ve un señor que me indica que me acerque. Es el encargado del camping que, junto con su pareja, viven en una autocaravana, como cualquier encargado de camping. Ambos conocen el PCT y a los thru-hikers y son los responsables de la gratuidad de la estancia. Me dice que el camping está cerrado al público durante el fin de semana pero que me quede allí, en la zona junto a su autocaravana, que esa es su zona y allí hacen lo que les dé la gana… y les da la gana acoger senderistas.

La única pega es que esta zona es una isla dentro del perímetro del circuito por lo que, cuando hay carrera, no se puede ni entrar ni salir, pega añadida al ruido horroroso que hacen estos cacharros… pero yo estoy tan contento de estar aquí y me siento tan relajado que nada va a fastidiar mi dia y 3/4 de vacaciones.

Como había planeado, me aplico a las tareas para procurar terminarlo todo hoy y que mañana no tenga nada que hacer. Aprovecho que estoy solo para disponer de todo mi tiempo. Tengo que comprar provisiones para la siguiente etapa más para las tres cajas que voy a enviar por delante: al igual que en Oregon, en Washington, es complicado reaprovionarse en ruta. Salgo del supermercado con la mochila (que hace las veces de carrito de compra) llena y unas cuantas cajas de cartón que tengo que llenar y enviar el lunes antes de salir.

Caminando por el pueblo, me encuentro con Flow Easy, Snappy y Puff Puff, que hacen una cosa muy rara: anoche estuvieron en un Bed&Breakfast y, como quieren ahorrar pasta (comprensible), hoy van a acampar en una campa al borde del pueblo. Aquí, esto parece de lo más normal pero, compañeros… ¡si podéis acampar de-gratis en el camping! No parecen muy convencidos, creo que tenían su plan formado ya. A lo mejor prefieren evitar el jaleo de los karts.

Nunca había estado en un evento de estos motorísticos. De hecho, me parece un horror, pero bueno… ya que estoy ahí, me doy un paseo y echo un vistazo. La gente se viene con su remolque, que hace de garage ambulante, y se pasan el día revisando los karts, que son como unos coches de carreras de los clicks de famóbil… pero menudo ruido hacen, los condenados. Resulta que el público tiene que pagar entrada para acceder al recinto y ver las carreras pero, claro, ¡yo soy invitado! aún así, como les incomoda verme por ahí sin la pulserita (todo el mundo, público y organización, llevan una, como en los festivales de música), me ponen una. Ahora ya soy oficial.

Dedico un buen rato a cuidar mi cuádriceps, al que no olvido. Masajeo y estiro, cosas ambas que parece que le sientan bien aunque, creo, lo que mejor le va, de largo, es descansar. Pregunto por médicos, por si acaso. En Cascade Locks no hay y me dan el teléfono del más cercano, en otro pueblo al otro lado del río. La idea es esperar al lunes y esperar no necesitar llamarle.

El día me ha sentado genial y ya ni me importa que un grupito de los de los karts estén haciendo botellón hasta las mil a pocos metros de mi campamento, me duermo igual.

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