Distancia: 30 m / 48 km. Acumulado: 2304 m / 3708 km

Washington es famoso por la lluvia: Seattle, el Grunge, todo eso… bueno, pues, por la mañana, el cielo se empieza a nublar.

Por el momento, sólo caen algunas gotas asustadas pero el cambio de tiempo es evidente y significativo: hasta ahora, vivíamos en una especie de bucólica fantasía en la que siempre hacía bueno y, si cabe, el problema era el calor; con el nuevo escenario, las montañas nos recuerdan dónde estamos y lo crudo que se puede llegar a poner esto. Hace auténtico frío y uno no puede evitar sentirse vulnerable. Lo cual está bien.

El día tampoco tiene mayor historia, en un constante subir y bajar por montañas menores, siempre en el bosque y nunca demasiado lejos de una civilización que pronto iremos dejando atrás pero, por el momento, hay que cruzar una carretera y varias pistas y pasar por un camping que, por otra parte, viene muy bien para coger agua y no tener que purificarla. Valga decir que yo raramente trato el agua que bebo pero sí lo suelo hacer en estas zonas bajas y frecuentadas por los bichos de dos patas, sus vehículos y sus mascotas.

La parte final del día es una subida estilo PCT: larga, larga, larga pero muy constante y poco empinada, para llegar a las alturas donde… hace aún más frío. Una vez en la cresta, la consabida escasez de agua hace obligado el breve desvío hacia un manantial próximo que queda convertido, así, en punto de encuentro de facto para senderistas congelados. Y allí me reencuentro con T-Bird, la senderista de carita dulce. Qué tal, T-Bird, cómo va eso…

– contenta de haber recibido hoy mismo un paquete con mi forro polar…

Así estamos, intentando adaptarnos a las nuevas reglas del juego. Anteayer íbamos en gallumbos por Cascade Locks, buscando la sombra. Hoy, mirando al cielo con la esperanza de ver algo azul para sólo ver gris aunque lo peor es, sin duda, el viento helado.

Dejo a T-Bird haciéndose la cena y continúo hacia el objetivo que me había marcado para hoy, una zona de acampada accesible por pista que, no me cabe duda, estará vacía hoy, siendo martes y con este tiempo tan poco acogedor. El terreno se anima un poco y cruzo algunas zonas bonitas, con mezcla de bosque y roca.

En la zona de acampada, efectivamente, no hay nadie cuando llego yo. El mal tiempo me motivaba también a venir hasta aquí porque puedes contar con que un sitio de estos estará resguardado. Y así es; el bosque es denso pero abierto, el campamento perfecto.

Lado de barlovento, directo al suelo

Un rato después, llega T-Bird, que había decidido continuar un tramo más, y hacemos frente al frío, T-Bird con su nuevo forro polar y yo sin él, para un agradable rato de charla antes de ir a dormir. A última hora, se nos suma también otro senderista que viene en dirección sur. Sienta muy bien compartir experiencias de rato en rato.

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